Teorías: Filosofía, Ciencia, Medicina y mercado

Hola Arturo, para comprender un poco más tu postura,  dado que choca radicalmente con todo lo que sostienen el resto de neurólogos y dado que la medicina, al contrario que la filosofía, es una ciencia y se basa en hechos y en pruebas ¿podrías facilitarnos enlaces a estudios que avalen tus teorías, por favor?

Vlankilla (Comentario a la entrada del blog «Aprender a jugar«)

Agradezco el comentario, pues esa comprensible objeción la recibo con alguna frecuencia y me gustaría contestar. Ciertamente he elaborado una teoría, que denomino «Teoría del error evaluativo neuroinmune», basada en conceptos básicos biológicos y que permite, en mi opinión, comprender situaciones englobadas bajo el apartado de «Síntomas sin explicación médica». Me he dedicado especialmente a la migraña y es a ese ámbito al que se refiere el comentario y el que voy a comentar. He leído y leo mucho, pero he pensado y pienso más. Filosofo desde la ciencia para acertar como médico, tratando de huir de las tentaciones del mercado.

La Filosofía construye preguntas y propone hipótesis que deben verificarse por el procedimiento científico, pero la construcción de nuevas hipótesis es fundamental y aquí es donde encuentra su sentido la filosofía. En torno a la migraña existen muchas preguntas. Los neurólogos ofrecen respuestas, apoyadas en una serie de datos epidemiológicos y de investigación básica. No filosofan. Muestran y demuestran. Dogmatizan y adoctrinan, porque creen firmemente en lo que dicen y hacen. Es Medicina basada en… ¿sólo ciencia? ¿siempre ciencia? ¿todo lo que la ciencia aporta?

Tengo mis dudas. Creo que deberían filosofar más, hacerse más preguntas y considerar hipótesis ajenas. Por ejemplo: «se sabe que…»

La migraña tiene una alta incidencia familiar. Se han identificado en familias concretas unos pocos genes responsables de la excepcionalmente rara Migraña hemipléjica familiar. Los estudios de genoma completo han identificado varios genes potencialmente implicados en la migraña común. Es suficiente para que no se cuestione por parte de los neurólogos el origen genético y así lo explican a los pacientes, de modo contundente, especialmente cuando hay más casos conocidos en la familia.

– Usted ha heredado la enfermedad de su madre y la ha transmitido a su hija.

Objeciones filosóficas: los genes no determinan sino que influyen, condicionan, interactuando de modo complejo (sistémico) con otros factores. Las variaciones genéticas encontradas en grandes grupos de migraña común respecto a la población control corresponden a zonas no codificantes del genoma. Cada gen interviene en muchos posibles factores y en cada factor influyen muchos genes. En cualquier caso, sería una herencia poligénica que dejaría mucho juego a la interacción con el entorno.

Cabe filosofar y dudar de la fuerza determinante exclusiva de la genética y considerar que podría influir el medio familiar, la imitación empática de un modelo vivido en casa, la confirmación por parte del neurólogo de que el problema es genético (sesgo de confirmación), con la consiguiente angustia e hipervigilancia respecto a lo que la madre ha transmitido y su pequeña ha recibido y conocido. Al menos cabe el beneficio de la duda, aunque eso sea filosofía… Sentenciar que la migraña es genética y proclamar que en el futuro se conocerá la carta genómica individual y se habrán diseñado fármacos específicos para la singularidad genética responsable de cada caso suena muy científico, pero podría facilitar su desarrollo… Quizás habría que investigar más otros factores, por ejemplo, la ciencia del aprendizaje, incluyendo la imitación y la información experta, el impacto de la información vigente… científica.

Hay mucha ciencia cierta en torno al aprendizaje. No sólo de moléculas se construye la ciencia. Todo es química, pero al servicio de funciones inmateriales como la construcción de una narrativa individual, la individualidad (el yo no sólo antigénico-inmune sino también el neuronal o, mejor aún, el del organismo en su continuo devenir).

En los cursos, en el blog, en los libros, explico mi filosofía, mis dudas, mis preguntas, y matizo cuestiones básicas sobre los genes. Diferencio el caso de las formas raras de migraña, aquellas en las que se ha identificado la singularidad de la variación y la correspondiente proteína anómala expresada, responsable de generar un estado de hiperexcitabilidad neuronal que, plausiblemente, explica la aparición del aura y las crisis, de la migraña común, en la que no existe un gen que codifique una proteína anómala sino una correlación estadística entre grupos extensos de pacientes y segmentos genómicos que no se sabe bien lo que significan. Sobre todo, explico la importancia del aprendizaje, la imitación, la información experta, la vivencia del estigma genético.

¿Ciencia? ¿Filosofía? ¿Plantear la cuestión del aprendizaje es filosofía? ¿Explicar la biología conocida de la percepción o la conciencia, del sistema motivacional, el yo somático, es Ciencia, filosofía, medicina, psicología, educación en salud, marketing para vender cursos y libros?

La Medicina no es ciencia, sino aplicación muchas veces sesgada e incompleta de datos biológicos. Incluso algunas afirmaciones pueden ser falsas. Por ejemplo, no existe inflamación en las terminales trigéminovasculares, el dolor migrañoso rítmico no es pulsátil, el cerebro sí duele. El dolor no se produce en las terminales meníngeas trigéminovasculares, sino en la neuromatriz evaluativa-motivacional. Los triptanes no tienen ninguna especificidad que justifique su uso exclusivo en la migraña y muchos más. A nuestros alumnos les informamos de que:

– La genética es más compleja de lo que le han dicho. Aprendemos mucho en casa, imitando. La migraña tiene un componente importante de aprendizaje. La información de los expertos condiciona poderosamente ese aprendizaje. Podemos explicar a los niños la trama biológica de la migraña, hablarles del cerebro. Así suavizaremos la angustia e hipervigilancia y, quizás, evitemos que «herede» su migraña.

Los médicos debemos estudiar ciencia, conocer los procesos biológicos en toda su extensión y complejidad, fuera de los sesgos de los intereses profesionales y del mercado. Nuestra información debe ser rigurosa y debe contemplar todos los matices y objeciones que rodean a veces a las explicaciones oficiales.

Es incalculable la mortificación e invalidez que puede generar la afirmación de que la migraña se transmite de padres a hijos, irremediablemente. Desde la ciencia no es admisible que se ignore el factor aprendizaje, expectativas, creencias, angustia…

Las entradas del blog no están configuradas como un artículo de revisión, sino como divulgación de cuestiones biológicas pertinentes. No acompaño la referencia bibliográfica porque no es un blog pensado exclusivamente para profesionales.

El sistema neuroinmune es un sistema pensante, evaluativo, predictivo, plástico, adaptable. Filosofa sobre la base del conocimiento que construye y recibe. Es lo que pretendo con el blog: que el proceso filosófico neuroinmune de los lectores esté guiado por información biológica fiable.

La mente errante, el vagabundeo mental, la actividad incesante de las redes en reposo (descansan de la presión del individuo, pero aprovechan para trabajar retocando e integrando pasado, presente y futuro) son la expresión de la actividad filosófica de la mente.

«La migraña es una enfermedad cerebral congénita, irreversible»

Es un dogma. Lo dice la comunidad de expertos.

«La migraña es una de las muchas expresiones de un error evaluativo (filosófico) del sistema neuroinmune, facilitado por la cultura (dogmática) experta.»

Eso pienso yo.

Es una hipótesis. Filosofía.

Gracias Vlankilla por la reflexión. Seguiremos filosofando desde la ciencia de cara a prestar una mejor atención médica.

A través de twitter he conocido hoy esta publicación:

Cambridge elements: Elements in the Philosophy of Biology, Michael Ruse, Florida State University.

Aprender a jugar

De cuando en cuando recibo correos o comentarios en el blog de tono descalificador. Duelen por varios motivos, pero lo que me interesa de ellos es el hecho de que se haya malinterpretado lo que vengo defendiendo.

Ayer recibí este:

Sigue leyendo «Aprender a jugar»

El poder y deber del antinocebo

Un porcentaje sustancial de la población (digamos que un 12%) padece migraña. Creen, porque así les han enseñado a creer, que el origen de su padecimiento está en los genes y que algo que hacen y no deberían hacer o que no hacen y deberían hacerlo «desencadena» las crisis. Piensan, porque así les han enseñado a pensar, que están condenados a sufrir las consecuencias de su condición heredada, que deben aplicarse a identificar sus desencadenantes para evitarlos y no les queda otra que esmerarse en llevar una vida ordenada. En muchos casos no consiguen dar con el maldito desencadenante y no encuentran el alivio prometido con los fármacos  y la vida monacal, dando así por sentado que nunca se librarán de ese maldito infierno, tal como ya les han advertido los neurólogos.

Un porcentaje sustancial de la población padece «de la columna». Creen, porque así les han enseñado a creer, que sus vértebras están comprimidas, los nervios pinzados y los músculos contracturados. Creen, porque así les han enseñado a creer, que han llegado a esa situación por haber cogido muchos pesos de malas maneras, porque pasan sentados mucho tiempo también de malas maneras delante del ordenador del televisor o en el coche, andan estresados en el curro o, simplemente, porque eso de ser bípedo pasa su factura. Creen, porque así les han enseñado a creer, que deben relajarse y sentarse bien, coger bien los pesos y hacerse con una buena faja muscular abdominal, aunque ya quizás sea tarde.

Un porcentaje sustancial de la población padece fibromialgia. Creen, porque así les han enseñado a creer, que es una enfermedad misteriosa e incurable a la que se accede por vulnerabilidad genética y estrés físico y emocional o, quizás, por exposición a un medio ambiente tóxico. Creen, porque así les han enseñado a creer, que deben aceptar su condición, tratar de hacer ejercicio aunque eso les resulte particularmente doloroso y cuidar su sensible organismo con todo tipo de ayudas físicas y psicológicas, multidisciplinares, sin perder la actitud positiva ante la vida.

Un porcentaje sustancial de la población padece dolor en cualquier lugar de su organismo a pesar de que los médicos no encuentran ninguna condición patológica que lo justifique. Muchos aceptan que el dolor es algo consustancial a la edad, al desgaste, y que cuando se cronifica ya no tiene remedio.

Un porcentaje sustancial de ese porcentaje sustancial de población dolorida, cree, porque así les han enseñado a creer, que el dolor surge de donde duele, de tejidos afectados, necesariamente, por alguna condición física inadecuada.

Un porcentaje sustancial de los profesionales que atienden e instruyen a ese porcentaje sustancial de población dolorida considera que si duele y ellos no encuentran un daño significativo donde duele es porque se dan circunstancias psicológicas adversas (ansiedad, depresión), poca tolerancia al dolor o actitud quejosa, hipersensible, cuando no la intención de engañar y obtener ventajas.

Un porcentaje sustancial de neurólogos, mayor aún si se dedican preferentemente a atender dolores de cabeza, padece migraña, en proporción llamativamente mayor que la población de «no neurólogos». No dan muchas pistas sobre lo que opinan de esa alta incidencia, que ronda o supera el 50%. Piensan que, quizás, el porcentaje refleja simplemente que se la diagnostican mejor, lo cual elevaría la incidencia de migraña en la población del 15% al 50%, algo difícil de creer.

Sin embargo sabemos, a Ciencia cierta, que todos los dolores surgen de un estado evaluativo de amenaza consumada , inminente o imaginada, por parte del sistema neuroinmune y que no es una condición necesaria ni suficiente para que sintamos dolor en una zona el que exista una condición patológica en ella.

Sabemos, a Ciencia cierta, que sí es condición necesaria y suficiente para sentir dolor que se active simultáneamente un conjunto de áreas cerebrales conocida como la «neuromatriz del dolor» que es en realidad una neuromatriz o patrón de conectividad que evalúa amenaza y predispone (motiva) al individuo a actuar en el modo alerta-protección.

Un porcentaje sustancial de ciudadanos doloridos  no quiere ni oír hablar de que el dolor se construye en su cabeza (neuromatriz evaluativa-motivacional) porque creen, ya que así les han enseñado a creer, que se da a entender que el dolor no existe más que en su imaginación, que es «psicológico».

Un porcentaje sustancial de ciudadanos doloridos y de los profesionales que les atienden e instruyen creen, porque así les han enseñado a creer, que el dolor que remite tras su intervención terapéutica lo hace por la estricta cualidad de la virtud analgésica de esa terapia.

Un porcentaje sustancial de la población dolorida y de los profesionales que les atienden e instruyen, creen, porque así les han enseñado a creer, en virtudes mágicas de moléculas, en meridianos energéticos, en nanoestructuras de la memoria del agua, en dietas y en muchas otras prácticas de alivio.

Algunos pensamos que sería condición necesaria y suficiente para que un porcentaje sustancial de la población dolorida encontrara alivio, que conocieran el significado biológico de la proyección a la conciencia del sentimiento doloroso desde la perspectiva del aprendizaje del sistema neuroinmune, que construye su evaluación de amenaza a la integridad física guiado por la experiencia propia de sucesos nocivos, la observación-imitación de daño ajeno y, sobre todo, por la instrucción experta.

Nuestra ya dilatada experiencia con la Pedagogía en grupos de pacientes con migraña así lo demuestra.

Frente al poderoso efecto nocebo, es decir, frente al impacto de las expectativas y creencias más extendidas entre  la ciudadanía lega y profesional, sólo cabe el no menos poderoso efecto antinocebo, que no es otro que el que resulta de divulgar información que modifique aquellas expectativas y creencias, construidas en el aprendizaje tutelado por la instrucción experta, que potencia los errores evaluativos neuroinmunes, generando una idea de organismo que no se corresponde con la realidad.

Algunos justifican frente al nocebo, una buena acción placébica, en base al principio de utilidad. Si el dolor se alivia no importa que lo haga con el engaño de una cápsula con azúcar, una aguja, una intervención o una dieta..

La ciudadanía tiene derecho a una información veraz. La que habitualmente se facilita sobre dolor no lo es. En el mejor de los casos es incompleta, desde el punto de vista de la biología.

Los profesionales, además del derecho, tienen el deber de acceder a esa información y aplicarla.

De lo que se cree, se cría.