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Información y conocimiento

El conocimiento de la realidad nos permite interactuar en ella de modo adaptativo, eficiente, optimizando la relación coste/beneficio respecto a valores biológicos o sociales. El sistema neuroinmune es el encargado de hacerse con ese conocimiento, echando mano de la experiencia propia, observando las conductas ajenas y sus consecuencias (cognición social) y consultando a los expertos.

No siempre la información recibida en la consulta aporta conocimiento sobre los procesos internos.

– Padece usted migraña. Es una enfermedad cerebral crónica de origen genético. Su cerebro contiene grupos neuronales hiperexcitables que lo hacen muy sensible a diversos estímulos internos y externos. Al exponerse a ellos repetidamente, se supera la capacidad de adaptación y se inicia una cascada de acontecimientos que acaba sensibilizando las terminales meningovasculares del trigémino, produciendo dolor y el resto de los síntomas. Digamos que se estresa con facilidad ante contextos que los ciudadanos no migrañosos toleran sin problemas. Le aconsejo que se organice un entorno relajado, ordenado, inmutable, predecible y tolerable. Los calmantes le ayudarán a soportar las crisis si los utiliza precozmente. Evite los cambios. Su cerebro no los soporta. Se sobrecarga por la exigencia del procesamiento de lo novedoso.

Evidentemente, la explicación contiene información. ¿Realmente aporta conocimiento sobre lo que sucede en la cabeza?

Los neurólogos contestarán que son ellos quienes más conocimiento pueden aportar con su información. Miles de publicaciones científicas lo avalan. Es la evidencia basada en la autoridad, la eminencia, el consenso de la Academia. Quienquiera que cuestione esa información es un cantamañanas que no merece ni siquiera ser escuchado.

Sin embargo, a la luz de la biología neuroinmune, se puede cuestionar el conocimiento que aporta esa información. Al menos se pueden ofrecer hipótesis contrarias, siempre que se fundamenten en conocimiento validado, fuera del ámbito de la excelencia neurológica oficial.

¿Enfermedad?

Desde la perspectiva de la mortificación e invalidez que sufre el padeciente, sin duda alguna.

Desde la perspectiva biológica de la integridad física del sistema neuroinmune, en absoluto.

No sucede nada amenazante en el espacio meníngeo. No hay inflamación. Sólo mediadores «proinflamatorios», mensajeros del estado de alerta. No es cierto que el dolor sea «pulsátil». Es rítmico, pero no sigue el impulso del latido arterial. Ningún dolor en el organismo se construye en los sensores de las terminales nerviosas.

Evidencias en migraña

La migraña no es una excepción. No hay evidencia de que la migraña sea debida a la expresión de una variación genética (salvo en los rarísimos casos de la «migraña hemipléjica familiar»). No es cierto que quien padece migraña esté condenado de por vida a padecerla. Tampoco es cierto que la excitabilidad neuronal esté determinada sólo por la condición genética y la exposición a «desencadenantes». No hay evidencia que apoye el uso precoz del calmante respecto a la evolución a medio y largo plazo. No hay evidencia para aconsejar la detección y evitación de los desencadenantes.

El contenido de la información es cuestionable (origen del dolor, inflamación, genes, pulsatilidad…). No basta con mostrar datos. Lo importante son las hipótesis que se construyen con ellos. El CGRP (el mensajero liberado por el estado de alerta) está aumentado en las meninges. Es un dato, pero cabe otra hipótesis. Hay aumento de los mediadores «proinflamatorios». Otro dato. También admite otra hipótesis. Hay aumento de la incidencia familiar. Otro dato. Hay otros factores que pueden explicarlo. No sólo la genética. Migraña menstrual. Hormonas. Otro dato (evidentemente las hormonas cambian en el ciclo). Cabe otra hipótesis.

Más factores a tener en cuenta

El mayor problema que contiene la información es lo que ignora: por ejemplo, el impacto del aprendizaje, la cultura experta, el impacto de las creencias y expectativas, las estructuras fóbico-adictivas, la evitación y el miedo como dinamizadores del problema, el sistema motivacional, el proceso evaluativo, la imitación, el carácter predictivo de la actividad cerebral, los errores de predicción, la dependencia de las creencias en perjuicio de la información sensorial (no sucede nada en el espacio meníngeo), los sesgos de confirmación y más factores a considerar…

– ¿Evidencias clínicas?

En mi experiencia personal, todas las que se quieran. Relatos en el blog, etcétera.

– No me valen. ¿Algo publicado?

Que yo sepa, sólo un artículo que recoge la experiencia con pacientes que no iban bien con el modelo oficial y se beneficiaron de librarse de la información oficial y hacerse con el conocimiento sobre procesos biológicos básicos del sistema neuroinmune. El estudio se llevó a cabo en el Centro de atención primaria de San Martín, de Vitoria, con grupos de pacientes que siguieron un curso en el que el equipo liderado por el Dr Aguirrezabal se limitaba a explicar biología.

Educación terapéutica en Neurociencia

No tengo duda de que irán saliendo artículos similares. Ya existe bibliografía abundante aplicando la misma estrategia educativa en fibromialgia y dolor crónico. La denominada «Educación terapéutica en Neurociencia», es decir, la provisión de conocimiento sobre la red neuronal, se ha consolidado como la estrategia más validada, aunque los colectivos profesionales (a excepción de una estimable y creciente proporción de fisioterapeutas y una minoría de médicos de A.P.) no muestre interés en lo que está sucediendo.

Corren tiempos complicados para gestionar la información, para saber cuánto conocimiento contiene.

Know pain, no pain.

Conocer no hace daño. Libera.

No tiene nada que perder. Sólo el dolor (Kevin Allcoat)

Escucha nuestro nuevo podcast, "Desfragilizando":

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