>Placebo y Nocebo

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Un efecto placebo es aquél que genera beneficio (por ejemplo disminución de dolor) tras aplicar un procedimiento terapéutico engañoso, desprovisto de una propiedad real. Podemos fabricar cápsulas vacías, comprimidos de almidón, abrir el tórax y volver a cerrarlo sin hacer nada más (informando engañosamente que hemos ligado una arteria), aplicar una crema inerte y atribuirle propiedades analgésicas etc. Con la información podemos generar expectativas de beneficio que, en muchos casos, se cumplen aun cuando no hemos hecho nada… salvo engañar.  


No es necesaria la información engañosa. A través del aprendizaje por condicionamiento clásico se pueden producir respuestas reales tras aplicar un estímulo inerte si previamente hemos condicionado ese estímulo. Así si aplicamos sacarina junto a un fármaco inmunosupresor varias veces, basta aplicar más tarde la sacarina sola para que se produzca la respuesta inmunosupresora. 


El cerebro utiliza la información de sucesos previos para anticipar posibles respuestas (condicionamiento clásico) y también anticipa esas respuestas por las expectativas generadas por información, aunque sea engañosa. 


El efecto Nocebo es similar al efecto Placebo pero en sentido negativo. Experiencias previas o expectativas de efecto negativo generan un efecto así mismo negativo. 


Hay abundante experimentación que documenta con todo tipo de pruebas objetivas la realidad del efecto Placebo-Nocebo pero «la Medicina» tiende a mirar para otro lado y considera esta cuestión como un ruido perturbador que complica innecesariamente las estadísticas de los ensayos sobre nuevos fármacos. 


El efecto Placebo-Nocebo testifica el efecto de las expectativas y creencias, de la experiencia sometida a condicionamiento y de los errores de motivación del sistema de recompensa. Es un efecto robusto manifestado de forma clara (pero no exclusiva) en el dolor, la depresión y la enfermedad de Parkinson. 


Raúl de la Fuente y Jon-Kar Zubieta son dos investigadores españoles de prestigio que han aportado datos interesantes, el primero respecto al papel de la dopamina y el segundo respecto a los opiáceos endógenos («endorfinas»).


El grupo de Fabrizio Benedetti y Luana Colloca de la Universidad de Turín es el más significado en esta cuestión. Recientemente han publicado dos estudios en Pain  (la revista oficial de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor) en los que demuestran dos aspectos interesantes: 

      


1- La información (engañosa en el experimento) tiene un poder similar al condicionamiento clásico en el efecto Nocebo pero no en el Placebo. 


      2.- La observación de un efecto Placebo-Nocebo en un colaborador-simulador genera el mismo efecto en el observador. 


De todo esto se concluye que el dolor, su generación y resolución, está poderosamente influido por la experiencia previa, por la información cultural y por la observación de los demás (empatía). 


La endeble teoría oficial de la Migraña de los genes y desencadenantes ignora, no sin arrogancia, todas estas cuestiones de honda raíz neurobiológica evolutiva. 


¿Aprendizaje, condicionamiento, empatía, Placebos, Nocebos, cognición social, imitación…? Por favor! ¿con quién cree que está usted tratando? Somos científicos! Lo nuestro son las moléculas… la seroton(t)ina.  

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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