Estrés mecánico, térmico, metabólico y cognitivo

Los tejidos están sometidos a condiciones estresantes. En condiciones normales, las células hacen su trabajo con la garantía de disponer de las condiciones físicoquímicas adecuadas (homeostasis). No hay peligro por estímulos mecánicos, térmicos o metabólicos generados por la actividad. Las neuronas vigilantes (noci-ceptores) no detectan energía peligrosa y los sensores no generan señal de amenaza consumada o potencial. Probablemente, no aparecerá en la conciencia el sentimiento «dolor».

Puede, incluso, que la actividad genere estímulos mecánicos o metabólicos que se acercan a la zona de peligro. Los sensores los detectan y generan las señales de nocividad potencial correspondientes. Puede que los centros de procesamiento no evalúen amenaza y no se activen las respuestas correspondientes de evitación. Por tanto, no habrá dolor.

Podemos activar los sensores mecánicos haciendo una flexión lumbar, intentando tocar con los dedos el suelo, lentamente. En un momento determinado, aparecerá el dolor. Los sensores mecánicos han generado la señal y los centros de procesamiento han evaluado peligro. El dolor se irá al volver a la posición erecta.

Podemos también activar los sensores de estrés metabólico subiendo escaleras. En un momento determinado, los sensores metabólicos de las neuronas vigilantes ubicadas en el músculo captarán señales moleculares de estrés. Aparecerá el dolor y desaparecerá tan pronto como nos paremos en el descansillo.

Lo mismo sucedería con los estímulos térmicos estresantes. Al coger una cazuela caliente, aparecerá el dolor y se irá al apartar la mano de ella, si no ha habido quemadura.

Necrosis, inflamación y reparación

Los contextos de estrés pueden abocar a la muerte celular (necrosis) si no evitamos la acción peligrosa: si forzamos el estiramiento o la compresión, el contacto con algo demasiado caliente o el ejercicio sin suficiente aporte de energía (sangre). En estos casos, se destruye tejido y se dispara la respuesta inflamatoria por parte de los tejidos sanos vecinos. El dolor ya no se irá al suspender la acción responsable, sino cuando ese tejido se repare. Puede que un antinflamatorio alivie el sentimiento de dolor neutralizando las señales que genera el tejido en fase de reparación.

¿Y cuando no hay necrosis? Creencias y expectativas.

En nuestra especie, por gracia o desgracia, el sistema neuroinmune puede anticiparse a los hechos y actuar como si los tejidos estuvieran en peligro. Basta la idea de peligro para proyectar en la conciencia el sentimiento de dolor. Para que éste desaparezca ya no basta que suspendamos la actividad. Toda la trama cognitiva que ha generado el dolor y evaluado las consecuencias de la acción, debe disolverse. Puede que se necesite un ritual terapéutico (placebo).

Los estímulos cognitivos (creencias y expectativas) son en nuestra especie tan operativos como los estímulos térmicos, mecánicos o metabólicos, pero no responden tan fácilmente a su supresión.

Eliminar una creencia no es tan simple como bajar la temperatura, descansar o recuperar la postura neutra.

Desaprender

Hay veces que la creencia errónea se disuelve rápidamente, pero no siempre es así. Puede que se necesite un proceso de desaprendizaje que neutralice las creencias y expectativas construidas por la cultura experta.

Lo importante es aceptar que estamos expuestos no solamente a estímulos mecánicos, térmicos y metabólicos, sino también a información sobre organismo, a atribuciones de peligrosidad a estados absolutamente inofensivos, a dependencia de terapias y «etiquetas diagnósticas». En la evaluación clínica, el profesional debe detectar estados de estrés mecánico, térmico y metabólico para evitarlos o conseguir una habituación razonable. Si no encontramos esos estados de estrés, lo que procede es investigar los estados cognitivos, predictivos, muchas veces erróneos. No dañan, pero derivan con facilidad a estados crónicos de mortificación e invalidez.

No desprecie los estados cognitivos. Sea consciente de lo inconsciente. Hágase con el conocimiento y aplíquelo. Recupere el tiempo y la actividad perdida.

Know pain, no pain

Know pain, lose pain (Susana Olivera)


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Liberación

Un porcentaje sustancial de la población está mortificada, invalidada e incomprendida por síntomas diversos a los que los profesionales no encuentran una explicación («Síntomas sin explicación médica»). La etiqueta (migraña, fibromialgia, dolor crónico, etc) no es una explicación (falacia nominal) ni abre el camino a la solución. Más bien, todo lo contrario:

– Usted padece una enfermedad crónica, misteriosa. No le va a matar, pero le acompañará de por vida. Tiene que aceptarlo y sobrellevarlo con dignidad. Le ayudaremos con diversas terapias multidisciplinares, clásicas y alternativas.

Todo vale, si funciona (falacia post hoc ergo propter hoc).

El proceso del paciente mortificado sin explicación contiene los ingredientes descritos por Franz Kafka en su novela El proceso expuestos con crudeza en su famoso inicio:

Alguien debió de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido

El proceso, Franz Kafka

Los pacientes con síntomas y sin explicación están sometidos a un proceso que busca una patología que no aparece. El proceso se va enredando en la burocracia sanitaria. Lo único cierto es el encarcelamiento, los síntomas. No hay evidencia de delito. Sólo su presunción en base a esos síntomas.

«Algo habrá hecho usted para estar encarcelado, digo yo…»

o, peor, más kafkiano:

«Algo habré hecho yo, para estar en la cárcel, digo yo.»

El subsistema inmune kafkiano

La referencia kafkiana se comprende y acepta cuando el subsistema inmune es el que calumnia:

«Alguien debió haber calumniado a las células renales, pues sin haber hecho nada malo, una mañana fueron eliminadas.»

El subsistema inmune ha evaluado peligro o incompetencia en las células del riñón y ha activado el programa de muerte (apoptosis), con o sin despliegue inflamatorio (necroptosis), tratándolas como si fueran cancerosas o estuvieran infectadas. Eran un peligro imaginado, pero el subsistema inmune actúa desde sus temores, sin atender a razones.

El subsistema neuronal kafkiano

Si kafkiano puede ser el subsistema inmune, ¡qué podemos decir de su compinche, el subsistema neuronal!

No elimina células sanas y eficientes, pero obliga a trabajar en condiciones de estrés a las células y al propio individuo. Sus evaluaciones temerosas, incluso fóbicas, se expresan en la conciencia como síntomas, sin cadáveres celulares de por medio. No mata, pero mortifica e invalida.

Los síntomas son contenidos de conciencia y la conciencia es ese espacio misterioso en el que la información que opera en el sistema neuroinmune, en cada escenario y escena, se expresa.

El que calumnia al organismo es el sistema neuroinmune. Evalúa amenaza sin haberla y, en vez de corregir el error, lo cronifica y complica (sesgo de confirmación).

La información es el problema. Hay materia saludable, células sanas y competentes. No falta energía para la actividad de esas células. Sólo queda la información como agente sospechoso.

¿Los genes, dice?

Ese es el componente informativo congénito, validado por la evolución, tras unos pocos miles de millones de años de error-ensayo-error.

Hablamos del componente adquirido, fruto de la interacción continuada del organismo, en sus diversos estados, y el entorno.

¿Tienen los demás animales síntomas sin explicación veterinaria?

¿Padecen migraña la hormiga o el elefante, de cervicales las jirafas o las palomas, reuma los peces o fatiga crónica los herbívoros migratorios acechados por el león?

Realmente, no lo sabemos. No hablan ni comprenden las explicaciones de los veterinarios.

El subsistema inmune animal genera errores, alergia y enfermedades autoinmunes. No sorprende. Debe evaluar el medio ambiente modificado por la cultura, sus miles de moléculas artificiales, los cambios de los ecosistemas, la flora bacteriana intestinal, etc.

Otra cosa es el subsistema neuronal. Aquí ya entra el lenguaje y la información de expertos.

Podemos crear modelos experimentales de migraña, fibromialgia, fatiga crónica, en animales, pero para conseguirlo tenemos que abrir el cráneo y aplicar mediadores inflamatorios en las meninges, vaciar los depósitos de serotonina, obligarles a vivir en un entorno estresante, es decir, privarles de la libertad y confundir a su sistema neuroinmune.

Que yo sepa, no hay enfermedades autoneuronales en animales, inducidas por errores de evaluación, ni información de expertos dirigidas al paciente.

El componente informativo adquirido

El encuentro entre pacientes y profesionales, una vez descartada la lesión-enfermedad, tiene o tendría que tener como objetivo analizar la información acumulada por el componente informativo adquirido y sanearla, recuperar la autoestima somática. Neutralizar todas las calumnias vertidas sobre el organismo, su eje vertebrado (columna), su aparato digestivo… y sobre el usuario, el individuo y sus modos psicológicos de estar en el mundo físico y social.

A eso me he dedicado la segunda mitad de mi carrera profesional y a eso me sigo dedicando, escribiendo en el blog y en mis libros y proponiendo lo que pienso en cursos a pacientes y profesionales.

Liberar a alguien del proceso kafkiano es posible. A veces resulta fácil. Otras se fracasa. La información adquirida se hace fuerte en forma de creencias-dogma y los intentos de desactivarlas sólo consiguen fortificarlas (disonancia cognitiva).

Muchos pacientes se benefician de la intervención informativa y expresan el cambio como una LIBERACIÓN, no una cura.

La libertad es algo que debe conquistarse, pero primero hay que hacerse con ella, cuando está requisada.

¡Hala! ¡Está usted libre! ¡A vivir! ¡Tenga cuidado y no deje que le procesen otra vez, salvo que haya cometido un delito!

Si vuelven a encerrarle sin motivo, si vuelven a calumniar a su organismo o a usted mismo, defiéndase, con el conocimiento y con la acción. Haga lo que tenía pensado, si es razonable.

Know pain, no pain

Sapiens, ma non troppo.

No se conforme con la explicación profesional. Conozca la biología, los peligros del sistema neuroinmune.

¡LIBÉRESE!

Iatrogenia neuroinmune

El sistema neuroinmune es el que gobierna el organismo. Construye y aplica predicciones sobre la interacción con el entorno, en base a una evaluación de costes y beneficios físicos, psicológicos y sociales. Los síntomas expresan en la conciencia el flujo evaluativo-motivacional de la actividad neuroinmune, lo que en cada escena-escenario, el sistema que defiende la integridad física y funcional de los tejidos evalúa y solicita al individuo. El quale «picor» expresa una evaluación de amenaza cutánea y una invitación al rascado.

Errores del sistema neuroinmune

El sistema neuroinmune trabaja con una cuota variable de error, por imperativo del «principio de precaución». Más vale generar evaluaciones erróneas de amenaza por exceso que por defecto. El polen puede ser un germen. Es inofensivo, pero, en muchos casos, el subsistema inmune lo evalúa como una amenaza y, con la colaboración del subsistema neuronal, nos obliga con el síntoma picor a frotarnos los ojos y las narices y a estornudar.

La alergia es la expresión de una evaluación errónea que motiva a una conducta defensiva absolutamente injustificada. El sistema que debería defendernos nos crea problemas absurdos. Peor el remedio que la enfermedad (inexistente). Iatrogenia.

Lo mismo sucede con el subsistema neuronal. Activa estados evaluativo-motivacionales de alerta-protección no justificados, en todos y cada uno de los barrios del organismo. Dolor, por ejemplo.

Iatrogenia neuroinmune en síntomas sin explicación médica

Llevo ya unos cuantos años proponiendo la hipótesis de la iatrogenia neuroinmune para explicar el apartado de los denominados «síntomas sin explicación médica»: la cultura ha complicado el trabajo predictivo del sistema, tanto al subsistema inmune como al neuronal. Cada vez resulta más complicado para el subsistema inmune catalogar moléculas señal como amenazantes, debido a la profusión de química artificial ambiental y la inestabilidad de los ecosistemas generada por el impacto cultural. Cada vez resulta más complicado para el subsistema neuronal catalogar como relevante la oferta informativa de expertos e iluminados.

Antaño, el sistema neuroinmune evaluaba y motivaba sobre la base del contacto con el entorno real y el cotilleo informativo, moderado por los sabios expertos de la pequeña manada. El crecimiento descontrolado de nuestra especie a raíz de la expansión de la agricultura y ganadería, sometido a la espiral de la retroalimentación positiva, puso las cosas difíciles al sistema neuroinmune. Resulta cada vez más complicado evaluar moléculas e informaciones. El resultado: la proliferación de estados evaluativo-motivacionales innecesarios, mortificadores e invalidantes.

Dicen los divulgadores de la neurociencia que el cerebro nos engaña, dando a entender que percibimos una realidad engañosa por obra y gracia de esa afición del cerebro a los juegos de magia, a las ilusiones de todo tipo.

¿Nos engaña nuestro cerebro?

En mis primeros años de divulgador de neurociencia en el ámbito médico, recurría a esa condición de cerebro mago y ponía las consabidas imágenes de ilusiones ópticas para minar la confianza de los pacientes en el cerebro y aceptar que los dolores pueden ser ilusiones perceptivas. Ya no lo hago.

El cerebro no nos engaña. Le confunde la información incontrolable, los sesgos de confirmación, la dependencia de etiquetas y terapias.

Me sorprende el escaso o nulo interés de los divulgadores sobre cerebro en esta cuestión de la iatrogenia cultural. Llevamos ya 10 años explicando a grupos de pacientes la propuesta del error evaluativo-motivacional con resultados excelentes.

Sorprende menos el escaso o nulo apoyo de las instituciones a nuestra oferta.

En mi libro Sapiens, ma non troppo, intento desarrollar la hipótesis de la iatrogenia neuroinmune inducida por la cultura y, en lo que se refiere a la cultura del subsistema neuronal, la responsabilidad de la información de los expertos en la génesis de los síntomas sin explicación médica.

Dicho queda, pero me temo que sigamos en las mismas.

No nos engañemos. El cerebro no nos engaña. Hace lo que le han enseñado a hacer los expertos.

Know pain, no pain.

Enero es un buen mes para espabilar.