Estados postcovid

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El sistema neuroinmune vigila y protege la integridad física y funcional del organismo. Actúa activando estados de alerta-protección cuando, en base al conocimiento disponible, evalúa amenaza. En nuestra especie, la información de expertos nutre ese pool informativo disponible y el sistema neuroinmune actuará influido en parte por lo que esa información propone.

El sistema neuroinmune comete errores y puede entrar en el estado de alerta-protección como si existiera una amenaza real, aun cuando no la haya o actuar como si no hubiera amenaza aun cuando la hay. La alergia y las enfermedades autoinmunes son la expresión de estados de alerta-protección innecesarios que aparecen por un error evaluativo de amenaza por parte del subsistema inmune. El cáncer es la expresión de un error evaluativo de amenaza de signo contrario. El sistema inmune no sólo no actúa contra una colonia de células cancerosas sino que les otorga un trato de favor.

El subsistema neuronal también comete errores evaluativos en las dos direcciones. Puede promover conductas adictivas peligrosas cuando debiera evitarlas y puede promover estados de evitación cuando debiera motivar al individuo hacia una conducta libre de exploración.

Los errores evaluativos no son «psicológicos» en el sentido que se da a este término. Son biológicos. La evaluación es una función biológica, fundamental. La información es la clave de la supervivencia. El sistema neuroinmune tiene a su cargo la difícil tarea de gestionar la libertad exploratoria a la vez que minimiza los riesgos de esa exploración. No es una tarea fácil y el sistema tiende a funcionar desde el «principio de precaución»: mejor pasarse de precavido que quedarse corto.

Siempre que se produce un evento de daño el sistema neuroinmune entra en modo alerta-protección. Ese estado se expresa en la conciencia como síntomas: dolorimiento, cansancio, dificultad para conciliar el sueño (vigilancia), sesgo cognitivo hacia la ideación catastrofista. Los síntomas conforman la llamada «conducta de enfermedad». Basta administrar lipopolisacárido (una molécula de la cápsula de bacterias que no poseemos los mamíferos) para que el organismo active el programa de enfermedad y el individuo se sienta muy enfermo, aun cuando no lo esté. El sistema neuroinmune ha sido engañado con el experimento.

Cuando la enfermedad revierte, los indicadores moleculares de daño desaparecen y el estado de alerta-protección debiera volver al estado basal, promoviendo la exploración del entorno, recuperando la actividad normal.

No siempre es así. En muchos casos de enfermedad (cáncer, infecciones, enfermedades neurológicas) aun cuando no haya destrucción activa de tejido el organismo sigue promoviendo la conducta de enfermedad. Los expertos consideran que se trata de una secuela o efecto paralelo de la enfermedad, que persiste como si esa enfermedad siguiera activa. El sistema neuroinmune no concede el visado para la exploración libre del entorno, el estado subjetivo de bienestar.

Vivir en estado de alerta-protección, en un organismo que promueve conductas de enfermedad expresadas en la conciencia como síntomas mortificadores e invalidantes, con la motivación bajo mínimos, es una tortura. Dicen los expertos que el sistema neuroinmune ha quedado alterado tras la enfermedad y no es capaz de retornar al estado basal exploratorio. Hay pruebas objetivas de que el sistema neuroinmune es distinto que el de los controles. Hay mediadores inflamatorios elevados, hipometabolismo, respuestas inadecuadas del sistema nervioso autónomo, disfunciones inmunes varias… Es evidente que el paciente tiene razones para quejarse. Su organismo actúa como si hubiera enfermedad, como si se le hubiera inyectado lipopolisacárido. Cualquiera de nosotros nos encontraríamos igual de mal si nuestro sistema neuroinmune estuviera en modo «enfermedad», la hubiera o no.

El virus de la covid-19 ha hecho sus destrozos en los tejidos. Los síntomas han sido variables. En muchos casos el virus ha sido neutralizado pero el sistema neuroinmune no ha vuelto al modo basal. Persisten los síntomas de la «conducta de enfermedad».

Lo lógico sería informar al sistema neuroinmune y animarle a retomar el modo «ya no hay peligro-promuévase la exploración animosa y libre del entorno».

Me temo que suceda lo contrario: el virus ha dejado tocado, enfermo, disfuncional, al sistema neuroinmune. Es una enfermedad postinfecciosa algo misteriosa. Se necesita investigar para encontrar las terapias adecuadas.

Los expertos avisan: ¡no cante victoria!, el virus puede que se haya ido (no es seguro) pero ha dejado su huella disfuncional. Probablemente acabe recuperándose el modo basal, pero debe tener paciencia. Estamos investigando.

La información experta es un factor poderoso que condiciona las decisiones neuroinmunes. Anticipar acontecimientos postinfecciosos sólo sirve para obstruir el proceso de recuperación del estado basal exploratorio.

No comparto esa actitud. Creo que debe promoverse lo contrario. ¡Está usted sano. Créaselo! Vuelva al estado normal. No colabore con su sistema neuroinmune. Ayúdele a recuperar la confianza.

Know pain, no pain.

Conocer la biología neuroinmune es fundamental. Hay que ser consciente de que las creencias y expectativas pintan mucho. Tenga cuidado. Tengamos cuidado los profesionales. Investíguese, pero téngas también en cuenta el impacto de las creencias y expectativas.

Dejemos que las aguas revueltas vuelvan a su cauce.

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

2 comentarios sobre “Estados postcovid

  1. Una vez más, querido Doctor, respiro tranquila después de leer esta entrada, igual que cuando leí: «migraña, pesadilla cerebral».
    «Persisten los síntomas de la «conducta de enfermedad».»
    ¡Es exactamente como me encuentro!
    Después del Covid-19 en marzo sufrí un ictus en agosto , según el informe médico relacionado.
    Ahora me dicen , paciencia estamos investigando y me recuerda los 30 años de paciencia soportando las migrañas.
    El problema es que ya no confío en ningún neurólogo que no pueda entender y aceptar que si conseguí salir del secuestro de mis migrañas fué gracias a usted y su buen hacer.
    Su planteamiento médico es el único que acepto y el único que me ha dado respuestas reales.
    Esta entrada me devuelve la esperanza y me anima a seguir trabajando.
    Gracias de corazón, una vez más.

    Pd. ¿Seria posible solicitar una consulta para abordar mi recuperación de la actividad cerebral?

    Atentamente una exmigrañosa

  2. Almudena: mis discrepancias con los neurólogos se limitan al ámbito de la migraña. No creo que deba perder la confianza en otros terrenos. Yo estoy jubilado y ya no atiendo a pacientes en consulta. Saludos

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