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Dolor con el movimiento

Me duele la zona costolumbar

Llevo unos días con dolor intenso e invalidante en la zona costolumbar, especialmente en el lado izquierdo. Les recuerdo que tengo una historia de hernia discal aguda S1 izquierda, intervenida con éxito inicial y seguida de frecuentes brotes de dolor que me confinaban en cama una o dos veces al año durante varios días. Eso fue antes de conocer lo que actualmente conozco sobre dolor.

¿Qué hago si me duele?

Ahora huyo de la cama y del sofá como del diablo y busco la manera de recuperar el movimiento… moviéndome, explorando. Todos estos días, al levantarme de la cama, tengo que hacer un ritual de flexiones, giros, bamboleos, tratando de disolver el dolor con calma, interiorizando esa zona como relajada. El calentamiento me dura uno o dos minutos. El dolor es tremendo. Me bloquea y apenas puedo dar pasos, resoplando, buscando apoyo por la pared, hasta llegar a una simple silla con base consistente y respaldo a la altura del dorso.

Allí, una vez sentado, inicio mi trabajo de disolución. Aprovecho también la oportunidad para reflexionar sobre lo que se puede estar cociendo en los tejidos. En un par de minutos, me puedo incorporar y moverme con normalidad, sin dolor… pero con un pelín de miedo.

¿De dónde surge el dolor?

Intuitivamente, pensamos que el dolor proviene del músculo, apoyándonos en el hecho irrefutable de que cada intento de movernos lo desencadena. La cosa es más compleja.

En primer lugar, lo que llamamos músculo es un sistema celular-extracelular que integra miocitos, las células que contienen las proteínas contráctiles actina y miosina. Esas proteínas no interactúan y generan acortamiento si no llega una orden a través de una neurona. La orden se transmite a través de un mensajero, la acetilcolina, que actúa sobre la membrana del miocito y da lugar a una serie de reacciones intracelulares, mediadas por la entrada de calcio, que acaban generando la contracción.

Los miocitos están perfectamente adaptados a cumplir con su papel contráctil, siempre que llegue la energía necesaria, es decir, sangre. Cuando no llega la energía, el miocito libera moléculas de estrés (¡SOS, ayuda!). Esas moléculas activan las terminales de las neuronas que vigilan y protegen los tejidos de la zona. Codifican el peligro en señales eléctricas y conducen la información (no llega energía a los miocitos) a los centros de respuesta, escalonados de abajo arriba, desde la médula espinal hasta la corteza cerebral. Puede que esa información genere la transición al estado de alerta-protección, en función de muchos factores, y sintamos la cualidad «dolor».

Nociceptores

Las neuronas que vigilan y protegen la zona («nociceptores«) se encuentran en estados variables de sensibilización, en función de las evaluaciones que operen en cada escenario en las áreas evaluativo-motivacionales. Si al intentar hacer el movimiento uno siente que no tiene fuerza, está rígido y duele a rabiar, quiere decir que esa acción está evaluada como amenazante.

Toda la red defensiva está sensibilizada, de abajo-arriba y, sobre todo en mi caso, de arriba-abajo. El estímulo mecánico, inofensivo, está evaluado anticipadamente como peligroso y el intento de ejecutarse dispara la alarma y hace que sienta ese dolor tremendo y esa incapacidad para moverme. Con mis ritos cognitivo-motrices, disuelvo la situación y recupero la autorización para moverme.

Interiormente, el dolor se asocia a una contracción refleja, rápida, en la zona.

Reflexionar sobre dolor y movimiento

A poco que uno reflexione sobre dolor y movimiento, pensando en miocitos, aporte de energía, estímulo mecánico, desde la base de contar con que no hay nada amenazante en esos tejidos, llega a la conclusión de que la partida se cuece allá arriba, en la narrativa, y no abajo, en las fibras musculares.

Si la red neuronal está en alerta-protección, el estímulo mecánico que genera la contracción no es el responsable del dolor, sino el propio estado que se encuentra en un modo que penaliza cualquier intento.

¿»Dolor muscular» ? No tiene lógica.

Esta época extraña del confinamiento vital la he llevado con hábitos poco saludables, con poca actividad física y mucha digestiva. Mi organismo se ha tirado a la bartola y basta cualquier actividad, como podar las hortensias de la terraza, para que se organice el estado de alarma.

Espero que estos dolores sirvan para recuperar actividad y perder kilos. Ya les infomaré.

El músculo es inocente, al igual que los tejidos duros y blandos de la zona. El ritual de movimientos que me saca del apuro es un ritual de interiorización y exploración, sin miedo, con calma. No quiero ni imaginar cuál sería mi situación ahora, si no espabilo hace más de 20 años.

Bueno, les dejo. Voy a ver si me quito la plancha.

Pues eso:

Know pain, no pain.

Feliz Navidad.

1 comentario en «Dolor con el movimiento»

  1. Gracias Arturo, me ha encantado cómo explicas tu ritual… muy rápido lo veo… de todas formas, espero que te desactives pronto… el estado de quale dolor es un porquería… Un abrazo

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