Nueva edición del curso de Dolor y movimiento, en Vitoria

Convocamos una nueva edición de nuestro curso Dolor y movimiento, en Vitoria, los días 22 y 23 de Noviembre.

Consta de una primera parte teórica de 8 horas, impartida por mí, en la que expongo el marco teórico de la percepción de dolor, desde una perspectiva evaluativa-motivacional.

Mi hija Maite, fisioterapeuta, explica cómo se expone a los pacientes los conceptos básicos del dolor, desde la perspectiva de la Biología y, finalmente, María Jimenez, también fisioterapeuta, presenta la actividad física que se propone a los pacientes para romper el bucle de la kinesofobia.

Los interesados podéis informaros llamando al teléfono 696541479.

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El desmadre de la migraña

La migraña, un estado de alerta-protección del organismo no justificado, inducido en el aprendizaje por la instrucción experta, saca del cauce normal a la vida.

Todo lo que conforma el curso normal de la existencia, se desmadra.

Por ejemplo, la maternidad.

Las mujeres enmigrañadas temen la maternidad, por dos motivos: 1) el perjuicio potencial de los fármacos y 2 ( la transmisión de la enfermedad a través de los genes.

Algunas renuncian a tener descendencia.

Otras se arriesgan y comprueban angustiadas que alguno de sus hijos expresa la condición migrañosa.

En el reciente curso de Mollet del Vallés, dos alumnas relataron esa situación.

Una de ellas, 46 años, había renunciado a lo que más quería y temía, ser madre, y otra, comprobó que un hijo padecía crisis, como consecuencia de la transferencia de sus genes migrañosos.

Hicieron el curso y adquirieron el conocimiento necesario para interpretar la situación desde la perspectiva de la vida bien encauzada, sin desmadre.

Todavía podría ser madre la primera y la segunda inició conjuntamente con su hijo de 12 años el proceso de desenmigrañamiento, al parecer con éxito.

La cultura oficial de la migraña («enfermedad cerebral congénita, irreversible») hace estragos en los proyectos de vida de los pacientes. Se ceba con lo que quisieran hacer, no con lo que aborrecen. El cerebro migrañizado teme lo que el individuo ama.

La condición femenina contiene más probabilidad de padecer el despropósito de la migraña. El Sistema Neuroinmune de la mujer comete más errores evaluativos: aprecia más peligro del que hay. Los cambios hormonales femeninos lo explican y justifican todo, desde la perspectiva oficial.

La menstruación, un proceso fisiológico programado y controlable, inofensivo localmente y a distancia (cabeza), se convierte en un «desencadenante» similar al viento Sur, el chocolate, el fin de semana o el vinito.

La genética explica por sí misma el complejo proceso de la conectividad neuronal. El aprendizaje, la imitación, la instrucción experta no cuenta. No hay proceso evaluativo, predicción, errores… Sólo genes y hormonas que determinan, sin más consideraciones, las crisis.

Sólo hay una información experta a considerar: la oficial. Lo que no concuerde con ella es pura charlatanería.

Sólo hay fármacos en el horizonte de las soluciones.

El CGRP es la molécula sobrante que desata el infierno. Bastará con bloquear sus receptores para desbaratar la tormenta.

La conectividad neuronal humana es sensible a la información experta. Somos una especie doméstica. Buscamos la protección en lo que la cultura promete y nos sometemos a sus dictados porque no podemos rebelarnos contra lo que los expertos proclaman.

El organismo teme lo que le han enseñado a temer y busca lo que le han enseñado a buscar.

Estamos ante un cambio radical de paradigmas, propiciado desde el conocimiento biológico. Pasará un tiempo hasta que ese nuevo conocimiento disuelva los errores normalizados de la cultura experta actual.

Seguiremos con los cursos ofreciendo la oportunidad de re-encauzar lo que se ha salido de madre.

Know pain, no pain.

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Testimonio. Adiós, migraña

Federico Juárez

Historia de un exmigrañoso.

Durante 15 años lo he probado todo: ibuprofeno, opiodes, cafeína, triptanes, inyecciones de botox, terapias basadas en cambios en la alimentación, tratamientos preventivos como topiramato y betabloqueantes, incluso en la última etapa, antidepresivos. Todos estos, respaldados por la supuesta “Medicina basada en la evidencia” (que no en la ciencia), más muchos otros de las llamadas terapias naturales o complementarias, como homeopatía, Flores de Bach, acupuntura, quiropraxia, tratamiento de la ATM, auriculoterapia, tratamiento para fortalecer la musculatura cervical… Y por último, para culminar el despropósito, tratamientos invasivos como el bloqueo del ganglio esfenopalatino, cuya versión light consiste en introducir unos bastoncillos de 15cm con lidocaina en las fosas nasales (la versión menos light es quirúrgica), y la más rocambolesca, que afortunadamente no llegué a probar, aunque hice todo el preoperatorio, en la que un equipo formado por una neurocirujana, una neuróloga y una psicóloga, pretendían colocarme una válvula para controlar una supuesta alteración en la dinámica de mi líquido cefalorraquideo, a pesar de que todas las pruebas (muy caras todas) decían que no existía ninguna alteración.

Seguro que me dejo algún tratamiento, pero se pueden imaginar el nivel de desesperación tras este largo peregrinaje terapéutico por diferentes tratamientos y especialistas (neurólogos, neurocirujanos, fisioterapeutas, psicólogos, psiquiatras…) que trataban, con su mejor voluntad, de ofrecer una solución. 

Pues la solución era más sencilla, y al mismo tiempo más compleja: en una conversación informal con otra migrañosa (casualmente, una farmacéutica de prestigio), ella mostraba su convencimiento sobre el componente autoinmune de la migraña. Eso me recordó que unos años atrás, había comprado un libro llamado “Migraña: una pesadilla cerebral”, del que solo llegué a leer unas cuantas páginas. En aquel momento no estaba preparado para leerlo, pero en esta ocasión decidí no solo hacerlo, sino comprometerme a una lectura reflexiva y a poner en práctica las recomendaciones del autor.

Empecé a leer el libro, a elaborar un mapa mental con las ideas clave, y a medida que me identificaba con la “paciente-alumna” del libro que acudía a la consulta, la curiosidad me llevó a investigar si había algún curso, videos, o materiales en internet complementarios al libro.

Encontré la web de Arturo Goicoechea y las fechas de los próximos cursos presenciales. Veintisiete de Abril de 2019: es la fecha en la que todo empezó a cambiar. Ahí empezó el viaje mental que me ha convertido en un exmigrañoso.

Acudí a la primera sesión presencial del curso con la máxima motivación pero con cierta cautela y escepticismo. Empecé a aprender conceptos relacionados con la biología del dolor, su sentido evolutivo, el aprendizaje nociceptivo y cómo desaprenderlo, la diferencia entre daño y dolor, y como cuando no hay daño, no hay justificación biológica para el dolor. El cerebro y el individuo migrañoso son simplemente cerebros equivocados, instruidos en el seno de una cultura alarmista.

Decidí no volver a tomar pastillas. Hice caso a una frase del libro y del curso: no necesitas pastillas para flotar. Cambiar la convicción de que las pastillas no eran necesarias para combatir la migraña, cuando vienes de años en los que algunos días has tomado 10-12 pastillas, no es nada fácil.

Yo tenía catalogadas múltiples situaciones como desencadenantes: ejercicio físico intenso, situaciones estresantes, falta de sueño, días de mucho viento, cambios en el patrón alimentario, viajes, ambientes con mucho ruido o mucha luz, calor… En el curso aprendí que el único desencadenante es la búsqueda de desencadenantes. He aprendido que la etiqueta “migraña” tiene todos los componentes de una fobia, una espiral fóbica que crece si no la desactivas. El problema se parece al miedo irracional cuando nos asomamos a un balcón y pensamos que nos vamos a caer. Y ante algo irracional, se debe racionalizar. Plantarle cara al problema. No huir. No esconderse en el cuarto oscuro. No darle la razón a una alarma que suena ante un peligro inexistente. No pasa nada en la cabeza. No hay daño, luego no debe haber dolor. No existe un origen genético, ni vascular, ni hormonal en la migraña (esto está demostrado pero a la industria farmacéutica no le interesa que se conozca). Existe un evaluación errónea de peligro con una fuerte impregnación social, y lo que es peor, tras la evaluación de un “experto”, se produce un sesgo de confirmación que cataloga y registra al enfermo: tiene usted migraña. 

Descataloga los “desencadenantes”. Se puede hacer, aunque cuesta mucho trabajo desaprender. Yo lo he conseguido. No han hecho falta superpoderes: solo conocimientos nuevos, cambiar las convicciones, reconceptualizar el problema y fuerza de voluntad para no tirar la toalla si se pierde una batalla.

Adiós migraña. Me has generado mucho sufrimiento durante todos estos años. Y a mi familia también. 

Gracias Arturo. Sé que dirás que yo he sido un buen alumno, pero tú eres un gran profesor, el que más impacto ha tenido en mi vida.

Probablemente tus colegas neurólogos no salgan nunca de la “doctrina oficial”. Tú ya cuentas con eso. Yo sigo teniendo la esperanza de que algún día se reconozca tu trabajo y se profundice en la pedagogía de la neurobiología del dolor.

Ojalá que mi testimonio sirva para que otras personas dejen de vivir esa pesadilla cerebral.

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En estado, por Sistema

Un organismo es un Sistema, es decir, un conjunto de componentes altamente integrados. Además es un Sistema biológico: tiene un objetivo, la supervivencia, y capacidad adaptativa para conseguirlo.

En los Sistemas no hay jerarquía central. El poder, la «decisión», es algo que emerge en cada momento, en función de la información que fluye bidireccionalmente entre los componentes del Sistema. La propuesta ganadora «se queda con todo» y se expresa como un estado, que contiene una intencionalidad, un propósito y un valor biológico.

El dolor corresponde a la proyección como conciencia de un estado de alerta-protección.

En el Sistema ha emergido ese estado. Podemos considerar los factores que pueden haber influido, pero no tendremos nunca la seguridad de dar con la hipótesis absolutamente correcta.

La Biología es compleja, sistémica, pero nos gusta hacerla lineal, simple, predecible y manejable a nuestra voluntad.

Los expertos dicen que la migraña es una enfermedad (necesariamente existe un componente patológico). Hay que identificarlo. Parece que los indicios apuntan a un supuesto «generador», un conjunto de neuronas de condición genética hiperexcitable que se activan y ponen en marcha el proceso. El componente responsable es el gen. Así de simple.

¿Cómo surge el dolor?

También simple: el generador sensibiliza las terminales vasculomeníngeas del trigémino.

¿Cómo?

Más simple imposible: liberando CGRP.

¿Cómo corregimos el problema?

Perogrullo en estado puro: bloqueando los receptores de CGRP. Silicona en la cerradura.

El todo no es más que un ensamblaje de piezas, como la mecánica de los coches.

¿Algo no funciona?

Se analizan los componentes hasta dar con el desviado. Se investigan fármacos y se neutraliza el fallo puntual.

El todo queda normalizado al neutralizar el componente vicioso.

Los Sistemas biológicos contienen múltiples subsistemas. Todos ellos están «anidados», como capas de cebolla, comunicadas bidireccionalmente, de complejidad y abstracción creciente.

La capa más abstracta y potente del Sistema de defensa del organismo, en ausencia de sucesos reales de necrosis (muerte celular violenta) que impongan su jerarquía, es la que contiene la información publicitada por la cultura experta.

A falta de información de daño en tiempo real, la capa predictiva puede animar el foro de los subsistemas y hacer que emerja el estado de alerta-protección. A poco que coja fuerza, apoyado en la retroalimentación positiva (característica de las respuestas defensivas) irá generando contenidos conscientes, cognitivos, emocionales, conductuales… Estados de alerta que serán sentidos por el individuo como algo que se está cociendo. Si el bucle se anima acabarán apareciendo el dolor, los vómitos y la intolerancia sensorial. El individuo consciente se habrá añadido al debate sistémico y aportará más gasolina al fuego.

No hay problema. El ibuprofeno o un triptán precoces acabarán con la complejidad de la trama biológica del Sistema, sugieren los expertos.

Así de simple.

En los cursos tratamos de explicar la complejidad del Sistema de defensa Neuroinmune. Los alumnos, náufragos del enfoque simplista de la teoría del componente patológico que lo explica todo, comprenden generalmente el embrollo y se ponen las pilas. Hacen el trabajo de optimizar su participación, como una pieza más del Sistema.

A veces el estado de alerta-protección pierde fuelle. La información alarmista no gana la partida. Otras, desgraciadamente, sigue imperando la hipótesis de la patología necesaria y la terapia soñada.

El problema de la migraña es sencillo: hay que comprender su complejidad sistémica.

La cultura experta es una capa fundamental del proceso.

Know pain, no pain.

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Dolor y sufrimiento

El dolor es… dolor. Un contenido de la conciencia que, salvo que hayamos nacido con la rarísima condición genética que nos hace insensibles al daño, todos hemos conocido, afortunadamente. Gracias a ello sobrevivimos.

Evolutivamente el dolor está ligado a la evitación de la necrosis (muerte celular violenta) y a su reparación, si no ha podido evitarse.

Si consideramos al dolor como la expresión en la conciencia de un estado emocional del organismo de alerta-protección, surgido de una evaluación de amenaza a la integridad de los tejidos, delimitamos con rigor biológico (evolutivo) el marco contextual en el que debiera aparecer: el de la supervivencia del soporte físico en el que residimos como individuos conscientes, pero no soberanos.

A veces trasladamos el término «dolor» a otros contextos y metemos en el mismo saco estados de sufrimiento del individuo consciente, que no tienen nada que ver con la supervivencia física, sino con la autoestima y aprecio social

El organismo es un Sistema complejo, constituido por partes, capas, altamente integradas. El todo es más que la suma de las partes y cualquiera de los factores de ese todo puede repercutir favorable o negativamente sobre ese todo.

El estrés puede hacer que un incidente de necrosis consumada no proyecte dolor (analgesia por estrés), tal como sucede cuando hay un escenario que requisa, por su relevancia, todos los recursos atencionales, como puede ser un león o un incendio.

Al contrario, el distrés improductivo puede facilitar los errores evaluativos y hacer que, aunque no haya necrosis consumada ni inminente, sintamos dolor en parte o en todo el cuerpo.

Los componentes «psicológicos» como el ánimo, la angustia, la hipervigilancia, la cognición catastrofista, las emociones contenidas y mal gestionadas, pueden facilitar el error evaluativo que implica la proyección de dolor s,in que exista amenaza de necrosis.

Pueden, pero no debieran hacerlo.

«Me duele lo que dices» no debiera generar el estado de alerta-protección de integridad física, como si lo que se ha dicho fuera equivalente a una energía mecánica, térmica o química nociva.

El Sistema de prevención de incendios no debiera activarse cuando hay una discusión acalorada.

La cualidad «dolor» debiera limitarse a informar sólo de estados de amenaza física, tal como sugiere la consideración biológica del soporte de la red neuronal que detecta el daño y activa la respuesta inflamatoria.

El sufrimiento es lo que asigna una valencia negativa a cualquier escenario que perturba algún ámbito del individuo.

El dolor activa el sufrimiento, pero lo que nos hace sufrir no debiera acoplar la cualidad dolor si no coincide con una situación de daño físico actual.

Las emociones se construyen.

El dolor, concebido como un estado emocional somático, también se construye, se aprende.

La instrucción experta debiera ayudar a discriminar con rigor lo que atañe a la integridad física del habitáculo, de las peripecias biográficas de quien lo habita.

Lamentablemente se tiende a mezclarlo todo y a bendecir el pastiche generado.

El componente fundamental para gestionar bien los estados emocionales es el conocimiento y la experiencia libre.

Neuromeditación de lo aprendido y aplicación a la vida diaria.

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