El organismo descontrolado

Los seres vivos somos sistemas complejos adaptativos cuyo objetivo es sobrevivir como individuos y como especie. Para ello, seleccionamos conductas de exploración que generan oportunidades productivas y las contrarias, las de evitación-desmotivación, que nos alejan del peligro o del fracaso.

El sistema neuroinmune es el que gestiona esas conductas, desde la información extraída de la interacción del organismo con el entorno en cada escenario (experiencia) y desde la información recibida de la cultura somática.

El caso es que muchos organismos sapiens malviven en estados de alerta-protección injustificados. Están mal controlados. Evitan cuando deberían estar explorando, adquiriendo experiencia.

¿Por qué duele si los tejidos de la zona doliente no corren peligro cuando el individuo quiere hacer algo inofensivo?

¿Por qué no puede ese organismo explorar el entorno con libertad y prudencia para atribuir significados reales a la interacción con el mundo?

Si la interacción del organismo con un escenario genera dolor, ese organismo va a reforzar la atribución de amenaza y explorará en otra dirección hasta dar con la conducta indolora.

¿Realmente es fiable la referencia del dolor para guiar el aprendizaje exploratorio, sus limitaciones?

Si la exploración fuera libre, el sistema neuroinmune haría su trabajo y, previsiblemente, con suficiente muestreo, seleccionaría correctamente las conductas adecuadas (evitación o exploración) con una incidencia variable de daño (no pain, no gain).

La virtud está en el término medio (siempre que los dos extremos sean viciosos) y hay que evitar las heridas de guerra, pero sin aspirar al ideal de «ni gota de sangre». Una cuota razonable de sangre, sudor y lágrimas puede ser inevitable. La gestión del confinamiento siempre es compleja, pero no es una solución como forma de vida.

En nuestra especie, dado que el aprendizaje está tutelado también por información experta, puede que el dolor indique solamente que la conducta en ese escenario ha sido calificada como insegura en función de lo que esa cultura indica como peligroso.

La cultura sensibiliza, condiciona. En un escenario cualquiera, aparentemente inofensivo, un mal día aparece el dolor en la conciencia. El profesional no encuentra motivo. El organismo espera un dictamen.

– No es nada. Un dolor normal. Tome este calmante.

A partir de este momento, se pone en marcha una dinámica evaluativa que facilitará el descontrol, el desgobierno neuroinmune. Se ha perdido la oportunidad de la tutela experta:

– No hay nada dañado. Ha sido un error de valoración de amenaza. El sistema neuroinmune es miedoso. Tiende al exceso de ver amenaza y, por si acaso, potencia conductas de evitación (principio de precaución). No se preocupe. No hace falta que tome nada. Basta con que su sistema incorpore el dictamen de error y lo corrija.

Analizando la tutela informativa de la cultura experta, no sorprende que el sistema neuroinmune de los sapiens acabe instalado en el abuso del estado de alerta-protección.

Dolor crónico regional o global, migraña, cefalea tensional, fibromialgia, mareo «inespecífico», ruidos, cansancio, falta de concentración, insommio, hormigueos, desmayos, espasmos, calambres,…

Vivir en un organismo descontrolado, instalado en la estrategia de la alerta-protección sostenida, es un sin-vivir.

El estado de bien-estar hace que, aunque uno esté realmente bien, se sienta fatal, confinado en la guarida, encamado, agotado sin esfuerzo previo, hambriento sin dejar de probar bocado, sediento estando sobrehidratado y dolorido sin nada herido. La privación de libertad no impide sobrevivir. En la cárcel dan de comer.

Recuperar el control perdido puede resultar difícil por la tendencia a la cabezonería del sistema, a creer en mierdas (Ramón Nogueras), pero no es imposible. Con información biológica para contrarrestar la de los expertos y re-exposición a la vida requisada se puede des-andar el camino.

Know pain, no pain.

Está a su alcance.


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Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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