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Los síntomas y sus causas ocultas

El paciente tiene la certeza de los síntomas: me duele, me mareo, me siento triste, cansado, desmotivado. Puede hacer una evaluación superficial de su cuerpo, es decir, de la parte accesible a la inspección visual y si no observa nada anormal ni tiene constancia de un incidente que lo haya afectado (una herida, una quemadura, una infección) concluye que es «interno», es decir, desconocido. Barrunta unas hipótesis que oscilan entre la nada y el todo y si los síntomas persisten o reinciden, consulta al internólogo de turno, el que entiende de la caja negra del organismo.

Intuitivamente, tanto el paciente como el profesional sospechan que algo no va bien en la zona señalada por el síntoma.

Llega el turno de las correlaciones: qué hace que el síntoma empeore o mejore, cuándo aparece…

-Me levanto molida, rígida, agotada. Si intento agacharme para ponerme el calcetín, el dolor se hace insoportable. Me tienen que ayudar…

Además del dato cierto del dolor y la rigidez en la zona lumbar disponemos de una correlación. El movimiento intensifica la queja.

-Poco a poco y después de tomar un ibuprofeno el dolor baja y puedo ir moviéndome, con cuidado.

Más correlaciones. El antinflamatorio aporta alivio y el movimiento calienta unas articulaciones en las que el reposo deja residuos que hay que movilizar…

La cuestión parece evidente: el dolor surge de algo alterado en la zona lumbar, algo «músculoesquelético», mecánico. El peso del cuerpo, el movimiento, comprime vértebras degeneradas y rugosas y puede que además pince nervios. Los músculos están contracturados, previsiblemente. Parece razonable consultar aunque el paciente ya sospecha lo que le van a decir…

-Mire: tiene aquí en la resonancia varias protusiones discales, artrosis. No me extraña que le duela. Le mando al fisio.

-Ya me lo imaginaba.

A efectos teóricos y prácticos no hay una Fisioterapia sino muchos fisioterapeutas, más o menos agregados en escuelas contrapuestas. Supongamos que el fisio es «tradicional». ortodoxo y predecible: Pone e impone sus manos en la zona y con gesto solemne concluye que los músculos tienen contracturas y que procede «trabajar» la zona, eliminar el poso tóxico de la inactividad.

-Relájese.

El manoseo más o menos contundente modifica el síntoma en direcciones variables.

Ya tenemos más correlaciones: la de la resonancia, la de las manos del fisio y el cambio en el síntoma. Duele menos o incluso más, al incorporarse de la camilla, pero todo refuerza la hipótesis de la causa lumbar, musculoesquelética. La caja negra ya no es tan negra, aunque el porvenir del dolor siga siendo igual de oscuro.

Imaginemos un problema inverso, siempre interesante:

Tenemos una imagen de resonancia lumbar de un ciudadano que nunca ha sentido dolor en la zona y que se levanta y mueve sin problemas.

-Tiene usted la columna hecha un asco. ¿Dice que no le duele? Qué extraño. Le tendría que doler.

En este caso tenemos un dato objetivo: la columna degenerada, y no se comprende por qué no duele. La caja negra ya no está en la columna. Ni siquiera se plantea dónde puede estar. La pregunta inversa es: dada una causa ¿por qué no aparece el efecto?

Al cabo de un tiempo aparece el dolor lumbar. La causa ya ha adquirido la potencialidad perdida no se sabe bien dónde.

Tenemos también correlaciones.

-Me duele la columna. Tengo varias protrusiones discales. He cogido muchos pesos… Ando con el fisio. Los masajes me ayudan. Salgo molido, pero luego me muevo mejor. Sin ibuprofeno no podría hacer nada.

El dolor persistente, ya cronificado, pasa, a causa del tiempo, de ser un efecto a convertirse en causa.

-Tiene usted dolor crónico. El dolor se ha convertido en enfermedad. La resonancia funcional muestra una atrofia cerebral y un engorde de las amígdalas. Es la consecuencia del dolor. Ya no hay mucho que hacer.

-Habrá que conformarse. Hay cosas peores. Gracias, doctor.

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Como todo en Biología, los síntomas tienen una génesis muy compleja. Ya lo dice la IASP (International Association for the Study of Pain). el dolor contiene componentes sensoriales (tejidos de la zona que duele y neuronas-nociceptores- que obtienen datos de ellos e informan a los centros de procesamiento-respuesta), cognitivos, emocionales y sociales.

Empieza uno por degenerar su columna y el dolor acaba degenerando su cerebro.

Eso dicen. Así estamos como estamos.

Que tengan un buen finde, de cuatro en cuatro, ya saben, guardando las debidas distancias y ventilación y con la mascarilla bien puesta.

¡Qué tiempos los del 19!

Know pain, no pain.

¿Sapiens?

Ma non troppo…



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