Reservado el derecho de admisión

Las sociedades se constituyen en torno a un régimen interno que fija las condiciones para ser admitido como socio. Cada sociedad es libre de establecer esas condiciones y, si no se cumplen, puede dar de baja a quien las incumple.

Hay sociedades de pacientes de la misma etiqueta diagnóstica. El objetivo no es otro que el de promover las iniciativas que redunden en el beneficio de los afectados. Acceso a un diagnóstico certero y a las mejores terapias de resolución o alivio del problema.

Lógicamente se exige a los asociados que cumplan con la condición básica de pertenencia: padecer los síntomas que acreditan la etiqueta que integra a los miembros.

– Tengo fibromialgia.

– Bienvenida al club.

Los socios intentan encontrar respuestas y soluciones a su mortificación e invalidez. Puede que su empeño obtenga al fin recompensa y hayan dado con un marco teórico que les saca del infierno. A veces en el seno de la Asociación y otras en las páginas de Internet, buscando alternativas.

El caso es que conocemos pacientes que, habiendo contactado con nuestras propuestas, dejan de tener los síntomas que les habilitan para acceder a la etiqueta «fibromialgia» y lo comunican a sus compañeros de la Sociedad.

– Me encuentro bien. Ya no tengo fibromialgia. Me han explicado que mi organismo está razonablemente sano, pero actúa como si hubiera una enfermedad.

El cerebro evaluaba enfermedad y actuaba como si la hubiera. Algo parecido a lo que hace el Sistema Inmune con las enfermedades autoinmunes. Evalúa que, por ejemplo, las células renales son peligrosas (vaya a saber por qué lo piensa así) y ordena su eliminación aunque no contuvieran ningún peligro e hicieran su trabajo perfectamente.

Le habían explicado que la fibromialgia era una enfermedad misteriosa, mal diagnosticada e irreversible.

En esta nueva propuesta le explicaron que no es así, que todo es un problema de un error evaluativo neuroinmune, al que se llega con el aprendizaje y que puede, al menos teóricamente, revertirse.

La «curación», la ausencia de síntomas que acreditaban antes la pertenencia a la Asociación, impide, al parecer, seguir perteneciendo a ella.

– Me encuentro perfectamente. Ya no me duele, ni tengo fatiga. Duermo bien y puedo concentrarme en las tareas que acometo. Ya no tengo fibromialgia.

– No puede ser. La fibromialgia no se cura, luego no tenía la enfermedad. No tiene derecho a pertenecer a nuestro colectivo. No cumple con los criterios.

Las propuestas oficiales, las guías oficiales de buena práctica, siguen defendiendo la tesis de enfermedad. El cerebro no es normal. Procesa mal, sensiblemente, la información sensorial.

Nuestra propuesta defiende una hipótesis radicalmente distinta: el cerebro procesa y aplica perfectamente la información que ha conseguido obtener y ha validado.

No cuestionamos la realidad de la mortificación, invalidez e incomprensión social, ni el derecho a las compensaciones que correspondan. Nos limitamos a ofrecer otra visión del problema. La fibromialgia se aprende y puede y debe desaprenderse. Ofrecemos Educación en Biología Neuroinmune y exposición gradual a la actividad perdida. Eliminar el estigma de enfermedad.

La comunidad de expertos no aprueba la propuesta pedagógica y sigue divulgando la idea de un organismo enfermo que necesita cuidados y entrenamiento sofisticado para encontrar un mínimo alivio.

Aparecen estudios que certifican que el organismo en estado «fibromialgia» es distinto al de los controles. Hay variaciones del volumen de la corteza cerebral, aumento de citoquinas inflamatorias, engorde amigdalar, pérdida de la modulación inhibitoria descendente, dificultad para salirse del modo «por defecto» de la red, aumento de potenciales ectópicos en fibras C y un largo etcétera.

El organismo no es normal, dicen. La evidencia es abrumadora.

El organismo es normal, decimos. Lo que no es sensato es que el Sistema Neuroinmune actúe como si hubiera enfermedad, no habiéndola. Es un trastorno autoneuroinmune, influido por la educación. El estado injustificado de alerta-protección se expresa en análisis, registros neurográficos y Neuroimagen.

Aplicamos el modelo pedagógico y los pacientes, en muchos casos se libran de los síntomas. Ya no se les puede catalogar como pacientes, socios.

No podemos seguir admitiéndole en nuestra Sociedad. No es que se haya curado. Nunca ha padecido la enfermedad. Le damos de baja.

Podemos estar equivocados al negar la condición enfermiza y sustituirla por un proceso disfuncional de aprendizaje que puede revertirse.

Podemos, también, estar en lo cierto.

El caso es que bastantes pacientes, bien etiquetados, dejan de cumplir con los criterios de pertenencia.

– Insisto. Nunca ha cumplido con los criterios. No ha tenido nunca fibromialgia. Es imposible.

– Sólo quería informar de mi experiencia. Buenos días.

Síndrome de insensatez central

El Sistema Neuroinmune de defensa se seleccionó gracias a su capacidad de detectar eventos de muerte celular violenta consumada (necrosis) y la presencia de estados físicoquímicos o agentes biológicos que pudieran ocasionarla.

Además de detectar la necrosis consumada o inminente desarrolló la capacidad de responder inmediatamente, activando la respuesta defensiva inflamatoria, con su correspondiente mecanismo de autocontención.

No sólo eso: asumió el control de calidad y fiabilidad de la actividad celular. Las células que mostraran señales moleculares de ineficiencia serían eliminadas y lo mismo sucedería con cada uno de los puntos de conexión de la tupida red neuronal.

Cada célula y cada punto de conexión neuronal está evaluada constantemente, tanto para proteger su integridad física como para garantizar que cumple eficazmente con sus tareas.

Si necrosis, inflamación.

Si ineficiencia o incertidumbre, muerte programada.

El Sistema Neuroinmune innato ha desarrollado a lo largo de su peripecia evolutiva, inteligencia. Detecta la muerte indeseable y programa la deseable. Detecta también los agentes y estados indeseables por haber demostrado sobradamente su capacidad letal. Detecta, repara y evita el daño.

El dolor es la expresión en la conciencia de un estado de alerta-protección que presiona al individuo a participar en dicho estado, dejando de lado sus objetivos y obligándole a centrar la atención en los asuntos internos del organismo.

Hay estados de alerta-protección deseables, sensatos, con inteligencia evolutiva. Hay, por tanto, dolores también sensatos. La red defensiva neuroinmune ha detectado un evento necrótico e incita al individuo (la capa consciente del organismo) a una conducta coherente con el suceso. El dolor (el organismo) impone su propuesta.

Los mensajes de necrosis consumada o inminente han llegado a los centros de procesamiento-respuesta y todos ellos han participado en la demanda defensiva.

El Sistema Neuroinmune de defensa periférico (células vigilantes) y central (capas de procesamiento-respuesta) permanecerá en estado de alerta, hipersensible, hasta que vuelvan a recuperar los tejidos dañados el certificado de fiabilidad.

Sensibilización periférica y central inteligente, sensata.

Si toco la herida, duele.

La herida va curando. Ya se puede tocar. No duele.

No todo el peligro está catalogado en los archivos del Sistema Neuroinmune innato. Habrá estados y agentes, naturales y artificiales, no catalogados como peligrosos, que podrán dañar los tejidos.

El Sistema Neuroinmune, aplicando el principio del «error menos costoso» o del «detector de humo», optará por el exceso y considerará que es más seguro no comer ninguna seta en vez de probarlas todas y que todo humo puede provenir de un fuego relevante.

Cometerá errores de valoración de amenaza, por exceso y por defecto. No conseguirá siempre una evaluación y actuación inteligente. Estará de brazos cruzados ante el cáncer o autorizará-promoverá conductas absurdas (adicciones tóxicas) o evitará-penalizará agentes y estados banales (alergenos, estímulos inofensivos).

Aunque no haya herida actuará como si la hubiera. Aunque el polen no sea un germen actuará como si lo fuera.

Dicen que cuando aparece el dolor en la conciencia sin que exista un estado o agente que lo justifique es porque los centros de procesamiento-respuesta están hipersensibles. Sensibilización central.

Cierto.

El organismo no tolera la actividad.

De modo insensato, poco inteligente, fóbico, adopta la estrategia de hipersensibilidad indiscriminada. Lo banal se vuelve potencialmente ofensivo. El cordero es tratado como un lobo. Todos los ascensores pueden precipitarse al vacío, los aviones estrellarse.

La flexión de la columna puede romperla. Cualquier vibración del aire («sonido») puede romper los oídos y cualquier luz reflejada y absorbida por los objetos puede achicharrar las retinas. Cualquier desazón sentimental o laboral puede destruir tejidos; cualquier variación meteorológica puede generar destrucción interna; la humedad puede poner en peligro las articulaciones, por más que estén siempre mojadas.

El Sistema Neuroinmune está hipersensible, intolerante. Eso no es lo malo. No sabe que está operando de modo insensato. No detecta ni corrige sus errores. No distingue las setas comestibles de las venenosas, el humo de un fuego controlado doméstico del de un incendio. Activará la alarma cada vez que alguien intente encender la chimenea o un cigarrillo.

Dicen que a la sensibilización central insensata se llega por muchos caminos. Genes, estreses, desánimos, alimentos, necrosis del pasado, estilos psicológicos catastrofistas, estigmatización social…

Se pasa por alto el aprendizaje de lo que es y no es peligroso, guiado por la información experta.

– Tiene usted migraña. Ha nacido con neuronas hipersensibles. Su paz no es de este mundo.

– Tiene usted la columna hecha un asco. No se mueva.

Cascos, gafas de sol, rodilleras, tobilleras, bastones, bandas de kinesiotape, mascarillas, bufandas, protectores gástricos, ibuprofenos, pastillas para dormir, antidepresivos, tranquilizantes, agujas, masajes, memoria de moléculas…

– Medicalícese. Siga nuestros consejos y nuestras terapias. Si no funcionan, le ofreceremos otras, de última generación.

El organismo no nace inteligente ni existe garantía de que acabe defendiéndose de modo sensato.

Los intereses del individuo pintan poco. Lo que manda es el miedo, la incertidumbre.

La cultura experta es la proveedora de inteligencia, de sensatez… o debería serlo.

Hay mucho dolor, mucho más del que se justifica y explica biológicamente.

Hay mucha sensibilización central. Hay mucho error evaluativo.

El sentido común neuroinmune cada vez está más complicado.

Está hipersensible.

Quizás está mal educado.

Know pain, no pain.

Un caso de libro

Médico. Lumbalgia y cervicalgia recurrente. A unos meses de la jubilación, coincidiendo con actividad física inusual, inicia dolor lumbar irradiado con patrón de claudicación en unos 50 metros, que le obliga a sentarse. No hay claudicación en la bici. Convicción de estenosis lumbar severa con expectativas de cirugía con resultado incierto, precisamente ahora que se jubila y estaba programada una apretada agenda de actividad.

Resonancia magnética lumbar: sin hallazgos anormales. Ni asomo de estenosis. En unos días, desaparecen los síntomas. Viaje prolongado de fin de carrera, asintomático.

Era un caso de libro, con todo el aspecto de origen mecánico. No era posible permanecer de pie, y menos aún caminando. Había que sentarse. La posición inclinada en la bici permitía una mínima holgura en el canal lumbar.

Expectativas inciertas en un momento sensible. Convicción de cuestionables resultados en la cirugía.

Confieso que estaba convencido yo también de que en este caso la resonancia mostraría una severa estenosis del canal lumbar. Si bien existen estenosis asintomáticas se me hacía más raro pensar que pueda existir un caso de estenosis clínica, de libro, en una columna con canal holgado, propio de un chaval.

Los síntomas se disolvieron como por encanto al saberse con un canal normal.

¿Será el cerebro, no? Ya ves lo que puede pasar cuando imagina…

Como buen médico, conocedor de la clínica y poco amigo de aceptar explicaciones mentales, «psicológicas», rehuyó reflexionar sobre el caso y cambió al instante de conversación.

Me parece un excelente caso que muestra lo que pueden dar de sí los factores cognitivos, emocionales y sociales para que aparezca en la pantalla de la conciencia toda la clínica de la estenosis severa lumbar, sin que exista dicha estenosis.

Lo que importa es lo que el organismo imagina, con más o menos acierto.

En este caso imaginó-temió la opción más inoportuna e invalidante: el estreno de la jubilación con todos sus proyectos truncados.

Resultó que no había la tal estenosis temida.

Más bien fue una estrenosis, un efecto del temor a una transición, a un estreno.

¿Qué hubiera pasado si la resonancia hubiera mostrado una estenosis, asintomática hasta la aparición de los síntomas?

Estremece pensarlo…

Modulación excitatoria descendente

El organismo está vigilado en todos sus rincones por una red de neuronas habilitadas para detectar incidentes de daño necrótico (muerte violenta de tejidos) consumado o inminente (presencia de agentes o estados capaces de generarlo). Esos incidentes o estados se codifican en un tren de señales electroquímicas que se conducen hacia diversos centros de procesamiento-respuesta.

El dolor indica que en ese momento opera un estado evaluativo de amenaza, a veces justificado (daño consumado o inminente) y otras sólo imaginado (todo está normal).

La generación y tráfico de esas señales de los tejidos dañados o amenazados está sometida a modulación. Se facilita o inhibe en función del estado evaluativo de cada escenario.

Si hay dolor, es decir, estado evaluativo de amenaza, es previsible y lógico que la red defensiva opere en modo facilitado. Nadie se pone una venda en los ojos para ver mejor o unos tapones en los oídos para mejorar la audición, si le interesa lo que pueda verse u oirse.

Los expertos dicen algo muy obvio, de Perogrullo. La modulación inhibitoria descendente no funciona bien en estados de dolor crónico, dando a entender que la red defensiva está alterada, que no es capaz de activar la modulación inhibitoria y que por eso duele.

No estoy de acuerdo.

En mi opinión la modulación descendente funciona perfectamente: facilita la generación y tráfico de señales de daño, opera en modo excitatorio, lógicamente. Escucha y mira con atención, utilizando todos los medios a su alcance para recibir y conducir toda la información posible a los centros de procesamiento-respuesta.

La red neuronal defensiva no está enferma ni desquiciada. Todo lo contrario. Está en alerta-protección y ello incluye una modulación excitatoria y, por supuesto, no aplicar el modo inhibitorio.

Si explicamos a los pacientes que su red neuronal no funciona correctamente estamos haciéndoles un flaco favor. Potenciamos la convicción de daño o disfunción neuronal.

El estado de alerta puede estar en modo ON (modulación excitatoria) u OFF(modulación inhibitoria). El que esté innecesariamente en modo ON es porque opera un estado evaluativo erróneo, que debe corregirse, una vez descartado el daño.

No es que el mando del volumen del amplificador se haya quedado atascado y no se pueda girar en la dirección contraria. Sencillamente el estado de alerta incluye la apertura al volumen alto.

No tenemos acceso al conmutador de las neuronas ON-OFF, pero sí podemos intentar a través del paciente atento e interesado modificar el estado evaluativo erróneo.

La red neuronal defensiva está perfecta, pero activa un estado de alerta-protección equivocado, insensato, mortificador.

¡¡¡Que apaguen esa música horrible!!!

La red no vuelve a veces al modo OFF (inhibitorio) si no se ejecuta una acción «calmante», real o engañosa (placebo).

El que esté la calefacción encendida con la casa a 40º no se explica porque no funcione el aire acondicionado, sino porque opera la decisión de calentar la casa, aunque sea absurda esa evaluación-decisión.

– Tiene usted mal el sistema térmico. No debe funcionar el aire acondicionado. No se activa. No es normal, estando la casa a 40º.

La red neuronal defensiva hace cosas muy raras, pero son coherentes con los estados de evaluación de amenaza. Puede sobrecalentar la casa por previsión de una ola de frío que nunca llega.

– Verá, señora. El Sistema térmico está alterado. Tiene Sensibilización central. Tendrá que acostumbrarse y sobrellevarlo como pueda. No podemos hacer nada. Puede que una ola de frío previa, del pasado, lo haya dejado dañado. Interpreta como frío extremo cualquier temperatura de la casa.

Comerse bien el coco

Nacemos con una tupida red de neuronas, con un exceso de conectividad. El cerebro no sabe lo que se va a encontrar cuando inicia el contacto con el entorno. Los circuitos están pendientes de recibir datos sensoriales para iniciar los patrones de conexión que se expresarán en la conciencia como percepciones, emociones, cogniciones, conductas. Habrá puntos de conexión (sinapsis) muy activos y otros que apenas reciben señales de otras neuronas.

Cada conexión tendrá que ganarse el derecho a sobrevivir y para ello tendrá que demostrar que ha participado en el intercambio de señales de la red. Las sinapsis inoperantes, quedarán marcadas por moléculas señal que delatan su inactividad y serán eliminadas.

Durante el desarrollo, multitud de puntos de conexión serán eliminados. La corteza cerebral se atrofiará al perder densidad sináptica. Un scanner cerebral de un niño mostrará un cerebro más grueso. En la adolescencia se producirá una poda radical de sinapsis improductivas. El cerebro se ha atrofiado, pero nadie considera que la adolescencia es una enfermedad que acaba atrofiando la corteza.

Cada estado de conectividad genera actividad en determinados circuitos e inactividad en los de signo contrario. Un patrón sostenido de conectividad, es decir, una creencia, habrá consolidado determinadas sinapsis y habrá eliminado las de signo contrario.

Las células del Sistema Inmune residentes en el cerebro, la microglia, son las encargadas de detectar las señales de inoperancia de todas y cada una de las sinapsis y comerse (fagocitar) las marcadas, a la vez que estimula la generación de nuevas conexiones en los puntos activos.

Dicen los expertos que el dolor crónico atrofia determinadas áreas del cerebro y que engorda otras. Pues claro. Cualquier estado de conectividad genera eliminación (fagocitosis) de unas sinapsis y engorde de las que mantienen ese estado.

Dicen que al haber atrofia, el dolor crónico es una enfermedad. La adolescencia, el aprendizaje, sería también una enfermedad que cursa con atrofia de unas áreas y engorde de otras.

La microglia está continuamente patrullando los circuitos y alimentándose de sinapsis inoperantes. Cada creencia potencia su conectividad, con sinapsis exitosas que serán debidamente etiquetadas y promovidas, y otras que no tendrán éxito y serán marcadas como inútiles y servirán de alimento a las células de vigilancia de la microglía.

Dicen que en el dolor crónico hay activación de la microglía y que esa activación podría influir en la cronificación. La microglía siempre está activa para comerse el coco inútil y alimentar el exitoso. Eso no indica disfunción sino trabajo generado por las neuronas operantes e inoperantes.

Si el cerebro opera en un régimen de estado de alerta-protección, en base a un pool de creencias y expectativas de amenaza, construido en el aprendizaje, la microglia andará con mucho trabajo comiendo sinapsis de poco éxito, con la consiguiente atrofia.

Es inevitable comerse el coco, pero hay que conseguir que el alimento lo constituyan las sinapsis que mantienen creencias erróneas, sensibilizadoras, y proteger el etiquetado positivo de las conexiones que mantienen una creencia ajustada a lo que realmente pasa y no a lo que han enseñado al cerebro a imaginar (temer).

Buen provecho a la microglía. Es fundamental para el individuo que su alimentación sea adecuada, a base de sinapsis que sólo mortifican e invalidan.

La microglía se limita a comer lo que le sirven en el plato, sinapsis marcadas con la señal de la inoperancia.

La información modifica los estados de conectividad, las comeduras de coco. La red es plástica.

Cuide la buena alimentación de su microgía.

Know pain, no pain