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Placebos, nocebos, antiplacebos y antinocebos

Los síntomas expresan en la conciencia el estado fluctuante del proceso evaluativo-motivacional que integra, de modo continuado y contextualizado, la información procedente de los sensores, las memorias y predicciones (creencias y expectativas).

Placebo fisiológico. Daño real. Contexto de peligro real

El dolor e impotencia funcional generados por un esguince de tobillo indica que opera una evaluación de amenaza y una desmotivación a la acción con ese pie. Si el esguince se produce huyendo de una amenaza real (fuego, un psicópata armado…), el contexto bloquea la respuesta de alerta-protección del tobillo y podremos alejarnos del peligro, sin dolor y con una velocidad inusitada.

Se ha producido un efecto placebo puro, fisiológico. Gracias a él, hemos evitado el daño por el fuego o el psicópata. Una vez a salvo, al cabo de un intervalo variable, aparecerán en la conciencia el dolor y la impotencia funcional. El placebo se ha desactivado y el estado evaluativo restituye la lógica del contexto. Hay un esguince y ya no hay fuego ni psicópata. Bendito dolor.

Peligro imaginario. Daño real. Placebo nocivo.

No hace falta que el fuego o el psicópata sean reales. Si alguien grita ¡fuego! o ¡hay un psicópata armado! se activa el mismo estado, con un esguince real indoloro y una huída vigorosa, aunque no existiera un fuego ni un psicópata. Dado que no había fuego ni psicópata, lo razonable hubiera sido sentir dolor e impotencia y pararse, para evitar un mayor daño en el tobillo por la carrera.

El placebo es comprensible, porque había una evaluación errónea. Lo ideal hubiera sido contar con la información correcta: «no hagan caso: ¡es un imbécil que quería gastar una broma!»

La información es lo que importa

El efecto placebo de la huída lo que necesitaba era el efecto antiplacebo de la información correcta: ¡era un imbécil, graciosillo! Dolería, pero así podríamos atender al tobillo.

El infarto de miocardio produce dolor habitualmente, por fortuna. El médico de urgencias puede juzgar que el paciente no tiene en realidad nada y le administra suero fisiológico, informándole que le pone una dosis alta de morfina. El engaño puede desactivar el estado de alerta-protección y el dolor desaparece de la conciencia, generando una conclusión errónea (sesgo de confirmación) por parte del profesional: «ya te decía yo que no tenía nada».

El efecto placebo inducido por la información engañosa («te ponemos una dosis alta de morfina») desactiva la alerta-protección necesaria. El efecto placebo es, en realidad, un efecto nocebo: impide la atención debida en urgencias.

Habría que restituir el estado evaluativo de alerta-protección con una información antiplacebo: «Le han engañado. Le han puesto suero fisiológico pensando que no tenía usted nada, pero tiene un infarto. Le hemos hecho un electrocardiograma y está claro. Volverá a sentir dolor. No se preocupe. Le pondremos la morfina que necesite. Avísenos.»

Imaginemos que usted se ha zampado una buena ración de su plato favorito y aparece alguien que le informa que lo que ha comido estaba contaminado y que probablemente tenga diarrea. Otro graciosillo. Si la información cuela en el proceso evaluativo, puede que la profecía se cumpla (sesgo de confirmación) y acuda al baño de modo compulsiva. Los síntomas serían un efecto nocebo inducido por la información.

Información de expertos y síntomas

La información de los expertos puede modificar sustancialmente los estados evaluativo-motivacionales del sistema neuroinmune, sobre todo los del subsistema neuronal. El proceso es básicamente inconsciente. Un mal día, aparecerá el síntoma sin que usted sepa por qué.

-Tiene usted migraña, sensibilización central, fibromialgia… Los genes, el estrés, la sobrecarga mecánica acumulada…

La información extraída y recibida a lo largo de los años ha superado el umbral de acceso a la conciencia y ha aparecido el síntoma dolor, aunque en la zona dolorida no hay daño real ni potencial. Efecto nocebo, en estado puro. No ha hecho falta una intervención informativa explícita previa: «le informo que le dolerá la columna, probablemente, porque la tiene usted hecha una pena», aunque pudiera suceder:

-Tiene usted varias hernias y mucha artrosis. ¿No le duele? ¡Qué raro! Le tendría que doler…

Con el tiempo…

-Tenía usted razón, doctor. Ya me duele.

Basado en hechos reales: En la clase de mi nieta de 8 años, hay mucho ruido y bastantes niños se quejan de dolor de cabeza. Los profes han recomendado a los padres que les pongan tapones…

Tapones

Mi nieta inició el curso recibiendo esa información de modo reiterado y viendo que sus compañeros llevaban tapones. Al cabo de unos meses apareció el dolor proyectado sobre la cabeza. Afortunadamente para ella, el efecto nocebo de la información se encontró con la intervención antinocebo de sus padres que le explicaron que el ruido era molesto, pero no peligroso. Acción antinocebo.

  • La información alarmista: nocebo.
  • Los tapones: placebo.
  • La información razonable: antinocebo.
  • Si hubieran recurrido a los calmantes y el dolor se controlara: efecto placebo impuro, a corto plazo, y nocebo a medio y largo plazo.

-Los ruidos me producen dolor de cabeza. El calmante ya no me hace nada… A veces vomito…

-Tiene usted migraña.

Nocebo, antinocebo, placebo, antiplacebo.

Los placebos no curan. Modifican los estados evaluativo-motivacionales, los estados de alerta-protección, las respuestas defensivas, pero no el proceso patológico de los tejidos, cuando existe.

Los nocebos no hacen enfermar. Los agentes nocivos, sí. Activan estados evaluativo-motivacionales innecesarios, estados de alerta-protección-ahorro de energía, síntomas.

Podemos ayudar al sistema neuroinmune, dentro de nuestros límites, con una información y una interpretación correctas.

Know pain, no pain.


Este blog es solo la punta del iceberg, se puede hacer mucho más.


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2 comentarios en «Placebos, nocebos, antiplacebos y antinocebos»

  1. despues de toda la vida, estudiando mis jaquecas…cuando empezaban, cuando desaparecian de repente sin motivo aparente, sin poder llegar a nada que me diera algo de luz, salvo a pensar que podrian surgir de traumas pasados. Tras un mes en el paiquiatrico, donde ningun doctor me dio nociones sobre los sintomas del trastorno bipolar, cuando me dieron el alta, y llego la primera visita al doctor, que me explico con detalle los episodios de mania o euforia y las futuras depresiones. yo entre en la consulta feliz de la vida, sin importarme perder el trabajo, un positivismo que me acompañaba desde muchos dias antes del ingreso en el hospital.
    Ese hombre me hablo de la depresion que se avecinaba. Al salir, justo al cerrar la puerta de la consulta, mi estado de animo empezo a cambiar coloreandose de gris…por la noche ya tenia la depresion. Todos los pensamientos positivos se vendieron a su contrario.
    las depresiones siguieron apareciendo, una por año, aunque desaparecian con las pastillitas y no llegaban a ser muy profundas.
    a partir de ahi llegaron nuevas sospechas y empeze a unir piezas en mi cabeza. Hace uno o dos años le dije a mi madre…Mis dolores de cabeza, vienen de verte a ti y a la abuela todos los dias en el sillon, quejandose continuamente del dolor de cabeza…su respuesta ya me la esperaba. Tu estas loco niño.
    No tenia teorias, no tenia nada, solo las conclusiones a las que pude llegar guiandome por mi experiencia.
    cuando me regalaron el libro ´´ desaprender la migraña´´ vi el cielo abierto.
    Ahora aprendo, y aunque llevo poco tiempo desaprendiendo, empiezo a ver una lucecita que se, que me llevara a la vida. muchas gracias Arturo y equipo.

  2. Juan Antonio. Te deseo que tengas éxito en el proceso. Muchos lo consiguen. Aprender biología nunca viene mal. Nos ayuda a intervenir activamente en la gestión del organismo. Suerte.

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