>Sube y baja

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La Neurología oficial está impregnada de la idea de que la información sube desde el lugar de los sucesos hasta la consciencia. Sólo hay flujo ascendente: lo que sucede es captado por neuronas sensitivas (los sentidos) , transformado en señales eléctricas y conducido al cerebro donde se produce la percatación de lo que ha sucedido y se decide la respuesta más conveniente.


El cerebro sería la pantalla final en la que se mezcla y proyecta toda la información ascendente.


El cerebro puede además imaginar la realidad, especular sobre ella, pero nunca puede suplantarla. El plano de los hechos reales está nítidamente diferenciado de los imaginados. Puedo imaginar un buen plato de alubias pero eso no me quita el hambre (sino todo lo contrario).


Si la imaginación invade el universo de lo real percibimos nítidamente personas u oimos músicas imaginarias dándolas por reales. Hablamos entonces de alucinaciones y damos por sentado que la mente está desvariando.


Atribuimos al trabajo imaginativo una función especuladora que nos permite interpretar la realidad, buscarle causas y efectos pero no construirla.


La pantalla cerebral de la consciencia nos proyecta el rollo filmado en tiempo real por los sentidos con una atmósfera interpretativa (pensamiento) proveniente del cerebro imaginativo. Hechos e hipótesis. Juntos pero no revueltos.


Las cámaras y micrófonos están dispersos por todos los rincones del organismo y captan inevitablemente todo lo detectable.


La Neurología oficial está también impregnada de la idea de que bajan órdenes desde el cerebro hacia los músculos.


Sube información y bajan decisiones. Neuronas sensitivas y neuronas motoras. Entre ellas una serie de centros pensantes, imaginativos, que sopesan cuál es la mejor orden posible que debe enviarse a los músculos.


Muchas veces, las más, aparece el dolor en la pantalla, expresado con todo su dramatismo y apariencia de realidad. Sin embargo no está sucediendo nada amenazante. No hay agentes ni estados destructivos. Las cámaras y micrófonos no transmiten nada que pueda corresponderse con lo que se proyecta en la consciencia. El cerebro imaginativo acopla, como siempre, sus textos especulativos, su preocupación por lo proyectado. El YO, el espectador único, percibe lo proyectado como si fuera una proyección de hechos reales.


Muchas veces, las más, sólo hay cerebro especulativo. Son todo alucinaciones de daño sin daño.


La percepción es un proceso alucinatorio limitado por los sentidos. El cerebro imaginativo construye gran parte de lo que se proyecta en la pantalla. Hay veces en que la cuota imaginaria es mínima, mandan los hechos, y otras en las que se apodera de toda la responsabilidad: no está sucediendo nada real. Es todo imaginario.


No hace falta que el cerebro desvaríe. Basta con que esté equivocado en sus hipótesis.


El alarmismo cerebral, alimentado por mala información, da apariencia de realidad a las hipótesis sobre interior.

La información sube desde el cerebro a la pantalla consciente del YO y, en el mismo momento que aflora (por primera vez y en exclusiva en forma de dolor) rebota hacia abajo notificando que algo sucede o puede suceder en una zona. La información sobre hipótesis cerebrales baja y llega hasta las mismas cámaras y micrófonos de la zona alertada.


La información siempre sube y baja y contiene siempre datos sobre sucesos y sobre hipótesis. La separación entre pasado, presente y futuro en una línea con una flecha no se corresponde con la realidad del trabajo neuronal. Realidad e imaginación están siempre fundidas, en proporción variable.


Cuando mandan los hechos debemos intervenir sobre ellos. Cuando manda la imaginación, debemos también intervenir sobre ella.

Los neurólogos imaginan genes y desencadenantes, estados anómalos de hiperexcitabilidad neuronal. Olvidan lo fundamental: la información que ellos mismos generan, difunden, y creen a pies juntillas. Así es difícil combatir las alucinaciones de daño…


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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