Nocicepción y aprendizaje

Vivir es actuar, moverse en un entorno. Ello implica todo tipo de riesgos. El sistema neuroinmune nos protege gracias a que está dotado de sensores neuronales e inmunes que detectan agentes biológicos patógenos (gérmenes y células cancerosas) y energía mecánica, térmica y química también patógena.

No es posible evitar todo el peligro potencial. Nuestro instinto de exploración, las ganas de vivir libremente, nos expondrán a la nocividad potencial. Recluirse en una burbuja evitará el daño potencial, pero a costa de la exploración el mundo real, siempre incierto y potencialmente peligroso, pero siempre gratificante y potencialmente saludable.

El subsistema inmune detectará gérmenes (bacterias, hongos, parásitos y virus) y células con vocación cancerosa y las eliminará. El subsistema neuronal detectará por su parte estados de energía mecánica, térmica y química potencialmente peligrosos y promoverá conductas que minimicen su impacto.

La mayor parte de la nocicepción es inconsciente. A diario, los sensores de nocividad neuroinmunes, detectan y eliminan gérmenes (subsistema inmune) y acciones con riesgo de daño físico-químico (subsistema neuronal). A base de error-ensayo-error, el sistema le va cogiendo la medida a lo que puede dañarnos y consigue dar con el punto medio virtuoso que minimiza el daño a la vez que promueve la actividad, el juego exploratorio.

La nocividad potencial no puede ni debe ser evitada, sino que debe integrarse en el aprendizaje.

Podemos y debemos movernos, hacer deporte, bailar, correr, saltar. Ello incluirá, inevitablemente nocividad potencial.

Podemos y debemos contactar con gérmenes. El tubo digestivo desde la boca al ano, la piel, las mucosas, está poblado de bichos. No todos son malos. No todos deben ser evitados. La asepsia estricta inmune no es la solución.

El subsistema inmune adquiere una inmunidad individual como consecuencia de las andanzas de cada cual por el mundo. Algunos habrán contactado con menos gérmenes patógenos que otros. Tendrán también menos inmunidad frente a encuentros futuros y si la hipótesis de la higiene es cierta, puede que padezcan más enfermedades autoinmunes. No se trata de vivir en una pocilga enriquecida con todos los gérmenes conocidos, comiendo con las manos sucias todo lo que cae por allí. La higiene razonable, selectiva, es necesaria. De otro modo se resentirá la supervivencia.

El subsistema neuronal también desarrolla inmunidad adquirida al explorar el mundo. Habrá quien se haya movido menos y habrá creado pocas ocasiones de daño potencial. La higiene nociceptiva neuronal estricta no es recomendable. Puede que se eviten daños, pero previsiblemente a costa de habitar el entorno en el estado hipervigilante universal (sensibilización central).

La higiene no consiste en evitar lo potencialmente nocivo sino en aprender a convivir con el peligro con mesura, optimizando la adaptación, la resiliencia, dando con el punto medio de ejercicio de la libertad exploratoria.

En ocasiones la protección con ayuda exterior está justificada: antibióticos, cascos, mascarillas, distanciamiento social, reposo. La prevención razonable forma parte de la higiene.

Otras, lo que procede es evitar esa prevención, convertida en fobia.

Hay que evitar la antibioticoterapia indiscriminada de amplio espectro, el lavado compulsivo de manos o la mascarilla en el desierto.

Hay que evitar también la higiene postural entendida como una única segura, recta, estática, vigilada; los modos correctos únicos de coger los pesos, los rituales de estiramientos pasivos improductivos, el hielo obsesivo, el ibuprofeno, la antiinflamación universal.

Los programas motores necesitan la información nociceptiva para ajustarse, para conseguir eficiencia, economía, variabilidad, seguridad.

No se trata de evitar el dolor sino de aprender a moverse por el mundo con inmunidad aprendida razonable.

La nocicepción no debe evitarse sino regularse. Forma parte del aprendizaje.

La libertad tiene sus riesgos.

Uno de ellos es minimizar la incertidumbre quedándose en casa por miedo al daño.

Know pain, no pain


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Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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