Nuevas ediciones del curso intensivo de migraña.

Reanudado el curso y dentro de la tónica de los buenos propósitos que caracteriza a los meses de otoño, convocamos una nueva edición de los cursos intensivos para pacientes de migraña, en Vitoria (20 de Octubre; revisión 15 Diciembre) y Madrid (24 Noviembre; revisión 3 Febrero).Los interesados pueden llamar al tfno 696541479 para el curso de Vitoria y al 661882208 para el de Madrid.

La educación en Biología del dolor se va afirmando como una herramienta poderosa e imprescindible para revertir la trama enredada de la cronificación.

El proceso educativo pretende cumplir tres objetivos: desactivar críticamente las creencias y expectativas que genera la cultura experta oficial; presentar el nuevo marco teórico, a la luz de los nuevos paradigmas biológicos; aplicar este nuevo marco a la toma de decisiones conscientes respecto a la estrategia a seguir.

En el curso se facilita conocimiento y ese conocimiento habilita al paciente como un personaje activo que puede, desde las nuevas convicciones, plantar cara al despropósito migrañoso, actuando en dirección contraria a la que hasta ahora se le ha propuesto.

Se puede hacer mucho contra la migraña. No se trata de facilitar pautas ni métodos “terapéuticos” sino de que quien la padece conozca en profundidad el complicado universo de la gestión defensiva del organismo, por parte de la red neuronal encargada de ello.

Una gran mayoría de pacientes obtiene un beneficio considerable. Hay menos días de dolor, este es menos intenso, se reduce el consumo de fármacos y se recupera la actividad normal, a la vez que uno se quita las sospechas de culpabilidad.

“No tienes nada que perder, salvo el dolor”, tal como sugería un lector del blog.

Doce horas de exposición y repaso del nuevo marco teórico, intercambio de experiencias entre los alumnos, la oportunidad de relatar libremente lo que cada cual considere oportuno.

Habrá quienes depositen su maltrecha esperanza en el nuevo fármaco prometido (los anticuerpos monoclonales frente el receptor de CGRP). Es tratar de neutralizar al mensajero dejando igual el proceso que libera los mensajes.

Con la educación se promueven cambios químicos y de conectividad. En vez de anticuerpos se facilita el cambio de creencias y expectativas, que es lo que subyace en el hecho de que el CGRP esté elevado.

Un curso de migraña es un buen propósito para este otoño.

No hay nada que temer, sino comprender (Marie Curie)

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Divergencias

Episodios recurrentes de dolor de cabeza, muchas veces en media cabeza (del griego hemi-cranea… micrania… migraña), con nauseas-vómitos e intolerancia sensorial.

No hay duda. Los expertos le dirán que lo que usted tiene son “migrañas”.

Lógicamente quien las padece se interesa por el origen y el remedio.

Comienzan las divergencias:

– Es una cuestión genética. Deberá aceptar la situación. Le ayudaremos a controlar las crisis. Estilo de vida física y psicológicamente saludable, identificar y evitar desencadenantes y fármacos. Toca vigilarse y cuidarse.

O bien

– No es una enfermedad genética. La migraña se aprende. Lo que toca es identificar creencias y expectativas erróneas aprendidas, y corregirlas. El proceso es inconsciente pero podemos trabajar el espacio consciente para modificar la narrativa que el organismo ha construido sobre sí mismo, al calor de lo que los expertos de la propuesta anterior defienden. Organice su vida como quiera y olvídese de desencadenantes físicos y psicológicos. Consiga que su organismo autorice la vida que usted quiere tener. Lo que toca es descuidarse.

En este blog defendemos la segunda vía, a todas luces incompatible con la primera.

O se acepta y sigue la vía de la vigilancia y la privación, del control profesional, las terapias, renunciando a conocer la trama biológica del proceso y probándolo todo para ver si se da con el estilo de vida y la terapia más exitosa o, justamente, se escoge la dirección opuesta: conquistar la libertad de hacer lo que a uno le venga, razonablemente, en gana, deshacerse de la etiqueta “migraña” y ayudar al organismo a ver la vida de un color sensato. Para ello debemos conocer el proceso en su entraña biológica, aportar información y aplicarla día a día para permitir el re-aprendizaje, la disolución de diversos miedos.

La estrategia, según nuestro criterio, debe cumplir dos objetivos:

  • Neutralizar creencias y expectativas generadas en el camino de las propuestas habituales, oficiales y alternativas.
  • Ocupar el vacío habilitado con información sobre el sentido biológico de lo que sucede en el organismo.

Probar terapias o educación en Biología.

La educación no tiene efectos secundarios. Lo único que puede suceder es que consiga revertir el proceso: recuperar  la vida desordenada y las inocentes transgresiones físicas y psicológicas del día a día, reducir-eliminar los fármacos y comprobar que desde el espacio consciente se puede controlar la situación, una vez se adquiere el conocimiento necesario.

Habitualmente los pacientes optan por la primera vía, la de las terapias. Sólo después de haberlo probado todo y, en el caso de que nada funcione ya, tras rastrear los últimos rincones de la red, dan con la oferta educativa y le conceden una oportunidad.

En los cursos recogemos a los náufragos de la singladura de las terapias oficiales-alternativas.

El objetivo educativo se consigue en la mayoría de los casos: comprenden y aceptan lo que se les explica. Ven la lógica y simplicidad de la cuestión.

Comprender y aceptar es importante pero no necesario ni suficiente.

Hay quien no comprende bien lo que se explica pero sus migrañas se mitigan y otros, que comprenden y aceptan con entusiasmo lo explicado, no consiguen revertir la situación.

Al final queda un porcentaje que ronda el 70% de alumnado satisfecho, con menos días de dolor, vida normalizada y reducción drástica de fármacos.

Unos dicen que se debe ir por una senda y otros sugerimos que dicha senda es equivocada y debe seguirse la contraria.

Ante la duda probablemente se escogerá la senda conocida y se dará la oportunidad a la novedosa, sólo después de agotar la fe en la primera.

Septiembre es el mes de los propósitos novedosos. Un buen mes para tomar la senda educativa, invertir tiempo en conocer la Biología de la migraña y aplicar lo aprendido.

Convocaremos nuevas ediciones en Vitoria y Madrid. Las anunciaré en el blog en unos días.

No tiene nada que perder. Sólo el dolor. (Kevin Allcoat)

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Migraña. Sin noticias del cerebro

Ayer se celebró, un año más, el Día Internacional contra la migraña.

La misma matraca de todos los años. Los genes, las hormonas, el no se sabe, el no se cura pero se puede controlar si uno se pone en manos de un neurólogo, el estilo de vida saludable, el orden, lo reglado, la promesa de un nuevo tratamiento, la invisibilidad de los pacientes, la necesidad de sensibilizar a la población…

Un año más, no se habla del cerebro, ese desconocido que siempre se evita para no alimentar la sugerencia de que “todo está en la cabeza”. Se prefiere que sea el viento Sur, las hormonas, el chocolate, los músculos, los nervios, la depre. Cualquier cosa menos el cerebro.

Un año más el cerebro es ignorado, invisibilizado por quienes dicen empeñarse en visibilizarse.

Algunos formamos parte de una minoría silenciada (que no silenciosa) y llevamos unos cuantos años hablando del cerebro y su papel en la migraña y en todo lo que todo quisqui piensa, siente, decide, hace o deshace, tal como ya sugirió acertadamente Hipócrates.

Una crisis migrañosa contiene la activación de recursos de alerta y protección que todos tenemos y que deben gestionarse cuando algo amenaza la integridad física de los tejidos.

En una crisis migrañosa no sucede nada amenazante pero el organismo, desde el órgano gestor, el cerebro, activa el estado de alerta-protección. Es un error que debiera detectarse y corregirse pero el cerebro entra en un bucle de retroalimentación positiva y refuerza ese error, gracias a que está instruido, inconscientemente, a hacerlo.

El Sistema Neuroinmune nos protege y defiende… de lo que aprende a catalogar como anenazante.

Se equivoca con frecuencia como todo sistema que debe detectar peligro en un universo tan complejo e incierto como el que fluye entre el organismo y el entorno.

El entorno contiene chocolate, hormonas, vientos y demás pero en nuestra especie hay algo que es muchísimo más contundente y peligroso: la cultura, la instrucción de expertos.

Un cerebro migrañizado es un cerebro normal pero instruido en el error de valorar amenazas.

Las expectativas y creencias son la madre del cordero.

– Tengo migraña.

– ¿Qué piensa? ¿A qué lo achaca?

Esa es la cuestión clave.

Unos piensan en lo que les han enseñado a pensar y quedan atrapados en el bucle migrañizante.

Otros pensamos que debe darse un giro de al menos 90º (mejor de 180º) e ir al Sur en vez de al Norte.

El nuevo chivo expiatorio es el CGRP (péptido relacionado con el gen de la calcitonina). Es un simple mensajero que se libera cuando hay destrucción de tejidos (por ejemplo, en un infarto) para iniciar la regeneración del tejido dañado. En la migraña todo se dispone para proceder a reparar algo que se evalúa como amenazado y, como es lógico, se libera el CGRP, para tener todo dispuesto si hubiera que reparar ese destrozo.

¡Ya lo tenemos! Hay aumento de CGRP en la saliva de los migrañosos. Si administramos CGRP a un migrañoso le provocamos una crisis.

¡Ya lo tenemos! Disponemos de anticuerpos monoclonales frente al CGRP.

Un poco caro pero eficaz y sin efectos secundarios, como si el CGRP fuera perfectamente prescindible en el trajín biológico.

Un año más.

¿Cerebro? No. gracias. Prefiero las propuestas descerebradas.

Un dato que tampoco se cita: los neurólogos son el colectivo de ciudadanos que más migrañas sufre.

Consulte a su neurólogo. Pregunte si tiene migraña.

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Certezas

– Yo sólo sé que me duele.

A menudo los pacientes con dolor sólo saben que en su conciencia aparece el sentimiento doloroso, un sentimiento que todos conocemos, por haberlo padecido en alguna ocasión.

Aquí y ahora, al hacer esto o lo otro.

La función del profesional no es la de confirmar o refutar ese dolor sino la de desvelar un proceso que lo explique.

No siempre es así:

– No puede dolerle. No tiene usted nada

o…

– Tendría que dolerle. Tiene usted una artrosis de caballo.

El profesional no puede certificar si ese dolor es real o no, es decir, si quien lo padece miente o dice la verdad.

Lo que le corresponde es descartar un proceso que justifique y explique, biológicamente, ese dolor relatado por el único testigo, el paciente.

– Sólo yo soy quien sabe lo que me duele.

Sin embargo el paciente debe incluir otra certeza, la de conocer el proceso que genera ese dolor, privado.

Aquí surgen los problemas.

– No es normal que duela. Tiene que haber algo anormal que genera el dolor… donde y cuando duele.

No necesariamente.

Puede haber dolor cuando y donde no hay nada alterado y puede no haberlo cuando y donde sí sucede algo anormal.

Profesionales y pacientes están instruidos en construir y admitir “certezas”, más o menos fundadas.

– Me duele “la columna”. Tengo la certeza de que no es normal.

– Tiene usted dos hernias y mucha artrosis. Con toda certeza el dolor se genera en esa columna tan degenerada. Los pesos, las malas posturas, la escasa musculación…

Hay “certezas” del profesional que son asumidas por el paciente sin resistencia.

Las certezas son necesarias y , aunque sean falsas, son útiles.

– Por fin sé lo que tengo.

El paciente complementa la certeza del dolor con la ratificación del profesional y la certeza añadida de que tiene mal la columna.

Existen también las falsas certezas de la etiqueta:

– Tiene usted migraña…, fibromialgia

Por fin se dispone de las certezas necesarias. El dolor es cierto y paciente y profesional tienen la certeza de que la etiqueta lo explica todo, aunque, realmente no explique nada.

El proceso de dar carta de certeza  es delicado y peligroso.

No hay nada peo que obrar desde una certeza falsa o, al menos, cuestionable o matizable.

En el dolor, sólo disponemos de la certeza de lo relatado por el paciente y de las certezas que el conocimiento profesional nos provee:

– Si le duele la zona lumbar podemos tener la certeza de que su organismo evalúa amenaza consumada, inminente o imaginada (probabilística, anticipada) de daño, con muerte de células competentes. Vamos a ver si existe esa condición amenazante.

La historia, la exploración y las pruebas complementarias dictaminarán la probabilidad de que, realmente, se dé esa condición amenazante, consumada o inminente.

– No tiene usted ninguna condición que ponga en peligro la integridad de los tejidos de la zona lumbar. Puede y debe moverse sin miedo.

No siempre el paciente convence al profesional de que, realmente, siente mucho dolor y no siempre el profesional convence al paciente de que donde siente ese intenso dolor no hay ningún proceso que lo explique y justifique, biológicamente.

El problema del dolor no explicado ni justificado es un problema de certezas.

A veces lo que se da como cierto no lo es y lo que sabemos que puede presentarse como una certeza no se admite como tal.

Apremia un consenso sobre certezas.

Apremia eliminar el lábel de cierto a lo que no lo es y divulgar las certezas actuales sobre el dolor.

El dolor es siempre cierto si no hay voluntad de mentir-

– Sólo yo sé lo que me duele

El dolor siempre es el resultado de un proceso evaluativo.

El proceso evaluativo del organismo puede ser erróneo.

La atribución de origen a etiquetas diversas de éxito no es una certeza fiable.

Las consecuencias de dar por cierto algo que no lo es pueden ser dramáticas.

Es otra certeza.

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Reinicio de cursos

Llegado Septiembre toca sacudirse la pereza veraniega y reanudar las actividades con nuevos propósitos.

La primera actividad prevista es un curso de “Dolor y movimiento” que impartiremos Maite Goicoechea, María Jiménez (ambas fisioterapeutas) y un servidor en el centro MEB de Pozuelo.

Me corresponderá dar las bases teóricas y Maite y María se encargarán de aportar su experiencia en la puesta en práctica de la teoría.

El curso se desarrolla en el MEB, una clínica-chalet, con piscina, barbacoa y otras prestaciones de aire libre.

Habrá música. Llevaré el piano y quien así lo decida podrá conocer mis torpezas y habilidades musicales como cantautor de los 70, después de disfrutar de una buena barbacoa.

Creo que quedan pocas plazas libres pero si hay overbooking haremos otra edición, mejorada.

En Octubre o Noviembre convocaremos también cursos para pacientes de migraña, en Vitoria (tfno 696541479) y Madrid (tfno 661 88 22 08).

Siempre uno espera que, por fin, se produzcan los cambios que deben producirse y que este curso los nuevos paradigmas germinen y se extiendan para que el sombrío mundo del dolor no justificado biológicamente encuentre el marco teórico-práctico que necesita con urgencia.

Soy de atural pesimista y me temo que todo seguirá como hasta ahora pero seguimos en la brecha con nuestras propuestas.

Como se desean los músicos antes de salir a escena:

¡Mucha mierda¡

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Dolores evanescentes

Siempre me ha interesado conocer el relato del dolor y respetarlo.

Sigo pensando que la historia, el relato dirigido del paciente es la base de la práctica clínica. El dolor sólo lo conoce quien lo padece y al tratarse de una experiencia privada, subjetiva, si queremos saber algo sobre él debemos hacer todas las preguntas pertinentes (dónde, cuándo, cuánto, en qué circunstancia duele más o menos, qué expectativas genera) y aceptar las respuestas.

Las respuestas contienen mucha información sobre el proceso que subyace en la génesis del sentimiento doloroso.

Hay dolores que por arte de magia desaparecen. No permiten sacar más conclusión que la de exigir un proceso potencialmente evanescente.

A veces con un placebo; a veces con una información.

Hay otros que aparecen. A veces con un nocebo; a veces con una información.

Algo potencialmente fluctuante subyace en la red.

– El dolor iba a más. Intenté controlarlo mentalmente. “No sucede nada; es un error de mi cerebro; voy a centrarme en lo que estaba haciendo”. Al final tuve que tomar el calmante. Sorprendentemente, el dolor se esfumó en unos pocos minutos, antes de que la química se tomara el tiempo necesario.

Una paciente con dolor menstrual intenso acudió a la consulta del Ginecólogo. Tras la información de que era todo normal, el dolor ya no estaba al salir a la calle.

El dolor puede no aparecer también en situaciones de daño intenso.

En un infarto de miocardio un placebo puede eliminarlo. El infarto seguirá su curso.

En una lesión traumática severa puede no haber dolor.

En ausencia de daño el dolor puede hacerse insufrible y no ceder por más morfina que apliquemos.

Hay dolores sorprendentemente remisos a desaparecer y otros sorprendentemente sumisos a cualquier intervención profesional, aunque sólo sea informativa.

El dolor expresa un estado evaluativo de amenaza física, vigente en la red neuronal, no el estado de los tejidos de la zona doliente.

Los estados evaluativos pueden construirse y disolverse con velocidad variable. Aparecen y desaparecen aquí o allá, ahora, luego o nunca.

El organismo construye miedos y comete errores de evaluación. Se crean bucles de retroalimentación a veces instantáneos, como una tormenta de verano. Otras veces el dolor es sordo, como un día nublado y con llovizna.

La cabeza se despeja y sale el sol.

La función evaluativa es como la meteorología. Impredecible. Desde la conciencia podemos modificar algunos componentes, utilizando el conocimiento, la imaginación, gestionando la atención y la conducta. Otras veces la expectativa manda y el error hace su trabajo, quitando o poniendo el dolor cuando no debe.

Con la intervención pedagógica muchos pacientes refieren mejorías “milagrosas”, increíbles. Así, sin hacer nada. Sólo hablando (eso sí, durante varias horas).

– Me despierta del dolor. Me digo: déjame, que tengo sueño. Me doy la vuelta y sigo durmiendo. Me despierto sin dolor. Antes me habría levantado, tomado el calmante y habría seguido con dolor todo el día.

La intervención profesional debe centrarse en la función evaluativa. Si es correcta,es decir, si hay daño que justifica biológicamente (no culturalmente) el dolor, se debe atender a la reparación del daño. Si no lo es, si no hay daño, debe centrarse en deshacer el error evaluativo, sin engaño.

El dolor es extraño. No lo comprendemos muchas veces. Sólo podremos hacerlo si nos centramos en el proceso evaluativo, en el aprendizaje, en la dependencia cultural.

El dolor puede ser evanescente porque el estado evaluativo también puede serlo.

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Ayudar al organismo

 

El organismo dispone de recursos para proteger la integridad física de sus células.

El Sistema Neuroinmune está habilitado para detectar agentes biológicos (gérmenes, células cancerosas) y estados físicos (térmicos, mecánicos) y químicos capaces de generar muerte de células sanas y competentes. Así mismo detecta eventos de daño celular consumado y activa recursos de reparación del tejido dañado. La inflamación es la respuesta que inicia el proceso de reposición de la lesión.

El Sistema Neuroinmune no es perfecto y comete errores, por defecto o exceso. En esos casos cabe la intervención profesional que, en algunos casos, puede echar un cable al organismo y conseguir superar una situación comprometida.

El antibiótico elimina gérmenes que el Sistema Neuroinmune no ha conseguido eliminar.

Los fármacos antinflamatorios neutralizan una respuesta inflamatoria innecesaria o excesiva.

Una prótesis puede restaurar la funcionalidad de una articulación severamente deformada

La quimioterapia elimina células cancerosas que han burlado la vigilancia Neuroinmune.

Los recursos defensivos neuroinmunes son molestos para el individuo y limitan su funcionalidad. El individuo pide ayuda para librarse de ellos.

El profesional evalúa el estado de los tejidos y la posibilidad de prestar una ayuda eficiente para restaurar la funcionalidad de una zona dañada.

No hay que confundir la ayuda al organismo con la ayuda al individuo.

Antes de nada se debe evaluar el daño real y los recursos de protección activados. Puede que el organismo no precise ayuda y lo que toca es respetar la evolución del proceso de reparación.

En ausencia de daño, pero con recursos de protección activados, lo que corresponde es desactivar el estado evaluativo erróneo.

– Me duele. Estoy agarrotado, cansado. Ayúdeme a sentirme bien para poder llevar una vida normal.

– No tiene usted nada anormal. Su organismo no debiera protegerse. Debemos ayudarle a desactivar el estado de alerta-protección.

El paciente solicita que le libren del dolor y el cansancio. Está instruido en la creencia de que disponemos de medios poderosos para controlar cualquier percepción somática molesta.

– Uno cada 8 horas.

Si el dolor amaina no es porque lo hemos neutralizado químicamente sino porque hemos creado en el sistema neuroinmune la convicción de que la amenaza ha cesado con nuestra intervención terapéutica. Ayudamos al individuo engañando al organismo. Pan para hoy, hambre para mañana.

No había amenaza pero el sistema neuroinmune actuaba como si la hubiera. Aplicamos cualquier terapia y el sistema neuroinmune actúa después como si dicha amenaza hubiera desaparecido.

– Los calmantes me ayudan. Sin ellos no podría moverme.

Realmente el calmante ha ayudado al individuo pero lo ha hecho a costa de engañar al sistema neuroinmune y eso no es precisamente una ayuda sino todo lo contrario. Habremos aumentado la probabilidad de que se cometa el mismo error: activar la alarma y exigir la intervención terapéutica para desactivarla.

Siempre debemos tener presente si la acción terapéutica ayuda al organismo o al individuo o a ambos.

Si no hay amenaza actuar como si la hubiera es un error aun cuando parezca lo contrario.

Lo que procede es ayudar al organismo a detectar y corregir el error: Pedagogía y re-exposición a la actividad normal.

El ciudadano será consciente de la ayuda.

– A veces el dolor se asoma. Pienso en lo aprendido y lo aplico. No necesito más ayuda.

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No existen centros de decisión.

 

En la conciencia recibimos percepciones, cogniciones, emociones, deseos, temores, motivaciones conductuales. Los contenidos de la conciencia no provienen de un centro que evalúa cada escenario en términos de coste y beneficio, en función de la información disponible y escoge la más oportuna.

Cada escenario construye un estado de conectividad en el que confluyen varias propuestas evaluativas que compiten entre ellas, resultando una ganadora, que es la que se expresa en la conciencia, como una idea, una emoción, una incitación conductual o una percepción.

Cada punto de conexión (sinapsis) está disputado, etiquetado y protegido y en cada acción se actualizan los pesos de esa red conectiva, en función del perjuicio o beneficio de dicha acción.

Los contenidos de la conciencia implican al individuo en el proceso evaluativo, con más o menos consciencia de que es así. Uno puede aceptar las propuestas que afloran, procedentes del proceso evaluativo continuo e inconsciente de la red neuronal, o puede tratar de modificarlas, interiorizando lo aprendido, imaginando una realidad distinta a la que emerge o introduciendo cambios en la ejecución de la acción motora (conductual).

La conciencia permite esa participación activa que puede reforzar o debilitar los equilibrios de la red neuronal.

El individuo no puede decidir los contenidos cognitivos, emocionales, perceptivos o conductuales que afloran a la conciencia pero sí puede gestionar, al menos en parte, la atención y la cuota imaginativa que conforma esos contenidos.

Duele la zona lumbar. Podemos inferir que la red está en modo evaluativo de amenaza, con más o menos fundamento.

Si damos por buenas las creencias y expectativas, los temores y propuestas exigidas, reforzaremos las cogniciones que han inducido la proyección de dolor a la zona lumbar.

– Tengo mal la columna. El dolor así lo demuestra. El movimiento irrita nervios, articulaciones, agarrota músculos. Por eso duele. Debo identificar la conducta que genera menos dolor. Ello me mostrará la acción menos dañina.

El profesional interviene. El dolor se alivia.

– El fármaco, el masaje, me alivian luego son beneficiosos. Está justificado su uso.

El individuo no decide. Proyecta sus creencias y expectativas al proceso evaluativo y espera los resultados: alivio o intensificación del dolor.

Con la Pedagogía se intenta concienciar al paciente del proceso que subyace a toda percepción, emoción, cognición y conducta. Desde ese nuevo conocimiento el individuo puede influir en el proceso de competición por la conectividad y así conseguir que los contenidos de la conciencia se modifiquen.

– Pienso en lo que he aprendido y decido moverme sin miedo, imaginando previamente una melodía motora fluida, continua, poliarticulada, guiada por el objetivo. A veces consigo eliminar el dolor. Otras, fracaso.

La conciencia fluye, reflejando aparentemente lo que está sucediendo, de modo pasivo, simple.

No es así. El proceso evaluativo, predictivo, en el que compiten varias opciones, fluctúa adaptado a cada escenario. Si se supera un umbral de relevancia, lo evaluado aflora en la conciencia, implicando al individuo.

Nada ni nadie decide. Los equilibrios de conectividad pueden modificarse activamente. El individuo puede inclinar la balanza hacia un estado evaluativo más razonable, más ajustado a lo que realmente sucede, pero para ello hay que instruirle.

Pedagogía evaluativa.

Exposición gradual a la actividad. Sin miedo. Con conocimiento de lo que está pasando y de lo que no sucede.

Podemos, aparentemente, decidir. Es importante optimizar esa ficción de la decisión consciente, adquiriendo el conocimiento liberador, racional, biológico.

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