Educación para la migraña

 

La migraña es un tema que consideran con cierta frecuencia los medios de comunicación, cumpliendo con su función de velar por la salud de la ciudadanía.

Un alumno sevillano me ha facilitado el link de un breve reportaje sobre el particular, emitido en Canal Sur.

“Les vamos a hablar ahora de una enfermedad incomprendida y que no tiene cura

“La única salida es aprender a convivir con ella porque sólo existen tratamientos para aliviar el dolor”

“Una enfermedad demoledora e incurable”

Tras la presentación, se alternan el relato del infierno por parte de dos pacientes y el comentario experto de dos neurólogas: “un dolor pulsátil, como latidos.”; el dolor procede de una dilatación de las arterias que recorren el cráneo”; “aun conociéndose la causa del dolor (trigéminovascular) no se conoce, a Ciencia cierta, lo que lo provoca”; “es posible conocer los factores que los desencadenan (cambios atmosféricos y ambientales,y, por supuesto, los cambios hormonales”

“El cerebro migrañoso no se cura. Uno nace con el cerebro migrañoso y muere con el cerebro migrañoso” “Disponemos de muchas armas que permiten llevar al paciente una vida normal”.

Una de estas armas es la toxina botulínica (Botox). La realidad de la ayuda farmacológica no es tan optimista como se predica.

“Lo que hace es impedir que se liberen moléculas antinflamatorias”

Acaba el reportaje con la puesta en escena de una paciente favorecida con el Bótox y la confianza en las investigaciones que algún día darán con la clave.

Nada que objetar al relato de las pacientes. La migraña es un infierno, no reconocido por allegados. Toca sufrirlo, ocultarlo, en silencio y soledad, con cierta vergüenza.

Respecto al origen del dolor “pulsátil”, arterial, sabemos que no existe tal pulsatilidad. La ritmicidad del dolor procede de osciladores centrales. Es una ritmicidad de actividad eléctrica que no coincide con el latido arterial. No existe dilatación arterial.

Con la migraña se nace y no se deshace, se maldice. Malditos genes, hasta la muerte. Sólo cabe aceptación y resignación.

Tampoco es cierto. Con la Educación en Biología de la migraña, muchos pacientes consiguen librarse de ella o aliviar considerablemente la carga de sufrimiento e invalidez. Por supuesto los contenidos del programa educativo son contrarios a lo que habitualmente predican en la consulta de Neurología.

Respecto a los desencadenantes existe evidencia de que la exposición gradual a ellos, si el paciente consigue identificarlos, produce mejoría.

Tampoco es cierto que el botox actúe evitando la liberación de moléculas inflamatorias. No es un antinflamatorio. Impide la liberación de Acetilcolina, el mensajero que hace que los músculos se contraigan.

Una revisión de la bibliografía de su eficacia de 2011 en Headache sostiene la sugerencia de que su beneficio no es mas que un efecto placebo .

En definitiva un ejemplo más de la educación para la migraña. Contenidos que impulsan la dinámica de migrañización.

Toda la culpa a los genes y estilo de vida. Ninguna referencia al aprendizaje tutelado por la información experta.

La migraña se hace y se deshace, en muchos casos. La experiencia con los grupos de pacientes así lo testifica.

Educación para la ciudadanía. El derecho a conocer otras opciones, desde el respeto a lo que se sabe, a Ciencia cierta, desde la Biología.

 

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El dogma de la incurabilidad

Sostienen los expertos que los denominados Síndromes de Sensibilización Central, no se curan. Si alguien que cree padecer una de las enfermedades contempladas en ese apartado de lo hipersensible, deja de tener síntomas, no cabe cuestionar el dogma sino el diagnóstico.

La migraña, la fibromialgia y el “dolor crónico” son etiquetas a las que suele proclamarse y aplicar el dogma. Me refiero sólo a ellas pues son las únicas que conozco con suficiente experiencia.

El dogma de la incurabilidad se apoya en otro previo; el del origen no aclarado de la enfermedad o la existencia de condiciones patológicas objetivables e irreversibles (por ejemplo, genes, tóxicos e infecciones previas, traumas infantiles, cambios degenerativos, la edad…).

 

Ambos dogmas se fundamentan en el principio de autoridad: lo dicen los expertos, los líderes de opinión, las revistas de prestigio, las guías oficiales, los catedráticos, las asociaciones de pacientes, la tele. Son los únicos representantes fiables de la Ciencia.

Quienes digan lo contrario, en base al principio de no ser autoridad en la materia, podemos asegurar que han equivocado el diagnóstico o, peor aún, son charlatanes o estafadores.

Veamos:

– Me duele la cabeza, a veces una mitad. Además vomito y me molesta todo: las luces, los ruidos, los olores, que me hablen… Desde hace años. Una o dos crisis al mes. Me ha visto el neurólogo. Me ha dicho que es una migraña; que nací y moriré con ella. Los tratamientos no me han ayudado gran cosa. He probado de todo.

En los cursos tenemos alumnas-os que cuentan este drama. Les explicamos la hipótesis del error evaluativo neuroinmune. Comprenden lo que sucede a la luz de lo que sabemos, a Ciencia cierta, sobre la génesis de los errores de valoración de amenaza. No les decimos lo que tienen que hacer. Simplemente que interioricen lo aprendido y que exploren su aplicación en el día a día.

Algunos dejan de tener migrañas, o aparecen con bastante menos frecuencia e intensidad. Disminuye notablemente el consumo de fármacos y recuperan la normalidad social.

Si un neurólogo evaluara su situación actual no podría diagnosticar “migraña”.

– A veces me duele la cabeza. El dolor no es intenso. No tengo náuseas ni me molestan los estímulos. Me concentro en lo que estoy haciendo. No tomo nada. El dolor se va.

– No tiene importancia. Es un dolor de cabeza “normal”.

Vayamos con la fibromialgia:

– Llevo años con dolor generalizado. Un cansancio terrible. Duermo mal. No me concentro. Me han estudiado en un Centro especializado de prestigio. Me han diagnosticado fibromialgia. Me han informado de que no existe curación. Los tratamientos no me solucionan nada. No puedo hacer el ejercicio que me recomiendan. Acabo con dolor terrible y agotada-o.

Explicamos los conceptos básicos de la Biología neuroinmune a las-os pacientes. Algunos (bastantes) mejoran sustancialmente y recuperan una vida normal.

– Me encuentro bien. A veces tengo un día algo malo, con dolor y cansancio moderados, pero he recuperado la actividad normal, sin problemas.

– Tome un paracetamol cuando lo precise. Todos tenemos días así.

Dolor crónico, “músculoesquelético”

– Me duele la columna. Estoy rígida-o. No puedo coger peso. He tenido que dejar el deporte. Me han dicho que tengo desgaste, varias hernias, mucha artrosis.

Lo mismo: la explicación de los mitos sobre el dolor y la columna, las malas posturas, los pesos, las asimetrías, los desgastes… El miedo a moverse…

– Estoy bien. Hago una vida normal. Me dijeron que tenía mucho desgaste.

– No hace falta repetir la resonancia. Siga igual.

Cada cual que saque las conclusiones que considere oportunas.

La patología evaluativa existe y no es moco de pavo. Si el sistema neuroinmune comete un error, quien resida en ese organismo padecerá las consecuencias.

El error evaluativo inmune por defecto genera infecciones y cáncer. Lo que toca es potenciar las defensas, con antibióticos, quimio, radio e inmunoterapia.

El error evaluativo neuronal por defecto facilita hábitos no saludables. Se combate con información y cambio conductual.

El error evaluativo inmune por exceso nos condena a las alergias y enfermedades autoinmunes. Se combate con inmunosupresores y anti-inflamatorios.

El error evaluativo neuronal se expresa en la conciencia por una extensa gama de síntomas. Se combate con neurosupresores (propuesta oficial) o información y cambios conductuales (propuesta alternativa).

Quienes apostamos por la vía educativa, un número creciente y notable de fisios y una exigua proporción de médicos de atención primaria, no dudamos de lo que explicamos. No hemos recibido ninguna iluminación ni engañamos a pacientes desesperados, dispuestos a aflojar una vez más el bolsillo con la última novedad.

Quienes, en nombre del dogma de la incurabilidad, niegan la plausibilidad y honestidad de lo que hacemos, cuestionan no sólo a los profesionales sino también a los pacientes que se benefician de la intervención pedagógica.

Hay pacientes que se benefician del conocimiento de la función neuroinmune.

El aprendizaje, y su patología, existe.

Interesarnos por ello, estudiar, reflexionar, sensibilizar e implicar a profesionales y pacientes. Es lo único que hacemos.

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Miedo al dolor

 

Todos tenemos miedo al dolor, aun cuando esté justificado en ocasiones.

A nadie le agrada un tortazo, por más que sea merecido.

El dolor es la expresión en la conciencia de un estado evaluativo de amenaza, vigente en ese momento en la red neuronal. Cualquier clave puede funcionar como un anticipo de amenaza. El organismo memoriza esas claves (“desencadenantes”) que ponen en marcha la conectividad correspondiente. Si nada lo neutraliza aparecerá el dolor en la conciencia.

– Ha salido el día con niebla. Dolerá la cabeza.

Efectivamente: duele la cabeza. La clave niebla ha activado la alerta. La conectividad de protección de la cabeza se enciende hasta alcanzar el nivel de integración e intensidad suficiente y necesario para que aparezca el dolor en la conciencia.

No ha habido ninguna amenaza real. La clave “niebla” ha funcionado. Es un error pero no está catalogado como tal. La cultura ha estabilizado la convicción de que la meteorología es un factor poderoso que influye sobre el organismo.

“Niebla” + evaluación (instrucción cultural) = dolor.

La convicción funciona como un emulador de daño.

La expectativa (miedo) de dolor (individuo) alimenta involuntariamente la expectativa de daño (organismo).

Incertidumbre sobre el origen del dolor, angustia por la certeza del sufrimiento. Son ingredientes poderosos que dinamizan el bucle fóbico. No va a suceder nada pero el organismo está en modo fóbico.

Para completar el esquema aparece el requerimiento del antídoto, el amuleto, la terapia “analgésica”.

El organismo exige la acción calmante y el individuo accede. En caso contrario, el dolor arrecia.

Todo gira en torno a un error evaluativo de amenaza, en un momento, lugar y circunstancia del organismo y su entorno.

El miedo tiene dos antídotos: el conocimiento de lo que realmente sucede o va a suceder y la exposición confiada a que realmente así ha sido. Falsa alarma. Habría que revisar las evaluaciones del sistema.

Ver para creer…

Creer para ver…

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Sensibilizar al aprendizaje

 

Aprendemos a sensibilizarnos en exceso. Hay una gran carga mediática que nos presiona. La información de expertos es, en algunos temas, innecesariamente alarmista, sensibilizante.

Se desatiende, sin embargo, la sensibilización hacia la importancia del aprendizaje, como función biológica.

El organismo aprende, sin pedir permiso al individuo. De lo que genere ese aprendizaje surgirán estados de alerta, evaluaciones de peligro, más o menos fundadas.

Un organismo instruido en la sensibilización alarmista construirá estados de conectividad facilitados, automatizados, en los circuitos que velan por la seguridad física de los tejidos. El individuo padecerá, en forma de síntomas reales, las consecuencias de la actividad de esos circuitos sensibilizados.

Un organismo sensibilizado impide la actividad normal pretendida por el individuo, accesible sin problemas ni riesgos a los individuos no sensibilizados.

Un organismo sensibilizado en exceso, sin motivo, genera más mortificación e invalidez que el que se sensibiliza por una incidencia real de daño-enfermedad.

La imaginación no tiene la contención de lo real. No tiene límites.

No se hacen campañas de sensibilización hacia la importancia y peligros del aprendizaje.

La Pedagogía del miedo es fácil. Sensibilizar hacia el peligro oculto de casi todo no es complicado.

La desensibilización es sencilla conceptualmente pero incierta respecto al resultado.

Desensibilizar a lo aprendido.

Sensibilizar respecto al aprendizaje sensibilizante.

Ese es el reto.

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Habituar o sensibilizar. Esta es la cuestión

 

La interacción del organismo con el entorno genera relaciones con escenarios relevantes (positivos o negativos) o irrelevantes. Nunca se sabe si se generarán consecuencias positivas o negativas o seguirá todo igual. Hay que experimentar y hacer caso de lo que dicen los que saben.

El ideal es no perder el tiempo y las energías en trivialidades y centrar la atención y los esfuerzos en conseguir lo relevante positivo y evitar lo negativo.

El aprendizaje consiste en eso: separar el grano de la relevancia de la paja de lo irrelevante. Sensibilizarnos a lo que contiene valor y habituarnos a lo banal.

Lo que para unos acaba resultando relevante para otros es del todo indiferente. Cada uno escribe su propia historia de relevancias.

Un músico se sensibilizará hacia valores musicales. Le resultará insoportable un acorde desafinado, un hecho absolutamente indiferente para un ciudadano lego.

El aprendizaje de habituar y sensibilizar tiene apartados conscientes, intencionados, e inconscientes, ajenos a la voluntad del individuo.

Habrá quien se sensibilice a las “bajas temperaturas” y no tolere lo que para otros es una temperatura normal, perfectamente tolerable.

Muchos síntomas expresan que el organismo está sensibilizado a algo: estímulos mecánicos, térmicos, moléculas volátiles… No ocasionan ningún daño pero resultan intolerables para quien ha desarrollado una sensibilización.

Para algunos, los estados de sensibilización innecesarios e improductivos, que sólo aportan mortificación e invalidez funcional, son el resultado de una acción patológica de diversos factores, físicos y psicológicos. El organismo se ha vuelto patológicamente hipersensible.

Para otros, entre los que me cuento, todo puede explicarse, al menos en muchos casos, por el proceso del aprendizaje. El organismo es normal pero ha derivado por vías de sensibilización cuando lo que tocaba era habituar. La cultura experta ha influido en esa deriva hipersensibilizante.

Si la sensibilización es consecuencia de una enfermedad sólo queda la esperanza de un tratamiento que restaure la condición de salud.

Si es el aprendizaje el responsable pudiera revertirse el problema, a través del aprendizaje,

Pedagogía y exposición a la actividad normal, Desensibilizar. Habituar. Eliminar el miedo. Corregir creencias y expectativas sensibilizantes.

En esa línea trabajamos, con resultados esperanzadores, al menos para algunos, bastantes, pacientes.

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Errores de prediccion

 

Los seres vivos echan mano constantemente de la predicción para ganar tiempo y salvar así el pellejo o sacar tajada.

Las predicciones surgen de lo aprendido, a base de experiencia propia y ajena o de lo que los sabios e iluminados proponen.

Naturalmente, no siempre se cumple lo anticipado como temor o deseo. No hay problema. Se detecta el error de predicción, se toma nota y se modifica la predicción del perjuicio-beneficio del escenario para la próxima ocasión.

Error-ensayo-error.

La red neuronal contiene la capacidad de predecir y validar o invalidar lo predicho. La dopamina marca el resultado. Se libera si hay más beneficio que el esperado, sigue igual si se corrobora lo anticipado y deja de segregarse si no se cumple el beneficio esperado o aparece un perjuicio no contemplado.

El dolor aparece en muchas ocasiones sin que en la zona doliente suceda nada peligroso.

Lo lógico sería que si el sistema predice (teme) daño y este no se produce, no se liberara la marca de dopamina y así en la próxima exposición al escenario no habría predicción de daño y, por tanto, no habría dolor.

Sucede justamente lo contrario. Se refuerza la predicción y el dolor aparece cada vez con más facilidad e intensidad.

Por ejemplo:

Menstruación. Predicción de daño. Crisis de migraña.

Nada amenazante ha sucedido en la cabeza. Detección de error de predicción. Se bloquea la marca de dopamina. Se memoriza la corrección.

Próxima menstruación. Se ha inhabilitado la predicción de amenaza en la cabeza. No hay crisis.

Así debiera ser, pero sucede lo contrario. Se refuerza el error.

¿Por qué?

Vamos con las hipótesis:

La variación hormonal genera un estado hipersensible en la cabeza y hace que cualquier estímulo sea interpretado erróneamente como amenazante. El dolor es la consecuencia de ese estado sensible. La red no puede detectar el error pues interpreta señales falsas.

Salta la alarma por el estado hipersensible inducido por la variación hormonal.

Es la hipótesis oficial. Micrófonos hipersensibles con un amplificador a todo volumen. No hay posibilidad de detectar y corregir el error. El dolor es el árbitro.

– Yo sólo sé que me duele con la regla. Algo hacen las hormonas.

En mi opinión:

La conectividad de la predicción de amenaza ante el escenario menstrual se expresa en la conciencia como dolor. Ese dolor es interpretado como confirmación del estado de amenaza y no como una consecuencia obligada de lo que el sistema teme.

Temor por lo que pueda suceder en la cabeza. Dolor. Confirmación de lo temido. No hay cambio en la marca de dopamina. La próxima vez sucederá lo mismo.

El dolor sólo certifica lo que la red teme. Si no hacemos nada para modificar ese temor, seguirá aflorando en la conciencia el sentimiento doloroso.

Duele. No sucede nada amenazante en la cabeza. Error de predicción. Marca de dopamina. Menor probabilidad de error para la próxima ocasión.

Las creencias y expectativas imponen su ley. Si no se modifican seguirá activo el sesgo de confirmación.

No habrá posibilidad de detectar y corregir el error.

– Si no tomo el calmante el dolor no se va. Sesgo de confirmación.

Si no hay calmante la evaluación de amenaza no se modifica y el dolor sigue o arrecia.

La pedagogía permite modificar la estructura evaluativa y facilitar la detección de error y su corrección.

Duele. No hay daño. Error. Corrección.

Así de sencillo.

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Metáforas

 

A la hora de informar a pacientes y profesionales del nuevo paradigma del dolor (no se origina en los tejidos de la zona doliente sino en el cerebro) utilizamos metáforas para hacer comprensible algo tan complejo.

Cualquier proceso biológico es tremendamente complejo pero disponemos de metáforas correctas y aceptadas.

“Un corazón es una bomba que impulsa la sangre”

“El riñon es un filtro depurador”

“Las hormonas son mensajeros”

¿Qué es el dolor desde la nueva perspectiva del origen cerebral?

“Es el equivalente al sonido desgradable y apremiante de un sistema de alarma”… por ejemplo.

“El cerebro decide cuándo debe activarlo, en función de la evaluación de amenaza que atribuye a cada escenario” La central ejecutiva.

Hasta aquí las metáforas son tan válidas como las que se refieren a otros órganos o funciones. El cerebro gestiona la activación de la alarma y lo hace según evalúe peligro.

A la metáfora de la alarma le falta algo fundamental:

¿Por qué el cerebro activa la alarma si no sucede nada peligroso?

¿Por qué permanece activada de modo crónico?

¿Por qué no detecta el error y lo corrige?

Hay explicaciones:

“El sistema está sensibilizado”

“Las emociones, lo biopsicoemocional, facilitan la activación”

“El individuo tiene miedo de que salte la alarma y por eso salta”

Otras: “la alimentación… los cambios… el medio ambiente… algo sistémico… no se sabe…”

La referencia al Sistema INmune ayuda a comprender-aceptar la situación. El Sistema Inmune, tal como sucede con las reacciones alérgicas y las enfermedades autoinmunes, activa recursos de protección (inflamación, muerte programada) cuando así lo decide, en base a sus evaluaciones. La red neuronal defensiva actúa del mismo modo: se proyectan en la conciencia percepciones de amenaza cuando el cerebro aprecia que la hay.

El Sistema neuroinmune es algo absolutamente integrado y no hay problema en reconocer el error evaluativo en cualquiera de sus dos subsistemas (inmune y neuronal).

Es algo más que una metáfora. Es una realidad.

Sin embargo queda en el aire la cuestión fundamental:

¿Por qué si ambos subsistemas se equivocan, no detectan el error y lo corrigen?

Algunos proponen a los genes o lo “multifactorial” como responsables del error continuado. El sistema ha nacido así o la vida lo ha vuelto así. Hay aprendizaje en un entorno molecular artificial proclive al error.

Los errores evaluativos inmunes generan enfermedades potencialmente letales, por exceso (autoinmunes) o por defecto (cáncer). Se hacen esfuerzos de investigación para conocer mejor la trama del error y corregirlo (Inmunoterapia). La Educación inmunológica, los cursos a los linfocitos, no parecen plausibles.

Los errores evaluativos neuronales generan mortificación e invalidez. En mi opinión es plausible proponer la hipótesis del aprendizaje guiado por la cultura experta y también es plausible la propuesta de detectar los errores y corregirlos con esa misma instrucción, pero de signo contrario.

Volviendo a las metáforas. El Sistema de alarma del organismo-casa aprende al compás de lo que le cuentan de los peligros. Cada vez que salta la alarma el sistema refuerza sus convicciones aun cuando sean erróneas.

“Si ha saltado la alarma es porque ha habido un peligro real” El escenario activador sale reforzado.

El escenario debe evitarse. La fobia está servida.

Debe utilizarse cualquier terapia que consiga silenciar la alarma. Si lo consigue debe reutilizarse en el escenario codificado como amenazante.

No existe en la vida real un dispositivo de seguridad que trabaje desde esas premisas. Sería totalmente absurdo. La residencia en ese edificio sería imposible.

Ese es el problema con las metáforas. Sólo aquellas que contengan el absurdo del dolor, en ausencia de peligro real, son válidas.

Sólo aquellas que contengan el sesgo de confirmación son plausibles.

– Si me muevo me duele. Tengo mal la columna. Algo roza, pinza o se mueve…

Sesgo de confirmación. No hay salida. Terapias. Dependencias múltiples.

– Si me muevo me duele. Mi cerebro sigue apreciando erróneamente peligro.

Detección de error. Puede corregirse. Re-exposición a la actividad normal.

 

 

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Aprender a imaginar

 

El organismo es un espacio opaco en el que se integran una infinidad de procesos de extremada complejidad.

Todo ello sucede en el ámbito de lo inconsciente.

Lo que no aparece explicitado en la conciencia es objeto de la imaginación.

El instinto de buscar y dar (aparentemente) con patrones que permitan comprender y anticipar lo que sucede en ese universo inaccesible de los procesos biológicos, genera una idea de organismo, una hipótesis de lo que pudiera estar sucediendo en el interior.

El proceso imaginativo es inevitable. El organismo no pide permiso para imaginar ni nos aclara si lo que trajina es consecuencia de lo que realmente sucede o sólo sueña (teme o desea).

Dicen que la percepción es una alucinación controlada por los sentidos.

Dicen también que el cerebro sueña, con el individuo despierto (control sensorial) o dormido (sin contención sensorial).

La función imaginativa se construye y actualiza a lo largo del aprendizaje, y se nutre y condiciona por la experiencia propia, la observación e imitación (o rechazo) de la experiencia ajena y, fundamentalmente, por la instrucción experta.

Imaginamos el organismo que los expertos sugieren.

En la consciencia afloran los síntomas, la expresión de lo que el organismo imagina (teme) en base a lo que le han enseñado a imaginar, con más o menos acierto.

La Tecnología permite visibilizar componentes opacos de los tejidos, pero no siempre estos explican y justifican el sueño cerebral. En ocasiones refuerzan el sueño erróneo y lo alejan de la realidad.

– Tiene usted artrosis. Varias hernias.

El imaginario de la columna temida queda consolidado. Los síntomas se estabilizan en la consciencia.

Duele, luego el cerebro imagina peligro, consumado o inminente.

Procede averiguar si el sueño está justificado o debe ser controlado por la información experta.

– El dolor es producto, en su caso, de la imaginación de su organismo. Haga vida normal, sin miedo.

No es el individuo el que construye el imaginario. El proceso es inconsciente… pero nuestra obligación como profesionales es la de controlar el proceso imaginativo para que fluya en una banda razonable, sensata.

La vida, y también el sin-vivir, puede ser sólo un sueño.

Desde la consciencia podemos controlarlo o, inconscientemente, avivarlo.

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