Con los fisios

Me voy para Sevilla. Participo como moderador de una mesa en el I Congreso Internacional de Fisioterapia e Investigación, organizado por la Cátedra de Fisioterapia de la Universidad.

Inicié mi actividad en el blog en Marzo de 2009. Ello me ha permitido contactar con psiquiatras, psicólogos, filósofos, divulgadores de Ciencia y algún médico, incluso algún neurólogo, aunque de modo efímero, pero, sobre todo, me ha facilitado el encuentro con los fisioterapeutas, especialmente con un sector o corriente interesado en el mundo de la Neurobiología del dolor. Ese encuentro ha propiciado invitaciones a la participación en Congresos. Llevo unos cuantos y tengo por delante un par de ellos en la agenda.

La Fisioterapia es una disciplina joven, adolescente. Como tal tiene conflictos de identidad, de encontrar su rol, su dignidad, su madurez para tomar decisiones propias, libres. Anda metida en la búsqueda de su sentido pleno, aquél que permita desplegar todas sus capacidades.

La Fisioterapia, como toda disciplina en adolescencia, tiene pasión, entrega, deseo, rebeldía, ambición, a veces cierta soberbia e inevitablemente, lastres del pasado. El equilibrio entre orígenes reales y destinos imaginados, el camino hacia la tierra autoprometida y soñada no es fácil. Hay inercias, intereses, miedos que inducen al titubeo y a la autojustificación de conductas íntimamente reprobadas, contrarias a los ideales.

En este complicado universo de las Ciencias y de las Artes de la Salud sólo el método científico, la investigación rigurosa y una complicada honestidad puede salvaguardar la consecución de lo que se proclama solemnemente al inicio del camino.

En este Congreso se hablará de todo ello: Educación, Investigación, Modelo Biopsicosocial versus Biomédico, Neurobiología, Evidencias, Diagnóstico, Aplicaciones prácticas, Nuevas tendencias.

Cuando sea mayor… pienso ser… haré… voy a…

En la adolescencia todavía no se ha cortado el cordón umbilical que limita el vuelo juvenil libre, autoresponsable pero garantiza el sustento en la casa paterna siempre que se cumplan las normas de ser como se dice debe serlo. Sustento por obediencia.

Me tocó ser neurólogo en una época en que la Neurología estaba también en su adolescencia, dependiente de la paternidad administrativa, a veces asfixiante, de la Neurocirugía o la Electroencefalografía. La Neurología ya se ha hecho mayor pero me temo que, en el terreno del dolor, ha derivado a una afiliación más o menos consciente del nuevo padre de Farmaindustria. Ha sucumbido a los cantos de sirena. Cobra y obedece.

No soy fisio y no conozco los entresijos de la realidad del quehacer cotidiano. Les leo y comparto espacios de reflexión pero no toco pacientes ni conozco el arte de la gestión real, posibilista, de los recursos.

Me limito a desear a los fisios fortaleza y acierto en la reclamación de su libertad como gestores cualificados de la disfunción y el malestar desde la perspectiva que ellos vayan indicando y con el respeto que todos les debemos.

Silencio… hablan los fisios…

Espero sentirme otra vez adolescente…

Modelo Biomédico versus Biopsicosocial

 

En 1977 George Engel, un internista interesado en el Psicoanalisis, propuso en Science su modelo Biopsicosocial como alternativa al modelo Biomédico, un modelo reduccionista en el que él sólo veía moléculas, tejidos enfermos y dejaba sin contenido a la persona. Para Engel la enfermedad sucedía en un contexto biográfico de un individuo inserto en un grupo social y no bastaba con identificar y corregir las desviaciones somáticas sino que estas debían considerarse siempre dentro del marco de la persona enferma.

El modelo Biomédico era manifiestamente insuficiente y el Biopsicosocial ofrecía la visión sistémica, global, holística del enfermo.

La propuesta fue bien acogida por colectivos diversos y dio lugar a todo tipo de corrientes alternativas cuyo común denominador era el de marcar distancias del despreciativo y reduccionista modelo biomédico. Una estrategia habitual en toda diatriba que se precie es la de reducir la dimensión del contrario y sobredimensionar la propia.

Probablemente el Modelo Biopsicosocial critica, con razón, el reduccionismo Biomédico pero lo hace reduciendo el ámbito de lo biológico a una química también reducida.

Es complicado marcar límites a la Biología, especialmente cuando vamos sabiendo cada vez más sobre esa Biología.

El modelo Biomédico reduccionista del dolor sólo vería moléculas dolientes y moléculas calmantes mientras que el Biopsicosocial iría más allá complementando el paisaje de las moléculas buenas y malas con la consideración de marcos emocionales, cognitivos (interpretativos) y conductuales, todo ello en el entorno social en el que el individuo relata el sufrimiento.

Las propuestas del complemento Psicosocial mantienen la versión ultrareducida del Bio de unas pocas moléculas malas y buenas y dejan que lo Psicosocial ocupe sin resistencia el espacio vacío de las carencias manifiestas de lo estrictamente molecular.

En mi opinión la estrategia de reducir la Biología del dolor a la Química de las moléculas responsables y el tratamiento a la Farmacología de las moléculas del alivio es un error. Si equiparamos Biomedicina a diagnóstico por síntomas encuadrados en criterios diagnósticos convenidos y tratamiento a combinaciones variables de fármacos calmantes lo Bio ha quedado reducido, desvirtuado y la complementación con el vasto mundo de lo psicológico y lo social no va a suplir las carencias del universo biológico pleno, actualizado.

El cerebro tiene su Biología, su peripecia evolutiva, su proceso de enculturación, su aprendizaje. Todo ello es Biología. Lo que es Bio para el Sistema Inmune, el proceso de aprendizaje del componente adquirido, también debiera serlo para el Sistema Nervioso. Tan Bio son las neuronas como los linfocitos.

Si reducimos la Neurobiología a desviaciones cuantitativas de unas pocas biomoléculas (serotonina, canales iónicos, dopamina…) el universo del dolor se queda reducido a un querer y no poder, pendiente de nuevos fármacos. Todo ese gran vacío de impotencia será rellenado, sin resistencia, sin crítica, por doctrinas y propuestas psicosociales en las que, muchas veces, no existe la más mínima consideración a lo biológico. Eso se ha dejado a los Bioespecialistas, los de los fármacos.

La Biología no es reducida. No tiene más límite que el de nuestra ignorancia.

Aplicando el principio de parsimonia que exige expandir el mundo de las explicaciones por caminos de sencillez creo que la contraposición Biomédico versus Biopsicosocial lo único que consigue es reducir en extremo lo Bio, potenciar el dualismo (físico-psicosocial) y permitir cualquier exceso psicosocial por falta de un anclaje biológico suficiente.

Me conformo con el modelo Biológico siempre que se dé a la Biología todo lo que, gracias a lo que vamos conociendo, le corresponde.

Explicar el cerebro

Hoy iniciamos en el Centro de salud de San Martín de Vitoria el trabajo pedagógico con un nuevo grupo de padecientes de migraña. Saben que vamos a intentar ayudarles con «otro enfoque» y poco más.

A lo largo de cuatro sesiones de hora y media trataremos de deconstruir el afrontamiento cognitivo y conductual tópico de la migraña y, tras el derribo, reedificar un marco interpretativo nuevo que permita un cambio sustancial en creencias y actitudes frente a las crisis.

– ¡Déjese de historias de genes, estilos de vida, hormonas y desencadenantes! Vamos a hablar de cerebro.

 No resulta difícil aceptar la existencia del cerebro, las neuronas, la actividad eléctrica, los neurotransmisores, es decir, el soporte físico de la mente. Lo complicado es presentar los contenidos. Creencias, expectativas, memorias, errores, obstinaciones, miedos, procesos inconscientes, aprendizaje, cultura…

– El dolor forma parte de la defensa del organismo. No es la consecuencia de una alteración genética, molecular, de un chispazo, un cortocircuito, ni de una misteriosa energía negativa. Tampoco proviene de un estrés acumulado por trabajo o apuros económicos ni de una emoción reprimida que abre la vía falsa del dolor para salir a la consciencia. La migraña es un falso positivo cerebral. Donde hay irrelevancia el cerebro ha visto peligro. Eso es todo.

La idea es sencilla: cerebro equivocado.

– A lo largo del cursillo intentaremos explicar el proceso que da lugar al error migrañoso. Hay dos factores determinantes: 1) la genética de Homo sapiens que es de natural alarmista como todas las genéticas defensivas y promueve estrategias de minimización del peligro y 2) la condición humana que, por genética e historia evolutiva, ha seleccionado la estrategia del desarrollo cultural, la acumulación de conocimiento, un conocimiento que crea un prototipo de organismo frágil e individuo irresponsable y promueve criaturas gestionadas por un cerebro alarmista obsesionado en la vigilancia de todo, en esta y otras vidas…

Algunos padecientes se sienten aludidos…

– YO…

No analizamos YOs sino la condición humana, es decir, culturizada, del cerebro. La responsabilidad no recae en el individuo sino en el proceso de aprendizaje de minimizar el peligro, un proceso tutorizado por un instructor que recurre a la vía de prohibirlo todo para evitar problemas y justificar su estrategia en base a todo tipo de medias-verdades (genes, hormonas, estreses y demás) disfrazadas de verdades absolutas, de condiciones necesarias y/o suficientes.

Por los comentarios de los padecientes del anterior grupo pensamos que:

1) Se consigue el objetivo de tomar conciencia de la existencia de un cerebro que aprende a defendernos desde un estado de alerta excesivo pero…

2) Dejamos el temor de una cierta indefensión ante ese cerebro que impone una ley y es más complejo y menos controlable de lo que nos gustaría.

Los padecientes sabrán que tienen cerebro, que protege su cabeza de un modo alarmista, penalizador, que existe una posibilidad de modificar la conectividad de ese cerebro, que para ello les proveemos de conocimiento y aliento y que deberán echarse al ruedo a torear una situación nueva en la que no es posible adelantar resultados.

El arte de explicar el cerebro es complicado.

El arte de coger los trastos del nuevo conocimiento y hacer faena también es complicado…

¡Suerte!