Dolor. Meditaciones.

En los cursos pregunto al alumnado si practican meditación.

No creo que llegue al 10% el número de manos alzadas. Al parecer casi nadie medita.

No es cierto. Todos meditamos. No dejamos de hacerlo. Sólo cuando nos concentramos en una tarea que exige la atención, se bloquea el proceso meditativo, para reanudarse al instante cuando hemos acabado.

El organismo se medita continuamente. Teje y desteje su narrativa. Imagina el pasado, presente y futuro, el qué piensa uno de sí mismo y lo que uno piensa que pueden pensar los demás de uno y de ellos mismos.

Cada cual medita a su manera, con más o menos conciencia de que está meditando y con estrategias diferentes.

Propongo un ejercicio de meditación sobre el dolor:

Coja su pulgar, sin apretar. Notará el contacto. Realmente lo que ha sucedido es que ha aplicado una leve energía mecánica sobre la piel. Unos receptores de energía mecánica, incrustados en la membrana de la neurona reciben el levísimo “apretón”. Son proteínas en cuya estructura espacial existe un canal iónico, que, si no es estimulado, permanece cerrado. El canal se abre con el estímulo mecánico, permitiendo el flujo de iones de sodio. Es un flujo de cargas, es decir, electricidad. El canal se cierra al instante utilizando energía y queda dispuesto para seguir abriéndose si sigue el estímulo.

La pequeña corriente se difunde y se suma a las minicorrientes de los canales vecinos. Si la suma de todos esos minipotenciales de los canales iónicos supera un umbral de voltaje, se abre otro canal iónico, situado en la confluencia de un ramillete de terminales. Este canal ya no es sensible al estímulo mecánico, sino a la corriente eléctrica. Si le llega esa corriente por encima del umbral, se abre su canal, entra el sodio y ese paso de cargas genera la correspondiente señal eléctrica. Esa señal ya no se difunde pasivamente sino que se transmite protegida a lo largo de la neurona hasta la médula espinal. La señal se ha digitalizado.

Puede meditar cuantas veces quiera sobre ese sencillo proceso. Puede complicarlo aún más si observa que la sensación se desvanece si mantiene estático el estímulo. Los canales ya no se abren. Se han habituado.

Ahora vaya aumentando la presión mecánica hasta sentir dolor.

Meditemos sobre lo que sucede en la zona. Al llegar a un determinado umbral, ya en zona de peligro, se abren otros canales iónicos. Su umbral de apertura bajo estímulo mecánico es mayor. Entra el sodio, es decir, flujo de cargas, electricidad. Pequeña corriente local. Se cierra y sigue abriéndose si persiste el estímulo. Se suman las minicorrientes y si se llega a un voltaje determinado en la zona de confluencia de las terminales, se abren los canales iónicos sensibles a voltaje. La señal digitalizada se transmite protegida por la neurona hasta la médula.

Como ha observado en su ejercicio de meditación, el proceso es similar tanto si se toca como si aprieta el pulgar.

Sin embargo lo que siente en el pulgar es bien distinto. Lógicamente, porque el estímulo es también distinto. La energía mecánica de tocar es pequeña. Los sensores mecánicos que la han captado tienen una compleja estructura que permite detectar esas leves energías mecánicas. De ese modo podemos aprender a interpretar el exterior a flor de piel. Las neuronas que han detectado la energía mecánica peligrosa, potencialmente nociva, no tienen una estructura de amplificación. No la necesitan.

Tampoco se habitúan. Si persiste apretando seguirá notando dolor.

Si el apretón, con la misma anergía mecánica se lo da otra persona, los cambios de los canales y demás serían los mismos, pero el dolor, previsiblemente, sería mayor con la estimulación ajena.

Aparentemente, en ambos casos, sentimos la sensación en el pulgar, como si se produjera allí, pero no es verdad. En esa zona estimulada sólo hay apertura de canales iónicos, flujo de iones sodio, cierre instantáneo, apertura, cierre… con el correspondiente flujo de cargas, es decir, electricidad. Si se suman minivoltajes, se abren los canales sensibles a voltaje, flujo de iones sodio, digitalización, transmisión de señal… hasta la médula espinal.

¿Y el dolor?

Ya llegaremos. Todavía estamos con la señal eléctrica recién llegada a la médula.

De momento sepa que nada de lo explicado, objeto del ejercicio de meditación, es necesario para que sienta dolor.

Donde siente el dolor, puede que no esté pasando nada, que no se abran y cierren los canales iónicos, porque no hay estímulos mecánicos suficientes (no hay nada amenazante) y menos aún los canales que necesitan un voltaje para digitalizar la suma de las pequeñas señales locales…

Seguiremos meditando.

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Mi cerebro y su YO. Afrontamientos

Mi hija Inés ha recogido comentarios en Facebook, de pacientes que han optado por la vía del error evaluativo aprendido y que “hablan” con su cerebro, por ver si entra la razón en los circuitos neuroinmunes.

Dejo aquí los comentarios y animo a pacientes y ex-pacientes a que compartan sus experiencias, positivas o negativas. Todo ayuda. Aporta tus afrontamientos en esta encuesta.

Aprendizaje  / repaso:

  • Leo y aprendo bien los conceptos
  • Pongo conferencias o charlas en YouTube de Arturo Goicoechea
  • Tengo frases del libro subrayadas para repasar cuando se necesiten
  • Veo vídeos cortos del curso online
  • Lleno la cabeza con información nueva de Arturo Goicoechea

Distracciones:

  • Abdominales hipopresivos (requiere concentración en la respiración)
  • Voy a pasear
  • Hago cosas que me gusten
  • Cocino

Y lo contrario:

  • Mantengo la atención en lo que estoy haciendo
  • No anulo planes, los aumento
  • Meditación

Hablar con el cerebro “hasta que se imponga la lógica”:

  • “Nada me ataca”
  • “Ve a proteger a los enfermos!”
  • “Dolor no es igual a daño”
  • “No hay razón física para producir alarma y dolor”
  • “No pasa nada”
  • “Que salte una alarma no quiere decir que se esté produciendo un incendio”
  • “No es migraña, es un error evaluativo”
  • “No hay ningún peligro”
  • “Estoy totalmente sana”
  • “Ya no necesito que me protejas”
  • “Falsa alarma, no hay daño!”
  • “Tranquilo, cerebro”
  • Reírse, “venga, que no pasa nada!”

Formas de “hablar con el cerebro”:

  • Pensarlo
  • Decirlo en voz alta
  • Decirlo en voz alta enfrente de un espejo
  • Escribir

Calmarse:

  • Intento que la ansiedad no se apodere. Mantengo la calma.
  • Pierdo el miedo al dolor
  • Quito importancia al dolor
  • Evito pensamientos intrusivos negativos
  • No me preocupo demasiado
  • Le pido a otra persona que me diga que todo está bien, que no hay daño
  • Convencimiento de que no hay daño
  • Reírse de lo que está pasando

La toma de la pastilla:

  • Me doy cuenta de que, tome o no la pastilla, el dolor acaba cediendo

Imaginación/visualizaciones:

  • “Visualizo un cordón en mi cerebro que echa chispas y mata el foco del dolor”
  • Tengo fotos en el móvil de cervicales y cabezas sanas, de neuronas, de sinopsis.
  • Me imagino situaciones en las que normalmente tengo migraña, pero sin ella, estando contenta y sin miedo
  • Imagino la cabeza con un casco

Desencadenantes:

  • Como de todo y pienso que no tiene por qué hacerme daño

Gracias.

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La migraña puede currarse

Una amiga me pasa el link de esta noticia: “aprueban inyección que cura la migraña”

Por fin, un tratamiento específico, preventivo. La migraña se cura.

La FDA ha dado el visto bueno para su utilización.

Millones de pacientes esperan ansiosos su utilización. Miles de neurólogos esperan con la misma ansiedad para poder prescribirla.

Virtudes del inyectable:

  • un 40%-50% de los pacientes obtiene al menos un 50 % de reducción de días con dolor, frente al 20%-25% del grupo placebo.
  • no parece que haya efectos secundarios relevantes

Inconveniente: su alto precio: unos 5000 euros al año.

El inyectable en cuestión bloquea la acción del CGRP (péptido relacionado con el gen de la calcitonina), un mensajero que liberan los nociceptores (neuronas encargadas de vigilar y proteger los tejidos) cuyo efecto es la vasodilatación y la sensibilización (se facilita el que un estímulo acabe produciendo dolor), dos condiciones que acompañan a la inflamación.

Parece que el CGRP está elevado en los pacientes de migraña y que su administración provoca una crisis (no así en los no migrañosos).

Los triptanes actuarían reduciendo la liberación de CGRP.

En definitiva: desde la perspectiva oficial el CGRP es el mensajero que “inflama”, sensibiliza las terminales perivasculares meníngeas, y por eso duele. Los pacientes de migraña estarían habitualmente con la espada de Damocles de la alerta continua, con el consiguiente mensajero (CGRP y, previsiblemente otros) rezumado por el interior de la cabeza. Bastaría un pequeño empujón por cualquiera de los desencadenantes para que el CGRP superara el umbral exigido para que apareciera el dolor, iniciándose el correspondiente bucle.

¿Qué explica ese estado de CGRP alto continuo?

Los genes, por supuesto. Puede que el estrés, las hormonas, los hábitos, las dietas… también suelten CGRP en la red de nociceptores meníngeos perivasculares.

El paciente no puede hacer nada mas que llevar la vida ordenada y atajar las crisis con la mayor precocidad posible.

Los fármacos preventivos (antihipertensivos, antiepilépticos, antidepresivos) no eran muy eficaces y se toleraban mal.

Se necesitaba algo nuevo y, por fin, se multiplican los volteos de campanas con la llegada de los anticuerpos monoclonales antiCGRP. Caros pero eficaces y bien tolerados.

El paciente no necesita hacer nada. Una inyección subcutánea de cuando en cuando. Ese es su trabajo. La migraña se cura sin currar.

En mi opinión la migraña se la curra el organismo a lo largo del aprendizaje. El estado de alerta, responsable del nivel elevado de CGRP entre crisis y crisis, define el flujo evaluativo, la narrativa, la idea que cada organismo se hace de sí mismo, experimentando, observando y recibiendo información de los expertos. El CGRP es un mensajero necesario para poner en marcha los procesos de regeneración de tejidos dañados. Es lógico que en un estado continuo de alerta-protección de la cabeza, rezume por las meninges.

El individuo consciente puede hacer dos cosas: 1) dar por bueno el aprendizaje y esperar que los expertos ofrezcan una cura o, al menos, un alivio con algo nuevo, bueno y bonito aunque sea caro o 2) ponerse a currar para comprender el proceso de aprendizaje y modificar esa narrativa construida a espaldas de la conciencia.

Con la segunda opción obtenemos, al menos, los mismos resultados que con los inyectables, sin efectos secundarios y prácticamente gratis.

Eso sí: hay que currar. Hay que aprender, leer, estudiar, reflexionar y aplicar lo aprendido, no sin esfuerzo y sin dolor.

Se me antoja que es exagerado prometer la curación, sea con fármacos o con la Pedagogía.

No está a nuestro alcance. Sólo podemos hacer lo que podemos hacer: ofrecer la piel y los euros para el inyectable subcutáneo o nuestro curro para que la red neuronal evaluativa cambie expectativas y creencias.

No tiene nada que perder. Sólo el dolor.

Damos cursos en Vitoria, Madrid, Algorta y Zaragoza. La semana que viene estrenamos curso en Barcelona (tfno 679411400). Hacemos un curso online, “Explicando la migraña”.

¿Puede curarse la migraña?

No lo sé.

Sin duda, puede currarse, para bien o para mal, consciente o inconscientemente.

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La migraña es cosa de niños

Ya a los pocos días de nacer algunos lactantes expresan su angustia del único modo posible, con episodios recurrentes de llanto incontenible, al atardecer, que desquician al cuidador, provocando en muchas ocasiones maltrato físico, en forma de palmadas y sacudidas violentas o maniobras de sofocación, con dramáticas consecuencias.

Los expertos no aclaran mucho el por qué de ese llanto incontenible. No parece que influya la mala leche materna. Puede que sean las tripas, los gases…  (“cólicos”), aunque no hay ningún dato que lo apoye. Quizás el inicio de los ritmos de sueño, la melatonina… quizás una genética que hace llorar…

Las terapias fracasan y sólo cabe contener la ira del cuidador, apagar luces, silenciar estridencias y cantar una nana con toda la ternura disponible.

El tiempo a veces cura y el llanto  se desvanece en unos pocos meses.

Las estadísticas sugieren que los berrinches se den más si la madre padece migraña y que los lactantes llorones tienen más probabilidad de desarrollar una migraña como mandan los cánones, cuando sean adultos.

Un modo raro de anunciar la migraña del adulto es el del “Tortícolis paroxístico benigno de la infancia”: episodios recurrentes de inclinación sostenida de la cabeza hacia un lado, que se mantiene durante horas o pocos días.

Aparece hacia los 5 o 6 meses de vida y se desvanece a los 3 o 4 años, sin dejar ninguna secuela.

Más frecuentes son los episodios de vértigo recurrente, con o sin dolor de cabeza. Florecen hacia lo 4-5 años y pueden desvanecerse o persistir en el adulto.

También frecuentes  a esa edad los “vómitos cíclicos” y las crisis de dolor abdominal.

Todos ellos pueden anunciar la migraña del adulto.

Teniendo en cuenta estos datos, la Clasificación Internacional de los dolores de cabeza incluye estos episodios como “síndromes que pueden estar asociados con la migraña”.

Las terapias son poco eficaces; el efecto placebo, prominente y los efectos secundarios de los fármacos, garantizados.

Dicen los expertos que procede aumentar la vigilancia de los pediatras sobre estos cuadros, habitualmente poco conocidos, para iniciar la concienciación en la pertenencia a la etiqueta “migraña”, propiciando así la aceptación de la condición genética y la adherencia a los tratamientos y los consejos saludables que el experto indique, aunque ninguno de ellos haya demostrado aportar algo más que efectos secundarios.

La migraña muestra, por tanto, su cara ya precozmente, de formas diversas, antes de cuajar el modo adulto.

Ya que es cosa de niños mal-nacidos sólo queda la buena crianza para paliar la mortificación del estigma recién estrenado:

Diagnóstico precoz, concienciación, tutela farmacológica y estilos de vida saludables.

Cabe, quizás otra propuesta: el Sistema Neuroinmune inicia el aprendizaje ya desde que abre los ojos al mundo y los oídos a lo que de él se cuenta y comete los errores propios del novato asustado. Lloros, vómitos, dolor, vértigo, tortícolis…

Podemos ayudar a minimizar el miedo infundado y a catalogar lo inofensivo cono tal, potenciando la robusta capacidad adaptativa del organismo humano.

Para eso hay que eliminar la etiqueta “migraña”, con su carga de estigma genético, sustituyéndola por el aprendizaje inevitable de cada recién nacido, tutelado por el cuidador.

De la crianza surgen las creencias y de lo que se cree se siente y padece.

 

 

 

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Curso online de migraña

Acabé mi formación de especialista en Neurología en 1977. Creí a pies juntillas lo que leía en libros y revistas. Procuraba estar al día y aplicar lo que se presentaba ante mis ojos como la mejor evidencia científica. Era, digamos, un neurólogo ortodoxo, creyente.

No he padecido migrañas pero sí mareo crónico, que fue para mí un laboratorio viviente en el que me formulaba preguntas que no encontraban una explicación satisfactoria. ¿Tendría algo físico, grave o, quizás no era mas que un simple neurótico, fuera lo que fuera lo que ese término quisiera decir, pero algo “psicológico”? Cualquiera de las dos opciones era tremenda.

Más adelante inicié mi calvario de dolor lumbar. Tuve una hernia discal. Evolucionó mal y me extrajeron el disco extruido, con alivio del dolor. Todo parecía normalizado pero el dolor volvió y padecí ataques recidivantes de lumbalgia, que me mantenían encamado durante un mes, con mucha limitación funcional entre ataque y ataque.

Esto fue a mediados de la década de los ochenta. En la cama tuve mucho tiempo para pensar, leer y explorar el movimiento, buscando el modo de librarme del dolor. Caí en la cuenta de que el reposo y el miedo a moverme habían sido mis enemigos. Interioricé mi disco intervenido, modifiqué mi idea de la inflamación y regeneración de los tejidos, me interesé por los procesos psicobiológicos básicos: la percepción, el aprendizaje, las creencias, la imaginación, la atención…el placebo y nocebo.

Todo lo que aprendía lo incorporaba en la información a mis pacientes. Muchos de ellos padecían “migraña”. Creo que coincidió la salida al mercado del primer triptan (Sumatriptán) con mi cambio de paradigmas, hacia 1990. Una cosa es el dolor, una percepción, compleja como todas, y otra el daño. El daño era una cuestión de tejidos, pero el dolor, en todos los casos, era una cuestión cerebral. Leí lo que se publicaba sobre nocicepción.

Para el 2000 ya tenía la firme convicción de que los profesionales formábamos parte del problema. La información que generábamos contribuía a cronificar el despropósito de la migraña.

Algunos de los pacientes a los que informaba de mis nuevas convicciones mejoraron, a veces de forma dramática. Fuí consciente del impacto de la información sobre la evolución del proceso.

Puede que el cerebro no procesara mal la información sino que la información a procesar tuviera un efecto nocebo. Escribí mi primer libro (2003), un par de monografías sobre dolor y, finalmente, “Migraña, una pesadilla cerebral”, en el que expuse mi hipótesis del error evaluativo, similar al de la alergia.

Por esa fecha edité el blog y un par de años después me jubilé. El Dr Aguirrezábal me animó a explicar el proceso a grupos de pacientes en el Centro de Atención Primaria de San Martín. Me ofrecieron dar cursos y participar en Congresos mis amigos Fisioterapeutas y pronto se hizo patente la necesidad de optimizar la difusión de las propuestas en las redes sociales.

Mi hija Inés se ofreció a editar un curso online sobre migraña. Me grabó y hoy lo estrenamos.

Estoy firmemente convencido de lo que divulgo porque está basado en conocimiento científico validado.

Los alumnos de los cursos de migraña no han oido hablar de lo que les explicamos, pero todos ellos han tenido noticia de las propuestas oficiales. Hoy, más que nunca, con la epidemia de dolor rampante, es urgente la alfabetización en Neurobiología del dolor.

En el curso online explico las cuestiones básicas de la Biología de la migraña, su sentido evolutivo.

Conocer lo que realmente sucede en la cabeza es fundamental. Debemos protegernos de la tendencia imaginativo-predictiva de nuestro cerebro, especialmente si el sueño cerebral (Llinás) está agitado por una información alarmista, patologizante.

Como sucede con los estrenos, hay nervios. No sabemos si hemos acertado.

Pues, eso. Quien quiera conocer esta propuesta novedosa, puede acceder aquí: Explicando la migraña.

Habrá un descuento de 10 euros para los primeros cincuenta inscritos. Basta poner el código BIENVENIDA.

Suerte.

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La profecía autocumplida

Acaba usted de nacer.

Uno de sus progenitores padece migraña.

Puede que herede el material genético que aumenta la probabilidad de que usted la padezca, una vez comience a interactuar con su entorno.

¿Qué factor de su personalidad modularán esos genes pro-migraña?

¿Hiperexcitabilidad neuronal? ¿Evitación de daño? ¿Obediencia? ¿Gregarismo? ¿Imitación?

Al cabo de unos años puede tener su primera crisis. El progenitor migrañoso concluirá que ha heredado su fatídica condición genética.

– Serás migrañoso.

El afán de protegerle le llevará al especialista, quien certificará el legado genético y propondrá consejos saludables y fármacos, así como una prolija hoja de registro de crisis para dar con los desencadenantes.

Su cerebro infantil observará e imitará el modelo del progenitor  y reforzará las creencias y expectativas enunciadas y anunciadas.

Previsiblemente la profecía se cumpla.

Ya es adulto y padece migraña como mandan los cánones culturales. Ibuprofeno, triptanes, preventivos, restricciones, miedo, hipervigilancia, mortificación e invalidez con mala conciencia por perturbar el día a día ajeno, incomprensión social y autoexigencia de mostrar un talante positivo, con buena cara ante el mal tiempo.

– La migraña es una enfermedad cerebral genética, misteriosa e irreversible. Padecerá esa condición de por vida. Puede que pronto dispongamos por primera vez de tratamientos de precisión que controlen específicamente el problema.

Profecía autocumplida. Los genes han impuesto su ley.

Volvamos a sus primeros años de vida. Aún no ha estrenado su primera crisis. Su progenitor migrañoso, una vez perdida la esperanza de encontrar un alivio sustancial a su condición, tras peregrinar infructuosamente por todos los mercadillos de los remedios, encontró una propuesta novedosa que daba un giro radical al marco teórico y práctico en el que había malvivido.

– La migraña se aprende. Los genes influyen pero no es posible predecir en cada caso a través de qué factor. Puede, por ejemplo, que usted haya salido obediente, con curiosidad intelectual, imitativa, con mucho apego filial. Vaya usted a saber. Probablemente un mix de muchos componentes. La crianza es fundamental.

Se interesó por esa nueva propuesta. Leyó, reflexionó… y aplicó lo que aprendió.

Por fin la primera crisis de su descendiente, en forma de dolor abdominal con vómitos.

Se activó la alarma y se puso manos a la obra.

Tranquilizó a su hij@ y le habló del cerebro, del miedo. Puede que le confesara su triste pasado y cómo enderezó su vida dejando de creer lo que le enseñaron a creer, recuperando la convicción de residir en un organismo saludable, una vez liberado de las ataduras del cerebro alarmista.

Puede que hubiera más incidencias de dolor abdominal. Puede que se colara un esbozo de crisis, ya con hechuras de adulto, pero su progenitor se encargó de apagar los miedos.

Puede que la autoprofecía también se cumpliera: la migraña se aprende y puede evitarse el aprendizaje.

Hay nichos de cultivo facilitado de la condición migrañosa.

También existen los contrarios, los que impiden su desarrollo. Contienen “migrañicidas”.

Usted mismo.

 

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No tienes nada que perder, sólo el dolor

A. Z es una doctora que padeció la sinrazón del infierno migrañoso.

Tuvo la oportunidad de conocer la propuesta del Error evaluativo Neuroinmune y la aprovechó.

Actualmente colabora activamente con los grupos de pacientes.

Le pedí que escribiera su testimonio pues soy consciente del impacto que puede tener en los lectores. El testimonio cobra más relevancia por su condición de doctora.

Gracias.

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Cuando no tienes nada que perder, porque estás “condenado”al sufrimiento…

Yo conocía bien los síntomas, soy médico y cuando comenzaron no dudé del diagnóstico.

Te ha tocado, eres migraños@, y el horror se desencadena sin avisar, fastidiándote el día o el fin de semana entero, después de tantos planes…

Porque la migraña no respeta nada, ni a nadie, cebándose en los más sensibles, o débiles, y te odias a ti misma por tu fragilidad, por estar a merced de ese cuerpo que no controlas, que vomita, que suda y se descompone, sin que tú puedas hacer nada para remediarlo.

¿Nada? Bueno, los “expertos” intentan ayudarte, además de recordarte que, como en tu familia hay antecedentes de personas con migraña, lo “normal” es lo que a ti te ha tocado. Te ofrecen remedios para resetear ese cerebro tuyo en el momento álgido en que empieza la crisis. También te alertan de los posibles desencadenantes: evite el queso, el chocolate, el vino blanco , el cava, el alcohol en general, evite la luz directa; no trasnoche; duerma con horario estricto y si a pesar de todo no le va bien, podemos intentar una medicación preventiva.

Y cuando estás harto de tantas estrecheces y tantos sacrificios, que además, en general, no mejoran la evolución de las crisis y te mantienen preso en tu propia cárcel, aparece un médico, neurólogo para más señas, con un mensaje de esperanza: la migraña se desencadena por un error evaluativo de tu cerebro, que valora amenaza de necrosis (inminente o potencial ) y desencadena el dolor y resto de sintomatología para conseguir un cambio de conducta del individuo, con el objetivo de la evitación del daño.

Entendiendo esto se vislumbra una salida, hay que alimentar conscientemente a nuestros cerebros con información biológica actualizada y veraz para intentar disminuir su error evaluativo.

Este mensaje es tan potente, que escuchar a este neurólogo, el Dr Arturo Goicoechea en noviembre de 2013 en una charla en Vitoria, fue para mi una autentica liberación. El mensaje: “no estas enferma, no eres migrañosa”, “no tienes por qué padecer migrañas aunque tu madre las tuviese” es muy alentador.

Y empecé a dar pasitos, a salir sin gafas de sol, a sentarme de frente a la luz, a tomar txakoli o cava si me apetece, a salir de casa sin el botiquín de urgencia ( no iba a ninguna parte sin paracetamol, ibuprofeno, triptan) comenzando para mi una vida nueva.

Me siento liberada, puedo disponer de mis días sin la espada de Damocles de pensar, ¿me dará la migraña? Solo el que ha padecido migrañas puede entender esta sensación de falta de control sobre tu cuerpo y su actividad.

Sigo con mucho interés las ideas y conceptos del Dr Arturo Goicoechea, que tanto bien me han hecho y me siguen haciendo, a mi y a tanta gente. Las difundo cada vez que tengo ocasión, y desde éste blog quiero agradecerle personalmente por su desinteresada actividad en la difusión de éstos conceptos.

¡Gracias Arturo!

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¿Y tú qué sabes?

– Yo sólo sé que me duele.

No hay que conformarse con sólo eso.

Dice Anne Carlson que el dolor es algo que exige una explicación.

“Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación”, decía Pepe Isbert.

Como profesionales vuestros que somos, os deberíamos dar una explicación sobre dolor, una vez se ha descartado una lesión-enfermedad que lo explica y justifica.

Desgraciadamente no siempre es así.

– Tómese estos calmantes.

– Túmbese y relájese. Déjese hacer.

Los pacientes tampoco piden esa explicación. Ya la tienen en la cabeza y lo que quieren es oir lo que ya han anticipado.

– Tienes una contractura.

– El coger pesos te está matando.

– Mucho estrés. Necesitas unas vacaciones.

– Es genético.

Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Lo novedoso y extraño, contrario a lo que uno ha oido en su nicho de aprendizaje, no es bien aceptado.

– El dolor es una percepción compleja que expresa un estado evaluativo de amenaza por parte del Sistema Neuroinmune de defensa. En su caso no hay una enfermedad o lesión que explique y justifique ese estado evaluativo, que se muestra en la conciencia como dolor, por lo que podemos concluir que estamos ante un error evaluativo de amenaza.

– Gracias, doctor. Es lo que pensaba. Hablaré con mi cerebro.

Mi nieta de siete años ya se sabe lo del cerebro equivocado.

– Amá: me duele la tripa, pero creo que es un dolor de esos sin enfermedad.

– Sí cariño. Tranquila, vamos a pintar…

Los niños debieran saber estas cosas del cerebro.

Lamentablemente hay brigadas de profesionales que les hablan de sentarse bien, no coger pesos de modo inadecuado, no llevar mochilas pesadas. Les informan que tienen una pierna más larga que la otra, la columna torcida… y cosas así. Del cerebro ni papa.

Las creencias y expectativas de nuestros pacientes son las que han recibido de boca y manos de la cultura de expertos.

Debemos una explicación. Ya es hora de que esa explicación hable de la función defensiva de la red neuronal.

La cuidadanía no piensa en las neuronas, no porque sólo use el 10% de su mente, tal como reza esa falsa leyenda urbana, sino porque el 100 % de su mente está haciendo evaluaciones continuamente en base a la información que recibe de los profesionales y cuidadores que se ocupan del aprendizaje somático. El cerebro construye el hábitat narrativo en el que residirá el individuo a lo largo de la vida.

– Tiene usted mucha artrosis para lo joven que es…

Catastrofismo. Iatrogenia.

– Yo sólo sé…

El saber ocupa mucho lugar: un kilogramo y medio de neuronas organizadas en una compleja red que funde pasado, presente y futuro, al calor de lo que sucede y se cuenta.

– ¿El dolor está todo en mi cabeza?

– No como usted piensa. En la cabeza reside la narrativa que el cerebro ha ido tejiendo y destejiendo (“el telar encantado”) según el organismo ha ido interactuando con el entorno físico y social (expertos. allegados e iluminados).

El qué dirán impone su ley.

– ¿Sólo hablando? No te estarás metiendo en una secta…

La red neuronal evaluativa existe. Consume el 20% de la energía disponible a pesar de que no representa más que el 2% del peso corporal.

Pensar, imaginar, predecir, culturizarse… sale caro.

Hemos invertido en circunvoluciones en vez de tripas.

Cuide la alimentación de las tripas mentales.

Exija una explicación biológica, actual.

¿Y tú que sabes… de cerebro?

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