¿Se cura el dolor crónico?

Jordi Montero es amigo mío. Hicimos juntos la formación como neurólogos en el hospital de Bellvitge. Prologó mi libro y escribimos una monografía (“Depresión y dolor”) juntos. Siempre me ha apoyado y le estaré agradecido.

Pero…

Con ocasión del lanzamiento publicitario de su reciente libro: “Permiso para quejarse”, en el que me cita en el prólogo y en los reconocimientos ha manifestado en una de las entrevistas que “el dolor crónico no se cura, hay que adaptarse y vivir con él”.

Ayer dio una conferencia en Vitoria para presentar el libro. Estuve con él pero desconocía la afirmación tajante de la irreversibilidad del dolor cuando es crónico.

Hoy he tenido noticia de la entrevista y debo manifestar mi desacuerdo radical con la afirmación.

Cuando decimos que el dolor es crónico simplemente describimos que ese dolor lleva más de seis meses. ¿Por qué seis? Porque así se ha consensuado. No hay otros criterios. No se habla de irreversibilidad.

Un dolor crónico puede aflorar en la conciencia como consecuencia de un proceso de destrucción y/o inflamación cronificado, continuado, de más de seis meses de evolución. Por ejemplo un cáncer  o la artritis reumatoide. El dolor es crónico (más de seis meses) porque el daño que lo genera también lo es. El dolor será irreversible en la medida que la enfermedad lo sea. Los fármacos prestarán alivio sustancial.

Otra cosa es que el dolor no emerja como consecuencia de un daño-inflamación. Las pruebas serán normales o de significado cuestionable.

– No tiene usted nada. Su dolor es crónico. Debe aceptarlo y sobrellevarlo.

– ¿Entonces, por qué me duele?

– El dolor a veces es en sí una enfermedad…, sin enfermedad que lo explique y justifique. Las redes neuronales no funcionan bien. Es algo complejo. Juegan muchos factores psicológicos, emocionales. A veces el cuerpo expresa sus conflictos y atascos a través del dolor, por una falsa vía. Esa falsa vía se ha automatizado. El dolor forma parte ya de usted., de sus memorias. Está profundamente arraigado en su personalidad, en su ánimo, en su angustia, en los vaivenes pasados, presentes y futuros. Se ha hecho crónico. Tendríamos que reconstruir una persona nueva con una biografía nueva. Ya no sería usted. Eso no es posible. Sólo podemos comprenderle y mostrar nuestra solidaridad. La natación, la meditación, los masajes y la ayuda psicológica pueden ayudarle a sobrellevar ese estado cronificado.

– ¿No hay otras pastillas?  No sé. ¿Corrientes? ¿No ha salido nada nuevo?

– Lo hemos probado ya todo. La ayuda de los fármacos cuando el dolor se ha cronificado es muy limitada. Un abrazo.

Cuando un dolor no dispone, afortunadamente, de un daño-inflamación que lo explique y justifique biológicamente podemos asegurar que el organismo está cometiendo un error “crónico” de valoración de amenaza.

Los errores cronificados no son irreversibles per se.

El padeciente no es responsable de llevar ya más de seis meses dolorido. El no construye las evaluaciones de amenaza. Lo hace su organismo en función de lo que sucede y también de lo que le dicen los expertos y/o la peluquera.

La que está cronificada, desde hace ya milenios, es una concepción errónea del origen del dolor cuando no hay daño relevante. Esa concepción ignora-desaprecia el origen evaluativo, cultural y saca a colación al propio padeciente, su personalidad, sus desventuras y debilidades, su pesimismo y desánimo o un supuesto y confuso” mal funcionamiento de las redes neuronales”.

Nunca es tarde si la información es biológicamente correcta.

Los que defendemos la vía pedagógica sabemos que la cronicidad (más de 6 meses) no es un factor de irreversibilidad.

Explicamos lo que el ciudadano tiene derecho a conocer y en muchas ocasiones al disolverse los errores evaluativos el dolor se disuelve en la misma medida.

No es ni fácil ni difícil, ni simple ni complejo. Exige un trabajo de comprensión y de cierto coraje para salir de la “zona de confort” de las terapias y consuelos.

– No me convence. ¿No hay un tratamiento?

– No. Hay lo que le he explicado.

– No me vale.

– Lo siento. Su resistencia se ha cronificado… Debe aprender a vivir con ella. Ya sabe dónde nos tiene por si cambia de opinión.

Curación es un térmico ambiguo. Se puede curar una herida, una infección. No se cura el dolor sino lo que lo causa. Podemos quitarnos el clavo del zapato para “curar” el dolor del pie.

¿Podemos modificar la idea errónea que el organismo se ha hecho de sí mismo? ¿Podemos curarla?

Podemos echar una mano. Informar y animar a plantar batalla desde el conocimiento.

Dice Ramachandran que el dolor es una opinión. A veces correcta y otras equivocada.

¿Se curan las opiniones?

Usted mismo.


Lo siento, Jordi. Sé que siempre has estado abierto a las críticas.

Un abrazo

 

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El cerebro migrañoso

En esta interesante entrevista se analiza la condición patológica que explica el encendido de las crisis.

Hay varias cuestiones a considerar:

1) El escaso interés que muestran los neurólogos por la cuestión, aun a pesar de ser un padecimiento frecuente, mortificador e invalidante. Así es. Lamentable.

2) No hay ninguna referencia al papel de “la circulación”. Es una buena noticia. El viejo dogma de la “cefalea vascular” ha caído. No es un problema de arterias que se contraen y dilatan. El dolor es rítmico pero no pulsátil.

3) La migraña es cosa de neuronas. Algo sucede en la conectividad neuronal que crea problemas. Absolutamente de acuerdo.

4) El cerebro migrañoso es sensible a los cambios. Todos los cerebros lo son pero hay que acertar a la hora de valorarlos. Ante una novedad enfocamos nuestros sentidos y activamos los recursos cognitivos para evaluar el nuevo escenario y seleccionar una conducta. Muchas veces la conducta es no prestar atención porque el escenario es irrelevante. El cerebro migrañoso mantiene la atención más tiempo. Atribuye un plus de relevancia potencial a los cambios, sean hormonales, meteorológicos, de hábitos, alimentarios… Presenta un déficit de habituación, de tolerancia, de desinterés hacia lo irrelevante. Es más vigilante, escrutador, analítico, explorador. Hay estudios neurofisiológicos que así lo demuestran, aun cuando también hay quien los refuta. También de acuerdo si los neurofisiólogos acaban poniéndose de acuerdo.

5) La imposibilidad de desatender estímulos genera ocasionalmente una saturación (especialmente en los cambios) que bloquea “la neurona” y ésta responde reseteándose. El estado de hiperatención se apaga y el sistema se reinicia pero con una crisis. El bombardeo de señales sensoriales no filtradas acumula glutamato en el espacio perineuronal y en la zona se produce el apagón (“onda de depresión cortical propagada”), expresado en forma de aura visual, sensitiva o del lenguaje y además se activan las terminales meníngeas del trigémino responsables de la aparición de dolor.

En mi opinión no se trata de un bombardeo general de estímulos sino de un estado de alerta que dirige la atención hacia la cabeza, en conflicto con la atención enfocada hacia la actividad que en ese momento el padeciente quisiera desarrollar. El reseteo (“normalización forzada”) puede marcar un cambio de estado neuronal que centra ya la atención en la relevancia de posibles sucesos amenazantes en la cabeza dando lugar a la activación de los correspondientes programas de protección (dolor, vómitos, intolerancia sensorial)

6) Se añaden vómitos e intolerancia sensorial y el padeciente quiere paz, silencio, oscuridad, ausencia de estímulos.

Las náuseas y vómitos indican que se evalúa amenaza interna y que el peligro puede haber entrado por vía digestiva. La intolerancia sensorial es una invitación a quedarse en el refugio evitando la exploración exterior y la interacción social.

7) Toda la condición es genética. El migrañoso nace con ese defecto en la programación que nos permite enfocar y atender lo relevante y filtrar y desatender lo irrelevante.

Los genes crean estilos generales de exploración. Hay genes más evitadores de daño y otros más buscadores de novedad. En cada escenario puede primar una u otra tendencia. Los genes no determinan la conducta sino que se limitan a favorecer un modo de aprendizaje. La conectividad cerebral se va construyendo y actualizando continuamente a lo largo del aprendizaje individual, en base a la experiencia propia, observación de la ajena y a la instrucción de expertos.

He leído con interés y agrado la entrevista porque centra la atención en cuestiones neuronales y ofrece una hipótesis plausible pero discrepo sustancialmente en varios puntos clave: 1) el supuesto fallo de programación, genético y 2) que el problema sea el bombardeo exterior de estímulos y la imposibilidad (genética) de filtrarlos.

Para mí el problema reside en la alerta excesiva a la amenaza interna, al modo sensible, fóbico, de afrontar la realidad como algo potencialmente peligroso por parte del organismo. Es un estilo quizás influido por los genes pero modelado por el aprendizaje. El organismo compite con el individuo por enfocar la atención en seguridad en vez de atender las necesidades del individuo y de esa tensión entre organismo e individuo surge el estado de saturación o bloqueo que acaba en la “normalización” (reseteo)  marcando la inclinación de la balanza hacia los intereses (miedos) del organismo, su seguridad física.

El individuo no debe someterse a la reclamación sino participar activamente en el conflicto de intereses, centrando la atención en sus tareas y despreciando la insinuación del cuarto oscuro. Ese es otro modo de desbloquear el berenjenal. Ganando la batalla.

No estigmatizar y alarmar al cerebro sino ayudarle a gestionar la seguridad de un modo razonable.

Conocimiento y libertad para llevar una vida normal.

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Cuarenta minutos

Estos días se ha publicitado un proyecto de investigación en el que se especula con la posibilidad de detectar un ataque de migraña cuarenta minutos antes de que aparezca el dolor. Ello permitiría, según los investigadores, tomar el calmante de inmediato y así abortar el proceso en sus inicios, con mayor garantía de éxito.

El padeciente llevaría un sistema de sensores similar al que llevan los deportistas para monitorizar sus variables mientras desarrollan el esfuerzo. Los datos que cumplan con el criterio “peligro, migraña a la vista”, transmitirían la señal al móvil del paciente alertándole de que la migraña se está gestando. Las variables sensadas serían pulso, sudoración, temperatura. Es decir, cambios que se corresponden con la activación del sistema nervioso autónomo (adrenalina, para entendernos).

De momento no es mas que un proyecto que busca correlaciones entre las variables monitorizadas y la aparición de las crisis. Dicen que han dado con las correlaciones y sostienen que ya han conseguido predecir la aparición de dolor. Queda pendiente comprobar si el calmante super-precoz consigue reducir el número de crisis.

La hipótesis de trabajo sostiene que la migraña se inicia con la activación de una alerta.  y la liberación consiguiente de adrenalina.

Se supone que esos cambios tendrían algún patrón específico en el caso de la migraña ya que la alerta puede surgir por múltiples motivos y expresarse a través de cambios en la sudoración, frecuencia cardíaca y temperatura cutánea. La alarma podría saltar de modo inespecífico. Incluso se puede especular que el llevar el artilugio facilita su disparo por hipervigilancia.

Imagino que todo eso estará suficientemente ponderado y que ya han dado con el patrón específico migrañoso de la alerta adrenalínica.

En definitiva: el diagnóstico precoz y el remedio inmediato. Una propuesta intuitivamente válida pero cuestionable.

No soy partidario de sensibilizar la vigilancia ni de utilizar el calmante precoz. En los cursos defendemos lo contrario: si el problema reside en una alerta infundada lo que procede es desatender la alerta y desviar la atención hacia la tarea en curso despreciando el requerimiento de un cerebro sensible que ve amenaza en escenarios absolutamente inofensivos.

Si un sistema de alarma modifica su sensibilidad cuando olfatea “robo” y los efectos de ese temor pueden ser sensados antes de que suene la alarma (dolor) permitiendo así al propietario ponerse unos tapones para minimizar el volumen recibido esa acción no debiera modificar la valoración de amenaza de robo. Estaríamos ante un sistema kafkiano:

– el sistema predice (teme) robo. El estado vigilante sensible genera variables que pueden ser sensadas en el edificio.

– la detección de esas variables genera un aviso al usuario de que en unos cuarenta minutos sonará la alarma.

– el usuario se colocará unos tapones preventivos para no oirla

– el sistema se relaja tras conocer que el usuario se ha colocado los tapones

– se relaja la tensión de la predicción y no se activa la alarma.

– los tapones han eliminado la amenaza

Sé que suena ridículo el razonamiento y que el organismo no puede actuar de una manera tan absurda.

Créaselo. El sistema neuroinmune nos defiende desde la lógica del miedo, de la incertidumbre y desde la instrucción experta de la vigilancia sensible.

El sistema debe aprender a vigilar y activar la alerta. El aprendizaje genera errores, falsos positivos y falsos negativos.

No pasa nada… si el error se detecta y corrige.

Sí pasa si se produce el sesgo de confirmación del error: “ha sonado la alarma, luego había peligro”.

En mi opinión el artilugio favorece la alerta y el sesgo de confirmación pero previsiblemente se beneficiará en ocasiones del consiguiente efecto placebo que, irremediablemente, traerá de la mano el efecto contrario del nocebo.

Los cuarenta minutos son cruciales, dicen.

Nosotros seguiremos con la educación en Biología, tratando de desarmar todo el tinglado del despropósito migrañoso.

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Nuevo curso para pacientes de migraña

Convocamos un nuevo curso intensivo (8 horas y una revisión de 4 a los dos meses) en Vitoria para pacientes de migraña el día 11 de Marzo.

Será la 22ª edición. Los interesados pueden informarse en el teléfono 696541479.

Hasta ahora la experiencia está aportando excelentes resultados globales, en relación a descenso de días de dolor, recuperación de actividad y reducción del consumo de fármacos.

Frente a las propuestas de la aceptación de que se trata de una enfermedad genética de origen misterioso e irreversible que debe aceptarse y sobrellevarse, la identificación y evitación de los desencadenantes, la detección precoz sensible del inicio de las crisis y la toma inmediata del calmante, nosotros ofrecemos una propuesta radicalmente opuesta.

La migraña tiene una explicación biológica plausible, razonable y, sobre todo, abordable. Cada crisis indica que en ese momento y circunstancia el organismo ha activado la alerta en la cabeza aunque no haya motivo para ello. Se inculpa a los genes y se desconsidera el papel fundamental del aprendizaje, un proceso consustancial a la vida.

La migraña no resulta de la expresión de genes migrañosos sino de un proceso de aprendizaje que en nuestra especie está poderosamente influido por la cultura, por la información experta sobre organismo.

El proceso de aprendizaje genera en el sistema neuroinmune, que es el encargado de vigilar y neutralizar agentes y estados peligrosos biológicos y físicoquímicos, fallos de evaluación, atribuyendo peligrosidad a estímulos inofensivos, tal como sucede en la alergia y enfermedades autoinmunes.

La migraña sería el equivalente a la alergia en la red neuronal.

Explicar el proceso de aprendizaje a un alérgico no modificará sus crisis y bien hará en identificar el alergeno y evitarlo o tratar de desensibilizarse de modo controlado cuando ello sea posible, pero en los errores de activación de programas defensivos por parte del sistema nervioso, por ejemplo en la migraña, la información, la imitación, son factores fundamentales que pueden y deben sanearse, no desde las múltiples ofertas de terapias y consejos de todo tipo sino desde la explicación detallada del proceso desde la biología.

No sólo debemos cuidar la alimentación, hacer ejercicio y gestionar debidamente el estrés sino también la información sobre organismo.

La migraña no surge por efecto de una genética que expresa supuestos “generadores” neuronales de migraña, ni por el detonante de cambios de todo tipo o transgresiones de una supuesta normativa de bien-vivir sino por la evaluación de amenaza que la red atribuye a cada escenario.

Esa atribución puede ser errónea y podemos corregirla utilizando la información y aplicando el conocimiento al afrontamiento sin miedo a los escenarios habituales de cada día.

Merece la pena conceder unas horas al conocimiento. Nuestro alumnado generalmente ha visitado todos los puestos del mercadillo de orígenes y remedios y acude a Vitoria desesperado con un nivel de conocimiento variable.

Creo que la experiencia resulta enriquecedora y liberadora y ofrece un nuevo marco y una nueva perspectiva de cara al futuro.

El cerebro crea en función de lo que cree y ha criado.

Todas sus decisiones (la migraña es el resultado de una decisión) provienen del conocimiento disponible.

Si ese conocimiento alienta la migraña sin motivo alguno, por error de valoración de amenaza, podemos y debemos aportar el conocimiento contrario, que puede devolver la autorización a la vida normal al padeciente.

No ofrecemos magia ni milagros.

Sólo conocimiento.

Los alumnos ponen el resto: comprensión y coraje.

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Cine en la conciencia.

La conciencia es ese espacio misterioso en el que pensamos, sentimos y actuamos.

El contenido de la conciencia no lo decidimos. Nos llega. Fluye como una película.

La conciencia es la pantalla en la que el organismo, a través de la densa e integrada conectividad de la red neuronal, nos relata una síntesis del pasado, presente y futuro de su interacción física y social con el exterior.

Nosotros somos a la vez espectadores y personajes. Aparentemente podemos influir en el contenido de la pantalla, modificar lo que allí se proyecta, al menos en parte. Podemos prestar una atención variable a la película, discrepar de lo que allí se sugiere, desobedecer las propuestas de conducta, no dejarnos llevar por los temores y deseos.

Eso parece. Estamos ante un cine interactivo que actualiza sus contenidos en función no sólo de lo que, realmente, está sucediendo sino de esa sutil y continua interacción con el espectador.

A través de los sentimientos el actor-espectador obedece las incitaciones de la peli y come, bebe, descansa cuando el guión lo sugiere-exige.

El cine del organismo a veces incluye el sentimiento doloroso. El espectador no lo ha decidido. Aparece. Lo exige el guión.

Con toda seguridad el organismo tendrá en ese momento sus temores y razones.

Imaginación y realidad en proporción variable. A veces sólo miedo.

Ante la duda, actuar como si lo imaginado fuera a suceder. Hambre si hay comida. Sed si hay agua. Dolor si podemos suspender o limitar, sin consecuencias, la actividad. Es la ley menos costosa. Por si acaso, si se puede, actuar como si lo temido fuera a suceder.

Los sentimientos somáticos fuerzan al individuo a cumplir con el guión.

El sentimiento doloroso se intensifica si el espectador se empeña en imponer su deseo de atender lo que le interesa y se esfuma al suspender la actividad y tomar el calmante tal como lo exigía el guión.

El guión está muy competido. Todos quieren influir en la trama, conseguir que el espectador actúe como ellos desean. Domesticarle.

Domesticamos animales, máquinas, procesos, guiones.

Nosotros también estamos domesticados, por nosotros mismos, por la historia individual y social en la que vivimos, en la película que nos hemos y nos han montado.

El cine de la conciencia no nos aclara lo que es realidad comprobada o imaginación desbordada. Realidad y ficción se presentan con la misma apariencia.

El dolor puede aparecer en pantalla por impacto de la realidad. Una fractura, un desgarro, una quemadura, un infarto. A veces sucede.

Otras muchas ese mismo dolor aparece de la mano de la imaginación. Está en el guión pero no hay una aclaración de que el personaje sea real o ficticio.

El espectador debe investigar si el dolor pertenece al mundo real de las lesiones-disfunciones-enfermedades-desequilibrios o, simplemente, al de los temores infundados o a lo que las infinitas películas ajenas han contado.

Los expertos se disputan la explicación y remedio del dolor.

Realmente no hay nada que temer. Los personajes son ficticios.

– No tiene usted nada. Es usted el que se provoca el dolor. Es psicológico

Muchos sugieren que es el propio espectador el responsable del horror de la peli. Se ha montado él esa película.

¿Es el animal domesticado el responsable de los efectos de la domesticación?

Si haces esto o dejas de hacer lo otro… te dolerá.

Para que deje de dolerte tienes que hacer esto o dejar de hacer lo otro…

Así es el cine. Así es la apariencia en pantalla de la domesticación.

Recuerde: es cine pero cine interactivo.

Actúe.

Infórmese, pierda miedo, defienda su guión.

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Hacer relajación

En el mundillo del dolor no explicado ni justificado los profesionales ofrecen sus consejos y sus remedios buscando el alivio del síntoma aun cuando este tenga un origen no desvelado.

Cuando los fármacos fallan se abre el arcón de las vías “alternativas” o complementarias. Masajes, dietas, energías, ejercicios, agujas, productos homeopáticos y demás terapias.

En la revisión del último curso de pacientes de migraña, una alumna comentó a su neuróloga el buen resultado conseguido incluso con el abandono de fármacos y el refugio en el cuarto oscuro.

-Me va bien. Ya no tomo nada y hago una vida normal.

– Vale. Cuando falle la “relajación” ahí tienes los fármacos…

Para la neuróloga su paciente estaba haciendo “relajación”. No le parecía mal pero auguraba que las aguas de la migraña volverían al cauce de la ortodoxia, con el infierno del dolor y los vómitos y que se repondría la cordura del auxilio farmacológico.

Bien mirado, no le falta razón. Realmente lo que se busca en los cursos es la relajación de la conectividad alarmista que evalúa amenaza cuando y donde no la hay.

Durante 8 horas explicamos el proceso migrañoso, la falacia de los mensajes profesionales, la trama del cerebro equivocado, instruído por la cultura experta en la vía de la protección irracional frente a todo. El conocimiento relaja en muchos casos.

“En la vida no hay cosas que temer sino comprender” decía Marie Curie.

Las explicaciones oficiales que desembocan en la propuesta de los fármacos generan miedo y no ofrecen comprensión. No hacen caso a Marie.

– Es un misterio. Sabemos que es genético. Tendrás la migraña de por vida. Debes seguir un tratamiento y llevar una vida ordenada. Previsiblemente saldrán remedios pero, de momento, es lo que hay.

A la conectividad del cerebro enmigrañado no le cabe otra que activar la alerta de modo indiscriminado como estrategia preventiva.

La “relajación” no es posible.

Los neurólogos creen que quien debe relajarse es el individuo. Yoga, mindfulness, masajes, psicoterapias. Les parece bien.

¿Curso? Pues bueno… no viene mal relajarse oyendo tonterías y falsas promesas… Ya volverán los fármacos.

Los alumnos libran batallas contra el desasosiego de los circuitos.

– Tranquilo, cerebro, no pasa nada. No tengas miedo. ¡Relájate!

Tienen miedo a lo que su cerebro haga y quieren que se relaje pero para ello deben desactivar las creencias y expectativas alimentadas por la cultura alarmista experta.

Muchos neurólogos padecen migraña. Ningún colectivo humano la padece tanto.

Quizás tendrían que hacer relajación

¿Por qué no un curso?

 

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Curso de dolor y movimiento

Junto con Maite Goikoetxea y Asier Merino, fisioterapeutas, organizamos un curso sobre “Dolor y movimiento” en Vitoria para los días 26 y 27 de Mayo. Los interesados podéis informaros en el teléfono 696541479 o en la dirección de correo infoescueladeldolor@gmail.com.

El curso abordará los nuevos paradigmas del dolor desde la Neurociencia y su repercusión en la actividad motora, con especial atención al dolor crónico en sus múltiples expresiones así como la fibromialgia y otros síndromes de sensibilización central.

La Fisioterapia es, en palabras de Patrick Wall, el gigante dormido del tratamiento del dolor. Suscribo la reflexión y creo firmemente que una renovada Fisioterapia, enriquecida con las aportaciones de la Neurociencia, es la que puede y debe aportar un marco teórico novedoso, potente, desde el que los atascos del dolor crónico pueden desenredarse y así permitir la recuperación de la actividad perdida.

El mundo del dolor, una vez se ha descartado un daño que lo explica y justifica debidamente desde su sentido biológico, está alimentado por expectativas y creencias disfuncionales que restringen y penalizan la actividad.

El organismo construye desde que aparece como embrión una narrativa interna sobre sí mismo, sobre su interacción con el entorno. Desde esa narrativa el sistema neuroinmune gestiona sus recursos defensivos, con un acierto variable.

En muchos casos, la valoración de vulnerabilidad y amenaza que el organismo se aplica a sí mismo no se ajusta a la realidad. Un organismo razonablemente sano, apto para la actividad cotidiana, puede estar evaluado como degenerado, vulnerable, desgastado y desde esa evaluación el organismo proyectará a la conciencia dolor, cansancio, temor… y aplicará programas motores protectores disfuncionales.

El dolor crónico emerge de un bucle erróneo de miedo, de fobia a la actividad. Intuitivamente el paciente busca evitar el dolor evitando la actividad o tratando de calmar el sufrimiento con fármacos, masajes, relajación… dejando activo ese bucle, que se alimenta a lo largo del tiempo.

Desde la nueva concepción se pone la diana de la intervención en la eliminación del miedo. Para ello hay que cambiar la narrativa interna, la idea de organismo y desde la convicción de salud suficiente, recuperar la actividad librando la batalla al miedo, con la exposición gradual a la actividad perdida.

El Fisioterapeuta debe conocer, comprender y aceptar críticamente el nuevo marco, y aprender a explicarlo al paciente a la vez que le guía en el proceso de recuperación de la actividad.

En el curso explicamos los nuevos conceptos de dolor y actividad y mostramos el modo de trasladarlos a la práctica.

El cambio de paradigmas siempre resulta emocionante, potencialmente enriquecedor y liberador pero exige un esfuerzo de aprendizaje que incluye modificar expectativas y creencias aprendidas con esfuerzo previamente.

“No hay que tirar al niño al cambiar el agua sucia del barreño” dice un adagio al respecto. En el cerebro no se tira nada. Se recicla. Todo lo aprendido en el pasado sirve para el futuro, lo que era y sigue siendo válido y lo que ya no lo es.

Toca actualizarse en nuevos paradigmas. No siempre forman parte de los planes de formación académicos.

Esta es una oportunidad.

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Buenos resultados del curso de pacientes

Ayer tuvimos la revisión de los pacientes de migraña de la edición Nº 19. De 13 acudieron 9. De cuatro no conocemos los resultados. De los 9 alumnos restantes, estos son los datos.

Respecto a los dos meses anteriores al curso, en los dos que le siguieron:

De 145 días de dolor a 38

De una intensidad media sobre 10 de 7,7 a 4,7

De 147 calmantes a 20

Habría que añadir un similar descenso en el vómito y supresión de actividades no laborales (los pacientes con migraña contrariamente a lo que maliciosamente se les supone, rara vez dejan de acudir al trabajo por una crisis; suspenden actos sociales).

Cuando la crisis asoma, ya no se precipitan a tomar el calmante. Siguen con la actividad programada, no rehuyen el chupito y, generalmente todo queda en un amago.

Notable el caso de tres hermanas a las que se les podría suponer una carga genética que les estaba condenando a padecer el infierno migrañoso de por vida.

¡Pues no!

Ha podido más la pedagogía que el supuesto impacto genético.

Notable también que en bastantes casos la migraña menstrual haya desaparecido o amainado, a pesar de que los “cambios hormonales” sigan estando presentes.

Llamativo el comentario de la neuróloga a una de las alumnas al conocer la contundente mejoría tras el curso, “a pesar” de dejar todos los fármacos: “bien, ahí tienes los fármacos para cuando se pase el efecto de la “relajación”.

Como siempre, la perplejidad de que el recurso a la pedagogía de la biología sea algo absolutamente desconocido, no sólo ignorado sino despreciado por quienes debieran interesarse más por cómo trabajan las neuronas.

En general incomprensión en allegados.

Sé que todo esto acabará imponiéndose por la fuerza del propio conocimiento pero a la vez que la alegría de la restitución de la libertad cotidiana sentimos rabia e impotencia por el exiguo interés y apoyo de los gestores de la Salud Pública.

En fin, que nos quiten lo bailado.

El sábado que viene tendremos una nueva edición. Siempre emociona el encuentro porque estamos convencidos de que devolverá el visado para vivir dignamente a la mayoría de los alumnos.

¡Salud!

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El modelo sandwich

Nos gusta ordenar la realidad, hacer compartimentos con una función específica. El organismo no es una excepción. Cada órgano, cada sistema, tiene una competencia exclusiva. Hace su trabajo y como en una cadena de montaje, pasa su producto al siguiente departamento.

Comemos; el aparato digestivo hace la digestión; se absorben los productos de esta; pasan a los departamentos metabólicos intracelulares, al hígado; los productos desechables son filtrados en el riñón y eliminados; los pulmones toman el aire y oxigenan la sangre; etc, etc.

En el cerebro sucedería lo mismo: los sensores neuronales (visuales, auditivos, cutáneos, viscerales…) tomarían datos de las variables del mundo externo e interno y los transformarían en señales electroquímicas informativas que llegarían a módulos de procesamiento que integrarían los códigos sensoriales de lo que en ese momento está pasando con la memoria de hechos pasados, con el conocimiento sensorial, para dar lugar finalmente a una acción.

Las cosas se perciben, luego se analizan y finalmente se procede a responder. Es el modelo sandwich: la cognición se encuentra emparedada entre lo que se percibe y hace.

Se impone el modelo secuencial unidireccional: la realidad impacta los sentidos, es percibida y luego toca a los módulos del conocimiento considerar la ventaja o prejuicio potenciales contenidos en ese mundo percibido para seleccionar la acción más rentable.

Los módulos de análisis de lo percibido serían emocionales o racionales; calientes o fríos; apasionados o lógicos. Quizás las dos cosas pero en orden: primero el impacto emocional, la consideración instintiva y algo más tarde el freno de la racionalidad.

Dicen los neurocientíficos que no es así, que el organismo no es tan modular, que sus compartimentos están fuertemente entrelazados informativamente y que la percepción, cognición, emoción y acción comparten un código común.

Los datos sensoriales activan una oferta de interacción (“affordance”) de modo inmediato, sin necesidad de considerar pros y contras. Cada acción contiene una predicción anticipada fiable de sus consecuencias sensoriales (“descarga corolario”).

Cada organismo construye, desde las restricciones de su especie y los diversos avatares evolutivos de confrontación con organismos de otras especies, una narrativa de probabilidades que se va puliendo a lo largo de la vida.

Lo que importa es la supervivencia física y social y no la veracidad.

No habría problema si cada individuo pudiera construir una narrativa libre, sin dependencias sociales (culturales). Probablemente no sobreviviría o lo haría a costa de convertirse en individuo de otra especie (“niño lobo”).

Estamos condenados a percibir-emocionarnos-evaluar y actuar desde la historia que en gran parte nos facilita el marco cultural en el que vivimos.

El organismo nos permite en ocasiones vivir razonablemente bien, adaptados a los parámetros internos y externos. Toleramos una amplia banda de variaciones. Nos habituamos, incluso a lo que objetivamente (probabilísticamente) puede resultar perjudicial (tabaco).

Otras veces el organismo construye una idea de peligrosidad generalizada que se expresa en todos los ámbitos: percepción, emoción, cognición, acción.

El resultado es un organismo percibido como enfermo (sintomático), interpretado como enfermo, padecido como enfermo y al que se responde con conductas de enfermedad.

 ¿Cómo salir de esa situación?

Podemos evitar la parte de realidad que está codificada como aversiva, potencialmente peligrosa.

Podemos tratar de contener el impacto emocional, reinterpretar cognitivamente lo que nos sucede, potenciar conductas de tolerancia a través de la exposición gradual a lo “prohibido”. La tarea siempre deberá contemplar todas las patas del banco. La codificación es común.

Desconozco las pautas que nos permiten hacer nuestro organismo más tolerante, aun a costa de exponerle objetivamente a un entorno más tóxico-estresante.

La cultura actual ofrece muchos modelos de bienestar. Unos optan por la vigilancia sensible de todo aquello que pueda contener una amenaza potencial y la evitación consiguiente.

Otros proclaman la fugacidad de la vida y predican la estrategia de probarlo todo.

Si el organismo está instalado en la convicción de enfermedad estaremos condenados a actuar desde esa enfermedad.

Los síntomas, el sufrimiento, la invalidez física y social reforzarán esa convicción.

Los profesionales buscarán el módulo responsable, la pieza del puzzle errónea para neutralizarla.

Etiquetas diagnósticas y terapias.

Serotoninas, histaminas, citoquinas, alimentos…

Un organismo es una narración más o menos veraz, más o menos funcional. Integra hechos pasados, presentes y futuros.

Esa narración no está en un lugar del cerebro ni es susceptible de modulación externa. Está en todas partes y se expresa a través de lo que percibimos, sentimos, pensamos y hacemos.

Somos una historia… Ya lo decia Oliver Sacks

 

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Inteligencia evaluativa

Dicen que nuestras decisiones provienen de una integración cambiante entre las propuestas de un supuesto cerebro emocional, caliente, instintivo, impulsivo, reflejo y las de su contrario: el cerebro racional, frío, reflexivo, lógico.

El cerebro emocional decidiría rápidamente, sin marear la perdiz, mientras que el cerebro racional se tomaría su tiempo; contaría hasta diez antes de decidir, conteniendo el impulso inicial de las respuestas emocionales.

Habría áreas en las que anidan las emociones, prestas a largar lo que los instintos, la intuición, los sextos sentidos proponen. Las contrarias contendrían el conocimiento racional, sensato, aquél que nos ayuda a ponderar los pros y contras de lo que decidimos.

El dolor es una decisión, una proyección-propuesta a la conciencia para que el individuo opte por una conducta de evitación.

¿A qué imputamos la decisión “dolor”: al cerebro emocional o al racional?

Dicen que la información nociceptiva, la que surge de los tejidos cuando estos tienen problemas que amenazan su integridad, camina por dos vías: la medial en dirección al cerebro emocional y la lateral al cerebro que analiza fríamente los datos.

Bloqueando el cerebro emocional sentiremos eso que habitualmente llamamos dolor pero no estará acompañado de sufrimiento. Seremos indiferentes a ese dolor descafeinado.

Bloqueando el cerebro analítico, el que nos dice cuándo, dónde y cuánto estímulo nocivo está produciéndose en una determinada área, no tendremos dolor propiamente, pero sí sufrimiento.

A través de la hipnosis podemos segregar estas dos facetas: la emocional que nos hace sufrir y la sensorial que nos permite ubicar y cuantificar el agente causante.

Aun cuando nos cuenten muchas veces que esto es así lo cierto es que el cerebro es un órgano altamente integrado entre sus diversas partes y el resto del organismo y este, a su vez, con el entorno y la historia que a través de todas esas interacciones se va construyendo.

La actividad cerebral tiene como objeto evaluar, desde el conocimiento y desde el miedo que ese conocimiento genera, el riesgo de posibles eventos, consumados, inminentes o simplemente posibles, aun cuando no exista ninguna evidencia de que se vayan a producir.

La evaluación integra el saber y el temer sin demasiadas garantías de que lo que se da por sabido y/o temido sea cierto o probable.

Muchos dolores afloran a la conciencia desde el puro miedo y el desconocimiento. Nada amenaza (ni parece que vaya a hacerlo) a un área corporal pero el miedo (emoción) y el desconocimiento (“tengo la columna hecha un asco”) se alían para concluir que la acción que pretende el individuo sea evaluada como amenazante, aunque sólo sea levantarse de la silla.

Evaluar riesgo en esa acción inofensiva es una acción poco inteligente por parte de los dos supuestos cerebros (emocional y racional).

No estaría mal considerar que tanto el cerebro emocional como el racional forman parte de la actividad evaluativa continua que precede a todas las “decisiones” del organismo.

El dolor emerge de un proceso evaluativo, en función de muchos factores coincidentes en tiempo, espacio y circunstancia.

Podemos y debemos evaluar conscientemente (emocional y racionalmente), ese proceso evaluativo y catalogar como erróneo, poco inteligente, un dolor que emerge fuera de cualquier amenaza real o potencial.

Ante una evaluación errónea lo que toca es mejorarla. Evaluar el dolor erróneo como tal y hacer algo para disminuir la probabilidad de que se repita. Aprender.

La evaluación errónea se combate considerando esas dos patas que dicen la conforman: la emoción y la razón, el miedo al daño y al dolor y la atribución errónea de enfermedad-lesión en la zona dolorida.

En estos casos el dolor certifica el miedo y el error de conocimiento.

¿La solución?

Combatir los miedos y corregir el desconocimiento

Pedagogía y exposición gradual a la actividad perdida, secuestrada.

Inteligencia emocional y racional, es decir, evaluativa.

Debe ayudar a su organismo a construir evaluaciones inteligentes. Usted forma parte consciente o inconsciente del proceso.

No sea un inconsciente…

 

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