Al cerebro se le engaña

El cometido del sistema neuroinmune es complicado. Debe detectar peligro en un universo complejo en el que las señales de agentes y estados nocivos e inofensivos se confunden. El error es inevitable y sólo cabe ensayar y equivocarse aprendiendo de cada error para ir reduciendo la incertidumbre («energía libre», Friston).

Muchas veces el sistema neuroinmune se equivoca, unas veces por ver peligro donde no hay y otras por no verlo cuando lo tenemos ya demasiado cerca.

Caben dos estrategias de aprendizaje: el cauto-hipocondríaco: todo es peligroso en potencia, y el arriesgado: hay que probarlo todo para catalogarlo.

Habrá veces que la evitación de lo desconocido nos salve el pellejo pero la estrategia hará que estemos siempre vigilando y defendiéndonos de peligros sólo imaginados, quedando muchas oportunidades en el camino.

Los arriesgados accederán a más recursos pero puede que sufran daños en la exploración.

La estrategia de ver exceso de peligro trae consigo las alergias (evitación de peligro externo) y las enfermedades autoinmunes (peligro interno). El componente inmune del sistema activa recursos defensivos sin necesidad atribuyendo erróneamente información de peligro a moléculas externas o internas.

La misma estrategia trae de la mano padecimientos e invalideces diversas cuando es el componente neuronal el que se excede en la valoración de peligro, interno y externo. De ese exceso viene la migraña, fibromialgia, dolor crónico, colon irritable y un creciente etc.

Al sistema inmune le confunde el parecido de algunas moléculas de agentes vivos inofensivos como el polen con las de agentes nocivos como las bacterias y reacciona contra lo que erróneamente valora como peligroso. Las moléculas artificiales inducen también al error por su carácter extraño, no catalogado evolutivamente.

Al sistema nervioso le confunde la información sobre cualquier variable externa o interna.

El cerebro cauto puede ser a la vez incauto y dar por buena la información sobre peligros varios activando recursos perceptivos, emocionales, cognitivos y conductuales cuyo objetivo es defensivo.

Al cerebro se le engaña fácilmente con trucos de magia y con información. En ambos casos se le oculta la realidad y se sustituye por otra.

El cerebro imagina, predice la realidad y lo hace desde la información que ha conseguido. Los sentidos le ayudan a limitar el proceso imaginativo pero no todo es detectable. Hay mucho peligro que se escapa.

Homo sapiens (m.n.t.) se ha provisto de sentidos adicionales, instrumentales, para ver más allá de lo que sus ojos permiten pero eso le ha llevado a ver más peligro del que realmente existe y del que esos sentidos artificiales detectan.

La precaución, alimentada por la información alarmista, lleva a la activación innecesaria de estados de alerta, penalización, invalidez y resguardo.

El cerebro no nos engaña. No es un órgano juguetón. Su obsesión es la seguridad.

En aras de evitar daños y desde su condición cauta e incauta da por buena la información que el grupo valida y protege el organismo desde sus miedos construidos.

El margen de libertad que nos cede para gestionar la atención y la conducta, sea real o ficticio, debemos utilizarlo para neutralizar esa pulsión biológica hacia la evitación.

La herramienta, el conocimiento.

Conocer el truco de magia nos permitirá ver la realidad del modo correcto.

Conocer la falacia de algunas informaciones nos permitirá, así mismo, normalizar el universo consciente, dotarlo de sentido común.


2019-07-25 11.12.31

Acerca de arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.
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