La biología medicalizada: I

La interacción del organismo con el entorno físico y social genera eventos de daño consumado o potencial que tratan de minimizarse por parte del sistema neuroinmune, promoviendo conductas de alerta-protección no siempre justificadas.

Los estados de alerta-protección y desmotivación a la exploración-explotación del entorno físico y social se expresan en la pantalla de la conciencia como «síntomas».

Los pacientes relatan los síntomas al profesional y este interpreta su significado, identificando posibles daños o disfunciones como estados (diagnósticos) que los explican, y aportando remedios (terapias) que ayudan a regenerar y proteger el tejido dañado y mitigar el sufrimiento e invalidez.

Tras la debida evaluación, el profesional emite su dictamen causal y ofrece sus propuestas de alivio.

Inflamación

El daño consumado genera señales moleculares (DAMPs) que captan las células vecinas sanas de diversas estirpes (neuroinmunes y otras) dando lugar a una respuesta integrada, la inflamación, cuyo objetivo es la eliminación de los restos de los cadáveres celulares y la regeneración de la zona dañada. La respuesta inflamatoria no sólo activa recursos locales, sino que activa la vasodilatación y apertura de poros para que las células circulantes del subsistema inmune se adhieran a las paredes de los vasos de la lesión y entren a la zona dañada, a través de los poros, para hacer su trabajo.

La vasodilatación y apertura de los poros, con la extravasación de células y plasma, produce hinchazón (tumore), calor (calore) y enrojecimiento (rubore), los tres signos que acompañan a la respuesta defensiva inflamatoria. Las células del sistema neuroinmune, por efecto de la respuesta local, cambian de estado, adoptando el modo sensible, activado. Las ramas terminales sanas de los nociceptores locales (neuronas vigilantes) se sensibilizan y generan señal de daño ante cualquier estímulo, aunque sea inofensivo (alodinia) y las células inmunes que han atravesado los poros (monocitos) se ponen el traje de faena con sus herramientas y se transforman en macrófagos.

La zona dañada libera también mensajes (citoquinas) que pasan a la circulación e informan a los centros de procesamiento-respuesta del sistema neuroinmune, dando lugar a respuestas globales que complementan y regulan la respuesta aguda local de la vecindad. La respuesta global, sistémica, se denomina «respuesta de enfermedad» y pro-mueve al individuo para que coopere en la respuesta del organismo ante el daño, no haciendo lo que le gustaría hacer, sino lo que corresponde en aras de la supervivencia física, dejando de lado los planes de ese día.

Si el daño es sistémico, por ejemplo una infección viral, la respuesta defensiva incluirá fiebre y dolorimiento generalizado, cansancio, desmotivación y ronroneo mental catastrofista, que hurga en el pasado inmediato por ver qué se ha hecho mal y prevenir y evitar males futuros.

La biología de la respuesta local y global al daño de los tejidos es compleja y cuenta con recursos de contención que minimicen los destrozos del despliegue del ejército neuroinmune. La inflamación es un estado de equilibrio entre la respuesta inicial de despliegue y la subsiguiente de repliegue.

Antiinflamatorios. ¿Tomo ibuprofeno?

El individuo recibe los síntomas en la conciencia (dolorimiento general, cansancio, desgana y rumiación cognitiva negativa). Se pone el termómetro y objetiva fiebre. Su organismo le invita a quedarse en la cama, pero querría encontrarse bien y acudir al trabajo.

– Paso de la biología. Me tomo un ibuprofeno y voy para el curro.

El ibuprofeno bloquea mensajeros locales y centrales del proceso, minimizando así la respuesta inflamatoria. La evaluación, con esa información saboteada, atribuye menos daño del que hay y responde a la medida de lo que le han contado las neuronas vigilantes, con sus mensajeros silenciados.

– Estoy mucho mejor. Ya no tengo fiebre y no me duelen «los músculos».

En ocasiones, el organismo, con sus respuestas inflamatorias locales y generales, se pasa de la raya y pone en peligro la integridad de los tejidos que pretende defender. En ese caso, es lógico que el profesional eche mano de los recursos antiinflamatorios para proteger la integridad de los tejidos. Habitualmente, la respuesta inflamatoria se despliega con mesura de despliegue y repliegue.

La biología inflama y la medicina desinflama.

El organismo propone y la medicina dispone.

¿Dolor (dolore)?

Celso describió los signos inflamatorios: Rubore et tumore cum calore et dolore. En el siglo I a.c. no se sabía nada de neuronas y se pensaba que el dolor surgía donde se sentía. Ahora sabemos que no es así, sino que el dolor expresa un estado de conectividad evaluativo-motivacional del sistema neuroinmune. Puede estar o no. Curiosamente, muchos profesionales dan por sentado que, si hay dolor, hay inflamación, aunque no haya rubor, tumor ni calor y prescriben antiinflamatorios. En los textos se sigue proclamando que la inflamación contiene cuatro signos, incluyendo el dolor entre ellos. Realmente son tres, los que expresan la respuesta de vasodilatación y apertura de poros, local o sistémica. El dolor no sólo depende de lo que sucede en los tejidos, sino también del contexto en el que se produce ese daño.

El dolor, como cualquier otra percepción, es un estado evaluativo-motivacional, intencional y atencional.

El ibuprofeno puede que le ayude a sentirse mejor, pero no a proteger y regenerar la zona dañada.

¿Biología o Medicina?

Supongo que las dos, pero siempre con buen criterio, tanto biológico como médico.

Know pain, no pain.

Sistema neuroinmune y cultura

El sistema neuroinmune gestiona la seguridad de los tejidos y la provisión de las condiciones necesarias (homeostasis) para su buen funcionamiento. Cuando los tejidos sufren daños, los repara y, cuando están sometidos a condiciones de estrés, los adapta para superar la condición adversa (alostasis).

El organismo es una república celular (Jesús Mosterín). El sistema neuroinmune es el que lo gobierna. Como sucede con los gobiernos de las repúblicas de individuos humanos, varias estirpes celulares se dedican a esa gestión. Se dedican a la política. Legislan, juzgan y penalizan el incumplimiento de las leyes.

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Interacciones

Un organismo es un complejo sistema adaptativo, más complejo de lo que uno puede llegar a imaginar. La complejidad no se define únicamente por el número de componentes que participan en el sistema, sino también por las interacciones bidireccionales que se dan entre todos ellos. El todo es, siempre, más que la suma de las partes.

En ocasiones, aparece una perturbación del equilibrio del sistema, un evento estresante. El sistema detecta esa perturbación y responde con los recursos disponibles, tratando de recuperar el equilibrio perdido.

Los sistemas complejos se auto-organizan y estructuran en capas de respuesta fuertemente integradas y sometidas a una jerarquía, también bidireccional. A veces, mandan los hechos en el plano de los tejidos y, otras, mandan las hipótesis, las predicciones y evaluaciones, con más peso que lo que informen los tejidos sobre su estado. Si nos persigue el león, las heridas durante la huída pintan poco.

En ausencia de un evento relevante que altere el equilibrio de los tejidos, los síntomas expresan el estado evaluativo-motivacional de las capas de alto nivel. Imponen la información que han extraído y recibido históricamente mientras actuaban (interactuaban) con el entorno.

El individuo consciente forma parte también del sistema. No sabemos cómo la complejidad de los procesos biológicos, el diálogo del interior con el exterior, integrando estados reales con hipótesis, genera los contenidos (percepciones, emociones, cogniciones y conductas) que se proponen en la pantalla consciente. Sólo sabemos que están ahí y que promueven la interacción con el YO, incorporándolo al discurso del sistema.

Los «síntomas sin explicación médica» corresponden a estados del sistema generados en el discurso predictivo-evaluativo continuo del «parlamento neuroinmune». Aparecen en la conciencia por la fuerza del propio discurso y nos informan de lo que puede estar cociéndose allí. Nos hacemos cábalas, decidimos estrategias y comprobamos el resultado positivo o negativo de nuestras decisiones.

El individuo consciente solicita al profesional una pauta, una terapia que recupere el equilibrio y lo hace, habitualmente, desde una concepción lineal no compleja que implícitamente considera que lo importante sucede en los tejidos o en las capas inferiores, periféricas, del procesamiento. Los profesionales son la capa del sistema con más peso. Son los proveedores de información y pautas de gestión.

– Me duele. ¿Qué hago?

– Tome este calmante.

Si el dolor se va, se acaba el debate. No importa lo que ha pasado en la complejidad del sistema. El individuo ha recuperado el equilibrio y se supone que el sistema, los tejidos, también. Si no fuera así, seguiría doliendo.

No siempre es tan sencillo como aparece en la apariencia engañosa de la conciencia.

– Me sigue doliendo. Ya nada me hace nada. ¿Qué puedo hacer? Usted me dice que es todo normal, que no tengo nada, pero el dolor sigue, intenso, continuo, mortificándome e invalidándome terriblemente.

– Yo más no puedo hacer. Lo hemos probado todo.

La capa experta informativa ha tirado la toalla. El paciente se ha quedado sólo, con sus bucles, en estado de indefensión aprendida.

Hay otro modo de actuar:

– Verá. Todo es muy complejo. Usted, como individuo consciente, puede hacer mucho. El organismo está actuando sobre la base de creencias y expectativas erróneas. Predice y evalúa mal, en un bucle creciente. Valida información errónea que no acierta a detectar ni corregir. Necesitaremos tiempo, escucha atenta y tranquila por su parte para deglutir esa nueva información. El sistema hará la digestión de lo que usted haya deglutido.

– ¿Así? ¿Sólo hablando?

La incorporación de información sobre el sistema al propio sistema es algo fundamental, sobre todo cuando la información que opera es errónea y mantiene el estado evaluativo-motivacional en un bucle cronificado, automatizado, del que no consigue salir porque está mantenido por creencias y expectativas falsas, predicciones fóbicas, conductas de evitación.

Además de informar al sistema, el individuo consciente puede gestionar los recursos atencionales poniendo el foco donde decide, mover la linterna por el escenario de la conciencia.

Puede también, hasta cierto punto, enfriar el impacto emocional de los síntomas.

Finalmente, puede decidir hacer esto o lo otro, evitando evitar acciones deseadas inofensivas.

Los cuatro componentes a disposición del individuo: cogniciones, atención, impacto emocional y conductas, interactúan de modo complejo entre sí y con la complejidad de los procesos internos y sus interacciones.

Los expertos aborrecen la complejidad:

La migraña es genética. Uno o varios genes determinan que uno venga al mundo con el estigma de la migraña.

La única interacción que se contempla es la de los desencadenantes, el estilo de vida y las terapias sintomáticas.

Es todo mucho más complejo. El individuo consciente forma parte de esa complejidad. Puede añadir, sin ser consciente, más leña o gasolina al fuego, con las cogniciones, emociones, atenciones y conductas que le han aportado los expertos o dar un giro de 180º y hacer justo lo contrario de lo que pensaba, atendía, le emocionaba y decidía.

Las pautas pueden ayudar a actuar desde la conciencia. Son herramientas, vaselina. Cada paciente debe explorar los recursos. El profesional ofrecerá esos recursos.

No es posible no interactuar. Hágalo con todo a su favor.

Know pain, no pain.

Así de sencillo y así de complejo.