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Seamos realistas

Los seres vivos actuamos en base a una realidad imaginada, anticipada. La experiencia adquirida en la interacción con el entorno nos permite atribuir a nuestra conducta un impacto positivo o negativo sobre el estado interno y seleccionamos acciones de evitación o exploración-explotación en cada escenario.

Soñamos nuestra realidad con los pies más o menos alejados del suelo.

Los demás animales sueñan y se abandonan al vagabundeo mental cuando no están ocupados en alguna tarea, tal como hacemos los humanos, pero su imaginación (al menos en los animales silvestres) se nutre únicamente del material que aportan sus sentidos externos e internos. Están condenados, para bien y para mal, a ser realistas, a especular con lo que da de sí la interacción material con el entorno, sometida a leyes físico-químicas que condicionan pero ignoran.

La experiencia les permite extraer la información requerida para seguir vivos. Deciden sin saber por qué, sin una mínima idea de átomos, vísceras, energías, genomas ni microbiomas.

La evolución ha hecho emerger en nuestra especie, también para bien y para mal, la cultura, un ámbito que nos acerca o aleja del mundo real, según sean los contenidos que proclama. Los expertos han ido extrayendo información con sus herramientas tecnológicas y gracias a ellos sabemos que somos agregados complejos de partículas-átomos-moléculas. Células-órganos…

Probablemente otros animales tengan consciencia, subjetividad, sentimientos, estados mentales, lenguaje interno, ganas, emociones, pero probablemente no saben lo que nosotros sabemos, por suerte o por desgracia.

Dicen los neurocientíficos que lo que percibimos son alucinaciones coherentes con los datos sensoriales, con la realidad. Las imágenes, sonidos, olores, sabores y texturas que aparecen en la conciencia cuando estamos despiertos son similares a las soñadas o imaginadas en el vagabundeo diurno o nocturno, sólo que contienen más coherencia con los datos sensados de la realidad, es decir, con la materia, energía, espacio-tiempo e información (leyes naturales físico-químicas.

No siempre la alucinación se contiene con los datos sensoriales de lo real. El impulso soñador-imaginativo supera las barreras sensoriales y aparecen en la conciencia percepciones, pensamientos, emociones, ganas conductuales sin ningún anclaje con lo que realmente (materia, energía, espacio-tiempo, información sujeta a leyes físico-químicas) está sucediendo.

Padecemos muchos síntomas que los médicos no se explican y quedan en un limbo variopinto con todo tipo de ofertas de causas contradictorias entre sí.

Muchos sapiens no consiguen evitar que su sistema neuroinmune siga operando en modo sueño-imaginación, desvinculado de la realidad. A ello contribuyen los expertos que aseguran que los síntomas provienen de genes, estreses, dietas, tóxicos, energías y emociones disfuncionales que deberán corregirse o paliarse con diversos remedios.

En GoiGroup proponemos que el sueño disfuncional errante, continuado o recurrente, se mantiene por obra y gracia de la información que los expertos aportan al sistema, una información que no se ajusta a las leyes físico-químicas naturales, sino a la ignorancia, encubierta por intereses múltiples, ajenos al interés del individuo.

Lo sensato es ayudar al sistema neuroinmune a tocar realidad y liberarse de esa ensoñación continua que no despierta a la realidad porque no atiende a los datos sensoriales (nada nocivo está sucediendo), sino a la información de expertos («usted padece migraña, fibromialgia, dolor crónico… etc, etc, etc. Es una enfermedad misteriosa, irreversible…»).

– No me creo que todo sea un sueño…

Todo lo que vemos, oímos… es un sueño, una construcción. Los ruidos no existen. No pueden producir dolor de cabeza, por tanto…

– ¿Cómo que no existen? ¿Los imagino?

– En absoluto. Es el modo como aparecen en su conciencia unas mínimas perturbaciones ondulatorias del aire. Esa es la realidad física. Ni siquiera hace falta que existan. Su sistema neuroinmune puede crear sonidos sin que nada vibre en el aire que llega a su oído…

Estas verdades incomodan. Preferimos el mundo intuitivo, ingenuo. Validamos los síntomas como algo que expresa de modo fiable lo que realmente está sucediendo.

– Yo sólo sé que me duele la columna, que tengo artrosis, hernias… No me venga con historias de sueños y alucinaciones…

Se comprende que no resulte fácil aceptar estas propuestas, pero es lo que dicen los científicos.

De lo que se cree se cría. Sentimos lo que nuestro sistema neuroinmune sueña.



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