El cultivo de la migraña

Sostiene el Neurocientífico V. Ramachandran, previsiblemente sin evidencia científica para Osakidetza, que el dolor es (el resultado de) una opinión cerebral. Otros neurocientíficos, también sin evidencia científica, dirían que es (el resultado de) una decisión.

Habría innumerables alergólogos e inmunólogos que sostendrían, previsiblemente con evidencia cientifica para Osakidetza, que las alergias y enfermedades autoinmunes son (el resultado de) una opinión o una decisión errónea del sistema inmune.

Tanto el Sistema Nervioso como el Sistema Inmune se dedican a opinar-decidir sobre lo que constituye una amenaza para la integridad física del organismo. Opinan-deciden y actúan en consonancia con lo que opinan-deciden, desde el sesgo del “error menos costoso”, es decir, aceptando por seguridad un exceso de falsos positivos, dando por amenazante algo inofensivo.

En la alergia al polen el sistema inmune opina-decide que el aire que lo contiene es peligroso y despliega la inflamación en diversas mucosas. La inflamación alérgica sería, evidentemente, el resultado de un error de evaluación de amenaza. Sería además, y aquí surge el problema, un error no detectado sino todo lo contrario, consolidado a lo largo del tiempo.

La propuesta del origen evaluativo de la migraña se basa en la hipótesis de que el Sistema Neuroinmune opina-decide que la cabeza está amenazada  en un determinado escenario y, como consecuencia, emerge en la conciencia la crisis.

Evidentemente se trata de un error, dado que nada amenazante sucede en la cabeza mientras  el sentimiento doloroso y nauseoso campa a sus anchas. El Sistema Neuroinmune ha opinado-decidido erróneamente.

Esta es nuestra hipótesis de trabajo. Hay evidencia científica de que no soy ninguna eminencia. No he publicado nada en las revistas de las evidencias. No me dedico a publicar sino a estudiar, reflexionar y construir hipótesis plausibles.

La hipótesis del error evaluativo me parece plausible, no menos plausible que la del error inmune y me he dedicado a proponerla a profesionales y pacientes.

Gracias al Dr Aguirrezábal nos pusimos a aplicar la hipótesis, explicando el proceso de la migraña desde la óptica de la Biología actual y hemos comprobado que el sistema neuroinmune del alumnado reduce considerablemente la cuota de errores de opinion-decisión. Lo comprobamos en un estudio piloto y en un ensayo clínico aleatorio más adelante. El estudio no lo ha aceptado hasta el momento ninguna de las revistas a las que lo hemos enviado. Puede que haya problemas metodológicos. No entiendo de lo de publicar.

La cuestión reside en lo siguiente:

¿Cómo se cuecen las opiniones-decisiones del Sistema Neuroinmune? y ¿cómo debemos-podemos actuar para minimizar los errores evaluativos?.

No entro en el ámbito inmune pues no tengo competencia profesional para decir nada. pero pienso que las opiniones-decisiones de activar estados de amenaza, el proceso de aprendizaje que las genera, se aprenden, se cultivan.

La red neuronal es un medio de cultivo que recibe continuamente datos sobre la interacción del organismo con el entorno. Sobre esos datos, construye hipótesis, opiniones… y “decide”, a veces con acierto y otras sin él.

Hay mucha literatura neurocientífica que fundamenta la función evaluativa. Lamentablemente, no se ha trasvasado al ámbito de su aplicación clínica.

Las opiniones-decisiones de la red neuronal defensiva encuentran en la red sanitaria pública un medio de cultivo sensibilizante que propicia el que un 15% de los ciudadanos estén sometidos al despropósito de las crisis, de las evaluaciones erróneas no corregidas.

La función de Osakidetza sería la de promover un medio de cultivo que minimice los errores evaluativos, tal como se le ha propuesto.

Lamentablemente, Osakidetza ha optado por seguir promoviendo las condiciones culturales que permiten la germinación y desarrollo de las malas hierbas de la migraña.

Existe un colectivo de ciudadanos que consigue batir récords en el cultivo de la migraña: los neurólogos. Son los que disponen y fertilizan un medio de cultivo más adecuado, el de su evidencia científica. Creen en lo que predican y por ello las opiniones-decisiones migrañizantes de su sistema neuroinmune brotan con más facilidad.

La migraña no nace. Se cultiva… con fondos públicos y privados.

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Dolor. Fortalecer o debilitar al paciente. (1). Migraña

 

Recientemente Osakidetza (Servicio vasco de Salud) declinó la propuesta del modelo del error evaluativo neuroinmune y su aplicación en forma de cursos a grupos de pacientes, por entender que carecía de “evidencia científica”. Cabe pensar que el modelo teórico que promueve y esponsoriza sí está sostenido por la debida evidencia y que dicha supuesta evidencia justifica la provisión de los cuantiosos fondos que demanda, con modestos y discutibles resultados..

La propuesta rechazada está dirigida a situaciones de dolor sin causa que lo explique y justifique biológicamente. Me centraré en tres etiquetas solamente: “Migraña”, “dolor músculoesquelético crónico” y “fibromialgia”, pues son estas las que contamos con el conocimiento y experiencia suficiente como para opinar.

Osakidetza y la migraña

Aun cuando cada profesional actúa en conciencia libremente y, teóricamente, puede aplicar el modelo que considere más oportuno, la mayoría de los profesionales están instruidos en el modelo oficial, propuesto por los neurólogos.

La migraña, según este modelo, es una enfermedad genética. Determinadas áreas o centros neuronales, los “generadores de migraña”, en base a una condición patológica de hiperexcitabilidad, se activarían de modo espontáneo o por un “desencadenante”, generando secundariamente un extado de sensibilización extrema en las terminales del trigémino esparcidas por las meninges y grandes vasos intracraneales, condición esta exigida, necesaria y suficiente para que duela.

Los pacientes nacen ya con la condición. El modelo propone que nada se puede hacer para modificar dicha condición pero sí para aliviar sus consecuencias: 1) llevando una vida ordenada y saludable 2) identificando y evitando los desencadenantes  3) siendo supervisado por un neurólogo, quien, además de los consejos, prescribirá fármacos que deberá seguir, evitando la automedicación y 4) tomando el calmante con la mayor precocidad posible.

La migraña sería irreversible. El paciente debe adaptar su vida a esa condición y esmerarse en vigilar y detectar cualquier indicio que anuncie el encendido de la crisis. Yugulando precozmente cada episodio se impedirá que el camino neuronal que incendia la cabeza se refuerce con cada incidencia. Además de la vigilancia, apoyada actualmente por diversas apps que avisan por el móvil (¡en 30 minutos, crisis!) y la toma precoz del calmante, se llevará un diario de crisis (también hay apps para tal efecto).

No todos los desencadenantes son detectables ni evitables pero deben evitarse los evitables y se puede paliar el impacto de los inevitables. Los cambio hormonales, por ejemplo, justifican una modulación con preparados hormonales, los estados ansiosodepresivos, un antidepresivo-ansiolítico. No vendrían mal los apoyos psicoterapéuticos, los masajes, las relajaciones, las dietas y otros complementos de segunda fila.

Ponerse bajo la tutela de esta propuesta ¿fortalece o debilita al paciente?

Aparentemente lo fortalece. Detecta la crisis y permite la actuación inmediata con el calmante; rebaja el nivel de excitabilidad de su generador neuronal, con la vida ordenada y los tratamientos preventivos.

El paciente vive pendiente de su migraña pero, ya se sabe, en medicina el tiempo es oro. Diagnóstico precoz, prevención…

Genes, estilo de vida, monitorización continua y fármacos. Es el modelo moderno, científico, para los tiempos actuales. Previsiblemente en el futuro habrá aplicaciones de móviles que conectarán el monitor con un estimulador magnético transcraneal que inhibirá los generadores.

Puede que muchos pacientes estén satisfechos con el modelo. Han detectado y evitado los desencadenantes, han ordenado y saneado su vida, toman los preventivos y calmantes precoces bajo estricta supervisión médica y han conseguido un control aceptable de su condición patológica.

Los pacientes que nosotros vemos no corresponden, lógicamente, al grupo de los satisfechos. No han identificado los desencadenantes o son inevitables; llevar una vida ordenada sólo ha generado más aburrimiento; los fármacos ya no hacen nada; su neurólogo ya no sabe qué más hacer; han acudido al psicólogo; han probado todas las ofertas alternativas; esperan que alguna vez salga algo realmente nuevo y efectivo y sospechan que ya nadie les comprende ni cree. Se sienten débiles, frágiles, vulnerables, indefensos, desconcertados, desesperanzados, decepcionados, hastiados del mercadillo de los remedios.

Nuestros pacientes pertenecen al grupo de los irredentos. Han optado inicialmente a “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” y hasta que han agotado lo socialmente conocido, lo políticamente correcto, no conceden la oportunidad a esa propuesta novedosa extraña que acaban de conocer:

– Me han dicho que organizan unos cursos en el Centro de San Martín y en una clínica de fisioterapia(Asier Merino).  Sólo te hablan. Nada de fármacos ni terapias. Sólo te explican la migraña… Una amiga mía está encantada. Chica, ¿por qué no pruebas? Mal no te va a hacer.

Llevamos ya unos años y ediciones con los cursos. Controlamos los resultados. Hemos hecho un ensayo clínico aleatorio. Los resultados son excelentes.

Básicamente, les explicamos argumentadamente que no se nace migrañoso sino que se aprende a serlo, al calor de la cultura experta.

No damos consejos pero desarmamos la recomendación de los desencadenantes y les animamos a llevar una vida normal, protegidos por la convicción que da el saberse sano. Ellos toman sus decisiones.

Generalmente se libran de la tiranía de buscar el desencadenante o de temerlo si lo han identificado. Han re-desordenado su vida y son más felices. Prácticamente no toman fármacos. Tienen convicción de controlar las crisis cuando asoman, sin monitorización externa. La olfatean, interiorizan lo aprendido, desvían la atención a su tarea y siguen con lo que les interesa. “Me habéis librado de un secuestro”…

La propuesta pedagógica es sencilla, económica y eficiente. Lo único que hacemos es explicar la base biológica del dolor y su aparición fuera de contextos que lo expliquen y justifiquen biológicamente, a la luz del modelo del error evaluativo neuroinmune aprendido.

Osakidetza ha optado por la estrategia de “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” y, escudándose en la afirmación gratuita de que falta evidencia científica, se limita a tolerarlo, renunciando a un ambicioso programa de alfabetización de profesionales y ciudadanos en algo que cada vez resulta más apremiante: la Biología del dolor.

El paciente activo, ilustrado, “enpoderado” (fortalecido, habilitado).

Aquí han tenido una oportunidad y, digan lo que digan cuando hablan de modelos de salud pública, en esta ocasión la han desperdiciado.

Siempre hay tiempo para rectificar. Esperan para hacerlo que publiquemos lo suficiente como para ser políticamente correctos.

No sé si lo conseguiremos pues exige muchos empeño y tragaderas.

Seguiremos trabajando en lo biológicamente correcto.

Tenemos todas las evidencias de que lo que explicamos se ajusta a la Ciencia y podemos demostrar que no todo lo que se predica como evidencia se ajusta a la corrección biológica, por más corrección política que ostente.

Que alguien nos discuta que lo que explicamos no es biológicamente correcto…

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Osakidetza. Evidencias e invidencias

Ayer, Osakidetza (Servicio vasco de salud ) dio la espalda a la propuesta de aplicar la intervención pedagógica grupal, basada en el modelo del error evaluativo neuroinmune aprendido.

Muy interesante lo que hacéis. Nos parece bien que sigáis… pero no lo apoyamos, es decir, no ponemos ni un duro para que lo hagáis. Podéis seguir dedicando vuestro tiempo libre a trabajar con los pacientes en nuestros locales y no os desalojaremos.

No hay evidencia científica que justifique la inversión que os negamos.

Palmadita en la espalda. Buenos días.

He trabajado para Osakdetza toda mi vida profesional, con carácter exclusivo.

Allá por los 90, consciente de que existía un problema de salud colosal en torno a los denominados “Síntomas sin explicación médica”, que en mi caso (soy neurólogo) se centraba fundamentalmente en el dolor de cabeza y el mareo, dediqué muchas horas a la escucha atenta a los pacientes y al estudio y reflexión de algo evidente pero que hasta entonces no había visto:

Una parte sustancial de la población estaba mortificada e invalidada por un dolor absolutamente real para el que los profesionales no disponíamos de explicaciones ni soluciones satisfactorias. En muchos casos llegábamos incluso a dudar de la realidad de ese dolor y recurríamos a las manidas y odiosas sospechas del origen “psicológico”.

Poco a poco fuí construyendo mi modelo del error evaluativo neuroinmune aprendido. Lo escribí y describí en el libro “Migraña, una pesadilla cerebral” (2009).

Durante todos esos años informaba a mis pacientes de lo que iba aprendiendo y algunos, luego bastantes y, finalmente, muchos de estos pacientes, comprendían y aceptaban la explicación y sus misteriosos síntomas se disolvían.

Tambien en otros lugares del planeta, otros investigadores llegaban a conclusiones similares. Había nacido la “Educación terapéutica en Neurociencia”, la habilitación del paciente para gestionar su problema, una vez vista la incapacidad de la Medicina de las sagradas evidencias para hacerlo. Los cuantiosos fondos dedicados por Osakidetza, supuestamente para paliar el dolor, eran útiles en el contexto del dolor asociado a daño tisular (cirugía, cáncer) pero no en el del dolor sin daño que lo justifique biológicamente, es decir, en el dolor crónico, migraña, fibromialgia y un largo etcétera de etiquetas pseudodiagnósticas.

Estuve predicando en el desierto de la salud pública hasta que me jubilé.

Afortunadamente para mí y los ciudadanos del barrio de San Martín, de Vitoria, el doctor Iñaki Aguirrezábal se interesó por lo que hacía y nos reunimos muchas veces para poner en marcha la intervención pedagógica en grupos de pacientes de migraña. Tambien afortunadamente, la dirección del Centro de San Martín apoyó el proyecto y cedió el aula para las clases.

La intervención fue un bombazo. El alumnado se puso las pilas. Escuchó atento en las clases las explicaciones de Iñaki, Marisol y mías, compró el libro de texto (Migraña, una pesadilla cerebral) leyó con interés los apuntes de Cristina Arenaz (paciente y desinteresada colaboradora) y tomó sus propias decisiones, desde el nuevo marco teórico. Controlamos los resultados. Hicimos un ensayo clínico aleatorio (ECA), que no hemos conseguido que se acepte para publicación, hasta el momento-

Más del 70% de reducción de días de dolor, escala de invalidez y consumo de fármacos.

Con la intervención pedagógica, no sólo ganaron los pacientes sino también Osakidetza (menos bajas, más energía en el trabajo, menos fármacos) y los bares (más cenas y chupitos). Sólo Farmaindustria se resintió de la intervención pero en la despreciable relevancia de nuestra pequeña muestra, 12 pacientes por grupo.

Poco a poco se interesaron otros colegas. Mi hija Maite y mi yerno Asier, ambos fisioterapeutas autónomos, se sumaron con coraje y no sin riesgo, a la tarea. Se fundó la SEFID, Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor que impulsó el cambio de paradigmas emergente.

Edité el blog, dímos cursos y conferencias allá donde nos lo solicitaron. Comenzaron a acudir profesionales de otras regiones y la intervención pedagógica grupal desde el modelo del error evaluativo aprendido (organismo sano, gestionado por un cerebro equivocado) se fué aplicando fuera de Vitoria. La doctora Barrenengoa puso en marcha la intervención pedagógica en Vizcaya con grupos de pacientes de fibromialgia, con éxito notable- Casi el 70% de las pacientes dejaron de tener los síntomas exigidos para validar la etiqueta “fibromialgia”.

Los fisioterapeutas Miguel Angel Galán y Federico Montero, de Valladolid, aplicaron su propia versión del modelo, desde el mismo marco teórico, también con éxito notable.

¿Evidencias, dicen ustedes, señores de Osakidetza?

Es evidente que tenemos un grave problema de salud pública, el del dolor sin daño.

Es evidente que lo que ustedes gastan en tratar de paliar el problema no sólo no no palía sino que lo amplifica.

Es evidente que el problema está empeorando.

Es evidente que los paradigmas teóricos vigentes en dolor (la Ciencia normal, que diría Thomas Kuhn) están obsoletos. El dolor no es una cuestión de tejidos, sino de cerebro evaluativo.

Es evidente que hay un diminuto grupo de profesionales y pacientes que está apasionada y desinteresadamente dedicado a estudiar, comprender y aplicar el modelo, en sus horas libres y a sus espaldas, eso sí en los locales que ustedes generosamente autorizan.

Es evidente que lo que explican está amparado por la Ciencia. Medicina basada en la Ciencia.

Es evidente que el alumnado de los cursos está absolutamente encantado y agradecido por el trato recibido y por los resultados y que no entienden cómo se ha tardado tanto en darles la oportunidad de aprender lo que ahora saben y aplican.

Es evidente que muchas de las cosas que se dicen a los pacientes por parte de los profesionales que ustedes pagan no debieran decirse porque no hacen mas que empeorar la situación (efecto nocebo). Hay evidencia abrumadora al respecto. En este caso ustedes aplican la invidencia de la evidencia.

Es evidente que muchas intervenciones”terapéuticas”, farmacológicas y quirúrgicas, aplicadas sin ninguna objeción, no cuentan con ninguna evidencia de su utilidad o, incluso, están evaluadas como inútiles y perjudiciales.

En Castilla y León, la Consejería de Sanidad ha escuchado a los fisios Miguel Angel Galán y Federico Martín y ha promovido y esponsorizado un programa de intervención pedagógica grupal, siguiendo el modelo que ahora ustedes rechazan.

Su rechazo no será noticia en los medios. Este blog puede que sea el único que refleje lo sucedido. No creo, por tanto, que las consecuencias de su decisión les preocupe.

El apasionado, desinteresado, informado y generoso grupo de profesionales al que ustedes han decepcionado, está profundamente dolido con su desaire. Supongo que seguirán en la brega por imperativo ético y porque son incapaces de negarse a seguir siendo lo que son.

Ustedes nos hablan de evidencias.

Para nosotros no es una cuestión de sus evidencias. Las conocemos perfectamente y, por ello actuamos como actuamos.

La Medicina de la Evidencia tiene sobre su mesa todas las que quiera y escogerá las que  se ajustan a sus deseos.

Primero decidimos y luego buscamos razones.

Ustedes ya sabían lo que querían y preferían decidir. Han buscado las razones y las han encontrado en la “falta de evidencias científicas”.

Nosotros seguiremos buscando conocimiento científicamente validado y lo explicaremos a los ciudadanos pues les asiste el derecho a ello.

Una cosa es la evidencia y otra la invidencia.

Ustedes no quieren ver lo evidente.

Buenos días.

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Equivalentes migrañosos

 

La “migraña” es una etiqueta que define un conjunto de síndromes de diversa expresión. En el adulto la etiqueta describe la presencia, en el relato del paciente, de episodios recurrentes de dolor (con cierta frecuencia unilateral), nauseas-vomitos e intolerancia sensorial. Digamos que es la forma madura, consolidada.

Antes de establecerse como tal “migraña” adulta, sea lo que sea lo que la genera, acostumbra a expresarse en la infancia de otras maneras, con otros síntomas, en distintos y cambiantes lugares (tripas, miembros, cabeza). A veces acaba extendiéndose por todo el cuerpo (¿fibromialgia?)

Puede doler la tripa, en vez de la cabeza, o una extremidad.

Puede no haber dolor sino una crisis de vértigo o tortícolis.

La condición “migrañosa”, por tanto, no es determinante. No es algo que, en origen, afecte a estructuras de la cabeza, por ejemplo terminales vasculares o meníngeas del trigémino. Más bien se trataría de un estado, de un modo funcional, hipervigilante e inmaduro,  que va generando problemas diversos, según se proyecta sobre lugares y funciones en desarrollo.

– Tengo vértigos, migraña. fibromialgia, cervicales, lumbares, colon irritable…

No es que el paciente acumule varias enfermedades sino que padece las consecuencias de un modo o estado funcional de su sistema neuroinmune, caracterizado por la hipersensibilidad, la hipervigilancia somática, el exceso en la atribución de peligro a agentes y estados banales y, por tanto, a la activación innecesaria de recursos de protección que aparecen en la conciencia en forma de sentimientos de enfermedad, es decir, síntomas.

Los errores del aprendizaje son normales. No sucede nada si se detectan y se corrigen.

La patología del aprendizaje aparece cuando el error no es detectado como tal sino como acierto, iniciando el bucle que lo consolida.

Los pacientes se limitan a relatar lo que aparece en la pantalla consciente.

– Me duele. Todo me da vueltas…

La responsabilidad de detectar el error y corregirlo recae en el profesional. Lamentablemente se procede a etiquetar y prescribir remedios, dejando vivo, revivido, el error.

– Es una migraña. Ha salido a usted. Tiene que detectar y evitar desencadenantes, llevar una vida ordenada y seguir este tratamiento. Es una enfermedad misteriosa e incurable. Debe asumirlo.

Ese es un camino, el seguido con abrumadora mayoría. En mi opinión es un mal camino

Hay otro, en dirección contraria, transitado por muy pocos.

– El sistema neuroinmune del organismo de su hija está aprendiendo. Lo hace desde el miedo al daño. Todo puede ser nocivo hasta que no se demuestre lo contrario. A veces comete errores y esos errores de alerta-protección se expresan como dolor o vértigo. Explíqueselo. Tranquilice a su hija. Háblele del organismo, de la Biología, del aprendizaje. Disuelva el miedo patológico, fóbico. Los calmantes son muy eficaces en los niños, pero iguales al efecto placebo. Si los utiliza, sepa que está utilizando el placebo, el engaño. Está cerrando el bucle de la consideración de enfermedad que necesita una terapia…

El dolor sin justificación biológica es frecuente e invalidante, en la infancia y adolescencia.

Tenemos dos opciones: etiqueta y terapia…

O… educación en Biología, ayuda evaluativa, enmendar errores cognitivos y conductuales, miedos, fobias.

Usted mismo.

 

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Lo inconsciente

El complejo trajín biológico del organismo, la trama de procesos químicos de nuestras células: el filtrado de los glomérulos renales, el intercambio de gases en los alvéolos pulmonares, el flujo de señales electroquímicas en la red neuronal… todo ello es opaco; no podemos observarlo ni sentirlo directamente.

Sin embargo, recibimos en la pantalla de la conciencia sentimientos, percepciones y  emociones; pensamos y decidimos sobre esa compleja maraña opaca de procesos celulares en base a lo que aparece en dicha pantalla.

Lo consciente está referido a lo inconsciente pero no podemos saber directamente en qué manera.

Noto que me pica el antebrazo y ese picor mi invita a rascarme. Soy consciente del sentimiento de picor y de las ganas de rascarme. Conscientemente, decidiré rascarme o aguantarme las ganas. ¿Qué procesos celulares se han producido para que de esa trama inconsciente emerja en la conciencia el sentimiento de picor y las ganas de rascarme?

No es posible saberlo directamente. Hay que indagar, por uno mismo o con la ayuda de expertos.

Sean cuales sean los procesos inconscientes que subyacen al afloramiento en la conciencia del sentimiento consciente de picor, no cabe duda de que esos procesos dan como resultado la incitación al individuo para que se rasque. ¿Motivos? Puede que se haya detectado la presencia de un parásito o un tóxico químico pero puede también que no suceda nada amenazante en la piel, que justifique y explique la presión del organismo a que nos rasquemos, poniendo incluso en peligro la integridad cutánea, si el rascado es violento.

El mundo consciente no desvela la actividad inconsciente celular. Se limita a presentar al individuo una propuesta conductual, en base a lo que se integra del resultado de toda esa trama de procesos opacos.

Las neuronas extraen datos de los resultados de la actividad celular, de la realidad interna, pero no se limitan a evaluar esa realidad sino que anticipan posibles estados, imaginan perjuicios y beneficios, sin garantía de acierto. El mundo consciente reflejará siempre la síntesis de lo que sucede y lo que se imagina, sin ninguna información que permita al individuo saber cuánta dosis de realidad contiene cada sentimiento consciente.

– Sólo sé que me duele. Aquí, ahora y en esta circunstancia.

Correcto.

– Me han hecho la historia clínica, me han explorado. Los estudios complementarios son normales. Me dicen que no tengo nada patológico.

Correcto.

Luego… previsiblemente el síntoma, el dolor, el picor, el cansancio o cualquier otro  corresponde a un estado evaluativo que se refiere al mundo imaginado.

El profesional debe valorar la salud de los tejidos. Si no encuentra nada que justifique y explique biológicamente el “síntoma”, debería ocuparse de la salud evaluativa, de la idea de organismo que el organismo imagina.

– No tiene nada patológico. Su organismo trabaja en un estado referido a sucesos imaginados. Hay que recuperar la convicción de salud, eliminar la alerta por temor al daño.

– No estoy preocupado. Ya sé que no tengo nada, pero me duele…

– No es usted, su consciente, el responsable. Lo que usted recibe en la conciencia es el efecto de un complejo proceso evaluativo, absolutamente inconsciente, del que sólo conocemos, a través de su relato (“me duele”), que el organismo evalúa una determinada amenaza, aquí, ahora y en esta circunstancia. Nuestra función es la de descartar lo patológico y, una vez descartado, ayudar a su organismo a recuperar un modo evaluativo más razonable.

A través de la conciencia podemos aportar nueva información, nuevas experiencias, que hagan más saludable, más racional, el proceso evaluativo, inconsciente.

– ¿Qué me recomienda?

– Utilice el ámbito consciente para informarse, para comprender el proceso y decidir actuar desde ese conocimiento.

Ignorar lo inconsciente dejándose llevar por las apariencias del mundo consciente, no es saludable.

– Cuídese. Ilústrese en Biología, en lo inconsciente.

 

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Atención! Peligro en la cabeza!

Los síntomas de la migraña (pródromos-aura, dolor, nauseas-vómitos e intolerancia sensorial) corresponden a un estado de organismo definido por la alerta y por la necesidad de proteger la cabeza frente a algo. No es que ese algo haya sentado mal a la cabeza (un alimento, un cambio hormonal, un chupito, el dormir poco…) sino que el organismo está en alerta y se activa un estado de conectividad en la red que se expresa en la conciencia con los “síntomas”.

Los neurólogos sostienen que existen unos grupos neuronales que ellos denominan “generadores de migraña” y que, por virtud de una condición genética anómala de hiperexcitabilidad, se activan, a veces de modo espontáneo y otras por el empujoncito de un “desencadenante”. Un migrañoso es alguien, según ellos, que ha nacido con “generadores de migraña” y los tendrá de por vida. Para evitar esas activaciones periódicas de los “generadores” prescriben fármacos que inhiben la actividad neuronal, antiepilépticos como el topiramato.

En mi opinión los estados de alerta se generan en base a la idea de organismo que en cada uno se construye sobre vulnerabilidad y peligrosidad. El organismo memoriza los resultados de su interacción con el entorno, observa e imita o rechaza lo que sucede en organismos ajenos, toma nota de lo que dicen los cuidadores expertos…  Los estados de conectividad se van construyendo, en cada momento, lugar y circunstancia, en cada región corporal. En función de esa conectividad aprendida, aparecerá en la conciencia el sentimiento de dolor, las nauseas o la intolerancia sensorial, proyectado en la zona corporal correspondiente, en el escenario al que se refiera dicha conectividad.

Es evidente que en una crisis de migraña no sucede nada y que todo es un despropósito no detectado como tal, ni corregido.

La información experta puede que lo complique todo pues señala el error en la condición genética de los “generadores” y no considera la importancia del aprendizaje.

Si ayudamos a la red neuronal defensiva a interpretar correctamente sus decisiones, sus errores, minimizaremos los estados de conectividad erróneos y, por tanto, las crisis.

No hay “generadores de migraña” genéticos. Hay un aprendizaje que contiene errores de valoración. En ocasiones la red neuronal ve peligro donde y cuando no hay y otras no ve un peligro real.

La crisis no confirma la hipótesis del “generador” sino la del aprendizaje sesgado hacia la interpretación errónea.

¿Dolor de cabeza, nauseas e intolerancia sensorial?

Pudiera ser una meningitis, una hemorragia subaracnoidea… pero no hay sospecha fundada de que así sea. Probablemente es un estado de valoración errónea de amenaza, un falso positivo.

Hay que evaluarlo como tal fallo y ayudar a enmendar el proceso del aprendizaje.

La información sobre la biología de la red neuronal defensiva ayuda a la propia red a gestionar los estados de alerta-protección con más sensatez con más probabilidad de acierto, con menos falsos positivos.

Para los médicos es una cuestión química. Moléculas que se exceden o quedan cortas.

Para mi también es una cuestión de moléculas. No hay otra cosa, pero también hay moléculas para la memoria, la predicción, la imitación, el lenguaje… es decir: para aprender, con y sin errores.

¿Una crisis? ¡Alerta? ¿Protección?

No, gracias. Déjeme tranquilo. Hoy tengo cena.

 

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Nuevos cursos para pacientes de migraña

 

Convocamos una nueva edición del curso intensivo para pacientes de migraña, en Vitoria (1 de Diciembre) y Madrid (24 Noviembre). Para solicitar información del curso de Vitoria tfno 696541479 y para Madrid 661882208.

En las últimas décadas han irrumpido las Neurociencias, un conjunto de parcelas de conocimiento que nos permiten aproximarnos a la actividad de la red neuronal.

Hasta hace poco el estudio del cerebro se centraba en cuestiones psicológicas, mentales, y un tema tan trascendente como el del dolor quedaba fuera del ámbito de competencia cerebral. Se pensaba y, lamentablemente, se sigue pensando por legos y profesionales, que el dolor surge de tejidos estresados o lesionados, fundamentalmente músculos, articulaciones, huesos, es decir, el denominado “dolor músculoesquelético”.

Al cerebro sólo se le concedía la sede del turbulento mundo emocional que podría generar dolor por caminos torcidos, por falsas vías, o por amplificar el proveniente de tejidos en apuros.

Hoy sabemos que el cerebro no se limita a retocar supuestos dolores de tejidos ni a expresar erróneamente las emociones por vías de “somatización”. Los contenidos de conciencia, el sentimiento de dolor o cualquier otro, provienen del cerebro, emergiendo de un complejo proceso en el que se integran datos en tiempo real de los tejidos, con predicciones, hipótesis, temores, deseos y otros componente especulativos. Puede haber dolor en ausencia de daño, en zonas cuyos tejidos gozan de una salud y competencia normal.

La plaga de dolor que azota a la ciudadanía no surge de tejidos estresados, vulnerables sino de una red neuronal defensiva que actúa desde la presunción de peligro y mantiene activos estados de alerta y protección anticipada, sin ningún motivo biológico.

Desde este modo hipervigilante e hiperprotector, cualquier variable cotidiana, meteorológica, alimentaria;, cualquier cambio en la rutina del sujeto, puede disparat el bucle de la alarma y generar una crisis.

La oficialidad atribuye el desatino alarmista a unas neuronas hiperexcitables por mandato genético.

En mi opinion, si algo define a esa red es su pre-disposición genética a aprender, por puro instinto de supervivencia.

Uno no nace con migraña. Aprende, sin ser consciente de ello.

El aprendizaje humano tiene una fortaleza o debilidad, según se mire: está alimentado por información experta. Gracias a la cultura de organismo hemos mejorado notablemente la expectativa de supervivencia. Debido también a esa cultura, estamos sometidos a una alta probabilidad de malvivir en un organismo gestionado por una red neuronal hipersensible, medicalizada, rebosante de etiquetas y terapias.

El antídoto para ese organismo sensibilizado a lo largo del aprendizaje por información experta sensibilizante no es otro que la información sobre los procesos biológicos que subyacen a la migraña y otras etiquetas de sensibilización desaforada.

En los cursos ofrecemos información biológica sobre la gestión defensiva del organismo por parte del Sistema Neuroinmune y los peligros que generan los contenidos de la información experta.

No se pierde nada ilustrándose sobre el organismo, sólo el dolor.

Es una buena oportunidad.

El saber ocupa lugar.

 

 

 

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El organismo es un mal pensado

Las neuronas son entes físicos, pero generan productos psicológicos. Memorizan datos de la interacción del organismo con el entorno, externo e interno; intercambian información sobre esos datos; establecen correlaciones temporo-espaciales y tratan de generar información que prediga el comportamiento de ese entorno externo e interno en respuesta a las acciones del individuo.

El organismo se piensa a sí mismo, sin reposo, a todas horas, en cada uno se los escenarios. El pensamiento recorre el pasado, presente y futuro y valora consecuencias posibles, incluida la del “qué dirán” si hago o digo esto o lo otro. Sueña imposibles escenarios del pasado: “si hubiera hecho esto (lo contrario) en vez de aquello, otro gallo cantaría”, e inciertos del futuro, impulsado por las emociones, síntesis de lo aprendido y vivido, intuiciones que integran todo el proceso de construcción de creencias y expectativas de cada cual.

En ocasiones el organismo está razonablemente sano pero incita al individuo a actuar como si estuviera tocado por una enfermedad. Los sentimientos de enfermedad afloran en la conciencia presionando a conducirse como enfermo, lesionado, vulnerable…

– Me duele. Me dicen que no tengo nada…

El organismo se interpone entre el individuo y la vida que quiere vivir, haciendo de esa vida un sinvivir, un secuestro.

– ¿Por qué me hace eso mi propio organismo? Mi organismo soy YO… ¿o no?

Pues va a ser que no.

El YO consciente es sólo la expresión de ese pensamiento continuo, inevitable, que refleja el sueño de ese organismo en el que uno reside.

Siempre oscilamos entre los buenos y malos pensamientos, entre el pesimismo y el optimismo, entre la baja y la alta auto y heteroestima.

El organismo propone: ten cuidado conmigo. Estoy enfermo-lesionado-degenerado. No te muevas demasiado y hazlo con precaución, despacito, estando atento a mis temores.

El individuo recibe sentimientos de dolor, debilidad, cansancio, agarrotamiento.

– Algo no va bien en mi organismo, en mis huesos, articulaciones y músculos.

Los sentimientos conscientes re-entran hacia el ámbito del que emergieron. Todo en biología re-entra a donde acaba de salir. Los procesos intracelulares expresan moléculas que informan a la célula de lo que está haciendo.

La conciencia informa al organismo del resultado integrado de sus cábalas continuas.

Es el momento clave: el individuo aparece e interviene en el curso del pensamiento, en el devenir del bucle.

El organismo teme. Aparece el dolor y el individuo evalúa, bien en la misma dirección de la propuesta de su organismo (enfermedad-lesión) o en la contraria (estoy sano, ¡carajo!).

El acuerdo entre el organismo malpensante y el individuo consciente genera el bucle en espiral. Los síntomas se consolidan. Se impone la consulta a los expertos:

– Tiene usted mucho desgaste, fibromialgia, o cualquier otra etiqueta-humo.

Los bucles del sufrimiento e invalidez quedan cerrados. Sólo queda aceptarlo y desear que la Ciencia vaya más allá de lo que aparenta y ofrezca, ya de una vez, una terapia decente.

Cuidese de su organismo. Puede pecar de obra, pero también de pensamiento, de puro miedo y deseo de que las cosas no sean lo que son sino lo que se piensa de ellas.

– ¿Por qué me duele si no tengo nada?

– Su organismo es un mal pensado.

– Y eso ¿qué solución tiene?

– Usted misma. Utilice el espacio consciente. Puéblelo de buenos pensamientos. Vacíelo de temores y convicciones infundadas. Desactive la historia en la que su organismo le obliga a residir. Haga lo que le venga en gana. No espere a la autorización. No acepte las penalizaciones.

– ¿Cómo se hace eso?

– Comprendiendo el proceso e invirtiendo su papel en el bucle, en la re-entrada.

– No me da una solución

– Pues no. Es sólo un camino, un escenario, un guión que puede usted re-escribir.

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