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Las «fibras del dolor» y el cerebro (VI): Su gestión

Érase una vez un albañil…

El programa de La 2 de El cazador de cerebros, dedicado al dolor, arranca con la anécdota del albañil que se clava un clavo en el pie.

El pobre albañil padece un dolor intensísimo en el pie. Un clavo lo ha atravesado.

Dispone de dos evidencias:

  1. el clavo ha atravesado el pie y
  2. siente un dolor intenso en el pie.

Conclusión lógica: el clavo ha dañado el pie y el dolor certifica la hipótesis.

Habrá que intervenir. Se necesitará sedación, pues cualquier intento de quitar la bota intensifica el dolor.

Se procede a sedar al albañil y la intervención consigue extraer la bota y el calcetín, para comprobar con sorpresa que el clavo ha atravesado el pie a través de un espacio interdigital que sólo muestra un ligero rasguño.

¿Qué dolía cuando le dolía?

Las neuronas que detectan daños («las fibras del dolor») sólo comunicaron datos sobre una mínima erosión cutánea.

Los fotoceptores de la retina facilitaron los datos pertinentes para que las áreas corticales de procesamiento proyectaran la imagen de un clavo atravesando el pie.

Las áreas de procesamiento de señales de nocividad y tacto sugerían una interpretación de un mínimo daño en los bordes del espacio interdigital, pero… la información visual tiene mucho peso en nuestra especie.

La gestión cerebral es sugestionable

El cerebro es sugestionable y tiende, por el principio de precaución (todo humo procede de un incendio hasta que no se demuestre lo contrario), a actuar desde el catastrofismo. Desatendió la información de las «fibras del dolor» y actuó como si el clavo hubiera atravesado el pie, destrozando piel, huesos, articulaciones…

Esa evaluación se expresó en la conciencia con la cualidad «dolor». En términos neurofisiológicos, el dolor correspondía a una alucinación de daño.

Es decir: el cerebro se sugestiona por sus propios temores y lo que recibimos en la conciencia expresa siempre una síntesis cambiante de lo que realmente sucede y lo que, también realmente, teme el sistema neuroinmune. Lo que percibimos son alucinaciones controladas por la información sensorial (Andy Clark; Karl Friston). El cerebro sueña la realidad (Rodolfo Llinás).

Los seres vivos aborrecen la incertidumbre («energía libre») y hacen lo posible por minimizarla a base de información, venga de donde venga, sea por experiencia propia, por observación de sucesos ajenos o, en exclusiva en nuestra especie, por información sobre interior de los expertos en interiores somáticos, opacos para los legos.

En el dolor crónico no asociado a daño que lo explique y justifique biológicamente, la cuestión no está en los tejidos, sino en lo que el sistema evalúa como una posibilidad con una probabilidad variable. La información impone su poder y es capaz de generar contenidos de conciencia (por ejemplo dolor) minimizando el valor informativo de los datos de las «fibras». Nos puede muchas veces la posibilidad teórica aunque sea altamente improbable.

Desde esta perspectiva, lo lógico e interesante hubiera sido seguir el hilo de cuestiones que, lógicamente, plantea el asunto del clavo milagroso. Sin embargo, el programa se centró en las «fibras del dolor», en bloquear sus señales: primero con aspirina, luego con algo más fuerte y, si las fibras siguen erre que erre, mandando señales de tacto con una corriente eléctrica que hace el mismo efecto que frotarse la piel de la zona en la que sentimos dolor.

No se olvidó del complemento de la sugestión cerebral y sacó a colación el tema del placebo y la realidad virtual.

La importancia de las narrativas

Dado que el cerebro es altamente sugestionable, contémosle cualquier historia que quiera o tema oir. Historias de buenos y malos. Placebos y nocebos.

Imaginemos otro final en el relato del clavo: bajo sedación se procede a extraer el clavo con unos alicates tirando del extremo de la planta. Se coloca un apósito en la piel y se pautan analgésicos.

-Ha ido todo bien. Le hemos extraído el clavo sin necesidad de abrir el pie. Notará dolor unos días. Tome estos calmantes…

Podemos imaginar incluso que el dolor persiste y persiste y persiste… el dolor se hace crónico, complejo, persistente…

La imaginación nos define como especie, para bien y para mal. La información de los expertos puede ayudar a centrarla en la realidad opaca interna o llevarla por los cerros de Ubeda.

¿Qué duele cuando duele y no hay daño?

Al parecer, el cerebro que se sugestiona con facilidad… a lo que «decide» dejarse sugestionar.

Somos lo que nos contamos (O. Vilarroya)… y lo que nos cuentan acerca de lo que no tenemos información sensorial objetiva.

El dolor y otros síntomas expresan en la conciencia una narrativa aprendida con más o menos cuota de realidad.

Hay muchas narrativas

La información del programa fue coherente con una determinada narrativa de expertos. Reflejó esa narrativa («fibras del dolor», bloqueo de señales… sugestión…). No consideró la importancia de la información, otra narrativa iniciada por Melzack y Wall en los setenta del siglo XX: «el dolor es una percepción compleja que contiene componentes sensoriales, cognitivos, emocionales y sociales». A falta de datos sensoriales, nos quedan los demás.

No hace falta un cuerpo para sentir dolor (P. Wall). Los pacientes amputados lo pueden certificar.

En realidad, no se habló de cerebro en el programa, sino de procedimientos para combatir el dolor, con poco éxito cuando no hay un daño sobre el que intervenir.

La información sobre neurociencia está acreditada como la herramienta más útil y fundamentada biológicamente para ayudar al cerebro a gestionar los recursos de alerta-protección. Los fisioterapeutas lo saben y la aplican, complementada con la exposición gradual a la actividad, combatiendo la kinesofobia, el miedo.

La gestión cerebral es sugestionable.

¿Qué neuromodula esa sugestionabilidad?

Ahí lo dejo.

Know pain, no pain


Artículos anteriores de esta serie, analizando el capítulo «¿Qué me duele cuando me duele?» del programa El cazador de cerebros:

Escucha nuestro nuevo podcast, "Desfragilizando":

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