Analgesia

Supongamos que acabo de sufrir un esguince de tobillo.

– Siento dolor en el tobillo.

Las terminales sanas de las neuronas nociceptivas de la zona han captado las señales moleculares de muerte violenta (necrosis) y  las han codificado en un tren de potenciales eléctricos que se conduce hacia diversos centros de procesamiento-respuesta, llegando desde los núcleos del tálamo (última estación de recepción de la información sensorial) a la corteza cerebral nociceptiva primaria. Desde esa zona cerebral de recepción se difunde la información por una extensa y compleja red de procesamiento. Su activación conjunta dará lugar al sentimiento de dolor, proyectado subjetivamente sobre el tobillo.

El dolor, como es ya o debiera ser sabido, no surge del tobillo sino del procesamiento complejo de las señales de daño del tobillo.

¿Cómo podríamos evitar el dolor?

Muy sencillo: saboteando la información del suceso del tobillo. Haciendo que no llegue la información a la red compleja que lo procesa y que genera el sentimiento doloroso. Podemos sabotear la información en las terminales de las neuronas vigilantes, con anestésicos locales, o la activación de la red final de procesamiento con anestesia general. De modo menos drástico podríamos reducir el tren de señales de daño con antiinflamatorios. A la red cerebral le llegará una noticia tuneada de que hay menos daño del que realmente hay. El resultado, engañoso: menos dolor.

Podemos recurrir a la morfina. En la primera estación de relevo de la información se bloqueará el tráfico de señales hacia los centros superiores. Resultado, menos dolor.

En todos los casos no hemos actuado directamente sobre el dolor. No se puede pues no es algo concreto. Existe la química de la generación y tráfico del mensaje de daño. Podemos ocultar o manipular la información y así dolerá menos.

El propio cerebro podrá bloquear el tráfico de la información de daño hacia las áreas que procesan la información de tobillo dañado. Libera sus “morfinas” y podemos no sentir dolor cuando huimos de un peligro con el esguince reciente. El cerebro “engaña”, “oculta” la información al individuo consciente, para que corra. Hay motivos. El dolor es el resultado de un proceso motivacional. Se calculan costes y beneficios de cada escenario y el resultado del proceso evaluativo se proyecta en la conciencia como dolor o no dolor para motivar al individuo a estar quieto o correr.

Supongamos ahora que en el tobillo no hay ningún daño pero duele… y mucho.

– Me duele mucho. Llevo años. Los analgésicos no me hacen nada

– No tiene nada en el tobillo. No le tendría que doler. Los analgésicos tendrían que haberle quitado el dolor. Puede que sea psicológico.

Realmente los “analgésicos”, las moléculas que saboteaban la información de daño, no sirven cuando no hay daño, por la sencilla razón de que no hay señales que sabotear. No tienen dónde actuar, sabotear.

– Ni siquiera la morfina me hace nada.

Actualmente sabemos que el dolor no es “psicológico” en el sentido que habitualmente se da a ese término. Se produce en la red neuronal defensiva como resultado de un proceso complejo evaluativo en el que se funden memorias, expectativas, creencias, temores, deseos… es decir: lo que manda es el organismo virtual, en este caso, el tobillo virtual, evaluado como dañado, aunque no lo esté.

En este caso los analgésicos-antinflamatorios no pueden hacer nada, más allá del placebo. Lo mismo pasa con otros fármacos.

Es una cuestión de “sensibilización central”, dicen. Las neuronas procesan mal la información. Para que procesen mejor se recurre a inhibir su excitabilidad con antiepilépticos, antidepresivos, ansiolíticos…

El modelo biopsicosocial sugiere que deben considerarse los factores psicosociales a falta de un daño que llevarse al procesamiento. Hay que relajar la red, hay que relajar al individuo.

Mindfulness, relajación, masajes, terapia cognitivo-conductual.

Hay que hacer ejercicio.

Quizás hipnotizar la red de procesamiento de las señales de daño.

Hoy día podemos apagar zonas de procesamiento con estimulación magnética transcraneal.

Entrenamiento amigdalar.

¿Placebos? Qué más da. El caso es que funcione la acción “analgésica”. Todo vale.

No pain, no pain.

Dice Ramachandran que el dolor es una opinión cerebral.

Digo yo que podría ser una opinión equivocada y que, quizás, se debería intentar corregir el error.

Detección de error evaluativo. Pedagogía. Quitar el miedo a vivir.

Eso es todo.

No hay que poner el foco en el dolor sino en el proceso evaluativo.

El dolor es un efecto.

Hay que ir a la causa: no hay daño. Error de procesamiento, por creencias y expectativas erróneas, plausiblemente promovidas por la cultura alarmista, por la cultura del analgésico como herramienta primordial.

– Me duele.

– No tiene nada dañado en el tobillo. Vamos a tratar de corregir el error evaluativo. Ese tobillo no necesita el estado de alerta-protección. Lo que necesita es que el cerebro promueva su actividad sin restricciones.

¡Hala, a correr!

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Nuevos cursos para pacientes de migraña, en Vitoria y Madrid

Convocamos una nueva edición de los cursos intensivos para pacientes de migraña: 16 de Marzo (revisión 18 de Mayo) en Vitoria y 27 de Abril (revisión 16 de Junio) en Madrid.

Los interesados pueden informarse en el tfno 696541479 para el curso de Vitoria y en el 661882208 para el de Madrid.

Para los neurólogos la migraña es una enfermedad cerebral congénita, una condición con la que uno nace y muere y para la que no se puede hacer otra cosa que llevar una vida ordenada y tomar los fármacos que ellos prescriben.

El cerebro, según ellos, procesa mal la información sensorial. Cualquier estímulo puede resultar en el desencadenamiento de una crisis. Determinados grupos neuronales, los “generadores de migraña”, en virtud de su condición patológica congénita de hiperexcitabilidad, se activarían espontáneamente o tras el empujoncillo del “desencadenante”, generando una serie de procesos que acabarían sensibilizando las terminales meningovasculares del nervio trigémino, produciendo “señales de dolor” que provocarían una espiral de retroalimentación, que sólo puede cortar el fármaco calmante de turno, tomado precozmente.

El chivo expiatorio es, para ellos, la genética. No cuenta el aprendizaje, el contenido que debe procesar la red neuronal.

En el curso explicamos la propuesta del aprendizaje: el cerebro que lo lía todo es un cerebro normal que procesa perfectamente … la información que le va llegando, emitida por diversos expertos.

El interior de la cabeza es un espacio opaco, en el que se va tejiendo la conectividad de cada escenario, según se suceden las experiencias propias de daño, la observación de daños ajenos y, sobre todo, lo que los expertos van contando sobre ese espacio opaco.

No podemos hacer otra cosa que fiarnos de la información experta. Los circuitos defensivos vigilarán y protegerán la cabeza desde la hipótesis alarmista de la sensibilización congénita, la necesidad de la vida monacal y la dependencia de terapias.

El individuo está cuestionado, en su soporte físico, en su temperamento psicológico y sus hábitos (aunque acabe renunciando a todos para encontrar alivio).

El miedo se hace con el ánimo de la red. Se impone el estado de alerta-protección. Cada crisis refuerza el error (sesgo de confirmación) y vivir se vuelve insoportable.

Frente al miedo a lo desconocido (propuesta oficial) ofrecemos la disolución de ese miedo desde lo conocido, desde la Biología del Sistema Neuroinmune, de su función evaluativa aprendida, de su dependencia cultural.

El cerebro está sano pero procesa información enfermizante.

Basta librarse de esa información, perder el miedo a llevar una vida normal, para que el estado de alerta-protección pierda caché y sea sustituído por un estado de vigilancia-protección sensato, comedido, que no sólo autoriza sino que pro-mueve una vida normal.

No hay nada que perder, salvo el dolor…

Una oportunidad para el conocimiento, para la Biología…

 

 

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Vidas arruinadas

Peter Goadsby es un prestigioso neurólogo británico que lidera en el tema de la migraña la opinión de lo que entendemos como “los expertos”.

La migraña, dice, es una enfermedad cerebral seria, heredada. No acorta la vida pero la arruina.

Cierto. Constituye la primera causa de invalidez en Neurología.

Un migrañoso nace condenado a una vida ruinosa, interrumpida con frecuencia variable por días de dolor insoportable, vómitos e intolerancia sensorial. Intentará llevar una vida monacal, privarse de todo, sin conseguir nada a cambio. Encontrará escaso alivio en los sucesivos tratamientos probados y escasa comprensión de su infierno por parte de sus allegados.

El neurólogo suscribirá la sentencia del lider máximo, P. Goadsby.

– Usted padece una enfermedad cerebral genética contra la que no podemos luchar con éxito. Hacemos lo que podemos. Ha salido un nuevo y prometedor tratamiento.

Este domingo tuvimos la revisión en Alcorcón de dos grupos de pacientes de migraña. Asistieron a clase, leyeron mi libro y pusieron en práctica lo aprendido.

La migraña, pienso yo, no es la consecuencia de una enfermedad cerebral sino de un aprendizaje tutelado por la información experta. No haga caso, en este tema, a quienes sostienen lo contrario. Su cerebro es sano. Procesa bien la información. No tiene “generadores de migraña”, neuronas hiperexcitables que se disparan y montan el lío migrañoso. El problema está en que procesan y aplican la información oficial que proveen los neurólogos.

Nuestro alumnado hizo los deberes. Leyó, meditó y aplicó con coraje lo que aprendió.

Menos días de dolor, menos intensidad, menos fármacos y la recuperación de los hábitos perdidos.

Cerebro enfermo heredado (P. Goadsby-comunidad de neurólogos) versus cerebro sano instruido en el error (A. Goicoechea, para servirles).

En mi opinión la propuesta oficial no es correcta. No sólo eso: forma parte del problema.

Un organismo que gestiona su seguridad física desde la convicción de enfermedad y que codifica cada crisis como confirmación de esa condición enferma (sesgo de confirmación) condena a su residente a la ruina, al secuestro.

Sosteniendo, con argumentos, la hipótesis de organismo sano gestionado por un cerebro equivocado por culpa de la cultura experta, no generamos ningún peligro. Conocer la trama básica de la actividad del Sistema Neuroinmune no tiene efectos secundarios nocivos.

El conocimiento de la Biología es liberador.

El miedo anidado en los circuitos de alerta-protección, se disuelve con la comprensión de lo que en ellos sucede.

– A veces comienza el dolor. Interiorizo lo aprendido. Desvío la atención a mis cosas y muchas veces se me pasa.

Podríamos mostrar innumerables testimonios de vidas arruinadas que han vuelto a la normalidad tras cambiar de marco teórico.

Los Fisioterapeutas han aceptado el cambio de paradigmas del dolor. Están inmersos en un proceso de autocrítica que les honra. Reconocen el daño causado con lo que antes proponían y proponen ahora justo lo contrario.

Nada hace pensar que la comunidad de neurólogos revise sus postulados, a la luz de lo que la Neurociencia va proponiendo.

Puede que sean los propios fisios y los médicos de atención primaria los que acepten el reto y se pongan a ello.

Ya en Vitoria lo vienen haciendo en el Centro de San Martín, con excelentes resultados.

No estaría de más que las Instituciones también abrieran los ojos y apoyaran el cambio.

Mientras tanto seguirán arruinándose vidas con la maldición de la supuesta enfermedad cerebral genética.

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Los malnacidos migrañosos

El migrañoso nace malnacido, con una condición genética que le condena a padecer las crisis de por vida, a poco que se descuide y se aparte de los exigentes e imposibles cánones de una vida ordenada, por dentro y por fuera.

Eso se dice en una entrevista más, en este caso a una cualificada neuróloga que  sentencia el carácter maldito de la migraña a la vez que promete el oro (para Farmaindustria) y el moro a los sufridos padecientes.

Dice que disponemos cada vez de más tratamientos específicos (¿?¿?¿?¿?) para la migraña. y que entraremos pronto en una época dulce pues ya tendremos los cacareados, y bien trabajados en su marketing, anticuerpos antireceptor de CGRP.

La CGRP es un mensajero neuronal que activa, cuando se libera, procesos de regeneración de tejidos destruidos (por ejemplo un infarto de miocardio).

Dicen que está aumentado en la migraña, aunque no haya nada que regenerar pues nada se ha destruido. Si administramos unos anticuerpos que bloquean su efecto estaremos impidiendo que el dolor se dispare tras cualquier fruslería.

No parece que eso genere mayor problema al organismo.

Realmente la CGRP se libera en la zona destruida para iniciar la reparación. La inflamación es la primera fase de esa regeneración. La CGRP la promueve. Si ponemos silicona en su cerradura, el receptor de CGRP, no podrá cumplirse el objetivo.

No sé qué sentido puede tener generar un estado similar a una enfermedad autoinmune.

Hay veces en las que el Sistema Inmune se equivoca y bloquea receptores de moléculas vitales. Por ejemplo en la Miastenia Gravis, el Sistema Inmune produce anticuerpos antireceptor de acetilcolina, la molécula que, entre otras cosas, inicia la contracción del músculo.

En la migraña lo que se dice es que las neuronas del trigémino liberan demasiada CGRP, creando un estado de sensibilización dolorosa y que basta reducir su nivel para que el dolor no aparezca.

Realmente el dolor no se origina en esas terminales sensibilizadas del trigémino, sino en una extensa y compleja red de áreas cerebrales, cuando evalúan amenaza de destrucción violenta de tejido en la cabeza. Ese estado evaluativo  puede ser correcto, en el caso de que, realmente, se haya producido el evento destructivo (por ejemplo una meningitis) pero puede ser erróneo, tal como sucede en la migraña. Si sobra CGRP es porque previamente está operando ese estado evaluativo. La CGRP se libera por mandato central, preparando la reparación de unos tejidos que se podrían destruir. El dolor no necesita sensibilización de las neuronas vigilantes del trigémino. Se basta la red de áreas cerebrales evaluativas para que aparezca en la conciencia.

Ayer tuvimos la segunda clase de un grupo de pacientes de migraña. Prácticamente todos habían mejorado tras la primera clase. Algunos, incluso tras haber violado intencionadamente todas las reglas de la mala vida, la ordenada y monacal, y haberse sacudido un par de vinos, chocolate o queso e irse de pingos, durmiendo poco.

No sé qué pasaría con sus CGRPs. Puede que en la azotea evaluativa no se diera la orden de su secreción pues ya no se temía que pasara nada en la cabeza.

En la mente de los neurólogos no caben, al parecer, cuestiones tan relevantes como el aprendizaje neuronal.

Para nosotros es la cuestión clave.

Se aprende y desaprende. Basta con informar de los procesos biológicos y espabilar.

No hay que bloquear la CGRP. Hay que sanear la función evaluativa, conseguir que se liberen mensajeros cuando haya algo razonable que ejecutar.

No hay anticuerpos monoclonales frente a las creencias sensibilizadoras.

Sólo el aprendizaje, guiado por…

¿Cui bono?

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Con los fisios andaluces

El Colegio de Fisioterapeutas de Andalucía me ha dado este fin de semana la oportunidad de exponer mis propuestas a 400 fisios, reunidos en Sevilla y Granada, en un cursillo de cuatro horas, que han tenido la amabilidad de titular: “Una tarde con Arturo”.

Con toda seguridad ha sido el momento más emotivo de mi carrera profesional y quiero expresar desde el blog mi profundo agradecimiento a los fisios andaluces, por el trato recibido, tanto en lo que se refiere a atender mis propuestas teóricas como a las necesarias birras y algún que otro Gin-tonic nocturno.

Inicié mi deriva teórica de la Neurología convencional ortodoxa al marco teórico biológico en el que ahora pretendo moverme, a finales de los ochenta. La singladura fue en solitario, con el exclusivo aliento de los pacientes que me apoyaban y el des-aprecio de colegas y pacientes, que desaprobaban de modo no argumentado lo que iba proponiendo.

Publiqué “Migraña, una pesadilla cerebral” y edité este blog en 2009. Por la misma época contacté con la SEFID (Sociedad española de Fisioterapia y dolor) y poco después di mi primer curso sobre Dolor y movimiento, precisamente en Andalucía (Córdoba), invitado por Zerapi (Jorge Alvarez Rivas).

Una vez jubilado, de la mano del Dr Aguirrezábal, colaboré en los grupos de migraña del Centro de Atención Primaria de San Martín, Vitoria.

Llegaron las conferencias, los Congresos y nuevos cursos, siempre con el calor y apoyo de los fisios y el desdén de otros colectivos profesionales.

Creo que si no hubiera tenido a mis queridos fisios no habría podido seguir. Siempre han estado ahí, en el blog, en Twitter, en los cursos.

Esta vez el Colegio de Fisioterapia de Andalucía me los ha reunido y he tenido la oportunidad de contarles mi peripecia teórica, primero en Sevilla y luego en Granada.

He firmado libros, compartido fotos y, sobre todo, he recibido el aliento del colectivo andaluz de fisioterapeutas.

Emociona sentir una ovación ejecutada por los mejores batidores de palmas del mundo.

Queda sembrada la semilla y sólo falta esperar a que la tierra de cultivo andaluza y los fisios andaluces hagan el resto. No es tarea fácil la de cambiar paradigmas, pero por lo vivido estos dos días, puedo albergar una esperanza renovada de que así será… al menos en Andalucía.

Gracias por todo

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Creencias y dolor

Desde el punto de vista de la Biología, el dolor está vinculado a incidentes consumados o inminentes de muerte no programada de células competentes.

Temperaturas extremas, energía mecánica o química potencialmente letal, gérmenes… son los agentes y estados que pueden generar la muerte no programada.

En base a la experiencia propia aprendemos a expresar en la conciencia como percepción de dolor los incidentes letales consumados o inminentes.

Lo ideal sería que el dolor sólamente apareciera cuando se da el estado de muerte no programada consumada o inminente.

La realidad es otra. Hay incidentes letales no expresados en la conciencia como dolor y hay estados inofensivos que proyectan la percepción de dolor.

La percepción está estrechamente ligada a la acción. Lo que percibimos sugiere, incita una acción. El aprendizaje codifica de modo integrado y bidireccional la emoción, cognición, percepción y la propuesta conductual.

¿Por qué en estados absolutamente inofensivos, no habiendo ningún dato sensorial que informe de la presencia de muerte celular no programada, aparece en la conciencia la percepción de dolor, a veces con una intensidad inusitada?

¿No basta la información de los tejidos sanos para desbaratar la hipótesis de un incidente posible-probable de muerte violenta?

La respuesta está en la creencia validada por la información de expertos.

A pesar de la evidencia sensorial de que no existe un estado-agente letal, la red evaluativa tira de la fe en lo que cree y teme, imponiendo su ley.

El temor al daño que genera esa fe basta para expresarse en  la conciencia como dolor y re-entra hacia la red confirmando sin oposición los temores previos. El dolor actúa como un dato que confirma lo evaluado. El sonido de la alarma valida la evaluación de robo que ha hecho que salte.

Hace viento Sur. En la red bulle la creencia-temor de una amenaza. Ese bullir coge fuerza y acaba generando dolor.

– Me duele la cabeza. Hace viento Sur.

El profesional valida la causalidad.

– Usted padece migraña y el viento Sur puede desencadenar la crisis.

Habría que desbaratar el bucle cognición-emoción-percepción- reevaluación.

– La migraña se aprende. Modifique sus creencias; no tenga miedo, no sucede nada donde duele; procure seguir son sus planes, truncados por el dolor.

Hay que crear condiciones de experiencia que inclinen la balanza de la evaluación de amenaza hacia la codificación de error de predicción tras cada incidente.

Dolor apoyado en creencias previas; educación para modificarlas; eliminar el miedo fóbico al dolor; actuar desde la convicción de la falsa alarma.

Nuevos datos para modificar hipótesis previas.

Creencias abiertas al cambio, por la evidencia sensorial de que no sucede nada amenazante.

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El error evaluativo (predictivo) neuroinmune

El aire contiene moléculas de polen, gramíneas, polvo doméstico…

El Sistema Neuroinmune, encargado de detectar amenazas, evalúa ese aire como peligroso y activa el estado protector, innecesariamente. Alergia a ese aire. Error evaluativo.

Células sanas, competentes del riñón, son evaluadas como amenazantes. El Sistema Neuroinmune activa programas de muerte y uno pierde sus riñones. Enfermedad autoneuroinmune. Error evaluativo.

Es fin de semana. El Sistema Neuroinmune evalúa amenaza en la cabeza y en lo que pueda comerse esos días. Mejor quedarse en casa, a oscuras. Migraña (dolor, vómitos, intolerancia sensorial). Error evaluativo.

Es un día normal como otro cualquiera. El Sistema Neuroinmune, por motivos que se nos escapan, evalúa enfermedad y activa los recursos de protección como si esa enfermedad existiera. Dolor generalizado, cansancio, rumiación, falta de concentración, sueño no reparador. Fibromialgia. Error evaluativo.

Duele la zona lumbar. Cualquier intento de moverse intensifica el dolor. Uno se siente rígido. El Sistema Neuroinmune ha evaluado amenaza en el movimiento y ha activado recursos de protección y desmotivación. Lumbalgia. Error evaluativo.

El error forma parte del aprendizaje. El componente evaluativo adquirido (aprendido) del Sistema Neuroinmune va a cometer errores, con toda seguridad, a lo largo del aprendizaje. La interacción del organismo con el entorno genera amenazas, no siempre evidentes. Ante la incertidumbre, el error menos costoso: evitar lo que no reúne suficientes garantías. No comer ninguna seta es más seguro que ir probándolas todas.

Rectificar es de sabios. El componente adquirido (aprendido) del Sistema Neuroinmune no es sabio de nacimiento. A través del error-ensayo-error va tolerando lo que de entrada evitaba y evitando lo que, por ignorancia, aceptaba.

No siempre da en el clavo. A veces evita lo inofensivo y otras acepta y promueve lo ofensivo.

El organismo es absolutamente opaco, inconsciente. Sólo la experiencia, el error-ensayo-error, permitirá ir afinando el proceso evaluativo, a veces, con heridas de guerra.

La observación de los errores ajenos puede evitarnos errores propios.

El consejo de los expertos en opacidades internas y externas nos alertarán de lo que debe evitarse. Etiquetarán enfermedades misteriosas y nos dirán lo que tenemos que hacer para minimizar el sufrimiento.

Migraña, fibromialgia, dolor ·músculoesquelético”…

No haga esto y lo otro. Le conviene esto y lo otro. Prevenciones y terapias.

El Sistema Neuroinmune, dicen, está enfermo. Evalúa mal, por causa de esa enfermedad. misteriosa. Es una enfermedad sistémica. Muchos factores se suman. Genes, emociones, alimentos, tóxicos, estreses, hormonas…

El caso es que el Sistema Neuroinmune alerta y protege de modo sensible, excesivo, innecesario. Residir en un organismo así es insoportable.

¿Y si el Sistema Neuroinmune no estuviera enfermo? ¿Si “solamente” estuviera equivocado?

¿Si fuera capaz de detectar el error y subsanarlo?

El aprendizaje del Sistema Neuroinmune se realiza en un entorno artificial, modificado por la cultura. Puede que esa modificación, que incluye el consejo de los expertos en opacidades internas y externas, facilite los errores. ¿Quizás demasiada higiene? ¿Quizás demasiados remilgos? ¿Es el organismo algo tan sensiblero, vulnerable e incapaz de adaptarse?

Los expertos encuentran hernias, desgastes, degeneraciones, contracturas, defectos estructurales…

Describen nuevas enfermedades. La civilización, el modo de vida…

¿La información puede ser patológica, inducir al error evaluativo?

¿No puede ser un error ignorar el proceso de aprendizaje y echar la culpa a los genes, estreses, alimentos y demás?

Personalmente pienso que tal error existe y que puede ser la clave. El Sistema Neuroinmune no es infalible.

La cultura puede inducir al error circular.

La cultura puede autoconsiderarse como infalible y no detectar y corregir los errores que comete.

Los neurólogos tienen más migraña que cualquier otro colectivo.

Puede que sea una enfermedad profesional.

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El dolor y sus evidencias

—-la percepción de dolor no sólo depende de la existencia de estímulos nocivos, tales como la severidad del daño en los tejidos, sino que es modulada por muchos factores psicológicos y cognitivos, como los estados emocionales, la atención, las emociones, expectativas, memorias y creencias. Los efectos de dichos factores se explican por el carácter complejo del dolor, que es parte de un Sistema de respuesta que alerta y prepara al organismo para hacer frente a situaciones de amenaza. Es más, tal como sucede con cualquier otra modalidad sensorial, el dolor no es nunca un mapa o representación perceptiva directa de un espacio físico. Sólo necesita ser eficaz para evocar respuestas conductuales adaptativas. Por ejemplo, en determinadas circunstancias puede no percibirse dolor en presencia de una lesión, mientras en otros casos, se percibe a pesar de la ausencia de daño en los tejidos. 

Además, la percepción debe ser fiable a pesar de la incertidumbre que facilita la información sensorial, y todo esto nos lleva a la teoría de la probabilidad.

A Bayesian perspective on sensory and cognitive integration in pain perception and placebo analgesia.

Anchisi D, Zanon M.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4321992/

Siguiendo la recomendación de una colega y amiga y dado que se exige la evidencia a todo cuanto se propone, abro con esta entrada una serie de propuestas teóricas habituales de este blog y que se explican a los alumnos en los cursos (migraña, fibromialgia, dolor crónico), precedidas de artículos que las soportan, con el label de la corrección formal de su publicación y la autoridad de quien las firma.

En los cursos explicamos conceptos de Biología del Sistema Neuroinmune, sólidamente fundamentados en la evidencia científica. En ocasiones se nos tacha de hablar sin el soporte de esa evidencia.

No hay que confundir la evidencia estadística (objetivable científicamente) de la mejoría experimentada por los alumnos, con la evidencia científica de los conceptos que explicamos.

Si bien tenemos constatación de la excelente respuesta “terapéutica” del alumnado, no nos centramos en ese objetivo sino en el de conseguir optimizar los recursos pedagógicos para trasladar en modo comprensible conceptos básicos del Sistema Neuroinmune.

Si los alumnos, consciente o inconscientemente, han asimilado lo que explicamos, hemos cumplido con el propósito.

Todos compartimos el deseo de que al modificar factores esenciales como la cognición, emoción, atención, expectativas, motivaciones, creencias y afrontamientos, más o menos conscientes, disminuya o cese la mortificación e invalidez del estado de alerta-protección innecesario.

A veces el deseo se cumple. Otras no.

Habremos cumplido con el objetivo si conseguimos que el alumnado sea consciente de la trama de los síntomas, su sentido evolutivo, su dependencia cultural en el curso del aprendizaje.

En esta primera entrada quiero resaltar las cuestiones fundamentales.

El dolor no informa directamente de lo que está sucediendo en los tejidos de la zona doliente.

La información generada en los tejidos amenazados se recoge y conduce a una extensa red de áreas del Sistema Nervioso Central, en las que se evalúa, junto a toda la información previa recogida a lo largo de la vida. De la integración de esa información sensorial de tejidos y del conocimiento previo disponible emerge en la conciencia el sentimiento doloroso.

El procesamiento es emocional. Basta el temor, la incertidumbre, para que aparezca el sentimiento de dolor en la conciencia, aun cuando nada amenazante suceda.

El organismo anticipa, predice, evalúa probabilidades, riesgos. Prefiere el por si acaso, mejor temer…

¿Duele?

Descártese un suceso nocivo actual en la zona.

Una vez descartado, analícense los factores psicológicos (memorias, creencias, atención, miedo, motivación, expectativas…)

Ignorar el trabajo continuo de los circuitos de vigilancia y protección que caracterizan a la especie humana es ignorar lo sustancial.

El individuo consciente no abarca todos los planos de actividad del organismo. La actividad biológica es absolutamente inconsciente, pero proyecta sus evaluaciones en la conciencia. En ese ámbito es en el que cabe una intervención del individuo, pero para que esa intervención sea productiva debemos dotar al alumno del conocimiento necesario.

De otro modo estará a merced de lo que consciente e inconscientemente ha ido aprendiendo a lo largo de la vida.

 

 

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