Sonidos de campanas

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Descartes sugirió la metáfora del campanero para explicar su hipótesis del origen del dolor. Algo dotado de fuerza (la acción del campanero, un tirón, una compresión, la agitación térmica de una llama) tira de los hilillos de los nervios (la cuerda) y acaba conmoviendo los poros del alma haciendo sonar la campana en la consciencia humana. Sólo el hombre tiene campana.

En la analogía de Descartes hace falta una acción nociva para que surja el dolor.

¿Qué sucede cuando suena la campana sin que nada tire de la cuerda?

No hay más testigo del sonido de la campana (el dolor) que quien la oye. Es un sonido privado, inaudible para los demás. Se acompaña de señales externas, faciales, que indican sufrimiento pero pueden ser interpretadas como exageración, simulación…

– Me duele mucho… pero no me encuentran nada. Es todo normal

El padeciente oye sonido de campanas pero no encuentran al campanero, lo que tira de la cuerda. Las campanas no suenan solas…

– Es un dolor psicológico…

Hay un error básico en la interpretación de lo que sentimos: dar por sentado que las luces, colores, sonidos, olores, sabores, dolores, cosquillas, picores… provienen directamente de los sentidos: de ojos, oídos, piel, narices, lengua…

No es cierto. El sonido de la campana no está en las manos del campanero ni en la cuerda de la que estas tiran. El sonido procede de la campana (el alma, el cerebro, la conciencia) y lo hace siempre que el cerebro valora peligro no neutralizado.

La campana suena con el tirón del daño consumado o inminente pero también lo hace con la valoración de daño probable. El miedo es cosa del cerebro y si toca temor suena la campana para presionar al individuo a una conducta defensiva acorde con la valoración de peligro.

El cerebro construye visiones en el sueño con los ojos cerrados, despierta con el dolor aun cuando nada suceda por la fuerza de sus hipótesis.

Si alguien dice que oye campanas es que las oye. Si no encontramos nada que tire de ellas no debemos concluir que no existen campanas ni estén sonando sino que lo que tira de ellas ya no son los hilillos de los nervios (la cuerda) sino la decisión cerebral de alertar y presionar al individuo.

Cualquier acción que el cerebro considere necesaria para ahuyentar el peligro hará que cese el sonido del dolor… si se ejecuta dicha acción calmante (que restituye la calma cerebral). Vale lo mismo un fármaco, unas agujas, una infusión, un producto homeopático o cualquier otro ritual terapéutico.

Dicen que el cerebro nos engaña. No exactamente. Consigue que acabemos haciendo lo que se propone a base de hacer sonar las campanas y silenciarlas cuando obedecemos.

Hay quien piensa que el cerebro es como un mayordomo. Tocamos la campanilla y acude para acatar nuestras órdenes. Si no lo hace tocamos la campanilla más fuerte, con más apremio.

Realmente, en el tema del dolor, el cerebro es quien toca la campana y el mayordomo es el propio individuo quien baila al son que marque.

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

3 comentarios sobre “Sonidos de campanas

  1. Hola Arturo,
    Excelente entrada, que deja más que claro de dónde provienen los dolores, pero que nuestra propia naturaleza ( a veces ) nos hace tropezar en la misma piedra, y que cuando el dolor aprieta, entran las dudas y buscamos aquello que el cerebro nos pide como placebo, sea un masaje, una pastilla ó cualquier otra cosa que considere calmante. Pero para eso eso ya está tu pedagogía, a la que acudimos constantemente para asentar y calmar las constantes alarmas de nuestro cerebro.

    Un abrazo.

  2. Roció: así es. Hay una tendencia al alarmismo, al por si acaso, a malpensar. Esta tendencia es biológica y es más acusada en unos individuos que en otros, tanto por genética como por aprendizaje. La instrucción y consejos expertos alientan con intereses más o menos confesados este alarmismo a la vez que nos ofrecen sus variopintos remedios.

    Como en tantas otras cuestiones, el conocimiento es el mejor antídoto contra las falacias.

    Saludos

  3. magistral esta entrada Dor.Cal estar atentos a nuestro cerebro,el simil del campanero está muy bien,siempre que sepamos interpretarlo y no alarmarnos ante el dolor sin daño,que bueno!!!!!!!!!
    Saludos cordiales

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