Exponerse a la exposición

En los síndromes de sensibilización (migraña, fibromialgia, dolor crónico…) el organismo trabaja en modo alerta por evaluación (errónea) de amenaza. Este modo proyecta en la conciencia percepciones somáticas de protección, cogniciones catastrofistas y temores, que fuerzan al individuo a buscar conductas de evitación. Los planes quedan en suspenso; están requisados por la fuerza de los síntomas. El individuo restringe su actividad a una estrecha banda. Fuera de ella los síntomas imponen su ley.

Los errores evaluativos del sistema neuroinmune traen, en algunos casos, consecuencias graves para la salud.

Si se produce una reacción anafiláctica a la penicilina, lo prudente es evitarla y no exponerse a otra reacción, argumentando que la penicilina es inofensiva y que el sistema Neuroinmune está equivocado.

En el otro extremo puede desencadenarse una crisis de migraña por comer chocolate. Existen dos opciones: evitar el chocolate o comerlo sin miedo, desde la convicción de que es inofensivo y la crisis es debida al error evaluativo.

En este caso, la exposición confiada y argumentada al chocolate puede desactivar en muchos casos la evaluación errónea y, por tanto, la crisis.

No es mal consejo el “exponerse” a comer chocolate, una vez se ha comprendido el proceso del error evaluativo.

En el caso del dolor crónico inducido por la actividad, y en ausencia de un daño que lo explique y justifique, también disponemos de dos opciones: protegernos del dolor con movimientos cautelosos o, sabiendo que no corremos peligro, movernos de modo más normal.

En ocasiones podemos optar por la exposición gradual a la actividad normal, sin miedo. El resultado es impredecible. Exponernos a entornos a los que estamos sensibilizados, hacer ejercicio sabiendo que nos genera cansancio fácil y extremo… puede ayudarnos a recuperar el terreno perdido o generar crisis tras la exposición.

No hay una pauta común recomendable para todos los pacientes.

Es importante el marco teórico desde el que partimos.

El organismo es normal pero actúa desde la convicción de enfermedad. Hipótesis del error evaluativo. Sería imprudente seguir en esa banda estrecha de intolerancia.

El organismo está enfermo y no soporta la actividad normal. Sería imprudente salirse de los estrechos límites de seguridad.

La experiencia con pacientes de migraña recomienda, sin ninguna duda, la exposición a los “desencadenantes”, a la vida normal, una vez comprendido y aceptado el marco teórico del error evaluativo.

Con pacientes de fibromialgia, pienso que se puede recomendar la misma estrategia, de modo gradual. Cada paciente debe desvelar su ritmo de transición a la actividad normal.

En el dolor crónico “musculoesquelético” también es recomendable la exposición a la actividad normal bajo la guía de un fisio que ayude a la recuperación de patrones motores fisiológicos, a la vez que explica el marco teórico del miedo infundado al movimiento.

Tengo poca experiencia en Fatiga crónica y Sensibilidad química múltiple como para dar consejos.

Me reúno periódicamente con un pequeño grupo de pacientes de SQM. Han comprendido y aceptado la explicación del error evaluativo y se han propuesto recuperar una relación normalizada con el entorno. La respuesta ha sido positiva pero variable.

La conectividad neuronal es plástica, adaptada al aprendizaje, modulada por el miedo y la incertidumbre.

Con dudas y temor es más complicado. Los síntomas imponen la reclusión en un entorno protegido.

Es expuesto exponerse y también el no hacerlo. Los dos peligros deben considerarse y actuar con prudencia.

Miedo, incertidumbre.

No basta con conocer la teoría. Deben disolverse también las dudas y el pánico a los síntomas, al sufrimiento.

– No lo conseguiré…

Algunos, no pocos, lo consiguen.

Es una oportunidad.

 

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Daño ilusorio

 

De ilusión, dicen, también se vive… y se malvive.

No siempre la realidad se muestra meridiana en su significado. En muchas ocasiones debemos actuar, tomar decisiones, sobre una información parcial, ambigua, potencialmente engañosa.

Muchas veces no tenemos ni idea de lo que puede estar sucediendo en entornos opacos a nuestros sentidos y no podemos sino imaginarlos, hacer cábalas, apoyándonos en los expertos, los que saben de lo inaccesible.

En la pantalla de la conciencia confluyen realidad e imaginación, sin un etiquetado que nos permita saber la proporción de cada una de ellas.

Gran parte de la conciencia es ilusoria. Apoyándose en unos confusos datos sensoriales, el cerebro construye, a veces, percepciones engañosas, interpretaciones erróneas de la realidad, máxime si tenemos en cuenta que lo que la conciencia contiene puede ser fruto de un proceso predictivo impulsado por la emoción, el miedo.

– Me duele la cabeza, la parte izquierda. Tengo migraña.

En la parte izquierda de la cabeza no sucede nada amenazante en la migraña. El dolor es, en este caso, una percepción ilusoria, nacida del temor al daño.

El cerebro consigue inducir en el paciente un estado similar a la hipnosis.

Requisa la atención hacia la parte izquierda de la cabeza y sugiere desde el ronroneo mental propuestas perceptivas, cognitivas y conductuales.

Hay pacientes más hipnotizables, más sugestionables, que otros.

– Comienza el dolor. Procuro no hacer caso y centrarme en mis tareas, pero no consigo quitármelo de encima. Al final tengo que tomar el calmante.

Con otros la inducción y sugestión hipnótica no funciona.

– Noto dolor. Sé que no sucede nada. Desatiendo la propuesta del cerebro. No me dejo sugestionar. El dolor se va.

– ¿Cómo consigo que el cerebro no me enrede, no me lleve al terreno de sus propuestas?

Imagine que está en el cine viendo una película emocionante. Está usted hipnotizado. Se deja absorber por la pantalla. De repente decide dejar de atender. Desvía la atención hacia otras cuestiones. Saca el móvil y se pone a oír música. Se pierde el hilo de la peli. Ya no le importa lo que pueda haber sucedido.

Algo parecido sucede en el sueño. Nada de lo que aparece en la conciencia tiene sentido pero sólo si se despierta, si vuelve al mundo real, acaba la pesadilla.

En el dolor por daño ilusorio, imaginado, el paciente debe imponer la vuelta a la realidad, el fin de la pesadilla.

¿Cómo?

Con el conocimiento (no sucede nada amenazante, son imaginaciones del cerebro…) y la inmersión en el mundo real.

– Ya lo intento, pero no lo consigo. Debo ser fácilmente hipnotizable por el cerebro.

Realmente uno debería poder inducirse una contrahipnosis. Imponer el escenario real. No sucede nada.

No hace falta inducir el estado hipnótico para conseguir modificaciones perceptiva, cognitivas o conductuales. Basta con proyectar el conocimiento, la seguridad razonable de que nada de lo que el hipnotizador cerebral sugiere es cierto.

El cerebro imagina la realidad y procura camelar al individuo, hacerle cómplice de sus temores ilusorios.

¡Venga ya!

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Dolor nociplástico

 

Hasta ahora la IASP clasificaba el dolor en dos tipos: el nociceptivo, debido a un daño consumado o inminente en tejidos no neuronales, y el neuropático, secundario a daño neuronal.

La propia IASP contempla en su definición de dolor que éste puede existir sin que ningún tejido esté dañado. Para explicarlo recurría al argumento de “vivido como tal daño”, sin entrar en detalles sobre lo que se quiere decir con esta coletilla final.

El mayor volumen de dolor corresponde al “vivido como tal daño” aunque éste no exista, salvo en algún ámbito imaginativo.

La IASP propone denominar a este dolor huérfano de daño, “nociplástico”: un dolor que procede de una “nocicepción alterada”, sin clara evidencia de amenaza real o potencial  de daño en los tejidos (neuronales y no neuronales).

No sucede nada en los tejidos. El servicio de vigilancia de daño consumado o inminente, los nociceptores (neuronas que detectan nocividad), funciona mal y genera información de daño, que confunde a las áreas centrales de procesamiento. El error no se detecta ni corrige, sino todo lo contrario. Con el tiempo va a más.

Migraña, fibromialgia, dolor crónico, colon irritable… Dolor nociplástico. No hay daño pero los nociceptores generan y transmiten falsa señal de daño. Los centros de procesamiento no sólo desatienden esas falsas señales sino que las amplifican, dando lugar a la proyección en la conciencia del dolor más mortificador e invalidante que se pueda imaginar.

Las conexiones neuronales son plásticas, es decir, aprenden.

En el dolor nociplástico, la plasticidad enloquece. No genera aprendizaje sino confirmación y amplificación del error.

¿Por qué? ,

No se sabe, ya se sabe. Muchos factores, los de siempre: genes pro-nociplasticidad, estreses, hormonas, toxicidad ambiental, emociones mal gestionadas, alimentos, inflamación de bajo grado…

El término nociplástico no considera el error evaluativo ni la tutela cultural del aprendizaje. Todo se cuece en la nocicepción. El dolor se genera, necesariamente, en los tejidos. Si estos no están dañados, son los nociceptores los responsables de generar un dolor injustificado. Los centros de la médula o del cerebro dan por buenos los informes erróneos de los nociceptores y facilitan y amplifican el tráfico de señal falsa.

Sin embargo sabemos que el dolor no se genera en los tejidos neuronales y no neuronales de la periferia. Sabemos, a Ciencia cierta, que el dolor aflora a la conciencia como consecuencia de un proceso evaluativo de amenaza, aprendido a lo largo de la interacción del organismo con el entorno. No hay “señales de dolor” ni “vías de dolor” pero la IASP sigue erre que erre situando el dolor en la periferia, esta vez en forma de una pretendida disfunción de nociceptores o del primer relevo de sus señales en la médula.

Realmente, el dolor nociplástico es un dolor kafkiano.

No sucede nada en el barrio. Suenan las alarmas a todas horas o a las más inoportunas. Aparece la policía, los bomberos, las ambulancias. Así durante años. Los residentes del barrio ya no pueden más.

– En el barrio no hemos detectado ninguna amenaza. ¿Seguro que oyen ustedes las alarmas y ven policías, bomberos y ambulancias? Si así fuera, tendría que haber una amenaza real pero esa amenaza no existe. Todo esto es misterioso.

– ¿Y yo qué puedo hacer?

– No sé. Le mando al psicólogo. Tiene que aceptar la situación.

A partir de la etiqueta, todo cambiará, sugieren los de la IASP. Sabremos de qué estamos hablando.

– Tiene usted un dolor nociplástico.

– Ya me quedo más tranquilo, sabiendo lo que tengo…

– De momento no hay tratamiento pero pronto sabremos cómo combatirlo. Investigaremos la nociplasticidad y aparecerán nuevos modos de combatirla…

¡Ay, Señorrrrr…!

 

 

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Inteligencia neuroinmune

El sistema neuroinmune ha evolucionado detectando agentes y estados nocivos, biológicos y físicoquímicos, y activando recursos que minimizan el daño causado.

Su actividad no tiene la garantía del acierto. Su inteligencia es incierta. A veces ve peligro donde y cuando no lo hay y otras no lo ve estando presente.

Hay falsos negativos y falsos positivos.

Cualquiera de los dos tipos de error puede ser letal:

Falso positivo: una reacción anafiláctica a la penicilina puede matar. Realmente la penicilina no era una amenaza. Error.

Falso negativo: una colonia de células cancerosas burla la vigilancia inmune y acaba con la vida en el organismo. Error.

Ambos errores son estados o acciones patológicas del sistema neuroinmune. Ha faltado inteligencia.

La migraña, la fibromialgia, el dolor crónico sin daño que lo explique y justifique, los síndromes de “sensibilización central” en general, expresan falta de inteligencia neuroinmune, errores por falso positivo. Protegen sin necesidad. Mortifican e invalidan al individuo injustificadamente.

El sistema neuroinmune está dotado de recursos para aprender a actuar con inteligencia pero la emoción por sobrevivir, el miedo al daño, facilita, especialmente de salida, los errores por falso positivo. Mejor evitar que exponerse a lo incierto.

En nuestra especie, el hábitat modificado por la cultura, la información experta, generan condiciones especiales de aprendizaje. El sistema neuroinmune tiene que evaluar un ingente número de moléculas artificiales, potencialmente nocivas; informaciones expertas de fiabilidad variable. Mejor prevenir en exceso que arriesgar (el error menos costoso).

¿Qué podemos y debemos hacer ante los errores neuroinmunes?

No soy Inmunólogo y no puedo ni debo aconsejar. Desconozco el modo de recuperar la inteligencia perdida de la red de leucocitos.

El componente neuronal equivocado puede y debe re-encauzarse a la senda de la inteligencia defensiva, a través de la información experta de signo contrario y la exposición confiada a la actividad secuestrada.

Algunos interpretan la propuesta como un intento de culpabilizar al individuo consciente.

– Si no mejoras es que eres tonto…

No se juzga al individuo sino el proceso.

En el caso de los errores del componente inmune puede existir una responsabilidad por conducta poco inteligente: fumar como un descosido, estando advertido de los riesgos del tabaquismo; ponerse penicilina a sabiendas de que uno es alérgico.

En los errores neuronales el individuo está sometido a una oferta variopinta de explicaciones expertas, contradictorias. No es fácil para el paciente decidir qué información experta aportará más inteligencia al sistema.

En nuestra propuesta pedagógica explicamos conceptos básicos, bien contrastados, fiables, sobre la actividad del sistema neuroinmune, los riesgos de cometer errores de los dos tipos.

A veces se neutralizan los errores y otras no. En ningún caso culpabilizamos a nadie que lo ha intentado con la mente abierta.

Cabe señalar alguna responsabilidad cuando alguien se niega tozudamente a modificar creencias erróneas.

– El dolor de la columna viene de la columna. Tengo dos hernias…

No es así. El dolor siempre proviene de una evaluación de amenaza. Puede que esa evaluación sea errónea (falso positivo).

Negar la posibilidad de que sea así y persistir en la convicción de una columna vulnerable, dañada, que pone en riesgo su integridad física cada vez que el individuo se mueve, es un error, más o menos consciente.

Consulte a su médico. Cuide la inteligencia neuroinmune.

Tenga cuidado.

 

 

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Dolor y teoría de control

El objetivo biológico (evolutivo) del dolor es la preservación de la integridad física de los tejidos.

El organismo es un sistema complejo, sometido a múltiples tensiones que pudieran comprometer su supervivencia física.

A lo largo de la evolución cada especie memoriza en el genoma los recursos que han demostrado ser suficientemente útiles para seguir vivos.

Estos recursos permiten conocer las consecuencias de la interacción con el entorno y anticipar, preventivamente, recursos de evitación así como reaccionar a eventos imprevistos con la mayor celeridad posible.

El sistema neuroinmune vigila, detecta la presencia de agentes y estados nocivos, biológicos y físicoquímicos, y reacciona activando recursos de neutralización.

El dolor forma parte de dichos recursos. Es un contenido de conciencia que expresa la respuesta del organismo a la detección de un peligro y obliga al individuo a reaccionar, modificar su conducta, adaptándola al objetivo del sistema defensivo.

El sistema neuroinmune no se limita a detectar daño consumado o inminente y reaccionar para recuperar el equilibrio perdido o amenazado. Puede anticiparse a los hechos y presionar al individuo para que se conduzca de modo coherente con la presunción de amenaza que el sistema evalúa en cada escenario.

El sistema neuroinmune es, además de reactivo, proactivo. Se retroalimenta cuando sucede algo nocivo y también previene, prealimenta.

– Me duele. Me he pillado el dedo con la puerta. Dolor reactivo.

– Me duele. Me dicen que no tengo nada. Dolor proactivo.

Realmente el dolor proactivo, anticipado a los posibles acontecimientos, es un problema. Expresa una patología del control.

No tiene sentido que la sirena de un dispositivo de seguridad se active para advertirnos de un posible robo, preventivamente, a no ser que lo haga cuando su previsión es altamente probable y anticipe un robo inmediato.

Menos sentido tiene el dolor cuando se activa para notificar la presencia de agentes y estados absolutamente inofensivos, irrelevantes respecto al objetivo biológico de la integridad física, a corto plazo, de los tejidos. Tal es el caso de la humedad, los cambios hormonales, alimentos, estreses varios. la artrosis…

El organismo dispone de complejos recursos de pre y retroalimentación que permitirían optimizar el control de la integridad física frente a todos los diversos escenarios del día a día.

La cultura, la información, el conocimiento, prealimenta el sistema neuroinmune y condiciona el que la pre y la retroalimentación establezcan un bucle que aboca a la hipersensibilidad improductiva.

El dolor puede ser el exponente de este bucle descontrolado. Parece confirmar lo que el sistema anticipa (sesgo de confirmación) pero esa confirmación es un error no contemplado en la información que lo prealimenta.

Dolor músculoesquelético, analgésicos, artrosis, estrés, hormonas, alimentos, genes, contracturas…

¿Qué sucede con el sistema de control, con su pre y retroalimentación?

¿El sistema neuroinmune es inmune a las dinámicas de los sistemas de control?

– Vengo del médico. Me ha dicho que mi sistema neuroinmune está descontrolado.

– Ya.

No estaría de más que empecemos a considerar cuestiones de poderoso calado biológico, como los problemas que puede acarrear la prealimentación y retroalimentación del sistema neuroinmune, si le obligamos a aprender,actualizarse, en ese universo informativo que no hace sino sensibilizar… sin control, sin racionalidad.

Tengo una limitadísima idea de Teoría de control. La suficiente para ser consciente de que algo pinta la información, la cultura, en todo esto.

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Permiso para moverse

 

El organismo quiere que el individuo se mueva, de aquí para allá, para buscar comida, encontrar pareja y huir del león o de congéneres malintencionados.

A través del Sistema motivacional de recompensa-castigo, mueve los hilos de las ganas para que hagamos ejercicio o nos quedemos postrados.

Hay que moverse, hacer ejercicio…

No siempre. Si estamos enfermos. no estamos en la mejor condición para tener éxito en nuestras correrías.

El organismo, con buen criterio, nos quita las ganas de salir y movernos y nos pone las de quedarnos en casa y que nos cuiden.

Hay conductas desde la salud y las contrarias, desde la enfermedad.

Lo que decide, a favor de la gana o la desgana, no es la condición real de salud o enfermedad sino la imaginada por el organismo.

– Tengo fibromialgia y me han recomendado el ejercicio. Lo intento pero acabo doblada. Luego me cuesta recuperarme un par de días.

Si después del ejercicio uno queda postrado, aun cuando el esfuerzo haya sido discreto, podemos deducir que el organismo ha penalizado la actividad.

¿Es la fibromialgia una enfermedad que justifica la conducta de enfermedad, la penalización del ejercicio?

En mi opinión, no.

El organismo ha cometido un error evaluativo.

Sucedería lo mismo con la alergia.

– Tiene que salir y tomar el aire. Está el campo precioso en primavera.

El paciente intenta cumplir con el consejo…

– Le hice caso pero no paré de estornudar.

Una de dos. Los estornudos eran por un inoportuno catarro o por alergia a las gramíneas.

Si es el segundo caso, cuanto más adore el campo más estornudará, si sale a darse una vuelta.

Cuanto más ejercicio intente hacer, más dolor y cansancio padecerá tras el intento.

La clave reside en modificar la evaluación de enfermedad que penaliza la actividad.

– La fibromialgia es una enfermedad invalidante, real. El organismo evalúa erróneamente enfermedad y actúa como si la hubiera.

El paciente puede aceptar la propuesta del error evaluativo y ponerse las pilas para deshacer el error o aceptar la propuesta de la enfermedad misteriosa e irreversible, y acogerse a un programa multidisciplinar que tira de fármacos, mindfulness, masajes y ejercicio aeróbico para conseguir un moderado alivio.

Las dos hipótesis pueden ser válidas, pero no a la vez. O una o la otra.

Nosotros apostamos por la tesis del error evaluativo.

Otros por la de la enfermedad misteriosa.

Ambas propuestas aceptan la convicción de que el organismo actúa de modo patológico. El Sistema Nervioso no hace lo que debe.

¿Por enfermedad?

¿Por error?

Dar una oportunidad a la hipótesis evaluativa no contiene riesgos si se ejecuta con prudencia.

Dar el visto bueno a la propuesta de enfermedad puede cerrar el paso a la solución… si la propuesta evaluativa fuera correcta.

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Concienciar

 

El organismo es una sociedad celular en la que se integran múltiples y complejos procesos fisiológicos, de los que no nos percatamos ni somos informados.

Sólo disponemos del ámbito de la consciencia, un escenario en el que se proyecta, de modo integrado, fundido, lo que el organismo evalúa como relevante, y que demanda la atención del individuo para que se implique en ese estado evaluativo.

El organismo conciencia al individuo, o, al menos, lo pretende.

No sabemos cómo se generan los contenidos de la conciencia. Al parecer, para generar conciencia, la red neuronal aumenta el grado de integración de la información pertinente a cada escenario, interno y/o externo.

Los contenidos de la conciencia tienen una estabilidad variable. Pueden ser evanescentes, fugaces, o consolidarse, exigiendo con apremio la atención del individuo.

Ayer, al salir a la calle, noté un dolor bastante intenso en el maléolo externo del pie derecho. Le presté atención para negársela. Seguí andando, interiorizando la convicción (deseo) de que no sucedía nada relevante. En menos de un minuto el dolor se fue. Al cabo de un rato sentí un dolor parecido en el maléolo interno del pie izquierdo. Hice lo mismo y lo mismo sucedió.

No tengo una explicación para explicar qué pasaba en los maléolos. Nada relevante.

Puede que si hubiera prestado una atención angustiada al dolor, este se consolidara. Pudiera ser.

Muchos contenidos de conciencia no se correlacionan con nada relevante. El dolor, y otras percepciones somáticas, amagan, avisan, consultan, prueban al individuo.

La voluntad, el libre albedrío, sea lo que sea, nos permite dialogar con las propuestas del organismo en el ámbito de la conciencia. Podemos, hasta cierto punto, des-apreciar lo que aparece en la pantalla consciente.

En los llamados síndromes de sensibilización central, el organismo evalúa erróneamente amenazas varias que se hacen conciencia, en forma de síntomas.

En ocasiones el individuo atiende y comparte la propuesta inicial y el síntoma se consolida e intensifica.

Los expertos contribuyen con sus propuestas a la consolidación de los síntomas. Las etiquetas (migraña, fibromialgia…) contienen una interpretación de organismo enfermo en vez de una convicción razonable de salud.

El individuo puede y debe negarse a la propuesta de concienciación de enfermedad cuando no la hay

– Debe concienciarse de que padece una enfermedad…

De eso nada.

A la concienciación de enfermedad cuando no la hay, al enemigo, ni agua.

Concienciar es sensibilizar, implicar en una propuesta.

Si la propuesta de organismo es errónea, debemos negarnos a la concienciación, al engatusamiento somático.

Hay que recuperar la inconsciencia, apagar el ronroneo de los temores infundados del organismo.

– Soy un inconsciente. Lo sé. No ha sido fácil, pero merece la pena.

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Sin prisas y sin pautas

 

Una objección habitual tras la exposición de la propuesta pedagógica es la de que no damos pautas.

– Lo entiendo y comprendo pero necesito pautas.

No damos pautas porque no disponemos de ellas. Previsiblemente otros las ofrezcan, desde otro marco teórico.

Nuestro objetivo no es eliminar el dolor y otros compañeros de viaje sino modificar el error evaluativo de amenaza.

En el aprendizaje no hay pautas. Sólo herramientas a utilizar.

Primer paso: comprender la trama biológica del dolor. Su dependencia del aprendizaje tutelado por expertos.

– Su organismo es normal. Su cerebro tendría que gestionar su conducta desde la convicción de salud, pero no lo hace. Mantiene una conectividad de alerta, infundada.

– Ya, pero ¿qué hago?

Ayer la doctora Barrenengoa (Mariaje) expuso en el Centro cívico Aldabe de Vitoria, tras un nuevo episodio inaceptable de fallos técnicos que retrasaron (por tercera vez consecutiva) el inicio de la exposición, su trabajo con grupos de pacientes de fibromialgia, en Bilbao. Como es sabido por los lectores del blog, con la propuesta pedagógica un 65% de pacientes dejan de cumplir con los criterios diagnósticos de fibromialgia. El error evaluativo se ha desactivado, al menos durante ese período.

En el turno de preguntas, surgió la demanda lógica:

¡Pautas!

Subieron al escenario alumnos de los cursos de Bilbao, “desactivados”.

– ¿Pautas?. No hay. Interiorizo lo aprendido, refuerzo la idea de organismo sano, de ausencia de peligro si me muevo… El mindfulnes me ayuda… No es fácil y hay que esforzarse… tener continuidad… aceptar fracasos ocasionales… seguir…

La Pedagogía no es una terapia. NO es algo que ponemos a prueba. Nos limitamos a explicar conceptos, soportes sobre los que el individuo, conscientemente, modificará sus estrategias, jugará a dar con las soluciones, día a día, sin prisas, sin pautas.

He intentado muchas veces considerar la posibilidad de las pautas. Terapias complementarias, ejercicios imaginativos, no sé… No se me ocurren pautas. Puede que sea incapacidad mía.

En mi época de paciente invalidado por el dolor lumbar jugaba (exploraba) con el movimiento, inyectando convicciones (con alguna incertidumbre) a la vez que buscaba el modo de girarme, levantarme, sentarme, andar…

Poco a poco, sin prisas y sin pautas, se disolvió el bloque que impedía la función articular y el trabajo de los pequeños músculos. La columna dejó de ser columna. Recuperó su articularidad, la melodía de los pequeños movimientos.

Me temo que la respuesta, “no hay pautas” (o, al menos, no las tenemos ni ofrecemos) resulta insatisfactoria.

En música se denomina “papel pautado” a una cuartilla que contiene los pentagramas: cinco líneas paralelas sobre las que hay que ir colocando las notas.

El papel pautado admite notas de melodías conocidas, partituras ya escritas. Es lo que piden los pacientes. Algo ya escrito, que suene bien.

Pensamos que es el propio paciente el que tiene que componer su música, por supuesto oyendo músicas ajenas, pero dejando que su imaginación genera melodías propias.

Realmente lo que hay que corregir son creencias y expectativas y animar a aplicarlas.

Sin prisas, sin pausas, aunque no haya pautas…

 

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