>Policía somática

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Un organismo es una sociedad celular, un complejo ecosistema que trata de garantizar lo necesario para la supervivencia de sus individuos. El organismo les procura sustento y cobijo pero exige, a cambio, un estricto cumplimiento del reglamento interno: cada individuo celular debe cumplir con su cometido y su libertad para crecer y multiplicarse estárá regulada, sometida a los intereses generales. Las células enfermas, seniles, ambiciosas, ineficientes, defectuosas o, simplemente, sospechosas, se autoexcluirán (suicidio celular) o serán marcadas por las células vigilantes del control de calidad-confianza para ser posteriormente eliminadas.


En el mantenimiento de la seguridad interna colaboran, por tanto, los propios individuos, que se autochequean y no dudan en autoexcluirse si detectan cualquier incertidumbre sobre su eficiencia y buena conducta y el servicio externo de vigilancia que complementa las garantías decidiendo la eliminación de los individuos que puedan crear, a su criterio, problemas en el futuro.

La vigilancia pericelular se efectúa por las unidades del Sistema Neuroinmune o policía somática, un cuerpo mixto constituido por individuos móviles (células inmunes) y fijos (neuronas). La función de la policía es, por un lado, la de chequear el entorno, sus condiciones, comprobar que la temperatura, glucosa, oxígeno, concentración de sales, acidez…son las adecuadas, verificar la autorización de residencia de células autóctonas y foráneas y, por otra, la de detectar cualquier indicio de peligro o incertidumbre, bien por la presencia de individuos celulares defectuosos o malintencionados (de casa o de fuera) o por condiciones físicoquímicas incompatibles con la vida.


Cada rincón corporal está densamente poblado por unidades policiales inmunes y por todo tipo de artilugios electrónicos de vigilancia neuronal. Constantemente se analiza una cantidad ingente de datos para ver que se dan las condiciones exigidas. Los servicios centrales de la policía somática procesan obsesivamente la información tratando de detectar indicios de incertidumbre. Ante la duda activan estados de alerta de grado variable y programas que fuerzan al individuo a una conducta de vigilancia y evitación preventiva de daño.

Los síntomas (dolor, cansancio, mareo, frío, calor, hambre, sed, picor…) expresan una valoración de incertidumbre y una propuesta conductual al individuo para que elimine o minimice el peligro.

El dolor en el cuello indica que el cerebro está preocupado por la integridad de sus células y que sería bueno que el individuo no lo utilizara o que lo hiciera con un programa protector que incluye contractura muscular local, un umbral bajo de encendido de sensores de daño, paso de señal facilitado y amplificado, eliminación central de filtros (copia eferente) y proyección de programas perceptivos, cognitivos y emocionales ya configurados (memoria de dolor) hacia la conciencia. Puede que todo ese estado de alerta esté justificado pues acaba de producirse un desgarro de un ligamento, ha burlado un germen foráneo los controles, una célula de casa se ha extralimitado en su ambición o se ha exigido a las fibras musculares un trabajo por encima de su capacidad pero en la mayoría de los casos se trata de un exceso de celo de la policía somática, de una evaluación alarmista-represiva sobre riesgos que pueden derivarse del deseo del individuo de levantarse de la cama para acudir al trabajo.

La cultura influye poderosamente en la conducta de la policía somática. Los cuerpos de seguridad del organismo vigilarán y reprimirán la conducta de todo aquello que pueda atentar contra lo que se considera una amenaza para la integridad de células y tejidos.

Un cuello dolorido es un cuello reprimido, justificada o injustificadamente. En este último caso, un cuello dolorido es, simple y llanamente, un cuello privado de libertad por la policía neuronal somática.

Como sucede con los sistemas dictatoriales la culpa de lo que sucede la tienen los ciudadanos que se empeñan en ser libres…

– Me duele el cuello, doctor

– Tiene la columna desgastada, contracturada e inflamada. Póngase este collarín, tome estos antinflamatorios y vaya a que le den unos masajes. Evite el estrés y no utilice tanto el ordenador.

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Las células del cuello no son responsables de lo que sucede. Hacen su trabajo a pesar de las malas condiciones laborales impuestas por la policía somática. El individuo tampoco es responsable pues se limita a reclamar unos mínimos derechos, unas mínimas libertades. El problema está en el Sistema Nervioso, en el miedo a la libertad de movimientos del cuello, un viejo problema…


¡Quietos todos, que no se mueva nadie! ¡Policía… Somática!

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

3 comentarios sobre “>Policía somática

  1. >Hola DoctorAyer di un largo paseo bajo el sol y como no, la migraña hizo su aparición. Decidí no tomar nada, dormí por la noche y por la mañana me levanté fatal. He hecho mi vida normal ignorando el dolor y convenciendo al cerebro que no había peligro y……se fue!!Ya he hecho la prueba varias veces cuando me viene una "pequeña" migraña y se controlar la situación. Lo de pequeña es porque nada se puede comparar a mis migrañas menstruales, esas son un mounstro. Por lo menos creo que es un gran paso, pues antes de leer su blog ya me habría tomado un calmante en mi "pequeña" migraña.Un saludo y muchas gracias.

  2. >Hola Lulú, cualquier victoria, por pequeña que sea, supone mucho en la pelea por la racionalización del cerebro, si se persiste en las convicciones y ensayos. El hecho de que el sol, la claridad, active la migraña es otra prueba de que no hay lógica en todo esto. La radiación solar sólo produce en exposición prolongada, intensa, estática (no paseando) y sin protección, un leve enrojecimiento cutáneo. El interior de la cabeza no sufre ninguna variación pues existe una red venosa en el espesor del hueso que actúa de aislante térmico muy eficaz. No habría migraña si el cerebro no hubiera catalogado la exposición solar como un peligroso estado físico. Sería como valorar a un ratoncito como un tigre o algo así…

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