Onda de despolarización cortical propagada

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La corteza cerebral está formada por una tupida red de neuronas con sus correspondientes conexiones. La membrana de todas ellas es una batería dispuesta para generar una corriente cuando en su campo sucede algo que establece el cortocircuito. Ese algo, habitualmente, son mensajes de otras neuronas. Una vez activado el cortocircuito y la correspondiente minicorriente, se cierra, quedando dispuesto para volverse a abrir cada vez que llega una señal de otras neuronas. La batería se mantiene constantemente cargada consumiendo energía.

Para mantener el complejo equilibrio de iones, mensajeros y condiciones químicas necesarias para cumplir con su cometido (transmitir información), se requiere aporte energético (sangre) y la regeneración continua del medio químico que exige la actividad neuronal. Las células de la glía se encargan de recuperar las condiciones químicas necesarias. Es como un juego de bolos automatizado que, tras un lanzamiento, repone todas las piezas para el siguiente jugador.

Las neuronas pasan la información, las arteriolas ajustan su calibre y la glía mantiene constantes las condiciones del espacio perineuronal. Es un trabajo neurogliovascular absolutamente integrado.

En condiciones normales esta actividad conjunta neuronal, glial y vascular permite que las neuronas cumplan con su cometido de recibir y transmitir información a las neuronas vecinas, a través de las sinapsis, (puntos de conexión) generando señales eléctricas y liberando mensajeros químicos.

Si abrimos la cabeza y modificamos el equilibrio de una zona cortical aplicando un estímulo mecánico, una corriente eléctrica, iones de potasio, glutamato, hidrogeniones… las neuronas se descargan (despolarizan) por completo, cortocircuitan la batería y la glía es incapaz de reponer la batería, perdiendo su capacidad de generar señal y transmitir información.

¿Cómo se produce el aura?

Si el estímulo se produce en la corteza visual, se produce el aura visual: se pierde la visión transitoriamente en esa zona. Si la despolarización se produce en la corteza sensitiva, se produce el aura sensitiva, con hormigueo y acorchamiento en la zona correspondiente. Es como un borrón de tinta, en vez de palabras escritas. La tinta derramada se va expandiendo lentamente por la superficie e impide la escritura. Hay que esperar un tiempo a que se recuperen las condiciones exigidas para la escritura.

Este fenómeno cortical no se produce en condiciones normales. Hay que perturbar el equilibrio tocando las narices a la red con perturbaciones diversas.

Sin embargo, la despolarización (la pérdida de la carga de batería) se produce en el aura de la migraña y en la Amnesia global transitoria (hablaré de ella en próxima entrada) de modo «espontáneo».

¿Cuál es el mecanismo del aura?

¿Por qué, si no perturbamos el equilibrio de la maraña neuronal, el fino trabajo de ajuste neurogliovascular, una zona cortical se despolariza?

Dicen los expertos que es cosa de genes. Uno nace con neuronas hiperexcitables. Eso es todo. El aprendizaje no cuenta. El cerebro no construye expectativas ni creencias. Dejan caer que la migraña y la epilepsia son así, un asunto de hiperexcitabilidad…

En mi opinión la onda de despolarización propagada, espontánea, es un fenómeno que debería generar una reflexión profunda sobre la vida real de la red neuronal humana. Es una propiedad de la red neuronal evolutivamente conservada que se da en peces, aves, invertebrados… pero para ello hay que perturbar la corteza tocando las narices, aplicando potasio, glutamato, estímulos mecánicos etc después de abrir la tapa de los sesos…

Sólo el cerebro humano puede generar la onda en una red neuronal sana, sin necesidad de toquetear el sagrado manto cortical.

¿Qué nos diferencia como especie de las demás?

La capacidad imaginativa, predictiva. La dependencia cultural, las creencias y expectativas. La realidad mantiene el equilibrio neurogliovascular. La imaginación, cuando se sale de sus casillas razonables, puede generar una condición local desmedida que deja fuera de juego al manto neurogliovascular vecino a través de una onda que se propaga. En unos minutos todo vuelve a la normalidad, muchas veces con el añadido del dolor de cabeza, los vómitos y la intolerancia sensorial.

Los expertos dan más importancia a los desencadenantes; al chocolate, el queso, los cambios hormonales y meteorológicos y no consideran el ámbito predictivo alimentado por la cultura experta. La cultura, el aprendizaje, no es biología, por lo visto.

La cuestión de la despolarización cortical espontánea es crucial en biología humana. La experimentación animal desvela la trama bioquímica de la onda de despolarización, pero no nos dice nada acerca de la despolarización espontánea humana. Podemos seleccionar razas de ratones con neuronas hiperexcitables que permiten inducir con más facilidad la onda, pero hay que abrir la cabeza o aplicar técnicas de optogenética para generar la despolarización (pérdida de carga).

El capítulo de los síntomas sin explicación médica sigue estando ahí sacando los colores a las disciplinas neuronales.

El aura migrañosa y la amnesia global transitoria forman parte de ese capítulo de estados neurogliovasculares mal explicados.

Hubo un tiempo en el que se echó la culpa exclusivamente al componente vascular. Se tanteó después a la glía. Ahora se dice que es neurovascular o neurogliovascular, pero sólo se considera al continente y se desprecia el contenido. El soporte neurogliovascular (continente) está al servicio de la información, de la narrativa.

¿Qué hace que se generen ondas de despolarización espontáneas en el cerebro humano?

Yo no tengo dudas: la narrativa. Al menos es una hipótesis a considerar y ver hasta qué punto es falsable.

Know pain, no pain.

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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