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El dolor tiene la culpa de que duela

El dolor expresa en la conciencia un estado de alerta-protección del sistema neuroinmune. Está justificado cuando ese estado surge a consecuencia de un daño agudo que debe repararse. No lo está cuando los tejidos lo que necesitan es actividad, trabajo, juego y no la baja.

En muchas ocasiones, la lesión está recuperada, pero el dolor, el estado de alerta-protección, sigue ahí, mortificando e invalidando innecesariamente al individuo. En otras muchas, ni siquiera ha habido un daño previo. El dolor ha aparecido allí, ascendido del infierno.

Los expertos se han interesado el por qué de ese dolor inútil. El para qué está claro: para nada.

Los estudios con neuroimagen han dado con la clave: el impacto emocional que genera el dolor modifica los circuitos emocionales, los refuerza, y deja hollado un camino de tanto andar por allí. Ya lo dijo Don Antonio Machado: «Caminante no hay camino. Se hace camino al andar».

El agua va abriendo valles que cronificarán su curso en forma de ríos. El dolor es como el agua. Si no se controla abre caminos que desembocan en las áreas emocionales y ya no hay nada que hacer. Se ha vuelto crónico.

¿Por qué el individuo se emociona tanto cuando siente el dolor? Por qué deja que el miedo imponga su ley? Por qué ya no se atreve a recuperar una actividad perdida? Los tejidos necesitan esa actividad. ¿Por qué el individuo no se atreve a dar los pasos necesarios?

La respuesta es obvia para el paciente:

– Porque me duele si lo intento. Ahora pregunto yo, doctor: ¿por qué me duele si dice usted que no me tendría que doler?

– Es el miedo a moverse. Sus circuitos emocionales se han fortalecido y cada intento de vivir los activa. Está usted hipervigilante, piensa en modo catastrófico, ha perdido la autoestima de su cuerpo, se siente incomprendido.

El culpable es el individuo, por H o por B. Ha creado las condiciones psicológicas perfectas para que surja por generación espontánea, el dolor.

¿No hay otros posibles culpables? ¿Qué me dice de los expertos?

El individuo no es el que se construye las creencias y expectativas sobre dolor.

El dolor se aprende, dicen. Cierto, pero el aprendizaje está tutelado por la información de los expertos. En realidad, el dolor se enseña. Hay mejores y peores alumnos, pero todos reciben las mismas lecciones.

Las emociones se construyen. No nacemos con ellas puestas. Las creencias también se construyen. Los genes contienen la receta para programas básicos, pero sobre todo contienen la receta para aprender, en base a la experiencia (aprendizaje asociativo) y, sólo en nuestra especie, a las clases recibidas sobre daños y dolores.

El miedo se gestiona con el conocimiento. Lo primero que hay que saber es que el dolor es una consecuencia no una causa, que la conducta de evitación del paciente es lógica (teoría del sentido común) y que lo que necesita es desaprender lo enseñado interpretación de dolores.

Sustituyendo miedo por conocimiento hará que las aguas vuelvan a su cauce. Los circuitos de la racionalidad recibirán la comida que necesitan y las áreas emocionales seguirán cumpliendo con su función, pero con el freno de las nuevas creencias.

Ya lo indicó Platón en su alegoría del Carro alado, tirado por dos caballos, uno blanco y bueno (la racionalidad, la verdad) y otro negro y malo (lo instintivo) y conducido por el auriga.

No está claro que el individuo sea el auriga. No tenemos tanta rienda para conducir el carro. Puede que los dos caballos sean negros. El auriga sería el sistema neuroinmune, pero nada puede hacer si el carro está tirado por dos caballos negros, ambos desbocados e incontrolables. Hay que cambiar uno de ellos por uno blanco.

La información de los expertos es el caballo que puede ser blanco o negro o, quizás, gris. El sistema neuroinmune necesita racionalidad para contener el miedo ancestral al daño.

– No me extraña que le duela. Tiene usted la columna hecha un asco.

– Padece usted una enfermedad crónica genética irreversible.

– El dolor se ha hecho crónico. Ya es tarde.

Caballos negros que deberían ser blancos.

Nunca es tarde para aprender. La plasticidad está siempre abierta al cambio. Sólo necesita otra información, un caballo blanco.

Know pain, no pain

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2 comentarios en «El dolor tiene la culpa de que duela»

  1. Arturo, Como siempre, genial el comentario de hoy. Bonita metáfora de los caballos. La imagen tipo de los dibujos animados de un diablillo y un angelito en cada hombro comiéndote la moral cada uno a su terreno también es muy icónica.

    El problema del dolor y síntomasasociados es su gran veracidad, me duele, me tocó y está duro, el lado derecho no tengo la misma sensación….algo tengo ……es muy creíble.

    Confianza en que es una ilusión o una alucinación creada por el cogollo como arma contra el miedo. Si hay confianza No hay miedo.

    Saludos

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