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¡Salud!

Corresponde a estas fechas desearse todo tipo de parabienes de cara al nuevo año. También es un momento oportuno para hacerse propósitos.

Confieso que no soy muy navideño, pero no puedo sustraerme a estas tentaciones y sin que sirva de precedente y dados los malos tiempos que corren, quiero felicitar a los que hemos podido entrar en este nuevo año y desearnos lo más preciado de todo cuanto podemos tener, es decir, ¡SALUD!

No basta con estar sano para sentirse como tal, ni garantiza sentirse sano para estarlo. Mi deseo es que todos los seguidores estén y se sientan sanos. Desgraciadamente, algunos contraerán enfermedades que no siempre la Medicina podrá resolver. Todos hemos perdido a alguien querido en este año ya pasado.

Otros se sentirán sanos, pero un mal día un control rutinario o un síntoma les robará ese bien preciado de estar y sentirse sano. Sin embargo, lo que más me preocupa y ocupa es ese sustancioso porcentaje de la ciudadanía que se siente enferm@ sin estarlo.

Es una condición dramática, peor que la enfermedad objetiva. Es como estar enclaustrado en la propia casa, privado de libertad, sin evidencia de una causa justificada, sin esperanza de retomar la vida.

Al fin y al cabo, lo que cuenta es cómo nos sentimos, más aún que cómo estamos.

No resulta fácil recuperar la convicción de estar sano cuando uno se siente tan mortificado e invalidado. Tampoco acompaña para sentirse bien la incomprensión y desaprecio de profesionales y allegados. Las etiquetas diagnósticas y las ofertas de terapias multidisciplinares ofrecen un rayo de esperanza que se desvanece con el paso del tiempo.

Llevo ya unos cuantos años dedicado a explicar a los padecientes sanos que están sanos. No se sienten sanos porque así lo desean (¡qué más quisieran que encontrarse bien!), sino porque su sistema neuroinmune está atascado en un bucle de alerta-protección-ahorro de energía que es incapaz de desatascar.

Unos dicen que es un problema autoinmune; otros que lo psicoemocional pasa facturas en forma de síntomas físicos; otros inculpan al medio ambiente degradado; otros, en fin, concluyen, que un mal misterioso opaco a los ojos de los expertos sigue campando por los tejidos.

Mi hipótesis sitúa el problema en la información de los expertos. Somos una especie culta, para bien y para mal.

La Medicina (todas las ramas de profesionales sanitarios) puede solucionar y crear problemas con sus teorías y prácticas. Generalmente presta buenos servicios, pero no es tan raro que aporte perjuicios innecesarios. Puede ser peor el remedio que la enfermedad. Puede que el empeño en ver enfermedad donde no la hay y tratar de remediarla sea lo que impide sentirse sano.

Pues bien. Después de un largo período de retiro del blog y las redes sociales, me he propuesto retomar la tarea y seguir dando la tabarra con mis propuestas. Espero que así sea y que resulte de provecho para quien me lea.

Queda así escrito y así será.

Que tengáis los que padecéis la dramática situación de sentiros enfermos sin certificado de enfermedad lo que os merecéis, que no es otra cosa que poner fin a ese estado y retomar la normalidad perdida por culpa de una etiqueta-estigma injustificada e inoperante.

¡Urte berri on! ¡Feliz año nuevo!



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1 comentario en «¡Salud!»

  1. Qué buena noticia!!! Estaremos muy atentos a las nuevas entradas del blog, siempre interesantes para los que seguimos reprogramando el sistema. Un abrazo y feliz año.

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