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El derecho a sentirse sano

Una cosa es estar sano y otra sentirse como tal.

Se puede estar sano sintiéndose enfermo; enfermo, sintiéndose sano; sano, sintiéndose sano y enfermo, sintiéndose enfermo.

No basta estar sano para sentirse sano y no basta estar enfermo para sentirse enfermo.

El ciudadano tiene derecho a la promoción de la salud, que incluye las dos condiciones: estar y sentirse sano. Acude al profesional cuando se siente enfermo, con síntomas, o para verificar que no está enfermo, aun cuando se sienta sano.

Probablemente, la condición que consume más recursos sanitarios y sociales es la de los pacientes que se sienten enfermos, con muchos síntomas, mortificadores e invalidantes, a los que el profesional no encuentra una causa.

– Está todo normal. Tendría que sentirse usted sano. No me lo explico.

– Yo tampoco. Usted es el que sabe de esto. Haga algo para devolverme el sentimiento de salud. No me encuentro nada bien. No puedo llevar una vida normal.

El profesional intenta paliar los síntomas con terapias, con éxito variable, generalmente modesto y transitorio. En muchos casos, tira la toalla.

– Yo más no puedo hacer. Le pido una consulta con Psiquiatría.

Otras veces, el profesional «acierta» a poner nombre a los síntomas, aun cuando no haya dado con pruebas objetivas de enfermedad.

– Tiene usted migraña, fibromialgia y un largo y creciente etcétera… Es una enfermedad misteriosa e irreversible. Tendrá que aceptar su condición y sobrellevarla con talante positivo.

En el apartado de los sanos que se sienten enfermos, podríamos distinguir dos subgrupos: el que dispone de una etiqueta diagnóstica validada como enfermedad: migraña, fibromialgia… y el que ni siquiera dispone de esa etiqueta.

En cualquier caso, con o sin etiqueta, el profesional debe ocuparse de las dos cuestiones: estar y sentirse sano.

Si no hay evidencia de enfermedad (una vez se ha evaluado correctamente esa opción), la obligación del profesional es recuperar el sentimiento de salud perdido. Ese objetivo no siempre se consigue con las terapias sintomáticas (calmantes, somníferos, anti-esto o anti-lo-otro) y, en el caso de que el paciente se sienta aliviado y controlado, lo será con una serie de dependencias y limitaciones.

En mi opinión, la obligación del profesional es la de recuperar la percepción de salud, una vez se ha demostrado la ausencia de enfermedad. Ello requiere dedicar un tiempo a explicar por qué puede uno sentirse enfermo estando sano.

En mi inminente libro intento cubrir esa necesidad. Es una guía informativa para pacientes y profesionales, que trata de explicar desde la biología lo que no tiene explicación desde la medicina.

Recuperar la sensación de salud estando sano es un proceso complejo, más complejo que el de perder esa sensación. Meter el miedo en el cuerpo ha sido siempre mucho más fácil que sacarlo.

Know pain, no pain

Know symptoms, no symptoms


Actualización: ya está disponible el libro aquí.

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