El derecho a no tener dolor

 

Una amiga mía ni siente ni padece una artrosis bilateral de cadera.

Por limitación mecánica le pusieron una prótesis en un lado y por el mismo motivo le pondrán la otra pronto.

Jamás ha sentido dolor.

– Tendrías que tener dolor.

– Es imposible que no te duela.

Los comentarios son de sesudos profesionales.

Sabemos a ciencia estadística cierta que no existe correlación entre artrosis radiológica y dolor. Con la edad los cambios radiológicos que definen la artrosis, son cada vez más comunes. La mayoría de ciudadanos indoloros los tiene.

Otros ciudadanos con cambios mínimos, sin embargo, padecen dolor severo.

No se entiende bien el empeño en que algo tenga que doler sabiéndose que puede ser perfectamente indoloro.

La declaración de la OMS sobre dolor dice que el ciudadano tiene derecho a que se preste todo el conocimiento y medios disponibles para tratar de aliviarlo pero no reconoce ningún derecho a librarse de él. Sólo nos garantizan el intento, muchas veces frustrado.

Puede que esa negación del derecho a no tener dolor explique la negativa a reconocer el derecho de alguien  a ¡no tenerlo!

– Tienes que tener dolor, obligatoriamente. Por decreto.

Tampoco se reconoce siempre el derecho a tener dolor… cuando se tiene.

– No puede dolerte. Es todo normal.

El problema viene de un error de principio:

Sabemos, por ABC de la neurofisiología del dolor, que no existe correlación entre daño y dolor y que este surge del cerebro y no de los tejidos.

También sabemos que los cambios artrósicos implican sólo una respuesta regenerativa, de calidad inferior a la restitución celular, pero que no tiene por qué generar respuesta de protección, es decir, dolor.

Muchos profesionales siguen actuando como si el dolor surgiera de los tejidos y que cualquier cambio en ellos lo explica y justifica.

Mi amiga cojea por la limitación articular pero sin dolor.

Ya ha renunciado a discutir.

– Es imposible que no te duela…

¿Será posible?

Increíble, pero cierto. No hay manera de que se acepten los nuevos paradigmas. Los actuales, aun equivocados, prestan buenos servicios.

Anuncios
Publicado en Medicina | Etiquetado | 1 Comentario

Xenofobia intelectual

Cuando alguien tiene noticia de algo contrario a sus convicciones, pone en marcha, con más o menos consciencia e intención, mecanismos mentales dirigidos a preservarlas frente a la amenaza del ataque que implica lo que se dice o dicen que se dice.

Las creencias funcionan como una propiedad, una residencia en la que se cobija el YO. En ocasiones lo que se dice es contrario a lo que se cree y el YO reacciona de inmediato, protegiendo sus bienes mentales. Esas ideas no son “de las nuestras”.

Una estrategia defensiva es la de ignorar las propuestas novedosas.

– No sé lo que dice ni me interesa.

Si a uno le va bien, para qué arriesgarse. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Ni qué decir si lo conocido genera beneficio, al menos, aparente.

No se comprende bien, sin embargo, la negativa a considerar un marco nuevo de interpretación cuando uno está invalidado por un dolor huérfano de explicaciones y alivio y hay una propuesta que contiene un potencial para comprender y solucionar lo que está sucediendo.

El cerebro tiende a la cabezonería y al gregarismo. Aceptará y probará cualquier propuesta que cuenta con aceptación social sin importarle si lo propuesto contiene o no un mínimo de sensatez biológica y rechazará lo extraño y contrario mientras quede algo conocido por probar.

– Por probar no pasa nada. No me importa en qué consiste. El caso es que funcione.

Otra estrategia consiste en recibir la información novedosa con pre-juicios y atención sesgada que modifican el sentido de lo que se dice.

– O sea que soy YO el que se produce el dolor. Pienso que me va a doler y duele…

El pre-juicio ha generado un mal-entendido. Bastaría una recepción mejor del mensaje para modificarlo.

– Estaba equivocado. Ahora lo entiendo. Es algo complicado ¿no?

La estrategia de rechazo extrema es la tergiversación.

– O sea que el dolor no existe. Me lo imagino. Lo manipulo. Ja, ja, ja.

Estos días, a raíz de la entrevista en la radio, he recibido comentarios de resistencia de todos los tipos. El mensaje está contaminado por malentendidos y tergiversaciones. Antes entraba al trapo de las aclaraciones. Ya no lo hago. Respondo a las sonrisas con otra sonrisa.

Una vez hecha la gracia casi nadie pide aclaraciones. Quien quiera recibirlas tiene a su disposición libros y blogs. Me tiene también a su disposición.

Los alumnos de los cursos tienen muchas dificultades para relatar lo que han aprendido y para que sus allegados bendigan el cambio. El boca a boca no funciona, como lo hacen los éxitos de las propuestas conocidas, familiares, “de las nuestras”.

La xenofobia contiene una raíz biológica poderosa.

Lo extraño se repele. El YO y el no YO no sólo se aplica al rechazo de tejidos ajenos.

El YO narrativo, socializado, instruido en un abanico de propuestas conductuales aceptadas, segrega los anticuerpos necesarios para neutralizar las ideas extrañas, novedosas, desconocidas.

– ¿Por qué no te tomas el ibuprofeno y te dejas de tonterías?

Estoy rodeado de amigos con lumbalgia, cervicalgia, cefalea… y de profesionales que saben que tengo una propuesta extraña. La conversación sobre la cuestión se limita al silencio activo o a la gracieta tergiversada.

¡Ay, señor! ¡Qué cruz!

Publicado en Medicina | Etiquetado | 10 comentarios

¿Son indisolubles las creencias?

¿Se puede curar el dolor crónico, la migraña, la fibromialgia?

Hay quienes afirman que no, de modo rotundo.

Si alguien afirma que se ha curado se podría deducir que el diagnóstico no era correcto.

– Llevo ya varios años sin una sola migraña.

– Ya no tengo fibromialgia.

– Eso es imposible. No tienen cura.

El dolor es una opinión (Ramachandran). ¿Se curan las opiniones?

El organismo necesita convicciones, creencias. De otro modo no podría actuar, predecir la realidad, protegerse cuando cree estar amenazado.

Necesita además que lo que cree tenga un mínimo de estabilidad, de firmeza. Un cerebro veleta, chaquetero, no tiene sentido.

Las creencias son liposolubles, se fijan a la grasilla cerebral y cuesta arrancarlas pero no es imposible.

Realmente seguirán ahí de por vida pero en un estado de activación, de vigencia, variable. Lo que ha sido creído no se olvida pero puede dejar de ser operativo, determinante, y ser relegado al camarote por otro conjunto de convicciones de signo contrario.

– Es increíble. Tenía todos los días dolor. Desde que he empezado con el curso, no me ha dolido.

Hay mucho incrédulo. No les entra en la cabeza que cambiando las convicciones que nutren el dolor, pueda disolverse, como por arte de magia.

Los incrédulos creen en realidad en cosas increíbles: en el viento Sur, los alimentos, memorias del agua, meridianos energéticos, ibuprofeno…

En la red neuronal no se tira ni disuelve nada.Todo sirve, pero los significados pueden cambiar. La creencia en los genes será operativa en los pacientes con antecedentes familiares de migraña, pues la evidencia parecerá abrumadora y estará corroborada por los expertos… pero puede bastar una explicación sobre los mecanismos poderosos de imitación en el seno de la familia para desactivar la convicción.

– Ahora sé que no son los genes sino el aprendizaje facilitado por el modelo familiar.

– Sé que la menstruación es un proceso de despegamiento delicado de la mucosa uterina, una apoptosis, como la caída de las hojas en otoño. No hay inflamación. Ya no tengo migraña ni dolor pélvico.

Increíble.

La imagen interior del evento menstrual seguirá en la conectividad de los recuerdos pero estará inactivada, como las creencias en los reyes magos o las cigüeñas de París y los niños.

El dolor muscular no nace en los músculos, sino en el cerebro.

¡Anda ya!

Publicado en Neurociencia | Etiquetado | 1 Comentario

Ortodoxia y dolor

Ayer tuve el honor de ser entrevistado por Almudena Cacho en el programa de Radio Euskadi “Más que palabras”.

La primera cuestión suscitada se refería a la evidente falta de ortodoxia de la propuesta pedagógica.

Algo es ortodoxo si es conforme a un conjunto de creencias o prácticas proclamado por la autoridad en la materia. La ortodoxia no garantiza ninguna virtud. Sólo obediencia, aceptación. Inclusión en una mayoría.

Desde la ortodoxia en dolor crónico se sostiene que este es irreversible y que sólo cabe avanzar en su alivio con terapias novedosas, dado que el dolor es en sí una enfermedad, caracterizada por un vicio de procesamiento central de las señales de los tejidos o por un proceso degenerativo (“los años”) que sólo puede empeorar.

Desde nuestra heterodoxia proponemos que el dolor (en ausencia de un daño que lo explique y justifique) es el producto de un estado evaluativo de amenaza erróneo, nutrido por una cultura sensibilizadora que lo genera y cronifica.

Las creencias y expectativas pueden ser agudas o crónicas, reversibles o irreversibles.

Un paciente con lumbalgia crónica creerá que el origen del dolor está en una columna degenerada, “vieja” y que eso no tiene remedio.

Si alguien padece fibromialgia creerá ortodoxamente que su organismo está afectado por una misteriosa enfermedad y que su dolor seguirá ahí hasta que se descubra el origen y, por tanto, el remedio.

La etiqueta “migraña” condenará de por vida a la reclusión recurrente en el infierno. Lo dicen los ortodoxos. Los genes mandan.

Desde la heterodoxia de nuestros cursos a pacientes, cambiamos creencias por conocimiento. Ese conocimiento es absolutamente ortodoxo respecto a lo que en este momento la Ciencia defiende como verdad más probable. Los alumnos aprenden conceptos ortodoxos con la Biología y heterodoxos, contrarios a la ortodoxia médica.

Lo que en una época fue una creencia ortodoxa puede pasar con el tiempo y por efecto del nuevo conocimiento a ser un error y la heterodoxia de quienes iban contra-corriente, mutarse en ortodoxia.

Las diatribas sobre la titularidad de la ortodoxia son estériles. Se fundamentan en argumentos de autoridad: “la comunidad científica internacional”, “los expertos” dicen… No se entra en contrastar conceptos, ver cuáles son falsos o ciertos.

Sostener hoy en día que le migraña es un dolor trigémino-vascular, iniciado en supuestos generadores centrales hiperexcitables, porque así lo determina una supuesta genética de excitabilidad, sin considerar el poderoso influjo del aprendizaje tutelado por la cultura y facilitado por la imitación, es ortodoxo, pero no se ajusta al conocimiento que hoy en día tenemos sobre la actividad neuronal.

Gran parte de nuestro alumnado aprende cosas y desaprende las contrarias. Desde ese nuevo conocimiento heterodoxo (minoritario), ignorado y des-apreciado por la comunidad mayoritaria ortodoxa, profesional y lega, los alumnos afrontan el día a día de un modo también heterodoxo, haciendo lo contrario de lo que les han sugerido en la ortodoxia.

A muchos les va bien. Menos dolor, menos terapias, menos gasto superfluo (ortodoxo) y más vidilla (heterodoxa).

El sábado tuvimos en la Clínica de Fisioterapia Asier Merino un nuevo curso intensivo con pacientes de migraña. Once padecientes-alumnos y un oyente (heterodoxo) fisio.

Una alumna nos regaló con una perla soltada por su neurólogo ortodoxo:

– No te morirás de esto pero te morirás con esto.

¡Jo!

Publicado en Medicina | Etiquetado | 1 Comentario

El gallinero neuronal

La red neuronal es de una complejidad inimaginable. Miles de millones de neuronas. Cada una recibe un número continuamente cambiante de señales y a su vez transmite su señal a un número cambiante de receptoras. Los puntos de conexión (sinapsis) alcanzan cifras estratosféricas, así como las posibilidades de activarse simultáneamente en un chispazo de unos pocos milisegundos.

De todo ese berenjenal de conectividad surge el espacio de la conciencia con apariencia de algo fluido, natural, que no trasluce el guirigay que lo origina.

Cada punto de conexión está competido. Las opciones son infinitas y sólo una gana, en cada milisegundo.

La red no espera a que suceda algo significativo para agitarse. Continuamente está en actividad, tejiendo y destejiendo una teoría, una predicción sobre la realidad externa e interna.

Los sentidos aportan información en tiempo real que ratifica o contradice lo que en el gallinero se disputa.

Las expectativas y creencias ponen un poco de orden. Son estados privilegiados de conectividad, que imponen su criterio, su predicción, bien por la información sensorial acumulada en el aprendizaje o por la credibilidad asignada a la información más o menos experta, por encima de lo que los sentidos informen.

Si duele es porque la red ha estabilizado una predicción de amenaza de daño.

A su vez la aparición de dolor en el espacio consciente certifica que existe esa amenaza. Retroalimenta positivamente. Ya tenemos el lío formado… si realmente no está pasando nada. Mucho ruido sin ninguna nuez.

No hay una fórmula mágica para calmar el gallinero. Sólo si se cumplen los ritos de conducta que la red exige (calmantes o lo que sea) se recupera el estado de normalidad.

– El ibuprofeno me quita el dolor. Si no lo tomo pronto, lo paso fatal.

Hay otra estrategia. En vez de ceder a lo exigido por la red agitada, podemos aportar información que inclina la balanza de los debates hacia una idea de la realidad más sensata. No hay amenaza. Sólo miedo. Insensatez. Adoctrinamiento. Dependencia.

– Comprendí lo que estaba pasando y comencé a actuar de un modo radicalmente distinto. Me va bien. Apenas recurro a los calmantes…Me tomo el chupito sin problemas, algo impensable hace unos meses.

Mañana tenemos otra edición del curso intensivo de pacientes con migraña. Hace el número 23, creo.

Habrá agitación en todos los gallineros neuronales, incluido el mío.

Espero que ganen las opciones de la racionalidad frente a los miedos.

La Biología actúa emocionalmente y cuesta, a veces, contener el miedo.

Espero que, como en otras ocasiones, el alumnado cumpla y recupere la autorización de sus asambleas neuronales para llevar una vida normal.

El domingo me harán una entrevista en Radio Euskadi, a las 10, en el programa de Almudena Cacho. Espero transmitir alguna agitación productiva a los oyentes.

Buen finde.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado | 2 comentarios

El acceso a la conciencia

La conciencia es un ámbito, un espacio-tiempo en el que el organismo se hace individuo.

En la conciencia se proyecta todo aquello que el organismo considera relevante para cada escenario.

No hace falta que suceda nada. Basta con que el organismo valore la posibilidad de que pudiera suceder algo, desde las expectativas que genera el conocimiento, las creencias, temores y deseos.

El organismo genera un flujo continuo de estímulos, procedentes del exterior e interior. No todos generan su correspondiente percepción, es decir, el acceso a la conciencia, tras ser sometidos a un complicado procesamiento de múltiples áreas cerebrales.

Se hace consciente aquello que pueda generar relevancia, atención, significado potencial.

Cada organismo teje una idea particular de lo que tiene o no relevancia.

El dolor emerge en la conciencia como consecuencia de un estado emocional del organismo al que podemos llamar “miedo”.

¿Miedo a qué?

Desde el punto de vista evolutivo, a que algo se dañe en ese preciso instante en el que aparece el dolor.

Si sentimos dolor en una zona podemos estar seguros de que el organismo está funcionando sobre la base de una amenaza consumada, inminente… o imaginada, de daño.

Los contenidos de la conciencia se nutren de realidad e imaginación. Si lo que sucede es relevante, basta el estímulo nocivo (un pinchazo, el contacto con algo caliente, falta de aporte sanguíneo…) para encender toda la red global del cerebro que abre el portón al mundo consciente:

¡Pase, pase!

Si las señales sensoriales son irrelevantes en sí mismas (hace viento sur, me voy a levantar, he comido queso curado) el acceso a la conciencia no viene determinado por esas señales sino por las expectativas y creencias que activan. Es el mundo imaginario el que abre el acceso.

– Me duele “la columna”

No son las señales de la columna las que activan toda la maraña neuronal que genera conciencia, hecha dolor, sino la conectividad que atribuye amenaza a una acción solicitada por el individuo. Antes de que lleguen las señales de la columna ya se ha activado el estado de conectividad responsable de la generación de valoración de amenaza, es decir, dolor.

– A su columna no le va a suceder nada. Levántese sin miedo.

– Pues me ha dolido.

No es esa hernia discal, ese disco “degenerado”, esa artrosis, esos músculos, esos nervios “pinzados”. Nada sucede en ellos capaz de activar el acceso a la conciencia. Si trasladáramos esas señales a otro cerebro, uno que no contuviera la conectividad del miedo a esa misma acción, no habría dolor.

– Tiene usted una columna razonablemente normal. Si quiere se la cambio. Lo que no le cambiaría es la idea que su cerebro se hace de ella.

El acceso a la conciencia se consigue con hechos o con hipótesis.

Lo deseable es que las hipótesis (temores) se muevan en el universo de lo razonable y que no haya eventos de daño.

– Tengo miedo a moverme. Me duele.

Los matices del lenguaje son importantes.

– El organismo teme que usted se mueva. Ese miedo genera conciencia de amenaza de daño, es decir, dolor.

– ¿Y qué hago?

– Elimine el miedo en su organismo. Recupere la actividad, aquello que dejó de hacer por el dolor. No sólo no es peligroso sino que es saludable.

– ¿No hay pastillas para los nervios… del organismo?

– Hay pastillas para inhibir globalmente la actividad de las neuronas, para hacer su luz más tenue. No hay que reducir la iluminación de todo el escenario de la conciencia. Hay que seleccionar lo que en cada momento y lugar tiene relevancia y enfocarlo selectivamente, apagando el resto. La acción de levantarse es irrelevante. El escenario de la conciencia no debe prestar atención a lo que allí sucede. Es puro ruido cotidiano, irrelevante.

– ¿Y ejercicios?

– Actividad, la que usted guste. Sin miedo.

El problema del dolor es un problema de conciencia, de selección de lo que accede a ella.

No tenemos la llave del acceso pero podemos hacer algo para que el organismo abra o cierre el acceso a la pantalla consciente. Podemos hacer algo para gestionar sus miedos.

– ¿Y qué me dice de la operación? Me han dicho que si no me opero puedo acabar en una silla de ruedas…

– Todo es posible, pero lo posible puede ser altamente improbable. También es posible que si se deja operar pudiera acabar en una silla de ruedas…

¿Dónde están las llaves? matarile-rile-rile…

Debieran estar en el departamento de la sensatez pero en ocasiones están en el del miedo, aunque ese miedo sea irracional.

Publicado en Medicina | Etiquetado | Deja un comentario

8 de Marzo

La mujer es una diana más fácil del dolor, en ausencia de daño relevante.

Dicen los expertos que son los “cambios hormonales” y los factores psicológicos (ansiedad, depresión) los que explican el dolor facilitado y se deja entrever con frecuencia, aunque no se diga, que, quizás, no haya tanto dolor como se confiesa.

Una padeciente del último curso de migraña contó a su neuróloga que se encontraba mucho mejor aun habiendo abandonado la medicación.

–  No sé si conoce al Dr Goicoechea…

– Sí.

– He hecho un curso…

– Ah…

Eso es todo.

————————————–

Marisol Perez de San Román es una compañera, médico de atención primaria, que colabora desde el principio en el trabajo con los grupos de pacientes de migraña.

Me ha enviado sus reflexiones para este día:

————————————–

8 de marzo

Dicen las estadísticas que las mujeres tenemos peor salud percibida que los hombres, aunque somos más longevas.

Consultamos más, se nos diagnostica con mayor frecuencia en los grupos de “síntomas mal definidos” y  en los llamados síndromes de sensibilización central (migraña, fibromialgia…),  tomamos más ansiolíticos y antidepresivos, y por supuesto muchos más analgésicos.

Probablemente son muchos los factores que influyen para que esto sea así  desde el rol de “supuestas perdedoras” en la escala social: las desigualdades salariales y de condiciones laborales, la doble jornada de muchas, la sobrecarga de los cuidados… Todo ello reconocido  y para lo que existe afortunadamente cierta sensibilidad en el sistema social y sanitario.

Paradójicamente en un medio cada vez más feminizado como es la sanidad seguimos manteniendo actitudes  paternalistas, y en muchas ocasiones fatalistas,  para todos los pacientes en general, y especialmente para las mujeres con dolor crónico.

La experiencia de intervención grupal en pacientes de migraña, basándonos en  el constructo teórico del Dr. Goicoechea, de más de 5 años de andadura, nos está dando la oportunidad de comprobar, grupo tras grupo, cómo hay otra forma de hacer las cosas en el campo del dolor crónico sin daño, cómo el conocimiento y la comprensión de lo que ocurre en el organismo tiene un efecto francamente  ” liberador”  para las personas: no sólo dejan de padecer síntomas molestos e invalidantes, sino que recuperan la normalidad, sin etiquetas de cronicidad, o de “hipersensibilidad” cerebral, donde no debería haberlas.

La experiencia de nuestros compañeros de Bizkaia en intervención pedagógica grupal para pacientes  de fibromialgia, también mujeres en su mayoría, me atrevo a asegurar que está siendo igual de ilusionante y positiva para los pacientes y los profesionales implicados.

Ya lo dijo M. Curie: dejamos de temer aquello que hemos aprendido a entender. Y  en muchos casos vale con eso, con dejar de temer, seas hombre o mujer, da igual.

Creo que tenemos la obligación moral de avanzar todos en este campo.

Gracias, Arturo, por explicarnos.

 

 

 

 

 

Publicado en Medicina | Etiquetado | 3 comentarios

Autoelectrocución

Se avecinan tiempos nuevos.

Las neuronas se comunican por señales electroquímicas. Hasta ahora sólo podíamos sabotear (perdón, neuromodular) la parte química con fármacos.

Eso se va a acabar. Podremos complementar o sustituir esa acción química con una corriente autoaplicada que bloqueará la transmisión de las “señales del dolor” en su camino hacia las áreas del cerebro que permiten el acceso a la conciencia.

No sólo eso. Aún en el caso de que este electrosabotaje periférico no bastara, podríamos modificar la actividad de dichas áreas cerebrales, inhibiendo las que facilitan el acceso a la conciencia o excitando las que lo impiden.

Todo ello sin efectos secundarios. Sólo una pequeña molestia por la corriente…

No queda claro si la electromodulación necesitará prescripción médica.

El paciente podría estar tentado de aplicarse las corrientes a su antojo. Quizás se podría evitar la autoelectrocución descontrolada con una contraseña.

Dispondremos de un mapa de oficinas cerebrales para todo. La serotonina, adrenalina, histamina, dopamina… quedarán obsoletas. No tendremos que corregir sus excesos o defectos. Bastará con aplicar el campo electromagnético, con los parámetros adecuados en la zona adecuada, para que el sufrimiento se disuelva o para que la felicidad nos envuelva.

Incluso tendríamos la opción de activar dichas áreas inhibidoras-excitadoras, volviéndolas fotosensibles a través de la optogenética y aplicando simplemente una luz.

Pacientes monitorizados con alarmas conectadas al móvil que activarían las oportunas descargas de corriente, campo magnético o luz sobre cables y circuitos…

¿Qué más se puede pedir?

No seré yo quien cuestione lo que el futuro puede deparar. Es inimaginable y, con toda seguridad,  superará lo que uno sueña.

Sólo me limito a precisar, en base a los avances recientes en las Neurociencias, que:

El dolor no se genera allí donde lo sentimos.

No existen señales de dolor.

No existen áreas cerebrales específicas del dolor.

No tenemos mucha idea de lo que es la conciencia y cómo se genera.

Desconocemos también cómo reaccionaría el organismo a este nuevo sabotaje de sus delicados y complejos equilibrios.

La supresión del dolor es una vieja aspiración de Homo sapiens (m.n.t.).

También lo es la búsqueda de la felicidad.

La naturaleza se interpone y nos niega el derecho a quitar y poner dolor o placer a nuestro antojo. No hace más que poner pegas.

En fin. De momento estamos ante una campaña de futuros y florecientes mercados.

La epidemia actual de dolor sigue ahí. Puede que el peregrinaje por el mercadillo de los remedios cuente pronto con nuevos stands, rebosantes de artilugios electrónicos…

Sobre todo, habrá que evitar la autoelectroaplicación no vaya a ser que nos electrocutemos.

Consulte a su médico… o ¿a su ingeniero?

Publicado en Medicina | Etiquetado | 2 comentarios

Fisios y MAPs

El programa de “Millenium” dedicado al “Dolor profundo”, es decir, dolor crónico, invitó a un neurólogo, a una psicóloga-paciente, a una anestesista de la Unidad del dolor y a un experto en salud, gestión y en evaluación de recursos.

En mi opinión lo que importa no es la titulación sino el marco teórico desde el que se opera.

De las intervenciones de los invitados podemos deducir este marco:

El dolor crónico es una enfermedad en sí misma.

Las posibilidades terapéuticas actuales no son satisfactorias. El futuro, como siempre, prometedor.

Los aspectos emocionales son importantes. El paciente debe sentirse comprendido y apoyado.

Hay que aprender a sobrellevar la enfermedad.

Se deben sumar las aportaciones de diversas especialidades. El equipo multidisciplinar.

En esta ocasión: neurólogo, psicólogo y Unidad del dolor. Fármacos y apoyo psicológico. Quizás en el futuro, “neuromodulación” con optogenética, campos electromagnéticos.

La propuesta es cara, compleja y poco eficiente pero se da por sentado que es la mejor disponible actualmente.

No es cierto. Hay otros marcos teóricos posibles:

El dolor crónico no es una enfermedad, en sentido clásico, sino una disfunción aprendida que puede y debe revertirse con una intervención correctora, utilizando las herramientas de la Educación en Neurociencia y la recuperación de la actividad perdida, a través de la re-exposición gradual confiada, con la tutoría de un fisio versado en la fisiología del movimiento.

Percepción, cognición, emoción, acción, evaluación, motivación: son caras de una codificación neuronal única. El marco actual debe revisarse en profundidad.

No hubo prácticamente ninguna referencia a esta propuesta. Unicamente la paciente-psicóloga sugirió que es fundamental la comprensión de lo que está pasando, sin especificar a qué se refería.

En el momento actual los únicos colectivos interesados en esta propuesta de aprendizaje disfuncional son el de los Fisios y el de Atención Primaria. Conforman una tendencia minoritaria pero creciente y cargada de argumentos y futuro prometedor.

Nuestro grupo trabaja con pacientes de migraña, fibromialgia y dolor crónico, en colaboración con médicos de Atención Primaria, fisios, enfermeros y psicólogos. Cualquier profesional que se interese por la propuesta es bien recibido y formará parte de ese equipo multidisciplinar alternativo. Sólo hace falta aceptar el marco teórico y ponerse las pilas.

La inversión de recursos es simple: un aula y un proyector.

Los resultados, excelentes.

El problema: hay que poner todo patas arriba; cambiar los paradigmas teóricos y la práctica habitual; pedir perdón a los pacientes por el daño causado…

Con unos pocos fisios y médicos apasionados por la “marejadilla” podría promoverse un cambio sustancial. Los eché en falta en el programa…

Con prisa y sin pausa.

La situación actual es insostenible, desde la mortificación e invalidez rampantes y el costo desorbitado. Puede que incluso el modelo forme parte del problema. En mi opinión, sí.

Primum non nocebere.

Pues eso.

Publicado en Medicina | Etiquetado | Deja un comentario

Demasiado para el cuerpo

Esta madrugada en el programa de la 2: “Millenium”, dedicado al dolor, se comentó que el dolor crónico aparece con la edad por la degeneración de los tejidos, que conlleva el vivir un exceso de años y que el cuerpo no puede aguantar. La cultura habría prolongado excesivamente la supervivencia y el cuerpo sapiens no aguanta tanto. Tiene fecha de caducidad. Garantía limitada.

Duelen los años, el desgaste, la degeneración. Normal.

“Si un día te despiertas y compruebas que no te duele nada, es que te has muerto”

Suena convincente, pero es falso.

Hay numerosos estudios que muestran “cambios degenerativos” progresivos en la columna en una proporción creciente de ciudadanos… en ausencia de dolor. Los tejidos capean los cambios inducidos por los años de brega mecánica sin que el cerebro valore amenaza, porque, realmente, no la hay.

En consecuencia, cambios con la edad, por todo el cuerpo, pero no necesariamente amenazantes; probablemente, adaptativos. La capacidad regenerativa celular disminuye con los años pero los parches “degenerativos” cumplen perfectamente la función de remiendo.

Plausiblemente lo que añade dolor a los años son las expectativas en muchos casos, alimentadas por la convicción de que los años “duelen”.

El dolor crónico no respeta ni siquiera a la infancia. Claro que podemos alegar asimetrías, escoliosis, vicios posturales, cargas (mochilas…) pero es una atribución precipitada y también falsa.

Dicen también que la condición bípeda nos pasa la factura del dolor lumbar. No entiendo bien cómo se puede llegar a sustentar dicha afirmación, pero tiene éxito.

Homo sapiens está condenado, al parecer, al dolor. Demasiada carga mecánica, demasiados años, demasiado estrés, pocas patas. De condición, sus dolores. Necesitamos bastones, ibuprofenos, prótesis, motorcitos, psicólogos.

 El cerebro es un órgano predictivo agorero con tendencia al catastrofismo. Si le meten miedo protege los tejidos con dolor, programas motores corsé, fatiga, desmotivación, rumiación cognitiva y con nubarrones en el horizonte.

– Si con cincuenta años ya tengo dolor cómo será cuando tenga 60…

El mejor antídoto contra el dolor, una vez descartado un origen que lo explica y justifica, es la actividad confiada y el mayor aliado, el miedo, la idea de cuerpo desgastado.

– Doctor, ¿qué me recomienda?

– ¿Qué le gusta hacer? Pues hágalo.

– Me encantaba bailar.

– Pues baile. Sin miedo. Su cuerpo lo agradecerá.

Se dijeron otras cosas en el programa.

Iré comentando.

Publicado en Medicina | Etiquetado | 2 comentarios