>Fin de episodio

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Un episodio es algo que se inicia en un momento, lugar y circunstancia, contiene una determinada relevancia y termina. El cerebro ordena la realidad en episodios, sucesos enmarcados en el tiempo y en el espacio y que significan algo. 

En el organismo existe una compleja rutina de procesos exquisitamente controlados. De cuando en cuando sucede algo imprevisto. Ese algo puede ser un suceso nocivo: una infección, un desgarro, falta de oxígeno… Hay muerte celular, necrosis. Se disparan las alarmas, se movilizan los recursos defensivos. La zona se inflama: duele,  está caliente, tumefacta, rubicunda y fuera de servicio. Todo sucede con rapidez. Cada segundo cuenta. El despliegue contiene mecanismos de retroalimentación positiva, de pescadilla que se muerde la cola y engorda. Lo prioritario es acabar con el estado o agente causante de la necrosis. Las células necróticas son altamente tóxicas y necrotizantes. Hay que acabar también con ellas. Una vez controlado el peligro necrotizante viene la reparación. Hay que recuperar lo dañado. No siempre queda perfecto pero los remiendos son eficaces, suficientes. 

El dolor protege el proceso de reparación. Una vez que ha finalizado, el dolor se convierte en un obstáculo. Los tejidos necesitan la actividad para recuperar la condición normal y para ello el cerebro debe retirar la percepción de dolor, autorizar y promover la reutilización, no penalizarla. El peligro ha pasado. Debe volver la normalidad. Fin de episodio.

Hay muchos episodios necróticos que disparan con normalidad la reacción de fase aguda (inflamación) pero que dejan la alarma puesta. El cerebro no concede el visto bueno a la reparación y sigue penalizando la utilización. El dolor sigue allí indefinidamente convertido en problema. La zona queda requisada funcionalmente, con incapacidad absoluta. No hay episodio. Hubo un comienzo pero no se concede el final.

– Tengo una hernia de disco…

Hubo un momento en que en un lugar (el disco) se produjo un desgarro y el núcleo pulposo se hernió invadiendo el espacio ocupado por una raíz nerviosa. Saltaron las alarmas. Dolió, se bloquearon las articulaciones, se activaron programas motores protectores, alternativos… pero en unos días o semanas se reorganizó el lugar, se retiraron los restos necróticos, se remendó el roto y se dejó listo para el movimiento, necesario para recuperar la función y la arquitectura. Puede que el cerebro no lo vió así. No recuperó la confianza y sigue negando el final del episodio, la licencia de uso con garantías.

– Bueno, usted tuvo un episodio de hernia discal, pero ya está reparado, concluido. Debe moverse sin miedo.  La recuperación de la estructura y función no es posible sin el movimiento. Los programas defensivos de fase aguda deben apagarse. Su cerebro debe saber que el perder un punto articular entre dos vértebras no supone el fin. Su cerebro debe promover la normalidad. De otro modo la zona lumbar se va a convertir en un círculo vicioso absurdo.

– Ya, pero me duele, estoy bloqueado, rígido, no puedo hacer nada.

– Está usted todavía en fase aguda, como si acabara de desgarrarse el disco. Eso ya está enfriado, reparado. Si no hay otra vez actividad, propósitos, confianza… nunca volverá a la normalidad. Debe dar el carpetazo.

La gestión de los procesos defensivos por parte del sistema inmune y nervioso contiene el peligro de una mala regulación. Un episodio agudo se convierte en crónico, no necesariamente porque haya dejado secuelas sino porque no se ha dado por finalizado cuando debiera darse. 

El dolor crónico es muchas veces una respuesta de alerta disparada justificadamente por un suceso necrótico agudo que el miedo mantiene injustificadamente activada. No hay vulnerabilidad física sino simple y llanamente miedo a la vuelta a la normalidad. El cerebro no se fía de las reparaciones. Ni siquiera sabe que existen. 

– No has vuelto a coger el coche…

– Tengo un accidente

– Ya, pero eso fue hace unos años y lo mandaste al garaje a repararlo…

Los ciudadanos siguen utilizando el presente para relatar el pasado real y el futuro imaginado, temido.
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Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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6 respuestas a >Fin de episodio

  1. Anonymous dijo:

    >Acabo de conocer su blog y no he leido mucho, pero enseguida me he sentido en armonia con usted, su visión de los procesos biológicos, fisico-químicos, electricos…me recuerda mucho a los tratados de Hamer, Dr.en Psiquiatría y al Dr.Lipton autor de "la biologia de las creencias".Realmente es increible el poder de la mente y su influencia sobre los órganos, sistemas, tejidos..el organismo completo vaya!! el hecho de contener tanta agua en nuestro cuerpo-somos un medio totalmente acuoso-facilita la conductividad de las miles y miles de señales bio-eléctricas que se emiten por segundo, y viajan excitando las membranas y provocando un sinfin de señales bioquímicas que van a determinar la expresion o no expresion de las diferentes proteinas..en definitiva si mens sana..corpore sano!!el secreto está en el ambiente, y el cerebro procesa pensamientos, emociones, acciones que van a determinar especificamente el trayecto de las sustancias-señales originadas hacia diferentes organos o tejidos

  2. >Anonimo: creo que puedo compartir las ideas fundamentales del Dr.Lipton pero no las teorías del Dr.Hamer.Saludos

  3. Halisko dijo:

    >Hola Dr.GoicoecheaHace dos semanas descubrí este blog y me ha cambiado mi forma de pensar totalmente (a bien). Hace 7 meses tuve una fractura de peroné en el monte. Soy un apasionado de carreras de monte.Empecé a pensar en negativo, pensando que la funcionalidad de esa zona quedaría reducida, que no volvería a ser el mismo, etc. A los 4 meses con RMN y TAC me dijeron que ya estaba todo bien. Que poco a poco podía volver a correr.Pero los dolores seguían ahí. Casi con la misma intensidad que el primer mes, lo cual me limitaba físicamente y a veces mentalmente con bajones. Yo visitaba más médicos y seguían diciéndome que todo estaba bien. Que me tenía que olvidar, pero para mí era imposible. Me dolía. Mi cerebro estaba en negativo.Bueno pues como te he dicho hace 3 semanas descubrí este blog y me sentí totalmente identificado con cosas. Yo creo que en su momento no le dí carpetazo a la fractura. Tenía miedo a que se dañase si hacía alguna actividad física. Hace dos semanas me dije a mí mismo que esto tenía que cambiar, que tenía que pensar en positivo. Empecé ir al monte y hoy he conseguido correr con mínimas molestias (ínfimas comparadas con las que sentía cuando estaba en negativo).Te quiero agradecer el trabajo que haces con este blog. Yo creo que ahora puedo decir que el episodio de la fractura ha llegado a su fin.

  4. >Halisko: me satisface tener buenas noticias de lectores. Efectivamente, en muchos episodios de daño el cerebro no da el carpetazo. Los doctores debieran dar alguna explicación a la extraña situación de estar todo bien y encontrarse uno dolorido e incapacitado. Mañan tocaré el tema en la entrada.Saludos

  5. Halisko dijo:

    >Hola Dr. Goicoechea,Le quería hacer una pregunta sobre el dolor post-traumatismo que permanece después de la curación debido a la negativa información que se le da al cerebro.Son útiles los métodos de infiltración en la zona de la lesión en estos casos? permiten olvidar el dolor y así empezar a pensar en positivo y así eliminar el dolor.O sin embargo son inútiles si la persona en cuestión mantiene un pensamiento negatico acerca de la lesión?Un saludo,halisko

  6. >Las infiltraciones cuando son (aparentemente) eficaces no lo son por lo que infiltran (anestésico loca, corticoides…) sino por una combinación de efecto placebo y el efecto de la aguja (similar al de la acupuntura). Puede que la acupuntura sólo sea un efecto placebo optimizado por la aplicación de la aguja en unos determinados puntos.Lo fundamental, en estos casos, es la evaluación cerebral. Esa es mi opinión.Saludos

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