Pseudociencia oficial

A través de Academias, Colegios y Asociaciones profesionales los expertos dicen, proclaman y seleccionan la doctrina que se ajusta a los paradigmas normales, autorizados de cada momento.

Hay una Ciencia “normal” (Kuhn) del dolor. Cada dos por tres se proclaman avances, nuevos datos, nuevas moléculas, nuevos genes, nuevas localizaciones, nuevas esperanzas… No puede tardar la solución del problema. Quien tiene dolor es porque consulta con un incompetente… El 95% de los dolores, hoy en día, se controla…

Si uno pasa el algodón para ver si lo que se proclama resiste el test del ajuste a lo que, realmente, sabemos desde la Neurociencia, comprueba que las proclamas oficiales surgen desde un soporte de conceptos y léxico sin ningún fundamento.

Por ejemplo: se habla de “receptores de dolor” (no existen), se considera como un axioma inamovible la doctrina de la neurona de Cajal (ya ha habido que hacer sustanciales retoques) y, lo que es más grave, se ignoran demasiadas cosas, hay demasiado reduccionismo sesgado, mucha venta de la piel del oso sin haberlo cazado…

Mientras tanto las estadísticas del dolor no explicado siguen engordando sin otra explicación oficial que la de la genética inadecuada para estos tiempos modernos tan estresantes, los malos hábitos, las enfermedades emergentes por carga ambiental, las supuestas confabulaciones psiconeuroinmunoendocrinosteomioarticulares o cualquier desequilibrio holístico.

Al igual que la pseudociencia oficial que defendía la teoría de los “miasmas” (supuestas emanaciones pútridas de la materia orgánica en descomposición) negó el pan y la sal a Semmelweis, quien defendía la heterodoxa tesis de que las manos de los obstetras del Hospital General de Viena portaban “partículas de cadáver” (Pasteur las visualizó más tarde en forma de microbios) hoy en día se niega una mínima consideración desde la oficialidad neurológica a las propuestas de la importancia de la cultura en la construcción de la conectividad neuronal, en la toma de decisiones somáticas.

Vivimos la época de los datos. Es una época “reumática”. Para los griegos el reuma era una corriente, un flujo. Existe una especialidad, la Reumatología, a cuyo cobijo se ha consolidado la cultura del “dolor músculoesquelético”, “reumático”, sensible a fríos y humedades, la patología de “partes blandas” diana de los efectos negativos del “reuma”. Hay un “reuma” de datos, deducciones allí donde sólo pueden darse abducciones (Pierce), es decir, hipótesis que habrá que verificar debida y rigurosamente.

Al calor de los datos se levantan edificios de significación estadística objetiva ignorando variables poderosas. Se sacraliza la serotonina, la dopamina, la adrenalina, la oxitocina, la acetilcolina, el glutamato, el NMDA, la sustancia P, el CGRP… y se reducen los problemas a cuestiones de excesos y defectos perfectamente corregibles… en un futuro cercano. Se clasifican las moléculas en buenas y malas a conveniencia. Se maquillan los procesos distribuidos, en paralelo, en secuencias unidireccionales de vía única. Se niega a la neurona la capacidad de autoregulación. No se habla de homeostasis sináptica…

Con estos mimbres sólo puede construirse un modelo de organismo dotado de una red neuronal reducida a una mínima expresión, ayuna de protagonismo en percepciones, emociones, cogniciones y acciones. En lugar de cerebro se coloca un ámbito etéreo, mental que sólo aporta disturbios que amplifican dolores que provienen de tejidos necesariamente mortificados en algún tiempoespacio y circunstancia.

En el tema del dolor la Neurociencia está extramuros de la ciudadela de la oficialidad.

Ante un drama de dimensiones colosales como es la fibromialgia, la Neurología oficial ha guardado un incomprensible silencio. Todo hace pensar que el cerebro no anda fino en esta dolorosa e invalidante cuestión. Allí se cuece el origen pero los neurólogos prefieren que siga vivo el “reuma” de “lo reumático” o lo “psicológico” para explicar el infierno real de los padecientes, de quienes se sospecha que pudieran tener lo que se merecen o que, aún peor, no tengan, en realidad, nada de lo que con tanto aspamiento dicen tener…

– ¿Cerebro y fibromialgia? ¿Cerebro y Neurología? ¡Por favor, seamos serios..! Somos científicos. Sugiero una visita en Psicología o Psiquiatría.

– Ya me han visitado y me sugieren que me vean en Neurología…

Los padecientes conocen bien este vergonzante peregrinaje por los despachos de la pretendida Medicina Científica. Detectan fácilmente el malestar e incomodidad que su queja (me duele todo desde hace años, nadie me cree, dicen que no tengo nada…) genera en el doctor al que le ha caído “el marrón”.

– Lo siento pero YO no puedo hacer nada por usted. No es un problema de Neurología

– He leído que el cerebro en la fibromialgia no actúa de modo normal, que no procesa bien la información…

– Bueno, verá, no creo en la fibromialgia…

En alguna ocasión he planteado objecciones oportunas a algún renombrado líder de opinión en migraña sobre cuestiones de” cerebro” y siempre me he encontrado con la misma respuesta:

– YO sólo me limito a “lo científico”

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Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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13 respuestas a Pseudociencia oficial

  1. Océano Mar dijo:

    Tenemos esta “ciencia normal”, condicionada por el mercado, los egos y los atavismos. Como todas las ciencias normales de todos los tiempos. Esta “ciencia normal” en lo referente al dolor se entronca con su cultura, la que nuestra, en la que estamos inmersos: la cultura de la inmediatez, de la pastilla, del quítamelo ya. La cultura de la molécula. O del desequilibrio, la pieza que se descoloca y se coloca. Zas. El deus ex machina que entre de repente y lo arregla todo.
    Pero ocurre que millones de personas sufren, a pesar de las moléculas y otros inventos equilibradores. Gente que es capaz de pensar con mayor libertad, como tú, habéis empezado a señalar con el dedo: a lo mejor la ciencia normal no da respuesta a las necesidades de los tiempos. Es el primer paso para un cambio de paradigma que propicie una pequeña gran revolución científica. El problema, creo, consiste en crear un caldo de cultivo, una cultura, donde asienten las nuevas ideas. Porque las nuevas ideas pasan por el desaprendizaje del dogma, el esfuerzo y el aprendizaje, y ahí creo que partimos en desventaja: va a ser todo un reto para los tiempos de la inmediatez y el adoctrinamiento que corren.

    Enhorabuena por la entrada. Me ha encantado.

  2. Oceano mar: cada vez que reflexiono sobre paradigmas, ciencia normal… Kuhn… no puedo evitar (tampoco me resisto) a pensar en tu entusiasmo con esas cuestiones. Sabía que andarías por ahí y que algo comentarías. Gracias. Resulta comprensible pero doloroso comprobar cómo desde la comunidad científica a veces se ponen trabas a lo que la propia Ciencia, desde la esforzada rama de los que están obligados a tirar del cambio de paradigmas, trata de aportar como nuevo conocimiento.

    ¿Ciencia? ¿Cultura? ¿Mercado?

    Un abrazo

  3. Carlos dijo:

    ¿Limitarse a lo científico o limitarse a ignorar los avances científicos?

  4. Carlos: me temo que lo segundo…

  5. Ciencia, ¡cuanto dogmatismo se expresa en tu nombre!
    Vivimos en una forma extrema de reduccionismo en lo social que consiste en mirar -solamente- los beneficios a corto plazo. Adquiere más sentido la afirmación de Orwell “En una época de engaño generalizado, decir la verdad es un acto revolucionario”.
    saludos,

  6. Pere: oportuna la cita de Orwell. Una de las muchas formas de iatrogenia y de efecto nocebo es el de dar gato por liebre (mercado por ciencia). Saludos

  7. Joaquinwct dijo:

    En este contexto en el que nos movemos (migraña, fibromialgia, SFC,…) evidentemente, si hay algo de lo que no podemos prescindir es de aportar rigurosa racionalidad. La racionalidad entre otras cosas nos ayuda a modular correctamente las emociones. Ahora bien, disculpa Arturo, pues se que me voy de contexto, pero como neurocientífico y experto en cerebro que eres, tengo curiosidad por preguntarte si ¿Crees que los excesos de raciocinio aplanan demasiado las emociones? El tópico que hemos oído por ahí… ¡Es demasiado analítico, racional… no conecta, no empatiza con sus semejantes. Está falto de emoción… ¿Que hay de verdad en esto?
    un saludo

  8. Joaquínwct: es un artificio separar “lo emocional” de “lo racional”. Están profundamente integrados. Creo que podemos utilizar el término de racionalidad al momento en el que, activamente, el individuo adquiere conocimiento abstracto, frío, conceptual y lo incorpora a la red. Luego el cerebro se encarga de procesar ese material desde sus propias emociones.

    Influye mucho de qué estemos hablando. En el blog hablamos de dolor, un estado emocional somático que expresa el miedo al daño de los tejidos. Las emociones como el dolor pueden ser vistas desde el plano del individuo sufriente o desde el plano del cerebro evaluativo. Ambos: cerebro e individuo segregan emociones distintas, a veces, contrapuestas.

    Desde la perspectiva evolutiva, homeostática y de organismo, el dolor es una emoción: el miedo, pero es una emoción cocinada en los fogones de la red a golpe de procesamientos en capas de complejidad y modernidad creciente, desde los circuitos básicos arcaicos a los más elaborados (cognitivos, racionales). Es evidente que hay áreas cerebrales más emocionales y otras preferentemente analíticas pero están fuertemente conectadas de forma bidireccional. Si hablamos de inteligencia emocional deberíamos considerar siempre la emoción inteligente.

    En este blog intento aportar precisamente eso: emoción inteligente, ya que la emoción arcaica del miedo al daño celular violento está además dinamizada por una i-racionalidad que sobredimensiona ese miedo y lo convierte en pánico injustificado.

    No sé si he contestado. Saludos

  9. Joaquinwct dijo:

    “Por supuesto que sí, tus respuestas siempre son admirables e interesantes a pesar de que no te dejamos ni respirar…”. Tambén sucribo, que razón y emoción están profundamente integradas en una compleja interacción.
    Me interesaba tu opinión ahora que estoy realizando un curso avanzado de “Mindfulness”…. ¿no si has oido hablar? Podríamos traducirlo como “Conciencia Plena” o “Atención consciente”, una forma sistemática de entrenar la capacidad de darse cuenta.
    No es una terapia ni ningún tratamiento… gracias a Dios!!!, tan solo es una herramienta útil para prestar atención de forma particular, estando presente de todo corazón con la realidad de cada momento, sea la que sea, renunciando a distraer la mente con juicios de como deberían ser las cosas o de cómo serán. Mindfulness es estar aquí y ahora.
    Creo que el Mindfulness, por estar muy en sintonía con las neurociencias y apartada de los adoctrinamientos, puede ser una herramienta muy útil para todo el mundo, un buen complemento a la pedagogía de la razón que preconizas en tu blog.
    Estaría encantado en conocer tu opinión sobre lo que crees que nos puede aportar el Mindfulness a nivel de salud mente-cerebro, aceptando la crítica por supuesto. Si te parece te puedo enviar a tu email personal un poco más de información y una interesante entrevista con uno de sus precursores en nuestro país, el catedrático en psicobiología, Vicente Simón, (de quién recibí formación hace unos años).
    No vendo absolutamente nada… solo trato de compartir información con alguién a quién le estoy de todo corazón inmensamente agradecido por encender la luz a todo un colectivo de “Enfermos Genéticamente Marginados” .
    Sinceramente, creo que el Mindfulness puede complementar y ser de gran ayuda en este aparatoso proceso de desufrimiento.

    Un saludo

  10. Joaquinwct: sí, sí he oido hablar del mindfullness. En mi opinión es una herramienta, tal como dices, que permite mejorar nuestra capacidad de dirigir la atención allá donde realmente no sucede nada añadido, sólo el ronroneo somático basal, bien sea la respiración, los latidos, la propiocepción. Por sí mismo no creo que aporte nada pues su sustancia cognitiva consiste precisamente en no tener sustancia pero como ejercicio resulta interesante. Puede perfectamente complementar el aprendizaje cognitivo que preconizamos en este blog. Desconfío si se presenta como una terapia para combatir dolores u otros problemas así como las exageraciones sobre supuestos beneficios del sistema inmune.

    El tema está de moda, probablemente sobredimensionado, pero, como todo, puede producir efectos positivos, negativos o irrelevantes, en función de lo que uno haga con la herramienta.

    Como el esquema corporal, la representación evaluada somática, anda muy distorsionado por todo el bombardeo alarmista viene bien silenciar la mente y centrarla en el aquí y ahora. Lo que el cerebro extraiga como conclusión de esa experiencia no es predecible.

    En cualquier caso no veo incompatibilidad entre mindfullness y neuropedagogía sino todo lo contrario

  11. Joaquinwct dijo:

    Ya veo que lo conoces y lo describes exquisitamente. Suscribo todo lo que dices…
    Creer que el Mindfulness es una terapia, es como agarrarse a un clavo ardiendo (falsas expectativas). Llevo años practicando meditación Mindfulness y paralelamente sufriendo migrañas también.
    El Mindfulness no es ni tan solo una idea.. sino más bien una experiencia que puede aportar mucha conciencia y gran capacidad para aceptar las sensaciones desagradables, los pensamientos negativos, el dolor y el sufrimiento en general…. así como para saborear y disfrutar más intensamente de los placeres de la vida, sin demasiados apegos y con más conciencia…

    Pero a veces, no basta con aceptar el dolor o el sufrimiento, sobre todo cuando en el origen de ese dolor preexiste un error de software. Si con la actitud mindfulness aceptas el dolor pero sigues conspirando con el pensamiento irracional… el problema del dolor se maneja… pero no se resuelve. No basta con aceptar la irracionalidad. Hay que reprogramar los fallos del sistema con cabeza.
    Si no hay fallos en el programa… tal vez, el Mindfulness, aun pueda ir todavía mejor e incluso sea preventivo si se consigue tomar la distancia suficiente respecto del pensamiento potencialmente irracional…miedos, temores, alarmas…

    Gracias. Saludos

  12. Océano Mar dijo:

    El problema, creo, es que es precisamente esta cultura de la inmediatez en la que vivimos (en lo sanitario, y en muchas cosas más) la que no propicia precisamente el arraigamiento de este nuevo paradigma en lo referente al dolor. Sus resistencias son precisamente las que imprime el mercado, las creencias y más aún si van revestidas por “batas blancas”.

    PD: Siempre te leo, sino a diario, a veces retomo las entradas a pares cuando tengo un ratito, que en estos últimos tiempos, no ocurre con demasiada frecuencia. Y sigo aprendiendo contigo, como el primer día. Un abrazo!!

  13. Oceano Mar: el cerebro se fue seleccionando para resolver inmediatamente los problemas y no necesariamente para el medio y largo plazo. Entre esa condición biológica de la urgencia y la ficción de las soluciones inmediatas, “en vena” se está armando la que se está armando con el dolor en todo su amplio abanico del horror.

    Gracias por andar siempre por ahí. Un abrazo

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