En estado, por Sistema

Un organismo es un Sistema, es decir, un conjunto de componentes altamente integrados. Además es un Sistema biológico: tiene un objetivo, la supervivencia, y capacidad adaptativa para conseguirlo.

En los Sistemas no hay jerarquía central. El poder, la “decisión”, es algo que emerge en cada momento, en función de la información que fluye bidireccionalmente entre los componentes del Sistema. La propuesta ganadora “se queda con todo” y se expresa como un estado, que contiene una intencionalidad, un propósito y un valor biológico.

El dolor corresponde a la proyección como conciencia de un estado de alerta-protección.

En el Sistema ha emergido ese estado. Podemos considerar los factores que pueden haber influido, pero no tendremos nunca la seguridad de dar con la hipótesis absolutamente correcta.

La Biología es compleja, sistémica, pero nos gusta hacerla lineal, simple, predecible y manejable a nuestra voluntad.

Los expertos dicen que la migraña es una enfermedad (necesariamente existe un componente patológico). Hay que identificarlo. Parece que los indicios apuntan a un supuesto “generador”, un conjunto de neuronas de condición genética hiperexcitable que se activan y ponen en marcha el proceso. El componente responsable es el gen. Así de simple.

¿Cómo surge el dolor?

También simple: el generador sensibiliza las terminales vasculomeníngeas del trigémino.

¿Cómo?

Más simple imposible: liberando CGRP.

¿Cómo corregimos el problema?

Perogrullo en estado puro: bloqueando los receptores de CGRP. Silicona en la cerradura.

El todo no es más que un ensamblaje de piezas, como la mecánica de los coches.

¿Algo no funciona?

Se analizan los componentes hasta dar con el desviado. Se investigan fármacos y se neutraliza el fallo puntual.

El todo queda normalizado al neutralizar el componente vicioso.

Los Sistemas biológicos contienen múltiples subsistemas. Todos ellos están “anidados”, como capas de cebolla, comunicadas bidireccionalmente, de complejidad y abstracción creciente.

La capa más abstracta y potente del Sistema de defensa del organismo, en ausencia de sucesos reales de necrosis (muerte celular violenta) que impongan su jerarquía, es la que contiene la información publicitada por la cultura experta.

A falta de información de daño en tiempo real, la capa predictiva puede animar el foro de los subsistemas y hacer que emerja el estado de alerta-protección. A poco que coja fuerza, apoyado en la retroalimentación positiva (característica de las respuestas defensivas) irá generando contenidos conscientes, cognitivos, emocionales, conductuales… Estados de alerta que serán sentidos por el individuo como algo que se está cociendo. Si el bucle se anima acabarán apareciendo el dolor, los vómitos y la intolerancia sensorial. El individuo consciente se habrá añadido al debate sistémico y aportará más gasolina al fuego.

No hay problema. El ibuprofeno o un triptán precoces acabarán con la complejidad de la trama biológica del Sistema, sugieren los expertos.

Así de simple.

En los cursos tratamos de explicar la complejidad del Sistema de defensa Neuroinmune. Los alumnos, náufragos del enfoque simplista de la teoría del componente patológico que lo explica todo, comprenden generalmente el embrollo y se ponen las pilas. Hacen el trabajo de optimizar su participación, como una pieza más del Sistema.

A veces el estado de alerta-protección pierde fuelle. La información alarmista no gana la partida. Otras, desgraciadamente, sigue imperando la hipótesis de la patología necesaria y la terapia soñada.

El problema de la migraña es sencillo: hay que comprender su complejidad sistémica.

La cultura experta es una capa fundamental del proceso.

Know pain, no pain.

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Dolor y sufrimiento

El dolor es… dolor. Un contenido de la conciencia que, salvo que hayamos nacido con la rarísima condición genética que nos hace insensibles al daño, todos hemos conocido, afortunadamente. Gracias a ello sobrevivimos.

Evolutivamente el dolor está ligado a la evitación de la necrosis (muerte celular violenta) y a su reparación, si no ha podido evitarse.

Si consideramos al dolor como la expresión en la conciencia de un estado emocional del organismo de alerta-protección, surgido de una evaluación de amenaza a la integridad de los tejidos, delimitamos con rigor biológico (evolutivo) el marco contextual en el que debiera aparecer: el de la supervivencia del soporte físico en el que residimos como individuos conscientes, pero no soberanos.

A veces trasladamos el término “dolor” a otros contextos y metemos en el mismo saco estados de sufrimiento del individuo consciente, que no tienen nada que ver con la supervivencia física, sino con la autoestima y aprecio social

El organismo es un Sistema complejo, constituido por partes, capas, altamente integradas. El todo es más que la suma de las partes y cualquiera de los factores de ese todo puede repercutir favorable o negativamente sobre ese todo.

El estrés puede hacer que un incidente de necrosis consumada no proyecte dolor (analgesia por estrés), tal como sucede cuando hay un escenario que requisa, por su relevancia, todos los recursos atencionales, como puede ser un león o un incendio.

Al contrario, el distrés improductivo puede facilitar los errores evaluativos y hacer que, aunque no haya necrosis consumada ni inminente, sintamos dolor en parte o en todo el cuerpo.

Los componentes “psicológicos” como el ánimo, la angustia, la hipervigilancia, la cognición catastrofista, las emociones contenidas y mal gestionadas, pueden facilitar el error evaluativo que implica la proyección de dolor s,in que exista amenaza de necrosis.

Pueden, pero no debieran hacerlo.

“Me duele lo que dices” no debiera generar el estado de alerta-protección de integridad física, como si lo que se ha dicho fuera equivalente a una energía mecánica, térmica o química nociva.

El Sistema de prevención de incendios no debiera activarse cuando hay una discusión acalorada.

La cualidad “dolor” debiera limitarse a informar sólo de estados de amenaza física, tal como sugiere la consideración biológica del soporte de la red neuronal que detecta el daño y activa la respuesta inflamatoria.

El sufrimiento es lo que asigna una valencia negativa a cualquier escenario que perturba algún ámbito del individuo.

El dolor activa el sufrimiento, pero lo que nos hace sufrir no debiera acoplar la cualidad dolor si no coincide con una situación de daño físico actual.

Las emociones se construyen.

El dolor, concebido como un estado emocional somático, también se construye, se aprende.

La instrucción experta debiera ayudar a discriminar con rigor lo que atañe a la integridad física del habitáculo, de las peripecias biográficas de quien lo habita.

Lamentablemente se tiende a mezclarlo todo y a bendecir el pastiche generado.

El componente fundamental para gestionar bien los estados emocionales es el conocimiento y la experiencia libre.

Neuromeditación de lo aprendido y aplicación a la vida diaria.

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Dolor de cabeza tensional

El sentimiento de dolor en la cabeza puede expresarse de muchas maneras, con y sin acompañamiento de otros síntomas.

Una vez descartada una lesión o enfermedad que explique y justifique biológicamente la proyección de ese sentimiento doloroso en la conciencia, todos los dolores que podamos sentir corresponderían a dolores sin justificación biológica. Los expertos los agrupan como “dolores primarios”.

En esta categoría de dolores primarios (no secundarios a una lesión o enfermedad que los explique y justifique biológicamente), los expertos distinguen, no sin controversia, el dolor de la migraña (a veces unilateral, “pulsátil”, con nauseas-vómitos e intolerancia sensorial) del que no cumple esos criterios.

Al dolor de cabeza primario no migrañoso se le denomina “tensional”. Es global (en casco, no unilateral), no “pulsa” y no se acompaña de nauseas-vómitos ni intolerancia sensorial.

El adjetivo “tensional” da a entender que el dolor aparece como consecuencia del estrés, una personalidad ansiosa-irritable, exceso de horas trabajadas, malos hábitos posturales, sueño poco reparador… y el dolor tendría un origen “muscular”. Los músculos de cabeza y cuello estarían contracturados y, quizás, las “señales de dolor” generadas en esos músculos necesitados de relax, se amplificarían por una personalidad ansiosa.

¿Solución? Tomarse la vida con otra filosofía, quitar horas al trabajo para dedicarlas a la relajación; gestionar mejor las emociones; dormir bien; un poco de ejercicio. Si no es suficiente, recurrir a los calmantes (paracetamol, ibuprofeno…).

Son explicaciones y consejos culturalmente aceptados, que suenan bien, razonables, pero devuelven la pelota al padeciente, obligado a cambiar radicalmente su modo de estar en la vida, en el trabajo si quiere evitar la factura del dolor.

Desde el punto de vista de la Biología un dolor que no se asocia a daño (necrosis) consumado o inminente, es un dolor improductivo, innecesario, que aparece por un error de evaluación de amenaza. Correspondería a un estado de alerta-protección de la cabeza, no justificado: un falso positivo, una falsa alarma.

Dar por explicado y justificado un dolor de cabeza como consecuencia de la “tensión” de la vida moderna, supone normalizar un error.

Muchos estados de alerta-protección migrañosos aparecen el fin de semana. Generalmente son ciudadanos que trabajan a gusto, identificados con lo que hacen. No duele cuando se enfrascan en la actividad que da sentido a su vida, sino cuando se toman el descanso del finde.

¿Explicación oficial? Exceso de trabajo. Estrés acumulado que se descarga y expresa como dolor, el sábado.

La cultura ha banalizado el sentido biológico del dolor. Todo puede justificarlo, especialmente si hablamos de la cabeza o el cuello.

La actividad neuronal no genera estrés físico, peligro de daño. Más bien lo contrario. No aumenta la presión dentro de la cabeza; no se contracturan los músculos, no se acumulan toxinas; no se dilatan las arterias. La cabeza no está en peligro. Si duele sabemos que está operativo un estado de alerta-protección. Si no hay ninguna condición amenazante real, es un estado que debiera apagarse.

Si validamos la “tensión muscular por estrés” como explicación estaremos facilitando el sesgo de confirmación y la búsqueda de terapias, es decir, estaremos facilitando la cronificación.

La cultura del dolor siempre acaba satanizando lo que el individuo ama, no lo que aborrece.

-¡Me encanta mi trabajo!

-Tiene que desencantarse si quiere que no le duela la cabeza.

No haga caso. Reflexione en términos biológicos. No hay como conocer lo que realmente sucede ahí dentro de su cabeza, es decir, nada, para librarse del dolor improductivo.

El descanso es necesario, pero para extraer información de su ajetreo y ordenarla.

Quite el freno de mano cuando coja el coche.

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Imaginar imaginaciones

No es la primera vez que recibo un comentario como este:

En el momento actual de conocimiento científico de esas enfermedades, su rintintin eterno de imaginarlas imaginarias es un prejuicio perjudicial y un atentado sangrante a la dignidad e inteligencia humanas.

Voy a ver si aclaro la cuestión de lo que se imagina quien imagina lo que imaginamos sobre enfermedades imaginadas.

Mi hipótesis es que la migraña, fibromialgia y muchas otras etiquetas diagnósticas similares, englobadas bajo el término “Sensibilización central”, corresponden a lo que yo denomino “Enfermedades autoneuroinmunes”, ocasionadas por un error evaluativo de amenaza por parte del Sistema Neuroinmune.

El Sistema Neuroinmune imagina, es decir, evalúa, amenaza donde no la hay, o no la imagina cuando sí la hay.

El cáncer sería una enfermedad autoneuroinmune por imaginación errónea: el Sistema Neuroinmune no imagina (evalúa) lo que tendría que imaginar: amenaza en una colonia de células que burlan los sistemas de vigilancia, haciéndose pasar por inocentes.

Error evaluativo por falso negativo.

Una banda de ladrones está desvalijando la ciudad y la policía (el Sistema Neuroinmune) no se entera. No imagina lo que está pasando.

Estaríamos ante una salud imaginada, por supuesto errónea. El cáncer es, para el Sistema Neuroinmune, un estado de salud imaginado.

Analicemos la situación contraria.

La policía (el Sistema Neuroinmune) ha detenido y retenido en el calabozo, con un trato poco amable, a un conjunto de familias, porque imagina que pudieran cometer robos.

No hay evidencia de tales robos, pero esas familias siguen en las dependencias judiciales, sometidas a la acción preventiva de la justicia.

Estaríamos ante robos imaginados por la policía (Sistema Neuroinmune).

El robo es imaginado, pero la situación de las familias es real. Incluso algunas familias pueden haber fallecido en las dependencias, sin que hubiera constancia de que se hubieran producido robos.

Este es el escenario de las enfermedades autoneuroinmunes.

Un organismo razonablemente sano, unos ciudadanos inocentes, evaluados como amenazantes por un Sistema Neuroinmune (Policía y Sistema Judicial) que imagina amenaza cuando y donde no debiera imaginarla.

Lo que imagino que imagina el lector del comentario es que yo propongo:

La detención-retención policial es imaginaria. No existe.

Negar los hechos, sería un atentado sangrante a la inteligencia y dignidad de los detenidos.

Estoy de acuerdo en calificarlo así, pero quien imagina que yo imagino lo que imagina, imagina mal.

Mi propuesta sostiene que esas familias debieran estar en libertad, porque no se han encontrado indicios de que sean ladrones. Ni siquiera hay robos.

La propuesta contraria defendería lo supuestamente inteligente y digno: si están detenidos, seguro que han cometido delitos.

Si el Sistema Neuroinmune ha activado el estado de alerta-protección (detención-retención) es porque hay enfermedad.

Cada cual que imagine qué imaginamos los demás, pero la propuesta de la enfermedad neuroinmune, en su versión del falso positivo, imaginar amenaza y actuar como si la hubiera, sostiene que esas familias detenidas-retenidas y maltratadas, debieran estar libres pues no han cometido ningún delito.

No creo que eso atente contra la inteligencia y dignidad de las familias, el padeciente retenido en el calabozo de la mortificación e invalidez que el Sistema Neuroinmune impone.

La detención-retención no es imaginaria. Es real.

Lo que puede ser imaginario es el delito.

¿Atentado a la inteligencia y dignidad?

Usted mismo

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Modulación descendente

El dolor es ese sentimiento que todos conocemos, por haberlo vivido en alguna ocasión y que expresa en la conciencia un estado evaluativo de daño consumado, inminente o imaginado.

El sonido de la sirena de un dispositivo de seguridad es ese sonido que todos conocemos por haberlo sentido alguna vez y que expresa en la conciencia de quien lo oye un estado evaluativo de suceso violento consumado, inminente o imaginado por el sistema, no por el individuo.

Hechas las pesquisas correspondientes, podemos evaluar lo sucedido como alarma justificada y productiva o como falsa alarma, es decir, como un error evaluativo.

La incidencia de falsas alarmas (errores evaluativos) en nuestra especie es más que notable, por más que dichos errores queden camuflados como etiquetas diagnósticas de supuestas enfermedades: migraña, dolor crónico, fibromialgia…

Para explicar esa impresionante tasa de error se inculpa a la genética, eventos emocionales mal gestionados, toxicidad ambiental, dietas inadecuadas, estrés o personalidades maldaptadas al trajín psicológico de la “vida moderna”.

La red neuroinmune que evalúa amenazas no es que se equivoque sino que estaría alterada, por la confluencia de todos esos factores.

Hay muchas evidencias a favor de ello, se argumenta. Una de ellas es que la “modulación inhibitoria descendente del dolor”, es decir, los opiáceos endógenos que el cerebro libera en la médula espinal para facilitar o impedir el flujo de información de los tejidos en apuros, no funciona adecuadamente.

En condiciones normales, el cerebro puede liberar esos opiáceos y así, aunque haya destrucción de tejidos (nos persigue el león), la información que generan esos tejidos dañados, codificada en trenes de señales eléctricas, se bloquea en la médula gracias a los opiáceos liberados por orden cerebral. Las áreas que generan sufrimiento no reciben esa información y actúan como si nada sucediera. De ese modo podemos seguir huyendo, aunque resultemos dañados.

La “modulación inhibitoria descendente” ha funcionado. Hemos salvado el pellejo, gracias a los opiáceos que han bloqueado la información.

Cuando se produce la situación contraria, no hay león, no hay daño consumado ni inminente, duele y mucho. ¿Por qué?

Se revisan en cada etiqueta diagnóstica cómo funcionan esos mecanismos de “modulación del dolor”, por ejemplo los opiáceos internos, y resulta que “no funcionan adecuadamente”. No se liberan cuando los valoramos experimentalmente.

Por eso, entre otras cosas, duele. Eso dicen.

Pienso que es justo lo contrario. Funcionan perfectamente, pero al servicio del estado evaluativo de ese momento, lugar y circunstancia.

Si está activado un estado evaluativo de amenaza lo lógico es que se eliminen vendas de los ojos, tapones de los oídos y de las narices, para captar cualquier indicio de confirmación de la amenaza. Cualquier información sensorial puede informar.

La modulación inhibitoria descendente se bloquea y se activa la excitatoria descendente, que también existe. Es lo lógico, si se evalúa amenaza.

En las etiquetas de daño imaginado, error evaluativo, todo tiene sentido, si persiste el error.

Un estado de alerta-protección eliminará las sordinas y sensibilizará todo lo sensibilizable para dar con lo peligroso.

Si la proyección a la conciencia del sentimiento doloroso es valorado como la consecuencia de un fallo de la “modulación inhibitoria descendente” y no como la consecuencia lógica, perfectamente funcional, de un error evaluativo no detectado ni corregido, persistirá el bucle del sesgo de confirmación, favoreciendo una dinámica de progresión del problema.

El organismo no está enfermo ni se ha vuelto loco, hipersensible. Sencillamente actúa desde una evaluación errónea y no puede cambiar la dinámica de la pescadilla… a no ser que facilitemos información al sistema que permita detectar y corregir el error.

Ese es el fundamento de los abordajes pedagógicos: Educación en Biología Neuroinmune y exposición gradual a la actividad normal, requisada por el estado persistente de error evaluativo.

Hay algo mucho más mortificador e invalidante que una enfermedad real: una imaginada, vivida como enfermedad misteriosa e irreversible.

Un error evaluativo es algo tan biológico como el mecanismo de los opiáceos. El no ser consciente de ello puede bloquear la resolución del error.

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Nuevos cursos intensivos para pacientes de migraña

Convocamos dos nuevas ediciones de cursos intensivos para pacientes de migraña. El 7 de Septiembre (revisión 26 de Octubre) y el 5 de Octubre (revisión, 28 de Diciembre).

El curso consta de 8 horas en las que se explica el proceso que da lugar a la crisis migrañosa, desde una perspectiva biológica, actual, a la luz de lo que la Neurociencia nos va mostrando, más 4 horas de recuerdo-revisión en las que los alumnos explican sus reflexiones y experiencias con este nuevo afrontamiento.

Contamos ya con una dilatada experiencia e, invariablemente, el porcentaje medio de reducción de días de dolor y consumo de fármacos se sitúa en todos los grupos en torno al 70%.

No utilizamos más herramienta que la educación en Biología, el conocimiento no influido por la presión de la cultura oficial, demasiado vinculada a todo tipo de intereses.

La migraña expresa un estado del organismo de alerta-protección no justificado, erróneo, innecesario, similar al de una respuesta alérgica.

En el curso explicamos el proceso que lleva a este modo alarmista del organismo, que no es otro que el aprendizaje guiado por la cultura experta. Analizamos críticamente los contenidos de dicha cultura y facilitamos la comprensión desde la propuesta de la re-educación,desde otros contenidos, políticamente novedosos, “incorrectos”, pero biológicamente fundamentados.

Desde ese nuevo marco teórico cada padeciente dará con la manera de ponerlo en práctica, explorando el día a día, desde la convicción que aporta el saber que en la cabeza no sucede nada amenazante y que toda la mortificación de la crisis se genera en la cabeza virtual, imaginada.

Se trata de hacer consciente lo que se ha gestado a espaldas del individuo, en el trajín inconsciente, continuo, de la red neuronal.

Desde lo aprendido, desde la consciencia, el individuo puede influir, interiorizando lo que ahora sabe y decidiendo actuar de un modo radicalmente distinto al que estaba instruido.

No se trata de adquirir complejos poderes mentales sino de tener acceso sencillo al proceso de adoctrinamiento al que, inconscientemente, estamos sometidos.

La migraña no se transmite. Se retransmite.

El desconocimiento de lo que, realmente, sucede (nada amenazante, falsa alarma) y el miedo al dolor se bastan para armar un bucle viciado que se retroalimenta como una pescadilla hasta alcanzar niveles insoportables. Duele tanto, precisamente, porque no está sucediendo nada. Es un dolor desmedido, no contenido por una realidad, sino nutrido por lo imaginado por un órgano predictivo como el cerebro.

El miedo a lo desconocido se combate con el conocimiento.

El saber ocupa lugar. Esta vez en Vitoria.

No hay nada que perder. Sólo el dolor.

Los interesados, pueden solicitar información en el tfno 696541479

Know pain, no pain.

Know migraine, no migraine.

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Los motivos del dolor

El dolor es algo que exige explicaciones. Las buscamos y no siempre damos con ellas. La consulta al profesional, tras las pruebas pertinentes, descarta el daño.

¿Por qué duele, entonces, si no hay nada dañado?

¿Qué puede estar proyectando dolor ala conciencia?

¿Quizás un Sistema Nervioso sensibilizado, que genera falsas señales de daño en las terminales nerviosas?

¿Quizás unos centros de procesamiento de las señales sensoriales que las amplifican innecesariamente?

¿Quizás ambas?

El caso es que por H o por B duele… sin motivo. ¿Seguro?

Los expertos hablan de “Sensibilización central”. Los centros neuronales que procesan la información de los tejidos acaban proyectando dolor en la conciencia como consecuencia de hacer su trabajo desde un estado patológico de hipersensibilidad. Demasiados micrófonos y un volumen alto del amplificador.

¿Por algún motivo?

Pues, al parecer de los expertos, no. En todo caso a causa de eventos previos sensibilizantes, físicos o psicoemocionales, o por un estilo hipervigilante-catastrofizador del paciente.

Los términos “causa” y “motivo” parecen iguales, pero no lo son.

Un martillazo causa daño, muerte celular, pero no tiene sentido decir que lo motiva. No hay intencionalidad, evaluación de costes y beneficios. Es una cuestión de una energía mecánica que ha destruido el tejido.

El daño tiene causas.

El dolor, en cambio, tiene motivos, intencionalidad, evaluación previa.

Un daño extenso, en un contexto de amenaza a la supervivencia (huir del fuego o de un león) puede no generar dolor porque no hay motivo suficiente para hacerlo. El costo del dolor supera al beneficio de la analgesia, rentable para optimizar la huida.

Un día de viento Sur puede generar una crisis de migraña, no porque se haya dañado nada sino porque el organismo entra en estado de alerta-protección por evaluación de amenaza que inicia y consolida un bucle retroalimentado.

El dolor no está causado por el viento Sur pero sí motivado por la evaluación errónea que atribuye más beneficio a la duda (fóbica) que a la realidad.

El calmante no causa la desaparición del dolor por una virtud química extraordinaria, mágica, sino porque disuelve el motivo: la evaluación de amenaza desaparece por efecto de la expectativa.

El organismo tiende a confundir dolor con daño, correlación con causalidad y evalúa desde la (falta de) lógica del miedo al daño, el verdadero motivo.

El miedo al daño es un buen motivo biológico que justifica considerar costes y beneficios en cada interacción del organismo con el entorno y actuar desde el resultado de esa evaluación.

La experiencia, el juego, va afinando el proceso evaluativo, pero hay creencias que consiguen imponer su autoridad por encima de la realidad, facilitando la motivación hacia conductas de alerta-protección no justificadas.

La función motivacional está íntimamente ligada a las creencias y expectativas construidas en el aprendizaje.

Si duele podemos estar seguros de que en el cálculo de costes y beneficios de ese momento, lugar y circunstancia, ha vencido la consideración de daño, sea este consumado, inminente o imaginado y que el organismo ha optado por una conducta coherente del individuo. El dolor creará en el individuo consciente suficientes motivos como para obedecer los requerimientos del organismo.

No existen los dolores desmotivados. Siempre hay una evaluación que oscila entre la pro-moción de la conducta solicitada por el individuo o su penalización.

Siempre hay motivos. A veces racionales, sensatos, saludables, adaptativos, rentables. Otras: irracionales, insensatos, insanos, invalidantes, improductivos.

Duele. El organismo, por lo estudiado (todo es normal), no tendría que tener motivos para pre-ocupar al individuo.

Sin embargo, debe tenerlos porque duele. Habrá que trabajar esa motivación para eliminar el dolor.

Las motivaciones (creencias y expectativas) se construyen.

Know pain, no pain.

Hay motivos más que suficientes para promover la educación en Biología defensiva Neuroinmune.

Los padecientes de los cursos se preguntan por qué motivo no se difunde este conocimiento recién adquirido y que ha conseguido disolver en muchos casos los motivos de su organismo para evaluar amenaza a troche y moche.

Siempre hay motivos. Cada uno los suyos.

Primero decidimos, en base a estados motivacionales y luego buscamos razones, tanto el organismo como el individuo consciente.

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Demandantes

Vivimos tiempos de demanda.

La demanda pasa de unos a otros como una patata caliente.

“Los pacientes son demandantes”.

“Demandamos más tiempo para atender a los demandantes”

“Demandamos evidencias para acceder vuestras demandas”.

“Demandamos vuestro voto para poder trabajar en la resolución de las demandas”.

A los que demandan evidencias no parece preocuparles la falta de ellas en el marco teórico que guía la práctica dominante en el tema del dolor primario (no asociado a daño).

Los que trabajan en el sector público en la divulgación y aplicación del nuevo marco teórico del dolor, lo hacen dentro del más puro voluntariado, en horas libres no remuneradas. Sólo demandan un salón y un proyector. Lo demás (el tiempo) corre de su cuenta.

He conocido recientemente, en Valladolid, el excelente trabajo de un numeroso equipo de voluntarios.

Ayer conocí en Gorliz el trabajo de otro grupito de voluntarias que, sin demandar nada y con el apoyo entusiasta de la Gerencia del Centro, han elaborado un extenso dossier que guirá la aplicación del modelo educativo en el ámbito de su competencia.

El factor humano es determinante en cualquier empeño. Al final sólo nos quedan las personas, más allá de las demandas y las ofertas.

Los profesionales adoctrinamos a los pacientes en las demandas porque les ofertamos un supuesto arsenal de recursos terapéuticos. Lógicamente los volvemos demandantes… mientras les quede paciencia para demandar algo.

Al final se desmandan y renuncian a las ofertas tradicionales, echándose en brazos de las “alternativas”.

Alguien tiene que romper el círculo vicioso de las demandas inasumibles, por más eficientes que puedan ser.

El voluntariado no es la solución. No es fácil mantener la ilusión viendo cómo lo que uno cree que debe modificarse es atendido sin límite de tiempo y dinero y sin que las evidencias de ineficacia y efectos secundarios generen la mínima preocupación.

El sector público debe sacar tiempo del tiempo para dárselo a quienes han demostrado suficiente calidad humana para gestionar el drama del dolor “primario” (no explicado ni justificado).

Están las personas, lo más difícil.

Los pacientes van a seguir haciendo lo que se les ha enseñado: demandar una solución.

Es hora de que a quienes demandan más tiempo para atender a los demandantes se les conceda lo que piden.

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