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Sin prisas, pero sin pausas ni pautas

En los síntomas y síndromes sin explicación médica, desde la hipótesis del error evaluativo neuroinmune, el profesional y el padeciente se conceden un tiempo de escucha mutua cuyo objetivo es ofrecer una información sobre procesos básicos biológicos que pueden explicar lo que parece inexplicable.

Algo nuevo. A ver si funciona…

Los padecientes han peregrinado por todos los mercados de las etiquetas y remedios y participan en los cursos con más o menos escepticismo, con más o menos ilusión. Acostumbrados a recibir pautas, consejos y remedios, esperan lo mismo de este nuevo enfoque, aún desconocido.

Realmente, no ofrecemos nada de eso. Sólo conocimiento, información. Las pautas corresponden al ámbito de las decisiones individuales.

-¿Dejo las pastillas? ¿Cómo hago para que el dolor se vaya? ¿No me dan, no sé, unas tareas, unos ejercicios mentales, técnicas de meditación o relajación? ¿Cómo tengo que ser? ¿Qué me recomienda? ¿Sigo con el diario de los dolores? ¿Tengo que ser positivo?

No tengo claro lo que tengo que hacer con mi vida para que me vaya razonablemente bien, pero consigo mantener, más o menos, el tipo. Tampoco sabría convertir en pautas el proceso que me ayudó a librarme de un considerable número de síntomas y síndromes en la época previa al cambio de chip.

La clave era, en todo caso, muy sencilla: en el diálogo privado con el organismo, en el reducido ámbito de la conciencia, interiorizaba con incertidumbre y ansiedad variable la nueva información, a la vez que trataba de enfriar el impacto emocional del síntoma: «no tengas miedo»; «no pasa nada»; «muévete»; «concéntrate en lo que estás haciendo».

No era fácil ni difícil. Era lo que era: gestionar pensamientos, impacto emocional, atención, conducta y desearme suerte. Al principio, como en todo nuevo aprendizaje, cuesta más, pero si conseguimos avances en todos esos aspectos del proceso, la balanza se inclinará hacia el lado de la racionalidad perdida.

Los síntomas no surgen de la nada. Emergen en la conciencia como resultado de un proceso complejo que integra toda la información disponible para cada escenario. Si sentimos picor podemos estar seguros que manda la evaluación de «peligro en la piel-¡ráscate!» Si sentimos ganas de beber agua: «tienes agua a mano-¡echa un trago!»; si sentimos mareo: «te vas a caer-no te muevas-¡agárrate a algo!»; si sentimos cansancio: «no te esfuerces en vano-¡ahorra energía!»…

La cuestión es: «¿realmente se da esa situación en el organismo para que el sistema neuroinmune proyecte en la conciencia su miedo y me tenga mortificado e invalidado?»

Las pruebas son normales. O una de dos: 1) mi organismo es normal y soy yo el culpable. (ansiedad, catastrofismo, desánimo, perfeccionismo, hipervigilancia…) 2) mi organismo padece una enfermedad que las pruebas no detectan.

O… ninguna de las dos: el organismo es normal, usted es normal, pero el sistema neuroinmune actúa desde una información errónea. Hay que modificarla. hay que facilitar otra información y hay que ponerla en práctica (enacción).

La clave

No sé si conocen el prólogo que mi nieta de 8 años hizo a mi último libro (Sapiens, ma non troppo). Cuando pregunto a amigos lectores, invariablemente comentan: me ha encantado el prólogo. Son cuatro líneas retorcidas en las que la cría explica cómo se libró de un dolor inoportuno que amenazaba con dar al traste con su estancia en el campamento de equitación de verano.

(…) Me pasaba por la cabeza cuando mis padres me decían que si tenía dolor me moviera y así saldría de esa situación. Entonces empecé a moverme y poco a poco me empezaba a dolerme menos. ¡Hasta que ya no me dolía! Para entonces ya era la hora de montar a caballo. Y lo hice sin que me doliera. Había salido de una situación horrible. No me daba miedo porque me lo habían explicado. Eso sí, poco a poco.

Sapiens, ma non troppo: Síntomas sin explicación médica

El resto del libro trata de convencer a una mente adulta de lo mismo. No tengas miedo. No pasa nada. Muévete. Vive.

El problema es que, a esas alturas de la vida adulta, los circuitos están llenos de todo tipo de lastres informativos, etiquetas y terapias. El sistema neuroinmune opera desde esa información y esos hábitos.

La palabra pauta es confusa, al menos en lo que se refiere al aprendizaje neuroinmune. ¿Cómo se consigue que la información que gana los debates de cada escenario sea la más racional, la que más acerca lo imaginado (temido) a la situación real?

Informando y animando a experimentar sin miedo lo mostrado.

-No me convence. Necesito pautas, que alguien me autoayude…

Know pain, no pain.

Sin prisas, sin pausas, sin pautas.



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2 comentarios en «Sin prisas, pero sin pausas ni pautas»

  1. Gracias Arturo, mil gracias por la entrada. He decidido «dar» las gracias así a «lo antiguo» en cada entrada que publiques, ya que en el blog no hay emoji para poner «like»…
    Dices que no das pautas, y efectivamente, también creo que las pautas son tan personales que es el propio individuo quien se las debe arrogar y ajustar según su modo de ver las cosas….de todas formas suficientes pautas son, y copio de tu escrito: «no tengas miedo»; «no pasa nada»; «muévete»; «concéntrate en lo que estás haciendo». Vamos, son más que suficientes…es el ABC.
    Por otro lado, escribes: O una de dos: 1) mi organismo es normal y soy yo el culpable. (ansiedad, catastrofismo, desánimo, perfeccionismo, hipervigilancia…)..
    Y yo digo, si bien el palabro «culpable» es muy utilizado socialmente (aunque creo que a ti no te lo he leído ni escuchado nunca) pienso que es fundamental cambiarlo por el término «responsable». En mis muchos años de terapia para des-etiquetarme si algo aprendí es la responsabilidad propia (sin culpas) del estado (o mal estado) en el que me encontraba. Me fui al diccionario y no pude estar más de acuerdo: «La palabra responsabilidad procede del latín responsum, del verbo respondere, que a su vez se forma con el prefijo re-, que alude a la idea de repetición, de volver a atrás, y el verbo spondere, que significa «prometer», «obligarse» o «comprometerse».»
    Luego, si me responsabilizo, soy capaz de responder y comprometerme conmigo; y me convierto en parte activa; si me culpo, entro en miseria esperando sentencia en un estado totalmente pasivo.
    Imagino que quien me lea (incluso tu) podrá pensar: joder, la tipa esta, que perapuñetas…. puede ser…lo asumo, mea culpa (jajajajaja) pero es tan importante como nos hablamos (o re-hablamos, es decir, desprogramar el error para programar el estar mejor), que he sentido de la necesidad de soltar todo este rollo. No hay culpables,no hay jueces,no hay que esperar sentencias porque nadie ha cometido una falta… bueno si, la única y garrafal, la valoración errónea y sesgada del sistema evaluativo.
    Millones de gracias y un super abrazo,
    Susana

  2. Susana: gracias, mil gracias a tí por estas estupendas reflexiones. Comparto la sugerencia de utilizar el término «responsable». De hecho lo utilizamos explícitamente para eliminar el de «culpa». Hay que apelar a la responsabilidad, efectivamente. Eso exige una correcta comprensión de los conceptos y su aceptación para proponerse cumplir con un objetivo que está a nuestro alcance, con un porcentaje de éxito variable, con un aprobado raspado, con sobresaliente, matrícula de honor o, desgraciadamente con un suspenso, en ocasiones.
    Un abrazo.

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