Hallazgos de la Neurociencia.

El dolor depende de la interpretación del cerebro

El hallazgo ayudaría a entender la hipersensibilidad y las molestias crónicas.

Así rezaba el titular del reportaje sobre dolor de El Diario Vasco de ayer.

Veamos:

El dolor es un contenido de conciencia, una percepción referida a un estado somático, real o imaginado.

De la wikipedia: La percepción es la manera en la que el cerebro de un organismo interpreta los estímulos sensoriales que recibe a través de los sentidos para formar una impresión consciente de la realidad física de su entorno.

Ya en el siglo XIX el físico y fisiólogo alemán Hermann von Helmholtz sostenía que la percepción era una inferencia inconsciente. 

Existe un proceso interpretativo continuo que proyecta a la conciencia los contenidos que el organismo, a través del cerebro, selecciona para atraer la atención del individuo y sugerir una conducta-emoción-reflexión determinada.

Seguimos:

El dolor en cualquier parte del cuerpo es realmente “construido” en el cerebro a partir de la información que el organismo le envía, y cuando es crónico parece ser causado por “cambios cerebrales”

El entrecomillado sobra tanto en lo que se refiere a “construido” como a “cambios cerebrales”.

No hay otra fábrica de las percepciones que la del cerebro. Todas las orinas son “construidas” por el riñón.

El cerebro de un padeciente de dolor crónico mostrará “cambios” respecto al de un ciudadano sin dolor. Cada contenido de conciencia procede de la activación de una asamblea de neuronas, más o menos específica (neuroetiqueta de la percepción dolorosa).

…el cerebro puede “sentir” el dolor de varias maneras, con mayor o menor intensidad, incluso si el estímulo corporal se mantiene constante

El cerebro no “siente” el dolor, lo genera. La cualidad de la percepción dolorosa no depende exclusivamente de los estímulos corporales sino, además, de lo que el proceso interpretativo continuo cerebral produce.

El hallazgo ayudaría a entender el dolor crónico y la hipersensibilidad al dolor…

La hipersensibilidad al dolor no es un estado cerebral sino del individuo. El cerebro genera estados de hipersensibilidad a la amenaza física. El dolor procede de esos estados hipersensibles de predicción-interpretación emocional. El término hipersensibilidad cerebral al dolor no es correcto.

El dolor es más que sólo una respuesta pasiva a los estímulos. El cerebro contribuye activamente al dolor, construyéndolo por medio de varios sistemas neuronales”

De acuerdo.

…Los investigadores desarrollaron un modelo basado en análisis cerebrales obtenidos por medio de imágenes de resonancia magnética (MRI) que permite predecir el dolor que una persona sentirá independientemente de los estímulos que reciba el cerebro. Dicho de otra manera, el dolor que uno experimenta depende de la interpretación que el cerebro haga de las señales que el cuerpo le envíe…

Es decir: han identificado las áreas responsables de generar una interpretación de relevancia (salience), sean cuales sean las señales que genera el organismo en su interacción con el entorno. Al parecer la activación de ese conjunto de áreas permite predecir que el individuo recibirá el sentimiento doloroso en la conciencia aunque no haya estímulos nocivos, daño consumado o potencial.

…Los investigadores denominaron a los “marcadores” por ellos descubiertos como “Patrones de Dolor Independientes de la Intensidad del Estímulo” (SIIPS1, en inglés)…

Es ya sabido desde hace tiempo que los parámetros del dolor, por ejemplo intensidad y localización, no guardan correlación con los de los estímulos corporales, nocivos o no. En mi opinión esos marcadores serían responsables de un modo interpretativo catastrofista, vigilante, temeroso, que hace que, con o sin estímulos, el dolor emerja en la conciencia. Es decir, creencias y expectativas de amenaza, nocebo.

Wager, del Departamento de Psicología y Neurociencias de la mencionada universidad, puntualizó que el dolor crónico parece ser causado por “cambios cerebrales”, precisamente en las zonas ahora identificadas en la investigación. Por eso, dijo Wager, el modelo SIIPS1 conduciría a “desarrollar nuevas opciones para prevenir y tratar” el dolor crónico. Pero para llegar a esa meta se deberán profundizar las investigaciones porque el tema, según Woo, acaba de comenzar a estudiarse.

El dolor no genera los “cambios cerebrales” ni esos cambios cerebrales generan el dolor. Tanto el dolor como los “cambios” son la consecuencia de un estado evaluativo de amenaza que los genera.

No creo que debamos esperar a que se profundice en la investigación para intervenir ya de una vez de modo decidido en el proceso interpretativo cerebral que da lugar al dolor y a los “cambios”.

Para ello sólo hace falta educar a la ciudadanía en biología del dolor desde una perspectiva actual, liberadora.

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Terapia cognitivo conductual y migraña

Las guias de buena práctica clínica de migraña, editadas por consenso de diversos comités de expertos, aprueban el complemento de la Terapia cognitivo conductual en aquellos pacientes que no responden bien a los fármacos y consejos.

La terapia cognitivo conductual pretende modificar 1) cogniciones, conceptos y creencias erróneas sobre el trastorno considerado y 2) conductas de afrontamiento inadecuadas que empeoran la situación.

Imaginemos a un paciente standard de migraña que acude a un psicólogo a recibir la terapia:

– ¿Qué opina de su migraña?

– Una enfermedad cerebral, con fuerte carga genética de origen misterioso e irreversible.

– ¿Cómo la afronta?

– Llevo una vida ordenada, sin abusos. Procuro relajarme. Tomo la medicación tan pronto como noto el dolor.

– ¿Cómo van esos ánimos?

– Cuando no me duele, bien. Con la crisis, quiero morirme.

– ¿Cómo le ha ido en la vida?

– Razonablemente bien. Tengo trabajo, hijos y pareja. No me quejo.

– ¿Cómo ve el futuro?

– Negro.

Ante esta situación el psicólogo debe decidir si lo que cree y hace el paciente es correcto.

– Es lo que me ha explicado e indicado el neurólogo.

– ¿Cómo lo lleva?

– Como puedo. Acepto que tengo migraña y debo afrontar la vida con optimismo a pesar de todo.

Las creencias y conductas del paciente son correctas y ajustadas a lo que los expertos afirman y recomiendan, en cuyo caso poco puede hacer el psicólogo salvo sugerir terapias relajantes, mindfulness, gestión del estrés… o yo qué sé…

Si yo oficiara de psicólogo me aplicaría a fondo en desactivar todo el entramado cognitivo y conductual sugerido por los neurólogos

– Los genes influyen de modo general y complejo. Lo importante es la interacción de esa condición genética con el entorno. Su cerebro es sano. No hay enfermedad. En la familia se transmite información, se copian modelos, no sólo genes. La migraña no nace. Se aprende.

– Los síntomas son la expresión en la conciencia de un estado defensivo que el organismo ha activado sin necesidad, alimentado por creencias-temores erróneas. Su cerebro está equivocado. Gestiona la seguridad física de su cabeza desde el alarmismo. La información experta alimenta esas creencias disfuncionales que usted da por buenas porque así se lo han explicado.

– La crisis de migraña se alimenta de un miedo irracional de su organismo. Contiene una estructura fóbica. Debe aceptar los escenarios que facilitan la crisis, exponerse a ellos y no evitarlos.

– La toma precoz del fármaco y buscar el refugio del cuarto oscuro refuerza el error.

– Debe llevar una vida normal, con los desórdenes y transgresiones que eso conlleva.

Desde mis convicciones es lo que propondría a mi paciente si fuera psicólogo: desactivar lo que el neurólogo le ha expuesto y propuesto. Cambiar creencias erróneas y conductas inadecuadas.

Pero soy neurólogo…

Por eso digo lo que digo

¿Terapia cognitivo-conductual?

Absolutamente de acuerdo.

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Todos los dolores son emocionales

El dolor no es algo físicoquímico que segregan las células con problemas y detectan unos sensores dispuestos en las neuronas que vigilan. Es la expresión en la conciencia de un estado emocional del organismo, generado por la detección de una incidencia de muerte celular violenta (necrosis) consumada o inminente o, en nuestra especie, por un estado imaginado de amenaza, atribuido a un escenario.

Una emoción es un estado de organismo que promueve, con más o menos urgencia, una conducta adaptada a la valoración que en ese momento se aplica a cada escenario o evento.

Las emociones contienen relevancia, significación biológica. El individuo percibe las proyecciones conscientes de esos estados emocionales de su organismo.

Si duele quiere decirse que el organismo está emocionado, es decir, teme, que en ese lugar, momento y circunstancia, se haya consumado, esté a punto de hacerlo o, simplemente se imagine como posibilidad-probabilidad, una incidencia de daño.

Ayer apareció en El Correo otra entrevista a mi amigo y colega Jordi Montero. Suscribo gran parte de sus reflexiones pero estoy radicalmente en desacuerdo con algunas cuestiones.

Llevamos unos cuantos años tratando de instruir en Biología del dolor a nuestros padecientes y, dada la difusión de la entrevista, me veo obligado a hacer algunas consideraciones dado que lo que se expone no concuerda con lo que les explicamos.

1) “El dolor crónico está habitualmente relacionado con problemas emocionales”

Mientras no se matice la afirmación, se entenderá que el dolor, en ausencia de un daño que lo explique y justifique biológicamente, surge de conflictos emocionales del individuo: desánimos, angustias, traumas mal gestionados…

En mi opinión el término emocional debe dirigirse al ámbito del organismo y no al del individuo (consciente). Es en el organismo donde se generan los estados emocionales que dan lugar a la aparición de dolor. El individuo se contagia de ese estado emocional y se verá impulsado a buscar explicación y alivio.

2) “El dolor crónico proviene de las memorias del dolor, de un dolor agudo intenso que se ha grabado”

No es condición necesaria ni suficiente para que aparezca el dolor en la conciencia el que se dé una incidencia actual o pasada de daño. Tampoco se necesita una incidencia previa de hambruna aguda por falta de alimentos para que sintamos “hambre crónica”.

La red neuronal no memoriza dolores sino escenarios, episodios, evaluaciones de amenaza. Si no se modifican, siguen generando estados de alerta cuya expresión en la conciencia es el dolor (entre otros). El dolor cierra el bucle, el sesgo de confirmación, se cronifica.

3) “Si el dolor está construido por nuestra convicción, por nuestra consciencia, aunque sea de forma inconsciente, no podrá aparecer mientras dormimos”

Parece que si el individuo está dormido estuviera apagado el “generador de dolor”, es decir, el propio individuo, con sus vaivenes emocionales. El cerebro enciende y apaga el estado consciente según sus evaluaciones. En algunos casos puede activar el estado de vigilia con dolor en la conciencia por una evaluación de amenaza de daño real, por ejemplo, un aumento de la presión intracraneal o por una incidencia aguda, sangrado o infección… pero es frecuente en muchos pacientes con migraña que el cerebro les despierte con la función “dolor” sin que nada suceda.

La reflexión contenida en la entrevista puede generar alarma innecesaria y no es cierta.

4) “A los médicos de cabecera no se les paga para que hagan de humanistas”

Reincide en la visión emocional. El dolor crónico proviene, según Jordi, de la sopa emocional que cada uno debe sorber día a día y sólo cabe la escucha, comprensión y los bálsamos psicológicos y físicos, la certificación de que el dolor es real, los abrazos y palmadas.

5) “Nadie quiere sufrir, y como tenemos el concepto del dolor agudo que es tratable, pensamos que el dolor crónico es lo mismo: que me lo traten con medicamentos”.

Los padecientes de dolor buscan lógicamente el alivio pero también una explicación plausible de su origen. Se disponga o no de tiempo, las explicaciones habituales sobre dolor no son correctas y facilitan el alarmismo, la desesperanza y la dependencia de fármacos potencialmente tóxicos y de cuestionable eficacia. Lo que falla no es la cultura del dolor del consumidor, que se limita a dar por bueno lo que los expertos le explican, sino la de quienes difunden explicaciones y remedios que sólo contribuyen a cronificar el problema.

En un recuadro final se hace una rápida referencia a la importancia de la explicación de la trama biológica del dolor citando a Lorimer Moseley, el fundador oficial de la propuesta a través de su libro “Explain pain”.

Creo que es lo que toca: una revisión en profundidad de la “cultura del dolor” en las Universidades y cursos de postgrado.

El dolor crónico “músculoesquelético” brota de esa cultura estructuralista que sigue atribuyendo a la columna y los músculos la responsabilidad fundamental, desatendiendo el papel del cerebro, es decir, de ese órgano que construye la conectividad a través de un aprendizaje tutelado por la “cultura de dolor” de los instructores.

El avance fundamental en dolor crónico debiera ser la alfabetización de ciudadanos y profesionales en biología moderna del dolor.

Sería un buen avance pero no avanza.

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Otro buen curso de migraña

Este sábado hemos tenido la revisión del 20º curso de migraña.

De 12 pacientes acudieron 10.

Resultados globales: de 310 días de dolor a 119; intensidad media de 6,8 a 5,7; consumo de calmantes de 422 a 54.

Seis pacientes se encuentran “mucho mejor”; tres “bastante mejor” y uno “algo mejor”. Ninguno está igual o peor.

Satisfacción por disponer de un marco de conocimiento que les permite afrontar el futuro con esperanza.

Recuperación de actividad secuestrada por la migraña.

Cada alumno relata sus peripecias, sus éxitos y fracasos. Todos han plantado cara a los amagos. A veces han optado por el calmante tras librar duras batallas. Otras, la crisis se ha disuelto sin recurrir a la pastilla ni el cuarto oscuro.

Todos han comprobado la dificultad de contar la experiencia a los allegados.

La ciudadanía cree en genes, hormonas, estreses, cambios meteorológicos  y alimentos como inductores de las crisis y en todo tipo de terapias para aliviarlas. Desconocen y rechazan la sugerencia de que el dolor y la intolerancia digestiva y sensorial sean la expresión de un estado evaluativo erróneo de amenaza alimentado por la instrucción experta y la imitación.

– ¿Así, sin más? ¿Sólo hablando?

Por primera vez los alumnos han dedicado un esfuerzo considerable: han leído el libro, el blog, han acudido al curso. Ocho horas de conceptos básicos de Biología neuroinmune. Otras cuatro para compartir experiencias y repasar conceptos. Ejercicios prácticos cotidianos, cognitivos, emocionales y conductuales, tratando de contener el desvarío de la conectividad que proyecta el horror de la migraña en la conciencia.

Algunos volverán a estar con el neurólogo para decirle que han renunciado a los calmantes, el botox o los preventivos y que adoran los desencadenantes. Puede que el experto se interese aunque lo dudo.

Pasado mañana daré una charla en la Casa del mar de Pasajes de San Pedro, invitado por una doctora de Atención Primaria que se ha interesado por esta historia, al conocer el relato de una alumna que participó en el curso.

Confío en el colectivo de médicos de Atención Primaria. No así en el de los neurólogos. Hasta ahora no han dado señales del más mínimo interés. Puede que, incluso, no estén demasiado interesados por el dolor, un producto básico de la actividad neuronal.

Dicen que lo que se lleva ahora son los anticuerpos monoclonales frente al CGRP, el chivo expiatorio molecular que toca.

Nosotros a lo nuestro. Información. “Empoderamiento”.

El 11 de Marzo tendremos otra edición, la 22.

Sin prisa pero sin pausa.

“La migraña es una enfermedad cerebral misteriosa de origen genético. No existe curación pero los fármacos y la vida ordenada pueden ayudarle”.

Dicen…

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¿Se cura el dolor crónico?

Jordi Montero es amigo mío. Hicimos juntos la formación como neurólogos en el hospital de Bellvitge. Prologó mi libro y escribimos una monografía (“Depresión y dolor”) juntos. Siempre me ha apoyado y le estaré agradecido.

Pero…

Con ocasión del lanzamiento publicitario de su reciente libro: “Permiso para quejarse”, en el que me cita en el prólogo y en los reconocimientos ha manifestado en una de las entrevistas que “el dolor crónico no se cura, hay que adaptarse y vivir con él”.

Ayer dio una conferencia en Vitoria para presentar el libro. Estuve con él pero desconocía la afirmación tajante de la irreversibilidad del dolor cuando es crónico.

Hoy he tenido noticia de la entrevista y debo manifestar mi desacuerdo radical con la afirmación.

Cuando decimos que el dolor es crónico simplemente describimos que ese dolor lleva más de seis meses. ¿Por qué seis? Porque así se ha consensuado. No hay otros criterios. No se habla de irreversibilidad.

Un dolor crónico puede aflorar en la conciencia como consecuencia de un proceso de destrucción y/o inflamación cronificado, continuado, de más de seis meses de evolución. Por ejemplo un cáncer  o la artritis reumatoide. El dolor es crónico (más de seis meses) porque el daño que lo genera también lo es. El dolor será irreversible en la medida que la enfermedad lo sea. Los fármacos prestarán alivio sustancial.

Otra cosa es que el dolor no emerja como consecuencia de un daño-inflamación. Las pruebas serán normales o de significado cuestionable.

– No tiene usted nada. Su dolor es crónico. Debe aceptarlo y sobrellevarlo.

– ¿Entonces, por qué me duele?

– El dolor a veces es en sí una enfermedad…, sin enfermedad que lo explique y justifique. Las redes neuronales no funcionan bien. Es algo complejo. Juegan muchos factores psicológicos, emocionales. A veces el cuerpo expresa sus conflictos y atascos a través del dolor, por una falsa vía. Esa falsa vía se ha automatizado. El dolor forma parte ya de usted., de sus memorias. Está profundamente arraigado en su personalidad, en su ánimo, en su angustia, en los vaivenes pasados, presentes y futuros. Se ha hecho crónico. Tendríamos que reconstruir una persona nueva con una biografía nueva. Ya no sería usted. Eso no es posible. Sólo podemos comprenderle y mostrar nuestra solidaridad. La natación, la meditación, los masajes y la ayuda psicológica pueden ayudarle a sobrellevar ese estado cronificado.

– ¿No hay otras pastillas?  No sé. ¿Corrientes? ¿No ha salido nada nuevo?

– Lo hemos probado ya todo. La ayuda de los fármacos cuando el dolor se ha cronificado es muy limitada. Un abrazo.

Cuando un dolor no dispone, afortunadamente, de un daño-inflamación que lo explique y justifique biológicamente podemos asegurar que el organismo está cometiendo un error “crónico” de valoración de amenaza.

Los errores cronificados no son irreversibles per se.

El padeciente no es responsable de llevar ya más de seis meses dolorido. El no construye las evaluaciones de amenaza. Lo hace su organismo en función de lo que sucede y también de lo que le dicen los expertos y/o la peluquera.

La que está cronificada, desde hace ya milenios, es una concepción errónea del origen del dolor cuando no hay daño relevante. Esa concepción ignora-desaprecia el origen evaluativo, cultural y saca a colación al propio padeciente, su personalidad, sus desventuras y debilidades, su pesimismo y desánimo o un supuesto y confuso” mal funcionamiento de las redes neuronales”.

Nunca es tarde si la información es biológicamente correcta.

Los que defendemos la vía pedagógica sabemos que la cronicidad (más de 6 meses) no es un factor de irreversibilidad.

Explicamos lo que el ciudadano tiene derecho a conocer y en muchas ocasiones al disolverse los errores evaluativos el dolor se disuelve en la misma medida.

No es ni fácil ni difícil, ni simple ni complejo. Exige un trabajo de comprensión y de cierto coraje para salir de la “zona de confort” de las terapias y consuelos.

– No me convence. ¿No hay un tratamiento?

– No. Hay lo que le he explicado.

– No me vale.

– Lo siento. Su resistencia se ha cronificado… Debe aprender a vivir con ella. Ya sabe dónde nos tiene por si cambia de opinión.

Curación es un térmico ambiguo. Se puede curar una herida, una infección. No se cura el dolor sino lo que lo causa. Podemos quitarnos el clavo del zapato para “curar” el dolor del pie.

¿Podemos modificar la idea errónea que el organismo se ha hecho de sí mismo? ¿Podemos curarla?

Podemos echar una mano. Informar y animar a plantar batalla desde el conocimiento.

Dice Ramachandran que el dolor es una opinión. A veces correcta y otras equivocada.

¿Se curan las opiniones?

Usted mismo.


Lo siento, Jordi. Sé que siempre has estado abierto a las críticas.

Un abrazo

 

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El cerebro migrañoso

En esta interesante entrevista se analiza la condición patológica que explica el encendido de las crisis.

Hay varias cuestiones a considerar:

1) El escaso interés que muestran los neurólogos por la cuestión, aun a pesar de ser un padecimiento frecuente, mortificador e invalidante. Así es. Lamentable.

2) No hay ninguna referencia al papel de “la circulación”. Es una buena noticia. El viejo dogma de la “cefalea vascular” ha caído. No es un problema de arterias que se contraen y dilatan. El dolor es rítmico pero no pulsátil.

3) La migraña es cosa de neuronas. Algo sucede en la conectividad neuronal que crea problemas. Absolutamente de acuerdo.

4) El cerebro migrañoso es sensible a los cambios. Todos los cerebros lo son pero hay que acertar a la hora de valorarlos. Ante una novedad enfocamos nuestros sentidos y activamos los recursos cognitivos para evaluar el nuevo escenario y seleccionar una conducta. Muchas veces la conducta es no prestar atención porque el escenario es irrelevante. El cerebro migrañoso mantiene la atención más tiempo. Atribuye un plus de relevancia potencial a los cambios, sean hormonales, meteorológicos, de hábitos, alimentarios… Presenta un déficit de habituación, de tolerancia, de desinterés hacia lo irrelevante. Es más vigilante, escrutador, analítico, explorador. Hay estudios neurofisiológicos que así lo demuestran, aun cuando también hay quien los refuta. También de acuerdo si los neurofisiólogos acaban poniéndose de acuerdo.

5) La imposibilidad de desatender estímulos genera ocasionalmente una saturación (especialmente en los cambios) que bloquea “la neurona” y ésta responde reseteándose. El estado de hiperatención se apaga y el sistema se reinicia pero con una crisis. El bombardeo de señales sensoriales no filtradas acumula glutamato en el espacio perineuronal y en la zona se produce el apagón (“onda de depresión cortical propagada”), expresado en forma de aura visual, sensitiva o del lenguaje y además se activan las terminales meníngeas del trigémino responsables de la aparición de dolor.

En mi opinión no se trata de un bombardeo general de estímulos sino de un estado de alerta que dirige la atención hacia la cabeza, en conflicto con la atención enfocada hacia la actividad que en ese momento el padeciente quisiera desarrollar. El reseteo (“normalización forzada”) puede marcar un cambio de estado neuronal que centra ya la atención en la relevancia de posibles sucesos amenazantes en la cabeza dando lugar a la activación de los correspondientes programas de protección (dolor, vómitos, intolerancia sensorial)

6) Se añaden vómitos e intolerancia sensorial y el padeciente quiere paz, silencio, oscuridad, ausencia de estímulos.

Las náuseas y vómitos indican que se evalúa amenaza interna y que el peligro puede haber entrado por vía digestiva. La intolerancia sensorial es una invitación a quedarse en el refugio evitando la exploración exterior y la interacción social.

7) Toda la condición es genética. El migrañoso nace con ese defecto en la programación que nos permite enfocar y atender lo relevante y filtrar y desatender lo irrelevante.

Los genes crean estilos generales de exploración. Hay genes más evitadores de daño y otros más buscadores de novedad. En cada escenario puede primar una u otra tendencia. Los genes no determinan la conducta sino que se limitan a favorecer un modo de aprendizaje. La conectividad cerebral se va construyendo y actualizando continuamente a lo largo del aprendizaje individual, en base a la experiencia propia, observación de la ajena y a la instrucción de expertos.

He leído con interés y agrado la entrevista porque centra la atención en cuestiones neuronales y ofrece una hipótesis plausible pero discrepo sustancialmente en varios puntos clave: 1) el supuesto fallo de programación, genético y 2) que el problema sea el bombardeo exterior de estímulos y la imposibilidad (genética) de filtrarlos.

Para mí el problema reside en la alerta excesiva a la amenaza interna, al modo sensible, fóbico, de afrontar la realidad como algo potencialmente peligroso por parte del organismo. Es un estilo quizás influido por los genes pero modelado por el aprendizaje. El organismo compite con el individuo por enfocar la atención en seguridad en vez de atender las necesidades del individuo y de esa tensión entre organismo e individuo surge el estado de saturación o bloqueo que acaba en la “normalización” (reseteo)  marcando la inclinación de la balanza hacia los intereses (miedos) del organismo, su seguridad física.

El individuo no debe someterse a la reclamación sino participar activamente en el conflicto de intereses, centrando la atención en sus tareas y despreciando la insinuación del cuarto oscuro. Ese es otro modo de desbloquear el berenjenal. Ganando la batalla.

No estigmatizar y alarmar al cerebro sino ayudarle a gestionar la seguridad de un modo razonable.

Conocimiento y libertad para llevar una vida normal.

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Cuarenta minutos

Estos días se ha publicitado un proyecto de investigación en el que se especula con la posibilidad de detectar un ataque de migraña cuarenta minutos antes de que aparezca el dolor. Ello permitiría, según los investigadores, tomar el calmante de inmediato y así abortar el proceso en sus inicios, con mayor garantía de éxito.

El padeciente llevaría un sistema de sensores similar al que llevan los deportistas para monitorizar sus variables mientras desarrollan el esfuerzo. Los datos que cumplan con el criterio “peligro, migraña a la vista”, transmitirían la señal al móvil del paciente alertándole de que la migraña se está gestando. Las variables sensadas serían pulso, sudoración, temperatura. Es decir, cambios que se corresponden con la activación del sistema nervioso autónomo (adrenalina, para entendernos).

De momento no es mas que un proyecto que busca correlaciones entre las variables monitorizadas y la aparición de las crisis. Dicen que han dado con las correlaciones y sostienen que ya han conseguido predecir la aparición de dolor. Queda pendiente comprobar si el calmante super-precoz consigue reducir el número de crisis.

La hipótesis de trabajo sostiene que la migraña se inicia con la activación de una alerta.  y la liberación consiguiente de adrenalina.

Se supone que esos cambios tendrían algún patrón específico en el caso de la migraña ya que la alerta puede surgir por múltiples motivos y expresarse a través de cambios en la sudoración, frecuencia cardíaca y temperatura cutánea. La alarma podría saltar de modo inespecífico. Incluso se puede especular que el llevar el artilugio facilita su disparo por hipervigilancia.

Imagino que todo eso estará suficientemente ponderado y que ya han dado con el patrón específico migrañoso de la alerta adrenalínica.

En definitiva: el diagnóstico precoz y el remedio inmediato. Una propuesta intuitivamente válida pero cuestionable.

No soy partidario de sensibilizar la vigilancia ni de utilizar el calmante precoz. En los cursos defendemos lo contrario: si el problema reside en una alerta infundada lo que procede es desatender la alerta y desviar la atención hacia la tarea en curso despreciando el requerimiento de un cerebro sensible que ve amenaza en escenarios absolutamente inofensivos.

Si un sistema de alarma modifica su sensibilidad cuando olfatea “robo” y los efectos de ese temor pueden ser sensados antes de que suene la alarma (dolor) permitiendo así al propietario ponerse unos tapones para minimizar el volumen recibido esa acción no debiera modificar la valoración de amenaza de robo. Estaríamos ante un sistema kafkiano:

– el sistema predice (teme) robo. El estado vigilante sensible genera variables que pueden ser sensadas en el edificio.

– la detección de esas variables genera un aviso al usuario de que en unos cuarenta minutos sonará la alarma.

– el usuario se colocará unos tapones preventivos para no oirla

– el sistema se relaja tras conocer que el usuario se ha colocado los tapones

– se relaja la tensión de la predicción y no se activa la alarma.

– los tapones han eliminado la amenaza

Sé que suena ridículo el razonamiento y que el organismo no puede actuar de una manera tan absurda.

Créaselo. El sistema neuroinmune nos defiende desde la lógica del miedo, de la incertidumbre y desde la instrucción experta de la vigilancia sensible.

El sistema debe aprender a vigilar y activar la alerta. El aprendizaje genera errores, falsos positivos y falsos negativos.

No pasa nada… si el error se detecta y corrige.

Sí pasa si se produce el sesgo de confirmación del error: “ha sonado la alarma, luego había peligro”.

En mi opinión el artilugio favorece la alerta y el sesgo de confirmación pero previsiblemente se beneficiará en ocasiones del consiguiente efecto placebo que, irremediablemente, traerá de la mano el efecto contrario del nocebo.

Los cuarenta minutos son cruciales, dicen.

Nosotros seguiremos con la educación en Biología, tratando de desarmar todo el tinglado del despropósito migrañoso.

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Nuevo curso para pacientes de migraña

Convocamos un nuevo curso intensivo (8 horas y una revisión de 4 a los dos meses) en Vitoria para pacientes de migraña el día 11 de Marzo.

Será la 22ª edición. Los interesados pueden informarse en el teléfono 696541479.

Hasta ahora la experiencia está aportando excelentes resultados globales, en relación a descenso de días de dolor, recuperación de actividad y reducción del consumo de fármacos.

Frente a las propuestas de la aceptación de que se trata de una enfermedad genética de origen misterioso e irreversible que debe aceptarse y sobrellevarse, la identificación y evitación de los desencadenantes, la detección precoz sensible del inicio de las crisis y la toma inmediata del calmante, nosotros ofrecemos una propuesta radicalmente opuesta.

La migraña tiene una explicación biológica plausible, razonable y, sobre todo, abordable. Cada crisis indica que en ese momento y circunstancia el organismo ha activado la alerta en la cabeza aunque no haya motivo para ello. Se inculpa a los genes y se desconsidera el papel fundamental del aprendizaje, un proceso consustancial a la vida.

La migraña no resulta de la expresión de genes migrañosos sino de un proceso de aprendizaje que en nuestra especie está poderosamente influido por la cultura, por la información experta sobre organismo.

El proceso de aprendizaje genera en el sistema neuroinmune, que es el encargado de vigilar y neutralizar agentes y estados peligrosos biológicos y físicoquímicos, fallos de evaluación, atribuyendo peligrosidad a estímulos inofensivos, tal como sucede en la alergia y enfermedades autoinmunes.

La migraña sería el equivalente a la alergia en la red neuronal.

Explicar el proceso de aprendizaje a un alérgico no modificará sus crisis y bien hará en identificar el alergeno y evitarlo o tratar de desensibilizarse de modo controlado cuando ello sea posible, pero en los errores de activación de programas defensivos por parte del sistema nervioso, por ejemplo en la migraña, la información, la imitación, son factores fundamentales que pueden y deben sanearse, no desde las múltiples ofertas de terapias y consejos de todo tipo sino desde la explicación detallada del proceso desde la biología.

No sólo debemos cuidar la alimentación, hacer ejercicio y gestionar debidamente el estrés sino también la información sobre organismo.

La migraña no surge por efecto de una genética que expresa supuestos “generadores” neuronales de migraña, ni por el detonante de cambios de todo tipo o transgresiones de una supuesta normativa de bien-vivir sino por la evaluación de amenaza que la red atribuye a cada escenario.

Esa atribución puede ser errónea y podemos corregirla utilizando la información y aplicando el conocimiento al afrontamiento sin miedo a los escenarios habituales de cada día.

Merece la pena conceder unas horas al conocimiento. Nuestro alumnado generalmente ha visitado todos los puestos del mercadillo de orígenes y remedios y acude a Vitoria desesperado con un nivel de conocimiento variable.

Creo que la experiencia resulta enriquecedora y liberadora y ofrece un nuevo marco y una nueva perspectiva de cara al futuro.

El cerebro crea en función de lo que cree y ha criado.

Todas sus decisiones (la migraña es el resultado de una decisión) provienen del conocimiento disponible.

Si ese conocimiento alienta la migraña sin motivo alguno, por error de valoración de amenaza, podemos y debemos aportar el conocimiento contrario, que puede devolver la autorización a la vida normal al padeciente.

No ofrecemos magia ni milagros.

Sólo conocimiento.

Los alumnos ponen el resto: comprensión y coraje.

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Cine en la conciencia.

La conciencia es ese espacio misterioso en el que pensamos, sentimos y actuamos.

El contenido de la conciencia no lo decidimos. Nos llega. Fluye como una película.

La conciencia es la pantalla en la que el organismo, a través de la densa e integrada conectividad de la red neuronal, nos relata una síntesis del pasado, presente y futuro de su interacción física y social con el exterior.

Nosotros somos a la vez espectadores y personajes. Aparentemente podemos influir en el contenido de la pantalla, modificar lo que allí se proyecta, al menos en parte. Podemos prestar una atención variable a la película, discrepar de lo que allí se sugiere, desobedecer las propuestas de conducta, no dejarnos llevar por los temores y deseos.

Eso parece. Estamos ante un cine interactivo que actualiza sus contenidos en función no sólo de lo que, realmente, está sucediendo sino de esa sutil y continua interacción con el espectador.

A través de los sentimientos el actor-espectador obedece las incitaciones de la peli y come, bebe, descansa cuando el guión lo sugiere-exige.

El cine del organismo a veces incluye el sentimiento doloroso. El espectador no lo ha decidido. Aparece. Lo exige el guión.

Con toda seguridad el organismo tendrá en ese momento sus temores y razones.

Imaginación y realidad en proporción variable. A veces sólo miedo.

Ante la duda, actuar como si lo imaginado fuera a suceder. Hambre si hay comida. Sed si hay agua. Dolor si podemos suspender o limitar, sin consecuencias, la actividad. Es la ley menos costosa. Por si acaso, si se puede, actuar como si lo temido fuera a suceder.

Los sentimientos somáticos fuerzan al individuo a cumplir con el guión.

El sentimiento doloroso se intensifica si el espectador se empeña en imponer su deseo de atender lo que le interesa y se esfuma al suspender la actividad y tomar el calmante tal como lo exigía el guión.

El guión está muy competido. Todos quieren influir en la trama, conseguir que el espectador actúe como ellos desean. Domesticarle.

Domesticamos animales, máquinas, procesos, guiones.

Nosotros también estamos domesticados, por nosotros mismos, por la historia individual y social en la que vivimos, en la película que nos hemos y nos han montado.

El cine de la conciencia no nos aclara lo que es realidad comprobada o imaginación desbordada. Realidad y ficción se presentan con la misma apariencia.

El dolor puede aparecer en pantalla por impacto de la realidad. Una fractura, un desgarro, una quemadura, un infarto. A veces sucede.

Otras muchas ese mismo dolor aparece de la mano de la imaginación. Está en el guión pero no hay una aclaración de que el personaje sea real o ficticio.

El espectador debe investigar si el dolor pertenece al mundo real de las lesiones-disfunciones-enfermedades-desequilibrios o, simplemente, al de los temores infundados o a lo que las infinitas películas ajenas han contado.

Los expertos se disputan la explicación y remedio del dolor.

Realmente no hay nada que temer. Los personajes son ficticios.

– No tiene usted nada. Es usted el que se provoca el dolor. Es psicológico

Muchos sugieren que es el propio espectador el responsable del horror de la peli. Se ha montado él esa película.

¿Es el animal domesticado el responsable de los efectos de la domesticación?

Si haces esto o dejas de hacer lo otro… te dolerá.

Para que deje de dolerte tienes que hacer esto o dejar de hacer lo otro…

Así es el cine. Así es la apariencia en pantalla de la domesticación.

Recuerde: es cine pero cine interactivo.

Actúe.

Infórmese, pierda miedo, defienda su guión.

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Hacer relajación

En el mundillo del dolor no explicado ni justificado los profesionales ofrecen sus consejos y sus remedios buscando el alivio del síntoma aun cuando este tenga un origen no desvelado.

Cuando los fármacos fallan se abre el arcón de las vías “alternativas” o complementarias. Masajes, dietas, energías, ejercicios, agujas, productos homeopáticos y demás terapias.

En la revisión del último curso de pacientes de migraña, una alumna comentó a su neuróloga el buen resultado conseguido incluso con el abandono de fármacos y el refugio en el cuarto oscuro.

-Me va bien. Ya no tomo nada y hago una vida normal.

– Vale. Cuando falle la “relajación” ahí tienes los fármacos…

Para la neuróloga su paciente estaba haciendo “relajación”. No le parecía mal pero auguraba que las aguas de la migraña volverían al cauce de la ortodoxia, con el infierno del dolor y los vómitos y que se repondría la cordura del auxilio farmacológico.

Bien mirado, no le falta razón. Realmente lo que se busca en los cursos es la relajación de la conectividad alarmista que evalúa amenaza cuando y donde no la hay.

Durante 8 horas explicamos el proceso migrañoso, la falacia de los mensajes profesionales, la trama del cerebro equivocado, instruído por la cultura experta en la vía de la protección irracional frente a todo. El conocimiento relaja en muchos casos.

“En la vida no hay cosas que temer sino comprender” decía Marie Curie.

Las explicaciones oficiales que desembocan en la propuesta de los fármacos generan miedo y no ofrecen comprensión. No hacen caso a Marie.

– Es un misterio. Sabemos que es genético. Tendrás la migraña de por vida. Debes seguir un tratamiento y llevar una vida ordenada. Previsiblemente saldrán remedios pero, de momento, es lo que hay.

A la conectividad del cerebro enmigrañado no le cabe otra que activar la alerta de modo indiscriminado como estrategia preventiva.

La “relajación” no es posible.

Los neurólogos creen que quien debe relajarse es el individuo. Yoga, mindfulness, masajes, psicoterapias. Les parece bien.

¿Curso? Pues bueno… no viene mal relajarse oyendo tonterías y falsas promesas… Ya volverán los fármacos.

Los alumnos libran batallas contra el desasosiego de los circuitos.

– Tranquilo, cerebro, no pasa nada. No tengas miedo. ¡Relájate!

Tienen miedo a lo que su cerebro haga y quieren que se relaje pero para ello deben desactivar las creencias y expectativas alimentadas por la cultura alarmista experta.

Muchos neurólogos padecen migraña. Ningún colectivo humano la padece tanto.

Quizás tendrían que hacer relajación

¿Por qué no un curso?

 

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