Está usted equivocado

Cuando alguien se encuentra mal, padece dolor, cansancio, no duerme, se marea, no se concentra y, además, no consigue la aceptación social de su relato, es lógico que esté plenamente convencido de que su organismo está enfermo. Es lógico que se queje cuando después del peregrinaje por las consultas de lo oficial y lo alternativo, reciba el dictamen de «usted no tiene nada», «Todas las pruebas son normales». También es normal que se queja y desespere cuando todas las terapias no han aportado nada sustancial salvo los efectos secundarios.