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¿Know pain, no pain?

El dolor expresa en la conciencia un estado de alerta-protección que contiene implícitamente una evaluación de amenaza a la integridad física, consumada, inminente o imaginada y que incita al individuo a una conducta de evitación y a una indagación causal.

Duele. ¿Por qué? Es la primera cuestión. La más importante.

Si duele podemos asegurar que la información que opera en ese momento en el sistema neuroinmune evalúa amenaza. Si realmente está sucediendo algo, esa información es útil. El dolor informa y protege. Promueve conductas beneficiosas. La indagación causal aclara muchas veces el origen: una infección, un cólico, un desgarro muscular, un infarto… Conocer el origen del dolor, en este caso, no lo elimina. Know pain, no pain no es correcto ni deseable. Cuando sucede algo nocivo es mejor sentir dolor para saber que algo está dañado y proceder debidamente. Una vez aclarado el origen es opcional librarse del sentimiento de dolor, con analgésicos.

Cuando el dolor mortifica reiteradamente a pesar de no existir una causa biológica que lo justifique, el sistema neuroinmune está operando desde una información errónea, pero que no está valorada como tal. Duele, luego algo en los tejidos está mal. Es el punto de partida, pero el proceso evaluativo no aclara el qué. El dolor impone su ley exigiendo un origen. La falsa alarma no se bloquea pues actúa como un confirmador de que algo está pasando y no tiene sentido eliminarla hasta que se desvele la incógnita.

Mantener la hipótesis de que si duele tiene que existir necesariamente una condición patológica es una conclusión equivocada. En este caso (dolor sin daño) lo que debe hacerse es aportar al sistema información sobre el error evaluativo. La información operante debe contar con la hipótesis de dicho error. Debe desvalorizar esa información (o, al menos, cuestionarla) y atender a los datos sensoriales que informan de que todo está en orden en los tejidos de la zona en la que se proyecta el dolor.

Incluso el engaño en forma de un placebo, puede eliminar el dolor, aun cuando exista daño. La información, (le inyectamos un potente analgésico) independientemente de que sea falsa, hace que el estado de alerta-protección se apague. El sistema neuroinmune interpreta erróneamente que el peligro ha desaparecido.

Si el dolor persiste después de recibir la información (no hay daño; es un error evaluativo) es porque la propuesta no ha impuesto su carga de convicción en la competición causal. El parlamento neuronal sigue cometiendo el mismo error. El comité de expertos (políticamente correctos) en dolor sigue haciéndose con el triunfo. El dolor certifica (sesgo de confirmación) que su información es la correcta (profecía autocumplida). Cuando me muevo me duele la zona lumbar. Ya me han dicho que tengo artrosis…

Hay pacientes que sufren la mortificación e invalidez del dolor sin daño. Se interesan por la propuesta educativa, leen los libros y el blog, hacen un curso presencial y todo sigue igual. Han comprendido los conceptos básicos y probablemente los han aceptado, pero «no funciona». El dolor sigue. Know pain, no pain no cumple con lo prometido.

Creo que es importante diferenciar el ámbito del individuo consciente de lo inconsciente. El objetivo de la intervención educativa es aportar información (Know pain) sobre la trama evaluativa del dolor, sobre sus componentes cognitivos, emocionales, conductuales y sociales, para eliminar aquellas creencias, expectativas y propuestas conductuales que operan en el sistema, sin justificación biológica. Si se consigue, la consecuencia será la debilitación del estado de alerta-protección y su expresión en la conciencia como dolor (no pain).

En los errores evaluativos inmunes, en las respuestas alérgicas, se intenta aportar información con las vacunas, administrando dosis progresivas de la molécula responsable del error.

Con la información creamos probabilidades de cambio.

La percepción, según los neurocientíficos, implica la disponibilidad de la información en el «espacio global de la conciencia». El dolor informa del contenido de esa información ganadora. Si hay daño la información es correcta. Si no lo hay, la información es incorrecta y debe detectarse como tal y corregirse.

En ningún caso, se sugiere que la culpa es del individuo. Hablamos del sistema neuroinmune. Si un paciente sigue con la alergia después de las vacunas no es porque no crea en ellas sino porque su sistema inmune no ha modificado su evaluación sobre la molécula responsable (antígeno).

La propuesta del conocimiento va dirigida al sistema. El individuo consciente es un intermediario necesario, pero no siempre suficiente.

Know pain, no pain…

Sigue siendo el objetivo. No siempre aportar información es suficiente, pero es algo necesario.

Vacúnese.

1 comentario en «¿Know pain, no pain?»

  1. Hola Arturo, gracias por tu gran aportación!

    Una vez entendido por parte del paciente que no hay daño o que el daño que padece no tiene correlación causal con el dolor sufrido, el paciente probablemente lo achaque a causas “psicológicas”, el dichoso estrés… “es que soy autónomo”, “mi hija se está separando”, como hoy mismo me he encontrado en mi consulta. Puede que nos veamos frente a una barrera difícil de franquear, terapéuticamente hablando, los componentes cognitivos-conductuales, el modus operandi como le llamo yo hace que el paciente esté modo manual continuo (Red neuronal orientada a tareas) y no ponga el piloto automático (Red neuronal por defecto) de no hacer ni pensar en “nada” para evitar el desasosiego, la multitarea, la rumiación continua persistente.

    Un saludo,
    Julián

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