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Catastrofismo neuroinmune

Principio de precaución

El sistema neuroinmune es catastrofista. Trabaja desde el principio de precaución: mejor pensar mal para sobrevivir. El peligro no siempre da la cara y, en principio, es mejor aplicar la máxima de que todo puede dañar, mientras no se demuestre lo contrario. En cada escenario, en cada acción, el SNI (sistema neuroinmune) evalúa pros y contras, riesgos y beneficios y sanción social. Fluctúa entre el palo y la zanahoria, promoviendo recursos de evitación o de exploración-explotación.

En los síntomas sin explicación médica, el SNI actúa en modo catastrofista. No hay motivo para operar a la defensiva, pero lo hace.

Carga de trabajo excesiva e improductiva

El catastrofismo neuroinmune somete al organismo a una carga innecesaria (carga alostática). Hace trabajar al corazón y las arterias más de la cuenta con una frecuencia cardíaca y una tensión arterial que sólo aportan estrés metabólico y mecánico y descontrol de la excitabilidad (arritmia). Los pulmones trabajan también en exceso, eliminando más anhídrico carbónico del necesario. El aparato digestivo se mueve más de lo necesario, alterando el ritmo que exige una buena digestión de lo comido.

El catastrofismo repercute también sobre el propio SNI. La red neuronal y glial están sobreactivadas, distorsionando la información sensorial, generando falsas señales y procesando esas señales de modo hipersensible desde el modo catastrofista.

Organismo sano, pero catastrofista

El resultado final es calamitoso para el individuo. Está condenado a residir en un organismo aceptablemente sano, pero gestionado por un SNI catastrofista. Los síntomas son la expresión de ese catastrofismo.

La culpa del modo catastrófico no es del corazón, las arterias, el intestino, la vejiga, las neuronas o los linfocitos. Tampoco es la culpa del individuo consciente, que es quien, en definitiva, tiene que mover el organismo de aquí para allá, decidir hacer esto o lo otro. Actúa al compás del catastrofismo del SNI, como si fuera un aparato más.

Nacemos con la huella del catastrofismo evolutivo escrita en el genoma. Es un catastrofismo ponderado, productivo, que nos aleja de peligros reales. En el genoma es todo lo que está, pero no está todo lo que podría ser peligroso. A base de error-ensayo-error, iremos completando el catálogo individual de lo amenazante e improductivo y cada SNI irá modulando el catastrofismo a lo largo de la vida, con una cuota variable de error.

Los catastrofistas

Para bien y para mal, nuestra especie cuenta con catastrofistas, profesionales que señalan el peligro que nuestros sentidos no captan. El SNI recibe la información y la da por buena o inútil y la aplica, sin saber cuándo esa información es fiable o no.

Lo mismo que hay gérmenes amigos y enemigos, células propias fiables y no fiables (cáncer), células extrañas tolerables e intolerables (transplantes), hay información de expertos que ayuda a controlar el catastrofismo del SNI o justo lo contrario: lo exacerba hasta instaurar un modo catastrofista, crónico e inamovible, que somete al individuo a un régimen de mortificación e invalidez de por vida, si no se hace nada por evitarlo o corregirlo.

-Lo suyo es crónico. Ya hemos hecho todo lo que podemos hacer. Le recomiendo una consulta con Psicología, Fisioterapia. Es un problema multidisciplinar, biopsicosocial. SU SNI no es normal. Está hipersensible. No conocemos bien el porqué. Probablemente, un poco de todo.

El SNI es catastrofista. El corazón, las arterias, el intestino, la piel, no pueden hacer nada más que obedecer y resignarse. Usted sí puede hacer algo. Rebélese. Cuestione la información.

Por supuesto, también la de este blog. Yo lo hago continuamente.

Know pain, no pain

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