Tercer grupo de pedagogía en migraña

Hoy iniciamos en el Centro de Salud de San Martin de Vitoria otro curso de pedagogía en migraña con un grupo de 11 padecientes.

Un neurólogo jubilado, tres médicos de Atención Primaria y una ex-padeciente, todos desencantados de las propuestas oficiales de la Neurología oficial sobre Migraña y apasionados por la Neurociencia, intentaremos trasladar nuestras convicciones al grupo de padecientes.

El objetivo del curso es conseguir la alfabetización de los cursillistas en Neurociencia del dolor. Proponerles un nuevo marco teórico para comprender el origen y desarrollo de sus crisis.

No es una terapia de grupo. Es pura pedagogía. Profesores y alumnos.

Los padecientes conocen su migraña pero desconocen lo que sucede en sus cabezas dolientes. Los médicos conocemos algo de lo que sucede en sus cabezas dolientes pero desconocemos lo que se cuece en la mente allí albergada. Todos somos profes y alumnos.

Hoy, como primer día, nos presentaremos y expondremos nuestra historia y nuestros objetivos. Los padecientes la historia de sus crisis, sus desencadenantes, sus visitas a los médicos y nosotros la historia de nuestros descreimientos en «lo oficial» y la confianza en la Neurociencia.

Pretendemos que en esta primera sesión suelten amarras del muelle de los tópicos y se dispongan a navegar por las aguas de la Neurociencia del dolor. Lo que oirán les resultará novedoso y contrario a lo tantas veces oído.

La novedad es un arma de doble filo. Puede someternos a una dinámica de probarlo todo sin quedarnos con nada, en un ir y venir de aquí para allá para acabar siempre en el mismo punto de partida o facilitarnos el encuentro con aquello que buscábamos.

Cuando andamos atascados es inevitable la cata de algo nuevo. Los padecientes generalmente lo han probado ya todo y podemos encontrarlos reticentes a lo que pueda ser otra oferta más o abiertos a considerar seriamente lo que se proponga.

Necesitamos su complicidad, su compromiso, su motivación, su atención. Una actitud mental abierta, sin prejuicios, sin malentendidos, sin descalificaciones precipitadas o anticipadas.

Es mi intención dedicar las entradas al desarrollo del curso. Iré exponiendo las cuestiones que vayan surgiendo y analizando su significado. Invito a los lectores a que se incorporen al aula como alumnos y profesores y aporten todo aquello que pueda ayudar a dar con las preguntas y respuestas más adecuadas.

Primer día del curso. Objetivos:

Aceptación razonable de la propuesta.

Compromiso de trabajo.

Mantener a raya los prejuicios y concentrada la atención en los contenidos.

Mañana les contaré.

Fibromialgia. Creencias, crianza, querencia.

Todo cuanto percibimos surge de la integración de datos sensoriales en tiempo real con un cuerpo de creencias representado en los sistemas de memoria y construido a lo largo de la vida.

La percepción de enfermedad integra datos sensoriales somáticos y una creencia más o menos firme (probabilística) de estar enfermo.

En los síndromes de sensibilización central de los que la fibromialgia forma parte, no hay datos sensoriales de enfermedad, nada anormal sucede en los tejidos, pero la teoría de enfermedad impone su temor probabilístico y se proyectan sentimientos de enfermedad a la conciencia.

El cerebro cree en la enfermedad y, a través de la activación del programa «respuesta de enfermedad», consigue la complicidad del individuo con esa creencia.

No es posible la no creencia, o la creencia en nada. Siempre hay un soporte de credos que atribuyen una probabilidad a los estados somáticos.

A las creencias no se llega por accidente. Siempre hay una crianza, un aprendizaje. Las experiencias propias de enfermedad, la observación-imitación y relato de experiencias ajenas, la empatía y, muy especialmente, la instrucción de expertos, construyen los credos que el cerebro integrará con los datos sensoriales.

La crianza genera creencias y, tal como es consustancial a la red neuronal, también sucede lo inverso: las creencias tutorizan la crianza.

A través del sistema de recompensa los credos de enfermedad incitan a la conducta de enfermedad. Los sentimientos y temores de estar enfermo proyectan la querencia hacia acciones características de los estados de enfermedad.

El cerebro responsable de los síndromes de sensibilización central cree y está criado en el temor a la enfermedad y «quiere» al individuo actuando como enfermo.

La fibromialgia es una enfermedad misteriosa e incurable. Debe ser reconocida y tratada como tal. El paciente deberá aprender a sobrellevarla y adaptar su agenda de actividades a lo que la enfermedad autorice.

Los pacientes tienden a aceptar los credos cerebrales de enfermedad, ignorar la crianza que los alimentó y someterse a la querencia cerebral de conducta de enfermedad.

Podrían rebelarse: negar la teoría de enfermedad, reconocer la crianza y desatender la querencia a la conducta de enfermedad reconquistando el espacio de conducta de los sanos.

En este video se recogen fielmente las creencias y querencias sobre fibromialgia. No hay ninguna referencia a la crianza.

Juzguen ustedes…

Neurociencia del dolor

El dolor es una percepción, un producto neuronal complejo que proyecta a la conciencia una cualidad de alarma que incita al individuo a derivar la atención al cuidado de la zona alertada.

En cada proyección de dolor hay una activación de múltiples capas de procesamiento de señales y memorias, de datos de ese tiempo, espacio y circunstancia corporal y de conocimiento acumulado sobre todo aquello que pudiera resultar nocivo.

Hay dolores que señalan daño consumado o inminente y hay dolores que sólo señalan temor (con probabilidad variable) a un posible daño.

Hay una neurociencia de los circuitos que detectan daño consumado-inminente y hay una neurociencia de los circuitos que evalúan la relevancia de ese daño o, en su ausencia, la probabilidad de daño derivada de las acciones consumadas o inminentes del individuo.

Hay una arquitectura neuronal del daño imaginado, probabilístico. Es una arquitectura matemática que selecciona, en base a lo que se da por conocimiento fiable, las acciones más convenientes.

El dolor es una acción. Toda percepción es una acción, un output, una decisión.

La Neurociencia del dolor estudia la decisión de doler, su sentido, su soporte.

Hay veces que la decisión dolorosa deriva, de forma casi refleja, de la llegada de señal nociceptiva de un foco dañado. Mandan los hechos.

Otras veces la decisión de doler procede de las áreas evaluativas, probabilísticas. No hay garantías de acierto. El cerebro evaluativo puede estar equivocado y no siempre lo sabe.

El cerebro evaluativo gestiona el dolor desde el conocimiento bendecido por la cultura de turno.

Una vez descartado el daño-disfunción relevante que justifica la proyección dolorosa, debiéramos auditar la función evaluativa, los credos que la soportan.

Hay una Neurociencia del dolor que entiende de ese mundo de la toma de decisiones. No parece que acabe de interesar a los expertos.

Estamos de estreno del año de la Neurociencia.

¿Habrá un lugar para la Neurociencia del dolor?

Estén atentos a lo que se hable: ¿receptores, canales, neurotransmisores, genes, fármacos…? Malo, malo…

¿Percepción-acción, sistema de recompensa, imaginación, Bayes, copia eferente, nocebo, cultura, toma de decisión, teoría de detección de señal…? Habrá razones para el optimismo.