En minoría

 

Este sábado he asistido en Valencia a la Jornada en investigación en fisioterapia y dolor de la Sefid (Sociedad española de fisioterapia y dolor).

Una vez cumplido el programa se celebró la Asamblea de los socios allí presentes. Entre otras cuestiones se suscitó la cuestión de la escasa presencia de la propuesta Biopsicosocial, no ya sólo en la mente de la ciudadanía sino también en la de los colectivos profesionales.

– ¿Qué se podría hacer? Se admiten propuestas…

Realmente el único colectivo profesional que contiene un subcolectivo que lucha por la implantación del modelo es el de los fisioterapeutas.

El pavoroso problema del dolor crónico está ahí y goza de una salud excelente. Cada vez hay más ciudadanos mortificados, invalidados, estigmatizados, desconcertados y desesperanzados.

El modelo dualista desgaja al colectivo de doloridos con causa “física”, “orgánica”,·de aquellos que no disponen de más argumento para justificar su queja que la del propio relato y una etiqueta (migraña, fibromialgia, dolor crónico…) que no explica ni justifica nada o que es incluso tomada como prueba de oscuras y sospechosas dinámicas psicológicas.

Lo multidisciplinar, con su secuencia de fármacos, fisioterapias manuales, psicoterapias y asesoría social, agota la esperanza en la solución en unos pocos años.

Sólo queda la denuncia de la situación ante una ciudadanía y colectivos de profesionales sordos, ciegos y mudos, en sucesivos “días mundiales de lucha”.

El subcolectivo del colectivo de fisioterapeutas sensibilizados e implicados en la batalla contra el dolor crónico sin daño relevante, acepta el reto y se ofrece a participar en una guerra desigual de diminutos Davides contra formidables Goliaths.

Hay que desalojar de los circuitos del miedo, alerta, hipervigilancia y catastrofismo, a todo un ejército de poderosas creencias y expectativas que se expresan en la conciencia en forma de dolor.

El organismo es vivido como un conjunto de vísceras soportado por un andamiaje músculoesquelético deformado, con superficies articulares rugosas, con músculos contracturados, rígidos, acortados, incapaces de ejecutar los programas que el individuo necesita para un día a día mínimo, sin pretensiones.

Por si eso no bastara, el individuo se viene abajo psicológica, anímica, emocionalmente.

El subcolectivo de fisios consigue objetivos pero sólo puede abarcar un diminuto porcentaje de afectados y no todos ellos van a ver con buenos ojos el que no les pongan las manos encima, tal como ellos esperan.

– ¿Qué podemos hacer?

Habría que convencer a “las instituciones”, a “los medios de comunicación”, a los colectivos de pacientes”…

En Teoría de la decisión se describe la paradoja de Ellsberg o “aversión a la ambigüedad”: preferimos lo conocido a lo ambigüo.

Una propuesta que incluye una posibilidad de ganancia pero es desconocida socialmente deberá esperar a que se dilapiden todas las propuestas previas conocidas (fármacos, agujas, masajes, psicoterapias…).

Sólo los desesperados aceptan la propuesta desconocida pero algunos miembros del subcolectivo de fisios puede quemarse en el intento y retornar al mercado del consumo de lo conocido aunque acabe resultando ser malo.

– Habria que… Habría que…

Habría… pero no hay muchas razones para el entusiasmo.

El subcolectivo se expande muy lentamente, imperceptiblemente, mientras las propuestas de los demás subcolectivos se multiplican y la lista de terapias “conocidas” y aceptadas que se cuelan en la fila aumenta cada día.

En fin. Todos de acuerdo en denunciar la pavorosa y escandalosa situación del dolor y la necesidad de hacer algo.

Todos de acuerdo en que no está resultando nada fácil.

Previamente  se expusieron varios trabajos de investigación. Fue estimulante comprobar la calidad de los trabajos expuestos.

La normalización de la propuesta biopsicosocial está lejos. Estamos en la fase “revolucionaria”, minoritaria. Después vendrá la batalla abierta y, si hay suerte, se alcanzará la normalización, quizás ya a esas alturas con un factor de degradación conceptual.

Mucho ánimo a todos los del subcolectivo.

Liberar, aunque sólo sea a un ciudadano, del infierno del dolor crónico, compensa todas las decepciones.

Publicado en Medicina | Etiquetado | 14 comentarios

Dolores comedidos y desmedidos

 

Hay dolores comedidos, razonables. Ocupan un tiempo y lugar limitado.

Los dolores comedidos acompañan a sucesos de destrucción violenta (térmica, mecánica, química, infecciosa) de los tejidos. Aparecen en la conciencia de la mano del suceso. Lo notifican. Nos obligan a indagar la causa. Una vez establecida y controlada, amainan y permanecen en la zona dañada en un segundo plano, protegiéndola mientras se repara.

Los dolores comedidos expresan su sentido evolutivo, su razón de ser.

Los dolores desmedidos no tienen contención en espacio, tiempo ni intensidad. No hay límite. No lo hay porque, realmente, no existe el soporte físico del suceso destructivo concreto. Si indagamos en la zona doliente no encontraremos nada.

Una crisis de migraña es un evento desmedido, ilimitado en su mortificación. Se anuncia con un desasosiego que augura lo peor, ya conocido: el dolor in crescendo, las nauseas y la intolerancia sensorial, la desesperanza por el cumplimiento de lo temido, el alivio incierto y parcial de las terapias, el no saber lo que sucede… o peor aún: la sentencia de la etiqueta “migraña”, una condición innata irreversible, responsable de la tormenta.

Cualquier hipótesis sobre su origen debe contemplar y explicar esa dinámica desmedida, de un proceso que se autoalimenta en espiral hasta alcanzar el nivel máximo de expresión.

En la crisis hay un bucle, un proceso circular en el que el output es un input que refuerza el siguiente output, algo similar al acoplamiento de un sistema de amplificación que inicia un pitido creciente, que sólo desaparece bajando el volumen del amplificador o alejando el micrófono.

En la hipótesis oficial se propone un germen en el “generador de migraña”, un supuesto conjunto de neuronas de condición (genética) hiperexcitable, que entran en actividad haciendo que las terminales perivasculares del trigémino se sensibilicen y comiencen a generar “señales de dolor”, como si algo sucediera. Esas señales llegan a los amplificadores centrales y devuelven un impulso creciente de sensibilización a las terminales del trigémino. El bucle está formado. Los calmantes bloquearían los mensajeros sensibilizadores del trigémino.

Mi propuesta sitúa el germen “generador” en los estados evaluativos fluctuantes, aprendidos. Cada momento, lugar y circunstancia da lugar a un estado de conectividad que contiene una evaluación implícita de amenaza. Ese estado evaluativo se expresa en la conciencia cuando alcanza un cierto nivel de predicción- temor. En ese momento el individuo consciente entra en el bucle y retroalimenta, desde el temor al sufrimiento, el círculo. El estado evaluativo se refuerza en espiral. El organismo expone en la conciencia todo su arsenal de alerta-protección, de forma desmedida, sin contención de una realidad nociva que ponga un límite.

Los sensibilizadores liberados por el trigémino son la consecuencia del estado evaluativo. Lo que debiera hacerse es disolver ese estado, invertir la dirección de la espiral. Imponer la convicción de que nada está sucediendo.

¿Disponemos de ese poder de invertir la espiral viciada?

En absoluto. No existe la posibilidad de poner fin al proceso, a voluntad.

Sin embargo podemos invertir nuestra contribución consciente. Podemos aportar la información de que nada sucede, centrarnos en nuestras tareas y desearnos suerte.

Los alumnos que consiguen disolver la crisis así lo hacen.

Una lectora de mi libro “Migraña, una pesadilla cerebral” lo cuenta así en un tweet:

Yo al final me voy a volver majara. El libro aun por la mitad, pero cuando me viene la migraña empiezo a hablar conmigo misma….y parece que va bien, jajaja

Todos hablamos con nosotros mismos, pero no todos nos decimos las mismas cosas.

En la propuesta oficial el dialogo con uno mismo reverbera lo aprendido de los instructores y la experiencia de cada cual.

En la propuesta del error evaluativo el diálogo incorpora la voz discrepante del alumno recién instruido que dispone ahora de la posibilidad bastante probable de invertir la espiral.

Hablar con uno mismo es un proceso continuo, inevitable. Los que creen que no hablan y se limitan a tomar el calmante están equivocados. Están tan majaras como los que lo confiesan.

En ese diálogo se integran cogniciones, emociones, percepciones y decisiones, todo lo que contiene la crisis.

A lo desmedido hay que poner medida, realidad:

No sucede nada. Falsa alarma.

Eso es todo. Así de sencillo. Así de incierto y aparentemente inaccesible.

Publicado en Medicina, Uncategorized | Etiquetado | 4 comentarios

Visualizar

El dolor no informa de lo que sucede en la zona doliente. Se limita a expresar en la conciencia un estado evaluativo de amenaza a la integridad física, en un lugar, momento y circunstancia del organismo.

Donde duele puede estar sucediendo, realmente, algo amenazante o no estar pasando nada. Alarma justificada o injustificada. La alarma siempre es real. Se padece, pero no siempre la amenaza es real.

Si la amenaza real sucede en la superficie (por ejemplo una herida en la piel), podemos visualizar el suceso que explica y justifica el que aflore dolor en la conciencia.

Si no hay nada visible en la superficie debemos imaginar lo que puede estar pasando en el interior opaco.

Una alumna explicaba a las compañeras del curso su estrategia para controlar la crisis de migraña:

– Visualizo el interior de la cabeza.

La convicción de que no está sucediendo nada amenazante puede generar una “visión” de normalidad o, quizás, de un ajetreo neuronal inmotivado. Mucho despliegue de alerta por una falsa amenaza.

Otra alumna ha enviado recientemente este comentario al blog:

Buenas tardes. Me gustaría compartir mi experiencia por si puede ayudar a alguien. Yo estuve a punto de no ir (a la revisión). Había leído el libro, fui al curso, no rechazaba nada de lo que Arturo nos explicaba pero mi migraña no mejoraba. Es frustrante no ver avances, lo sientes como un fracaso más que unir a la larga cadena de intentos sin resultados. Fui a la revisión, con migraña, la gente contaba sus avances y recuerdo que lloré de impotencia. Y yo, ¿por qué no?.
Curiosamente mantuve contacto con otra chica del curso y un día me dijo que revisara los conceptos de alodinia, nociceptores, copia eferente, etc. Como no los tenía demasiado claros, decidí volver a empezar el libro; subrayar, entender más la parte de biología, familiarizarme con los conceptos. A partir de ese momento empecé a darle órdenes al cerebro con los términos técnicos: Cerramos nociceptores, abortar alarma nociceptiva, cerramos circuitos de SP y CGRP, opiáceos endógenos a tope…….
Poco a poco he ido mejorando muchísimo. Desde el 30 de abril he tomado tres triptanes. No está nada mal, esa es la cantidad que tomaba en una semana mínimo. Por eso animo a todos aquellos que están tardando en conseguirlo a que no se rindan, que vayan a las revisiones, que sigan leyendo el libro, las veces que haga falta hasta que el cerebro se reprograme y modifique sus dolorosos y condicionantes hábitos

Es decir: visualizar. Tomar conciencia de lo que realmente sucede. Apagar lo que no debiera estar encendido. Encender lo que uno necesita para atender  a sus tareas.

Hay estados de conectividad que expresan la respuesta de alerta-protección a un suceso nocivo consumado o inminente.

Hay otros que expresan un círculo vicioso imaginativo. Sólo desde y en la conciencia podemos intervenir, para disolver la estructura de la pescadilla que se muerde la cola y engorda. Sólo desde el conocimiento podemos visualizar (imaginar) lo que, realmente está pasando.

Efectivamente las terminales del trigémino han liberado CGRP. Lo hacen siempre que sucede algo nocivo, real o imaginado, preparando el lugar para una reparación que no será necesaria porque no va a suceder nada. Todas las capas de procesamiento de la información están activadas e integradas. Lo imaginado va tomando cuerpo de realidad temida. El dolor, las nauseas, la intolerancia sensorial, afloran. El individuo queda atrapado, integrado, en la red. Sólo él, con su aparente libre albedrío, puede visualizar lo invisible.

– Al final tuve que tomar el calmante.

Tras el calmante se hace la calma. El dolor se desvanece. No hace falta visualizar nada. No pain, no pain. Es lo que importa.

Sin embargo la visualización debiera intentarse. El Sistema motivacional ha mantenido la tensión de exigir la acción de tomar el calmante. Hasta que no se ha ejecutado esa acción calmante, el dolor no ha hecho mas que alimentar el círculo viciado. No existe esa molécula mágica que desbarata la complejidad molecular de un estado de alerta. Sólo apagando la conciencia con un anestésico general podremos eliminar el dolor.

Si la conciencia está encendida lo que procede es visualizar los por qués, conocer la trama que anima el flujo integrado de información errónea y tratar de quitarle fuerza.

El testimonio de Mercedes muestra una de las estrategias. Cada uno da con la suya. No hay éxito garantizado pero la insistencia en el empeño aumenta la probabilidad de acabar disolviendo el bucle.

Visualizar. Proyectar la convicción. Sólo tenemos la imaginación para combatir lo imaginado.

 

Publicado en Uncategorized | Etiquetado | 10 comentarios

Novillos a la revisión

 

El curso intensivo para pacientes de migraña consta de dos jornadas. En la primera, y por espacio de 8 horas, explicamos el proceso básico de la Biología del Sistema Neuroinmune, su papel en la defensa del organismo, el aprendizaje que lo sustenta y la tutela de los informadores expertos. En ausencia de una amenaza que subyace a la activación de recursos de alerta (pródromos y aura) o protección (dolor, nauseas, intolerancia sensorial) la crisis de migraña contiene, implícitamente, un error de evaluación de dicha amenaza. Lo que procede es contabilizar cada incidente como un error y trabajar para disminuir la probabilidad de volver a cometerlo.

La educación en Biología, la exposición de la hipótesis del error, la descalificación argumentada de las propuestas oficiales y la sugerencia de afrontar el día a día con normalidad, sin miedo, sin restricciones…, en base a la convicción de que todo es producto de un error aprendido, consiguen en un porcentaje elevado de casos, reducir drásticamente los días de dolor, el consumo de terapias y las restricciones.

En la segunda intervención, al cabo de dos meses de la primera, los alumnos cuentan sus reflexiones, sus objeciones, los obstáculos con los que se encuentran, los éxitos y fracasos, los comentarios de sus allegados…

La información de la jornada de revisión, generada por los relatos de los alumnos, es valiosísima y constituye una parte fundamental de la intervención pedagógica.

Lamentablemente, un porcentaje variable (30 a 50%) de los alumnos no acude a la revisión. Se les solicita un informe escrito en el que relaten cómo les ha ido. Algunos contestan y excusan su inasistencia y otros dan la callada por respuesta.

Este sábado hemos tenido la revisión de un grupo. Acudió el 50%. Tres alumnos informaron de su evolución y el resto no dijo nada.  En estos casos, pienso en la opción peor: no les ha convencido la propuesta y/o todo sigue igual, truncándose así la expectativa de la mejoría.

Con el curso no ofrecemos terapias. Sólo información biológica. Ello permite una gestión diferente, ahuyentar expectativas y creencias disfuncionales.

Los que acudieron, informaron. Todos habían conseguido reducir el sufrimiento y el consumo de calmantes, unos más y otros menos.

Después de la revisión los resultados mejoran. La información dentro del grupo hace su efecto.

A los alumnos que se inscriben se les insiste en la importancia de la revisión, en el compromiso que adquieren con el resto del grupo. Hay quien acude desde zonas muy alejadas y quien hace novillos aun residiendo cerca.

No es por dinero. Ya han abonado el importe del curso completo en la primera jornada. Tampoco es porque ha surgido algo inevitable. Les ofrecemos participar en la revisión de otro grupo.

Eso de “sólo hablando” no convence a algunos. Quizás esperaban algo más, una pauta, un método… Si hubiera habido mejoría, quizás habrían vuelto, o, quizás, lo contrario.

En fin, como siempre, fue un reencuentro emocionante, gratificante y esperanzador.

Lo siento por los que hicieron novillos. Quizás han desaprovechado una buena oportunidad.

Puede que prefieran probar “el nuevo tratamiento” que ya se está publicitando. Los anticuerpos monoclonales antireceptor de CGRP.

Publicado en Medicina | Etiquetado | 9 comentarios

La unidad de dolor crónico

 

Hay dos mundos en el dolor: el que emerge en relación a un proceso agudo o crónico de necrosis celular-inflamación  y el que aparece en la conciencia sin que exista tal proceso en la zona dolorida.

Hay dolor por daño consumado o inminente y dolor por daño imaginado (por el sistema neuroinmune).

Las Unidades de dolor se ocupan de ambos contextos. Tengo la convicción de que realizan un buen trabajo en el manejo del primero (dolor con daño-inflamación) pero es cuestionable la eficiencia en el dolor crónico, sin daño relevante.

Quizás el problema deriva de que se aplique la misma filosofía y marco teórico a ambas situaciones y, en mi opinión, eso es un error.

El dolor crónico no es, simplemente, un dolor agudo prolongado. Una vez descartado el daño activo, hay que desenfocar la zona dolorida y poner la atención en el proceso evaluativo, en el organismo que el propio organismo, a través del sistema neuroinmune, imagina.

El individuo consciente y concienciado forma parte de ese Sistema y, aunque no sea consciente de ello, colabora pasivamente con sus creencias y expectativas, a mantener  vigente la conectividad neuronal que sostiene su dolor.

– ¿Quiere decir que pienso que me va a doler y por eso me duele, que duele porque quiero, que todo es psicológico?

– En absoluto. Usted intenta minimizar el sufrimiento y la invalidez haciendo lo que su sistema neuroinmune, a través del dolor, le propone, en base al organismo que imagina. Si usted acepta la evaluación de una columna desgastada, que roza y pinza, con músculos agarrotados, está colaborando, sin darse cuenta, a mantener activo el miedo al movimiento.

Lo que procede es que alguien, una unidad física de una categoría profesional, explique al paciente la trama compleja del dolor, la normalidad funcional de su columna y le anime a recuperar, sin miedo, la actividad requisada por su sistema neuroinmune.

La Unidad del dolor crónico puede ser perfectamente una sóla persona, que conoce la biología neuroinmune y tiene la experiencia de explicársela al paciente, a la vez que le anima a mover el esqueleto con garbo y sin miedo.

En el momento actual, esa Unidad de dolor crónico abunda entre los fisios, tanto de la Pública como de la Privada. No necesitan medios sofisticados. Sólo que se les reconozca la capacitación profesional adquirida en la cuestión (dolor crónico) y se promueva y aprecie lo que hacen, sin comisarios que lo controlen.

¿Unidades de dolor crónico?

Hay abundantes. Están por ahí. Sólo necesitan que los que deciden contacten con ellos y les dejen hacer.

Educación en Biología neuroinmune.

Actividad.

Individualmente o en grupos.

En la pública o la privada.

Sólo eso.

Habilitar desde la Universidad más unidades de dolor. Para ello hay que retirar el modelo biomédico de las aulas.

Eso, me temo, llevará su tiempo.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado | 4 comentarios

Fibromialgia y Neurología

 

No es frecuente escuchar a un neurólogo hablar sobre la fibromialgia. O mucho han cambiado las cosas desde que me jubilé hace ya 7 años, o el interés de los neurólogos por la fibromialgia es más bien escaso.

Por ello me resultó grato ver la entrevista al neurólogo José Mª Gómez Arguelles, intercalada con relatos y preguntas de pacientes.

Por partes:

Suscribo, comprendo y apoyo el relato de las pacientes. El sufrimiento, invalidez e incomprensión que expresan son reales y más que justificados.

La fibromialgia es una enfermedad real. Quien la padece reside en un organismo que hace insufrible el día a día. Si los pacientes refieren que les duele todo, incluso el pelo, las uñas o las pestañas, es que es así.

La necesidad de prestar toda la ayuda disponible, incluído el reconocimiento de incapacidad, es un derecho que no debe discutirse.

El Dr Gómez Arguelles explica que el problema de la fibromialgia asienta en el Sistema Nervioso Central, no en músculos, articulaciones, huesos. No es una cuestión “reumática”. Por tanto la ubicación por la OMS en el apartado de enfermedades reumáticas, debiera revisarse.

En la fibromialgia el Sistema Neuroinmune actúa en modo protector innecesariamente: “el Sistema Neuroinmune está intentando defenderles frente a algo que piensan ellos que les está agrediendo”.

Comparto la tesis de que el Sistema Neuroinmune protege sin necesidad pero discrepo que sea porque las pacientes piensen en una amenaza inexistente. Nadie tiene una reacción alérgica o una enfermedad autoinmune porque piense que su organismo está amenazado.

Las/os pacientes se limitan a sentir dolor, cansancio, falta de concentración, dificultades para dormir y un largo etcétera. Es algo que procede de su organismo. Piensan, lógicamente, que están enfermos porque lo mismo pensaría cualquier ciudadano que sintiera esos síntomas.

La actividad del organismo es inconsciente. La actividad neuroinmune, también. Si aparecen síntomas de activación de recursos de protección es porque el Sistema Neuroinmune los ha activado, no obedeciendo a los pensamientos del paciente, sino a su trabajo evaluativo, inconsciente.

El profesional es quien, tras escuchar y aceptar el relato de los síntomas, generará creencias y expectativas de enfermedad con su dictamen.

Habrá quien considere que todo es psicológico.

Habrá quien sostenga la tesis de una enfermedad mal comprendida e incurable.

Habrá quien (es nuestro caso) contemple la hipótesis del error evaluativo neuroinmune.

El paciente se limita a padecer y peregrinar en busca de explicaciones y soluciones.

Frente al amplio muestrario de explicaciones preferirá una de ellas o irá probando lo que le proponen para ver si algo le devuelve la normalidad perdida.

No comparto la separación de responsabilidades: síntomas neurológicos (dolor, cansancio, insommio, falta de concentración, mareos, hormigueos…) e inmunes (dolor abdominal, diarrea, piel y ojos secos…). El colon irritable es una entidad neurológica, no autoinmune.

El Sistema Neuroinmune responde conjuntamente pero el error evaluativo a veces surge del subsistema neuronal y, en otras, del subsistema inmune. En mi opinión, en los Síndromes de Sensibilización Central, la génesis del error está en la red neuronal. Si se analizan mediadores compartidos (citoquinas), estarán aumentados pero no son exclusivos del sistema inmune.

De acuerdo con la accesibilidad del diagnóstico. Se interesa uno por los síntomas y si están, podemos utilizar la etiqueta “fibromialgia”. Es cuestión de poner interés.

También de acuerdo con la ineficacia de los fármacos y la abundancia de efectos secundarios.

La ansiedad y depresión no son la causa de los síntomas, sino su consecuencia. Pueden también coexistir. La fibromialgia no es una depresión encubierta. No es una somatización, sea cual sea el significado que se quiera dar a este término. De acuerdo.

Volviendo al origen: “está en el cerebro, que empieza a procesar la información de modo anómalo”.

Discrepo. El cerebro procesa la información que ha conseguido adquirir a lo largo de la vida. Procesa y aplica ese conjunto de creencias y expectativas. Lo que pensamos, percibimos, decidimos y nos emociona, surge del procesamiento normal de la información disponible. Podemos defender la hipótesis del procesamiento patológico de las señales sensoriales pero también es plausible cuestionar la información disponible.

La hipótesis del error evaluativo sitúa el origen del problema en el conocimiento acumulado durante el aprendizaje y, en lo que respecta a evaluar cuestiones internas, absolutamente inconscientes. Lo que creemos, deseamos y tememos depende de la instrucción experta acumulada, integrada con la experiencia propia y ajena de eventos patológicos, físicos y psicológicos.

El cerebro no amplifica por estar averiado sino por evaluación de amenaza errónea, aprendida.

No comparto la trascendencia de la dieta, pero tampoco es mi fuerte.

“Sólo existen unidades de fibromialgia en Cataluña. Los catalanes son más listos”. El cumplido tiene más valor, viniendo de un madrileño.

Hábitos saludables. Gluten, lácteos. No soy experto.

Finalmente, la estimulación magnética transcraneal como oferta terapéutica que alivia. Cara, de efecto moderado, transitorio, pendiente de más años de experiencia para validar su prescripción.

En resumen: la fibromialgia es una enfermedad neuroinmune.

Para unos resulta de un sistema neuroinmune que procesa mal las señales normales del organismo, porque está enfermo. Procesa mal información normal.

Para nosotros, el sistema neuroinmune procesa la información recibida, aprendida. Si no cambiamos los contenidos, seguirá reforzando (sesgo de confirmación) los errores evaluativos.

Ayer estuve en la sesión de repaso de un grupo de pacientes en el ambulatorio de Algorta. No sé si los vascos somos más listos o más tontos, pero llevamos varios años interesándonos por el tema. No tenemos “Unidades de fibromialgia” pero sí médicos de atención primaria, fisios, enfermeras/os y psicólogas/os, que se ocupan de los pacientes y les instruyen en Biología del dolor. Los resultados son esperanzadores y se publicarán cuando se culmine la recogida de datos.

Lo que sí puedo certificar es el agradecimiento emocionado de las pacientes y el trabajo absolutamente desinteresado de los profesionales implicados.

Publicado en Medicina | Etiquetado | 10 comentarios

Educación para la migraña

 

La migraña es un tema que consideran con cierta frecuencia los medios de comunicación, cumpliendo con su función de velar por la salud de la ciudadanía.

Un alumno sevillano me ha facilitado el link de un breve reportaje sobre el particular, emitido en Canal Sur.

“Les vamos a hablar ahora de una enfermedad incomprendida y que no tiene cura

“La única salida es aprender a convivir con ella porque sólo existen tratamientos para aliviar el dolor”

“Una enfermedad demoledora e incurable”

Tras la presentación, se alternan el relato del infierno por parte de dos pacientes y el comentario experto de dos neurólogas: “un dolor pulsátil, como latidos.”; el dolor procede de una dilatación de las arterias que recorren el cráneo”; “aun conociéndose la causa del dolor (trigéminovascular) no se conoce, a Ciencia cierta, lo que lo provoca”; “es posible conocer los factores que los desencadenan (cambios atmosféricos y ambientales,y, por supuesto, los cambios hormonales”

“El cerebro migrañoso no se cura. Uno nace con el cerebro migrañoso y muere con el cerebro migrañoso” “Disponemos de muchas armas que permiten llevar al paciente una vida normal”.

Una de estas armas es la toxina botulínica (Botox). La realidad de la ayuda farmacológica no es tan optimista como se predica.

“Lo que hace es impedir que se liberen moléculas antinflamatorias”

Acaba el reportaje con la puesta en escena de una paciente favorecida con el Bótox y la confianza en las investigaciones que algún día darán con la clave.

Nada que objetar al relato de las pacientes. La migraña es un infierno, no reconocido por allegados. Toca sufrirlo, ocultarlo, en silencio y soledad, con cierta vergüenza.

Respecto al origen del dolor “pulsátil”, arterial, sabemos que no existe tal pulsatilidad. La ritmicidad del dolor procede de osciladores centrales. Es una ritmicidad de actividad eléctrica que no coincide con el latido arterial. No existe dilatación arterial.

Con la migraña se nace y no se deshace, se maldice. Malditos genes, hasta la muerte. Sólo cabe aceptación y resignación.

Tampoco es cierto. Con la Educación en Biología de la migraña, muchos pacientes consiguen librarse de ella o aliviar considerablemente la carga de sufrimiento e invalidez. Por supuesto los contenidos del programa educativo son contrarios a lo que habitualmente predican en la consulta de Neurología.

Respecto a los desencadenantes existe evidencia de que la exposición gradual a ellos, si el paciente consigue identificarlos, produce mejoría.

Tampoco es cierto que el botox actúe evitando la liberación de moléculas inflamatorias. No es un antinflamatorio. Impide la liberación de Acetilcolina, el mensajero que hace que los músculos se contraigan.

Una revisión de la bibliografía de su eficacia de 2011 en Headache sostiene la sugerencia de que su beneficio no es mas que un efecto placebo .

En definitiva un ejemplo más de la educación para la migraña. Contenidos que impulsan la dinámica de migrañización.

Toda la culpa a los genes y estilo de vida. Ninguna referencia al aprendizaje tutelado por la información experta.

La migraña se hace y se deshace, en muchos casos. La experiencia con los grupos de pacientes así lo testifica.

Educación para la ciudadanía. El derecho a conocer otras opciones, desde el respeto a lo que se sabe, a Ciencia cierta, desde la Biología.

 

Publicado en Uncategorized | Etiquetado | 4 comentarios

El dogma de la incurabilidad

Sostienen los expertos que los denominados Síndromes de Sensibilización Central, no se curan. Si alguien que cree padecer una de las enfermedades contempladas en ese apartado de lo hipersensible, deja de tener síntomas, no cabe cuestionar el dogma sino el diagnóstico.

La migraña, la fibromialgia y el “dolor crónico” son etiquetas a las que suele proclamarse y aplicar el dogma. Me refiero sólo a ellas pues son las únicas que conozco con suficiente experiencia.

El dogma de la incurabilidad se apoya en otro previo; el del origen no aclarado de la enfermedad o la existencia de condiciones patológicas objetivables e irreversibles (por ejemplo, genes, tóxicos e infecciones previas, traumas infantiles, cambios degenerativos, la edad…).

 

Ambos dogmas se fundamentan en el principio de autoridad: lo dicen los expertos, los líderes de opinión, las revistas de prestigio, las guías oficiales, los catedráticos, las asociaciones de pacientes, la tele. Son los únicos representantes fiables de la Ciencia.

Quienes digan lo contrario, en base al principio de no ser autoridad en la materia, podemos asegurar que han equivocado el diagnóstico o, peor aún, son charlatanes o estafadores.

Veamos:

– Me duele la cabeza, a veces una mitad. Además vomito y me molesta todo: las luces, los ruidos, los olores, que me hablen… Desde hace años. Una o dos crisis al mes. Me ha visto el neurólogo. Me ha dicho que es una migraña; que nací y moriré con ella. Los tratamientos no me han ayudado gran cosa. He probado de todo.

En los cursos tenemos alumnas-os que cuentan este drama. Les explicamos la hipótesis del error evaluativo neuroinmune. Comprenden lo que sucede a la luz de lo que sabemos, a Ciencia cierta, sobre la génesis de los errores de valoración de amenaza. No les decimos lo que tienen que hacer. Simplemente que interioricen lo aprendido y que exploren su aplicación en el día a día.

Algunos dejan de tener migrañas, o aparecen con bastante menos frecuencia e intensidad. Disminuye notablemente el consumo de fármacos y recuperan la normalidad social.

Si un neurólogo evaluara su situación actual no podría diagnosticar “migraña”.

– A veces me duele la cabeza. El dolor no es intenso. No tengo náuseas ni me molestan los estímulos. Me concentro en lo que estoy haciendo. No tomo nada. El dolor se va.

– No tiene importancia. Es un dolor de cabeza “normal”.

Vayamos con la fibromialgia:

– Llevo años con dolor generalizado. Un cansancio terrible. Duermo mal. No me concentro. Me han estudiado en un Centro especializado de prestigio. Me han diagnosticado fibromialgia. Me han informado de que no existe curación. Los tratamientos no me solucionan nada. No puedo hacer el ejercicio que me recomiendan. Acabo con dolor terrible y agotada-o.

Explicamos los conceptos básicos de la Biología neuroinmune a las-os pacientes. Algunos (bastantes) mejoran sustancialmente y recuperan una vida normal.

– Me encuentro bien. A veces tengo un día algo malo, con dolor y cansancio moderados, pero he recuperado la actividad normal, sin problemas.

– Tome un paracetamol cuando lo precise. Todos tenemos días así.

Dolor crónico, “músculoesquelético”

– Me duele la columna. Estoy rígida-o. No puedo coger peso. He tenido que dejar el deporte. Me han dicho que tengo desgaste, varias hernias, mucha artrosis.

Lo mismo: la explicación de los mitos sobre el dolor y la columna, las malas posturas, los pesos, las asimetrías, los desgastes… El miedo a moverse…

– Estoy bien. Hago una vida normal. Me dijeron que tenía mucho desgaste.

– No hace falta repetir la resonancia. Siga igual.

Cada cual que saque las conclusiones que considere oportunas.

La patología evaluativa existe y no es moco de pavo. Si el sistema neuroinmune comete un error, quien resida en ese organismo padecerá las consecuencias.

El error evaluativo inmune por defecto genera infecciones y cáncer. Lo que toca es potenciar las defensas, con antibióticos, quimio, radio e inmunoterapia.

El error evaluativo neuronal por defecto facilita hábitos no saludables. Se combate con información y cambio conductual.

El error evaluativo inmune por exceso nos condena a las alergias y enfermedades autoinmunes. Se combate con inmunosupresores y anti-inflamatorios.

El error evaluativo neuronal se expresa en la conciencia por una extensa gama de síntomas. Se combate con neurosupresores (propuesta oficial) o información y cambios conductuales (propuesta alternativa).

Quienes apostamos por la vía educativa, un número creciente y notable de fisios y una exigua proporción de médicos de atención primaria, no dudamos de lo que explicamos. No hemos recibido ninguna iluminación ni engañamos a pacientes desesperados, dispuestos a aflojar una vez más el bolsillo con la última novedad.

Quienes, en nombre del dogma de la incurabilidad, niegan la plausibilidad y honestidad de lo que hacemos, cuestionan no sólo a los profesionales sino también a los pacientes que se benefician de la intervención pedagógica.

Hay pacientes que se benefician del conocimiento de la función neuroinmune.

El aprendizaje, y su patología, existe.

Interesarnos por ello, estudiar, reflexionar, sensibilizar e implicar a profesionales y pacientes. Es lo único que hacemos.

Publicado en Medicina | Etiquetado | 5 comentarios