Congreso de la SEFID. Un congreso importante para un momento importante.

No he sido proclive a pertenecer a las Sociedades profesionales. Ni siquiera he sido socio de la SEN (Sociedad Española de Neurología) ni de su versión local. Reconozco en mí una tendencia hacia la disidencia y el pensamiento crítico y mi trayectoria profesional ha estado siempre marcada por el escepticismo y desapego hacia la oficialidad y su excesiva dependencia de Farmaindustria.

Hará ya unos treinta años comencé a interesarme por el dolor. Leí a Melzack, Wall, Bonica… Planeaba crear una Unidad de Dolor, multidisciplinar pero de fuerte contenido neurológico y estando en ello el Servicio de Anestesia se adelantó y lo puso en marcha. No he sido amigo de luchar por espacios profesionales y me olvidé del proyecto. Unos años después se empezó a hablar de la Encefalitis Miálgica (hoy Síndrome de Fatiga Crónica) y de Fibromialgia. Para entonces andaba yo atascado con mi dolor lumbar crónico postquirúrgico y mi cérvicobraquialgia recurrente buscando explicaciones y soluciones desde los paradigmas de la equivalencia de dolor y daño, del estrés mecánico acumulado y del reposo obligado.

Leí algo sobre la inconveniencia del reposo mecánico justo cuando exploraba la salida desde el movimiento. Me inventé ejercicios y visualizaciones. Me libré de la inferencia que parecía ir a misa: si duele algo anda mal donde duele. Aprendí a sentir la presencia de la representación cerebral somática y no volví a estar de baja.

Luego llegó la Neurociencia: Eric Kandel. Neurofisiología, Biología molecular… Darwin, Psicobiología, Sociobiología, Damasio, Humphrey, Bertoz, la Percepción-Acción, Inteligencia Artificial, Redes neuronales, Bayes, Imaginación, Zeki, la Consciencia, Placebo-Nocebo, Neuronas espejo, Copia eferente, Sistema de Recompensa… En definitiva: Cerebro.

Algo no funcionaba en el tema del dolor. Los migrañosos parecía que iban bien al principio pero luego todo se iba al carajo. No respondían a los fármacos ni a los consejos. Creía en la depresión como explicación para todo lo que no se ajustaba a las previsiones. Los pacientes tenían el dolor que cabía esperar de sus desánimos, genética y hábitos no saludables.

La llegada de los triptanes (1992) con su promesa (incumplida) de acabar con la migraña ya me cogió absolutamente descreído. No recuerdo haber recetado nunca, por voluntad propia, un sólo triptan.

Entré en el siglo XXI con todas las certezas asentadas sobre el papel del cerebro en la gestión de la percepción dolorosa y su dependencia cultural.

Mi hija y futuro yerno acabaron los estudios de Fisioterapia y comenzaron los debates de sobremesa sobre dolor, músculos, movimiento, osteopatía, cadenas musculares, contracturas, fascias, Feldenkrais, Alexander… y, por supuesto… cerebro.

Un tal Lorimer Moseley escribía artículos que me sonaban a gloria pues me aportaban confianza en que no andaba descarriado. Poco después publiqué en autoedición mi primer libro (Jaqueca, análisis neurobiológico de un dolor irracional) y más tarde apareció también Explain Pain, de David Buttler y Lorimer Moseley.

La cosa estaba clara: el dolor es una decisión evaluativa cerebral, con una cuota variable de daño en los tejidos. A veces esta cuota es determinante pero en el dolor crónico o recurrente lo importante probablemente esté en la mollera, en la representación virtual del lugar-momento-circunstancia en el que se proyecta a la conciencia la percepción de dolor.

Desde la complicidad con mi hija-yerno y algunos pacientes y la confianza de la lectura de artículos “solidarios” que iban saliendo comenzamos a soñar futuros… hasta que un venturoso día tuvimos conocimiento de la existencia de una Sociedad Profesional naciente: la SEFID, la Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor, que convocaba su I Congreso fundacional. Allá nos fuimos y escuchamos complacidos la exposición de su presidente Rafael Torres.

En Febrero se celebrará el II Congreso. Basta leer el programa para constatar la extraordinaria calidad y variedad de las propuestas que contiene.

Vivimos un momento crucial en el tema del dolor. Todo se está cociendo. Hay propuestas atascadas por su probada ineficacia. Otras ofrecen soluciones futuras aún no sustanciadas. En mi opinión, disponemos de suficiente materia prima de conocimiento para armar una teoría sólida sobre dolor.

La percepción es una acción cerebral premotora. Su objetivo es el de condicionar la conducta, es decir el movimiento y/o el antimovimiento.

Una acción eficaz sobre dolor exige un conocimiento sólido sobre cerebro, sobre evaluación de riesgos tisulares y coste-beneficio y el modo como se ejecutan las acciones en un aparato “músculoesquelético” con una condición estructural determinada y unos modos aprendidos, no necesariamente funcionales.

Este II Congreso brinda la oportunidad de situarse doctrinalmente en los paradigmas que van a marcar, en mi opinión, el camino a seguir para abordar desde una perspectiva moderna, biológica, el complejo mundo del dolor.

Debemos aprender a reclamar para la Biología todo lo que le pertenece. El cerebro es Biología, la cultura es Biología, el movimiento es Biología. Hay algo más que músculos, articulaciones, huesos y fascias…

Alcalá de Henares… II Congreso de la SEFID…

Si eres Fisioterapeuta no lo dudes. Si te ocupa y preocupa el dolor, tampoco lo dudes aunque no seas Fisioterapeuta.

Allí nos veremos…

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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3 respuestas a Congreso de la SEFID. Un congreso importante para un momento importante.

  1. villovi dijo:

    Alli nos veremos… ya falta menos!

  2. victoria dijo:

    También se suele poner:
    Y gracias a la paciencia y tesón de mi esposa, que a lo largo de interminables conversaciones me hizo comprender que ella estaba equivocada. 🙂

  3. Carlos Castaño dijo:

    Si esto del twitter sigue como vamos ahora, podemos ser un montón.

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