Testimonio

Su-sana es una difícilmente describible padeciente. Tuvo la inteligencia, coraje y paciencia necesarias para hacer frente al despropósito de la migraña y a su cerebro no le quedó otra que ceder ante el ímpetu de las andanadas racionales que le mandaba en el ámbito de la conciencia.

Creo que su testimonio no necesita de más comentarios y, con toda seguridad, servirá de acicate y ejemplo a los lectores.

Gracias, Su.

Nota: Su-sana suele procesar la información de esta propuesta mediante dibujos que después nos regala a los demás. Incluimos el mejor aquí.



Testimonio “after-before Arturo Goicoechea”

“Y de repente…. lo sentí”…

No, no es el título de ninguna película (aunque bien pudiera serlo), es algo que he percibido….

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Desaprender la migraña. Mi nuevo libro

Ya está disponible en Amazon la edición electrónica de mi nuevo libro: «Desaprender la migraña«. Lo he escrito en colaboración con mi hija Inés, que es quien se ocupa de mi presencia en las redes sociales.

La parte más importante del libro está en el prólogo-epílogo de una expaciente, Montse, quien generosamente ofrece a los lectores su testimonio.

Montse es una buena alumna. Eso le facilitó el aprendizaje de la migraña y, también, la salida del infierno al que le abocó el período de escolarización. Es un ejemplo viviente que demuestra que la migraña se aprende y que se puede desaprender. Basta con ser, como Montse, una buena alumna.

Dicen los expertos que la migraña se transmite. Por eso, según ellos, la padecían sus dos hijas.

Propongo yo que la migraña no se transmite sino que se retransmite, se enseña y ensaña con el buen alumno. Uno la adquiere sin darse cuenta, según su red neuronal toma nota de cuanto sucede y se dice. Una madre con migraña es, tambien, un buen ejemplo para migrañizar a sus hijos, pero también es un buen ejemplo para desmigrañizarlos.

La historia de Montse tiene final feliz. Llegó la desmigrañización, no sin trabajo, a base de conocimiento, reflexión, coraje y paciencia. Madre e hijas retomaron sus vidas, salieron del secuestro que implica la condición aprendida de la migraña.

En el libro expongo mi teoría del error evaluativo neuroinmune aprendido, de modo fundamentado, a la vez que critico las tesis oficiales.

Los capítulos se corresponden con los contenidos del curso intensivo que imparto a pacientes de migraña y con el curso online.

Espero que sea una herramienta más para todo aquél que quiera aventurarse en la estrategia de comprender el proceso desde una perspectiva biológica y aplicar lo aprendido en el día a día, perdiendo el miedo a recuperar todo lo que la pesadilla cerebral ha requisado.

Know pain, no pain.

Know migraine, no migraine.

Disponible en Amazon

Nueva edición del curso de Dolor y movimiento, en Vitoria

Convocamos una nueva edición de nuestro curso Dolor y movimiento, en Vitoria, los días 22 y 23 de Noviembre.

Consta de una primera parte teórica de 8 horas, impartida por mí, en la que expongo el marco teórico de la percepción de dolor, desde una perspectiva evaluativa-motivacional.

Mi hija Maite, fisioterapeuta, explica cómo se expone a los pacientes los conceptos básicos del dolor, desde la perspectiva de la Biología y, finalmente, María Jimenez, también fisioterapeuta, presenta la actividad física que se propone a los pacientes para romper el bucle de la kinesofobia.

Los interesados podéis informaros llamando al teléfono 696541479.

El desmadre de la migraña

La migraña, un estado de alerta-protección del organismo no justificado, inducido en el aprendizaje por la instrucción experta, saca del cauce normal a la vida.

Todo lo que conforma el curso normal de la existencia, se desmadra.

Por ejemplo, la maternidad.

Las mujeres enmigrañadas temen la maternidad, por dos motivos: 1) el perjuicio potencial de los fármacos y 2 ( la transmisión de la enfermedad a través de los genes.

Algunas renuncian a tener descendencia.

Otras se arriesgan y comprueban angustiadas que alguno de sus hijos expresa la condición migrañosa.

En el reciente curso de Mollet del Vallés, dos alumnas relataron esa situación.

Una de ellas, 46 años, había renunciado a lo que más quería y temía, ser madre, y otra, comprobó que un hijo padecía crisis, como consecuencia de la transferencia de sus genes migrañosos.

Hicieron el curso y adquirieron el conocimiento necesario para interpretar la situación desde la perspectiva de la vida bien encauzada, sin desmadre.

Todavía podría ser madre la primera y la segunda inició conjuntamente con su hijo de 12 años el proceso de desenmigrañamiento, al parecer con éxito.

La cultura oficial de la migraña («enfermedad cerebral congénita, irreversible») hace estragos en los proyectos de vida de los pacientes. Se ceba con lo que quisieran hacer, no con lo que aborrecen. El cerebro migrañizado teme lo que el individuo ama.

La condición femenina contiene más probabilidad de padecer el despropósito de la migraña. El Sistema Neuroinmune de la mujer comete más errores evaluativos: aprecia más peligro del que hay. Los cambios hormonales femeninos lo explican y justifican todo, desde la perspectiva oficial.

La menstruación, un proceso fisiológico programado y controlable, inofensivo localmente y a distancia (cabeza), se convierte en un «desencadenante» similar al viento Sur, el chocolate, el fin de semana o el vinito.

La genética explica por sí misma el complejo proceso de la conectividad neuronal. El aprendizaje, la imitación, la instrucción experta no cuenta. No hay proceso evaluativo, predicción, errores… Sólo genes y hormonas que determinan, sin más consideraciones, las crisis.

Sólo hay una información experta a considerar: la oficial. Lo que no concuerde con ella es pura charlatanería.

Sólo hay fármacos en el horizonte de las soluciones.

El CGRP es la molécula sobrante que desata el infierno. Bastará con bloquear sus receptores para desbaratar la tormenta.

La conectividad neuronal humana es sensible a la información experta. Somos una especie doméstica. Buscamos la protección en lo que la cultura promete y nos sometemos a sus dictados porque no podemos rebelarnos contra lo que los expertos proclaman.

El organismo teme lo que le han enseñado a temer y busca lo que le han enseñado a buscar.

Estamos ante un cambio radical de paradigmas, propiciado desde el conocimiento biológico. Pasará un tiempo hasta que ese nuevo conocimiento disuelva los errores normalizados de la cultura experta actual.

Seguiremos con los cursos ofreciendo la oportunidad de re-encauzar lo que se ha salido de madre.

Know pain, no pain.

Testimonio. Adiós, migraña

Federico Juárez

Historia de un exmigrañoso.

Durante 15 años lo he probado todo: ibuprofeno, opiodes, cafeína, triptanes, inyecciones de botox, terapias basadas en cambios en la alimentación, tratamientos preventivos como topiramato y betabloqueantes, incluso en la última etapa, antidepresivos. Todos estos, respaldados por la supuesta “Medicina basada en la evidencia” (que no en la ciencia), más muchos otros de las llamadas terapias naturales o complementarias, como homeopatía, Flores de Bach, acupuntura, quiropraxia, tratamiento de la ATM, auriculoterapia, tratamiento para fortalecer la musculatura cervical… Y por último, para culminar el despropósito, tratamientos invasivos como el bloqueo del ganglio esfenopalatino, cuya versión light consiste en introducir unos bastoncillos de 15cm con lidocaina en las fosas nasales (la versión menos light es quirúrgica), y la más rocambolesca, que afortunadamente no llegué a probar, aunque hice todo el preoperatorio, en la que un equipo formado por una neurocirujana, una neuróloga y una psicóloga, pretendían colocarme una válvula para controlar una supuesta alteración en la dinámica de mi líquido cefalorraquideo, a pesar de que todas las pruebas (muy caras todas) decían que no existía ninguna alteración.

Seguro que me dejo algún tratamiento, pero se pueden imaginar el nivel de desesperación tras este largo peregrinaje terapéutico por diferentes tratamientos y especialistas (neurólogos, neurocirujanos, fisioterapeutas, psicólogos, psiquiatras…) que trataban, con su mejor voluntad, de ofrecer una solución. 

Pues la solución era más sencilla, y al mismo tiempo más compleja: en una conversación informal con otra migrañosa (casualmente, una farmacéutica de prestigio), ella mostraba su convencimiento sobre el componente autoinmune de la migraña. Eso me recordó que unos años atrás, había comprado un libro llamado “Migraña: una pesadilla cerebral”, del que solo llegué a leer unas cuantas páginas. En aquel momento no estaba preparado para leerlo, pero en esta ocasión decidí no solo hacerlo, sino comprometerme a una lectura reflexiva y a poner en práctica las recomendaciones del autor.

Empecé a leer el libro, a elaborar un mapa mental con las ideas clave, y a medida que me identificaba con la “paciente-alumna” del libro que acudía a la consulta, la curiosidad me llevó a investigar si había algún curso, videos, o materiales en internet complementarios al libro.

Encontré la web de Arturo Goicoechea y las fechas de los próximos cursos presenciales. Veintisiete de Abril de 2019: es la fecha en la que todo empezó a cambiar. Ahí empezó el viaje mental que me ha convertido en un exmigrañoso.

Acudí a la primera sesión presencial del curso con la máxima motivación pero con cierta cautela y escepticismo. Empecé a aprender conceptos relacionados con la biología del dolor, su sentido evolutivo, el aprendizaje nociceptivo y cómo desaprenderlo, la diferencia entre daño y dolor, y como cuando no hay daño, no hay justificación biológica para el dolor. El cerebro y el individuo migrañoso son simplemente cerebros equivocados, instruidos en el seno de una cultura alarmista.

Decidí no volver a tomar pastillas. Hice caso a una frase del libro y del curso: no necesitas pastillas para flotar. Cambiar la convicción de que las pastillas no eran necesarias para combatir la migraña, cuando vienes de años en los que algunos días has tomado 10-12 pastillas, no es nada fácil.

Yo tenía catalogadas múltiples situaciones como desencadenantes: ejercicio físico intenso, situaciones estresantes, falta de sueño, días de mucho viento, cambios en el patrón alimentario, viajes, ambientes con mucho ruido o mucha luz, calor… En el curso aprendí que el único desencadenante es la búsqueda de desencadenantes. He aprendido que la etiqueta “migraña” tiene todos los componentes de una fobia, una espiral fóbica que crece si no la desactivas. El problema se parece al miedo irracional cuando nos asomamos a un balcón y pensamos que nos vamos a caer. Y ante algo irracional, se debe racionalizar. Plantarle cara al problema. No huir. No esconderse en el cuarto oscuro. No darle la razón a una alarma que suena ante un peligro inexistente. No pasa nada en la cabeza. No hay daño, luego no debe haber dolor. No existe un origen genético, ni vascular, ni hormonal en la migraña (esto está demostrado pero a la industria farmacéutica no le interesa que se conozca). Existe un evaluación errónea de peligro con una fuerte impregnación social, y lo que es peor, tras la evaluación de un “experto”, se produce un sesgo de confirmación que cataloga y registra al enfermo: tiene usted migraña. 

Descataloga los “desencadenantes”. Se puede hacer, aunque cuesta mucho trabajo desaprender. Yo lo he conseguido. No han hecho falta superpoderes: solo conocimientos nuevos, cambiar las convicciones, reconceptualizar el problema y fuerza de voluntad para no tirar la toalla si se pierde una batalla.

Adiós migraña. Me has generado mucho sufrimiento durante todos estos años. Y a mi familia también. 

Gracias Arturo. Sé que dirás que yo he sido un buen alumno, pero tú eres un gran profesor, el que más impacto ha tenido en mi vida.

Probablemente tus colegas neurólogos no salgan nunca de la “doctrina oficial”. Tú ya cuentas con eso. Yo sigo teniendo la esperanza de que algún día se reconozca tu trabajo y se profundice en la pedagogía de la neurobiología del dolor.

Ojalá que mi testimonio sirva para que otras personas dejen de vivir esa pesadilla cerebral.