>Cerebro y percepcion de enfermedad

>



El objetivo de este blog es llenar un vacío informativo sobre el papel fundamental del cerebro en la percepción corporal, tanto en salud como en enfermedad (real o aparente). Existen muchos padecimientos, p.ej fibromialgia y migraña, para los que no existe una explicación válida ni un tratamiento medianamente convincente.  


Para los pacientes se trata de enfermedades reales que producen sufrimiento e incapacidad real y que deberían ser explicados por alguna alteración que la Ciencia Médica debiera identificar y corregir. 


Para los profesionales (y a veces también para los allegados de los pacientes) se trata de situaciones inciertas en las que se insinúan como determinantes diversos estados psicológicos negativos (ansiedad, depresión, manipulación, exageración…). 

En mi opinión estos padecimientos tienen una explicación simple: responden a la activación por parte del cerebro de una serie de programas seleccionados para alertarnos y defendernos de los estados de amenaza física o de fracaso. Esta activación cerebral es errónea en el sentido de que no se produce ninguna situación que lo justifique y está facilitada por un proceso de aprendizaje que induce al error. 


Los pacientes perciben los programas cerebrales, es decir, se sienten como si estuvieran enfermos y tratan de recuperar la percepción de salud con diversos afrontamientos pero realmente no lo están (afortunadamente). 


El paciente no puede encenderse los programas defensivos cerebrales. Se limita a percibirlos y a actuar. El objetivo del programa cerebral de «sentirse enfermo» es el de que el individuo se conduzca como tal: se quede en la cama y tome sus medicinas. 

¿Por qué se encienden sin necesidad los programas de enfermedad? 

Oficialmente se trata de un encendido anómalo, una especie de cortocircuito, una escopeta que se dispara sóla… No es la consecuencia de una decisión sopesada por el cerebro sino algo que se le ha escapado, quizás porque se trate de un cerebro hiperexcitable. Quizás genéticamente hiperexcitable o porque la vida con sus sobresaltos y amarguras lo ha convertido en un órgano con la sensibilidad a flor de piel… 

Puede que algo de todo esto sea cierto pero creo que se olvida algo fundamental: la información. El cerebro siempre decide y muchas veces se equivoca. 
       
      
        

>Dolor y sistemas de defensa

>

     

El organismo está defendido por dos sistemas celulares, especializados en la detección y neutralización de agentes y estados nocivos: el Sistema Inmune y el Sistema nervioso. La membrana de sus células dispone de receptores o sensores que detectan dichos agentes y estados. Las células inmunes vigilantes detectan gérmenes, células defectuosas y/o cancerosas y las neuronas sensitivas registran estados físicos (mecánicos, térmicos) y químicos incompatibles con la vida.

Ambos sistemas trabajan de forma integrada cuando se ha producido una lesión. Los dos detectan señales de daño en los tejidos y se intercambian información para producir una respuesta defensiva inflamatoria eficaz pero comedida. 
      
Al nacer, tanto el sistema inmune como el nervioso disponen de capacidad para detectar diversos agentes y estados nocivos y activar, de forma refleja, la respuesta defensiva correspondiente. Una vez en contacto con el mundo, ambos sistemas celulares amplian el catálogo de nocividad a través de un ininterrumpido proceso de aprendizaje. 
      
El catálogo congénito no se modifica a lo largo de la vida ya que registra agentes absolutamente incompatibles con la supervivencia del individuo pero el componente adquirido por aprendizaje contiene en sus archivos agentes y estados de nocividad incierta o nula y actualiza sus evaluaciones a lo largo de la vida en función de la información que disponga. 
      
Las evaluaciones de peligrosidad realizadas por el aprendizaje del sistema inmune y nervioso contienen errores tanto por defecto como por exceso: no están todos los que son ni son todos los que están.

      
El exponente más común de los errores de registro del sistema inmune adquirido es la alergia y las enfermedades autoinmunes y el del sistema neuronal, un amplio conjunto de padecimientos definidos por la presencia de percepciones de alerta-defensa como dolor, picor o cansancio. 

La Medicina cataloga correctamente la alergia como un estado derivado de un error de catalogación del registro de moléculas peligrosas pero no contempla, en el momento actual, su contrapartida neuronal: dolor u otros síntomas, derivados de un error de catalogación del registro de estados potencialmente nocivos. 
      
Migraña, fibromialgia, colon irritable, síndrome de vejiga hiperactiva, dermatitis atópica… son etiquetas diagnósticas que corresponden a errores del componente neuronal adquirido del sistema de defensa. Estas entidades están consideradas frecuentemente como «enfermedades de origen misterioso». En algunos casos se reconoce la responsabilidad del sistema nervioso e incluso se sugiere que pueden corresponder a «errores en el procesamiento de información» pero se considera que el fallo reside en alguna deficiencia química, genética o de neurotransmisores. El cerebro haría mal su trabajo. Sería, por tanto un cerebro alterado.

En ningún momento se cuestiona la propia información pero puede que el cerebro sea normal y realice un excelente proceso… de ¡mala información!. 

La cultura es un caldo de cultivo excelente para generar y difundir mala información. Nuestra especie está profundamente culturizada y el cerebro nos defiende de aquello que la cultura señala como nocivo. No siempre lo señalado culturalmente como peligroso lo es. 


Desde este blog intentaré desarrollar la tesis de que muchos de los padecimientos que afligen a multitud de ciudadanos-as surgen de un cerebro normal, confiado y equivocado que activa sus programas defensivos guiado por la cultura, por la instrucción «experta».