Credos

 

Un credo es un conjunto de ideas aceptado por una comunidad. No hace falta que lo creído se ajuste a lo real. Los credos pueden ser increíbles aunque sean creídos.

Un creído es un individuo que se atribuye  capacidades que no posee.

El dolor navega sobre un conjunto variopinto de credos, incompatibles entre sí. Quien lo padece debe elegir cuál de ellos es más creíble. El que le ofrezca una prestación mejor será el que se lleve el gato al agua.

El dolor hace que los credos dormidos de cada cual se desperecen tratando de dar con una explicación. El padeciente hace pruebas. Cambia hábitos. Ensaya remedios

A falta de una causa plausible se ofrece al paciente el consuelo de la etiqueta: migraña, fibromialgia…

A veces ni siquiera hay etiqueta:

– Me han dicho que mi dolor es crónico.

Los dolores con etiqueta son misteriosos e incurables.

Los dolores ·”crónicos” son la consecuencia de la mala vida psicofísicoquímica, del mal uso y abuso de un organismo vulnerable y delicado. Los genes, también, por supuesto.

Se inicia la cata de remedios.

La fe en el fármaco puede esfumarse a poco que el calmante resulte improductivo.

Será sustituído, sin problemas, por la fe en la homeopatía si ésta ha aportado beneficio… aparente.

Al padeciente le da lo mismo creer en esto o en lo otro. La urgencia por salir del infierno le obliga a creer en lo que sea, sin entrar en demasiadas consideraciones sobre el fundamento de lo que se pone a prueba.

– Sólo sé que a MI me funciona.

No importa lo que haga el ibuprofeno, las agujas, la dieta o el agua con memoria. Si el dolor amaina se da el visto bueno a la terapia de turno.

Puede que lo creído no tenga más fundamento que el efecto placebo.

No importa.

– A MI me funciona.

La luz se hace de la mano de la etiqueta y el remedio, aunque persista la caja negra de lo que, realmente, sucede dentro.

Para la migraña, la fibromialgia y el dolor crónico, da lo mismo el por qué del aparente beneficio.

Cada terapeuta ofrecerá su bálsamo sin romperse la cabeza en buscar un fundamento plausible, que explique y justifique con rigor el origen del dolor y su alivio.

El dolor se entrega sin reservas al credo más útil.

El beneficio confirma lo creido. La fe se fortalece.

A los cursos acuden generalmente padecientes que han dilapidado todos los credos del mercadillo. Necesitan algo novedoso, distinto, contrario.

Realmente, lo encuentran. Lo que les contamos no lo habían oído nunca.

Neuronas, cerebro, nociceptores, sistema de recompensa, aprendizaje, cultura…

A muchos lo que oyen les parece lógico, creíble, fiable.

La luz aparece en la caja negra, aunque sólo sea para certificar que de ella surge la comprensión de lo que sucede.

– Ahora me encaja todo.

En los cursos no ofrecemos credos a prueba, sino conocimiento, a secas.

Explicamos por qué no debe ser creído lo habitualmente creído y por qué lo que les explicamos merece ser aceptado como probablemente cierto.

Los creyentes tienen problemas para abandonar su credo.

Realmente no hay nada en lo que deba creerse en aquellas materias que conocemos.

Los credos sobre el dolor deben disolverse y sustituirse por conocimiento de lo que se sabe a Ciencia cierta.

 – Entonces, ¿qué me recomienda creer?

– En lo que no tenemos ni idea, usted verá. En lo que algo sabemos, no debe creer en nada. No debe esperar más que lo que ese conocimiento ofrece, pero tampoco menos…

– Le voy a hacer caso. Voy a creer que lo que me explica es cierto, a ver si funciona… Necesito una solución.

Puede que “funcione” o no.

– No he entendido nada, pero me ha funcionado. Creo en ello.

Comprender y aceptar, no creer…

– Lo comprendo y acepto, pero sigo igual.

No podemos hacer que el cerebro valide nuestras propuestas. Sólo podemos hacer lo que podemos hacer: facilitar información y animar a que el paciente la aplique.

Es lo que hay.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
Esta entrada fue publicada en Medicina y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s