El quid de la cuestión

La cuestión a resolver en el tema del dolor sin daño que lo explique y justifique biológicamente (relación coste/beneficio) es:

¿Cómo se llega a esta situación?

¿Qué o quién falla?

La propuesta mayoritaria sitúa al individuo como responsable. Sus genes,  su biografía (estilo de vida) y el no consultar a los profesionales a tiempo o no seguir sus consejos y terapias.

Respecto a los genes no se puede hacer nada, salvo resignarse.

Respecto a la mala vida que, supuestamente, damos al organismo, habría que rebajar las cargas mecánicas (peso, pesos, postura), minimizar el estrés psicosocial, consultar a los profesionales y seguir sus normas (uso racional de fármacos, dieta, ejercicio, relajación, musculación…).

Según este modelo el organismo tendría una capacidad limitada para soportar el tren de la mala vida y poco a poco aparecerían las facturas en forma de dolor y otros síntomas, sin tiempo ya para reconducir la situación.

Lo ideal sería un diagnóstico precoz y enderezar los malos hábitos. “Consulte a su médico”.

Sin negar la existencia de genes y hábitos de vida más saludables que otros, se puede proponer otro modo de evaluar la situación:

Los genes generan probabilidades, pero no son determinantes. Si uno es alto por genética, su probabilidad de jugar al baloncesto es mayor que la de un bajito. No existen los genes del baloncesto.

La capacidad de adaptación del organismo no es tan limitada como dicen. Muchos ciudadanos padecen desde la infancia hándicaps severos, deformaciones, distonías, pero no padecen dolor.

No es esa la cuestión. El modelo mayoritario pasa por alto la información, el aprendizaje.

Cada organismo que viene a este mundo aprende a gestionarse en función de la información que puede extraer de su interacción con el entorno y de la que recibe de los expertos. Gestionará esa información en cada escenario según un modelo interno que puede ser más o menos acertado, real. Si minimizamos la experiencia propia, si observamos-imitamos conductas de dolor ajeno y, sobre todo, si la información recibida de los expertos promueve un modelo interno de organismo vulnerable, patológico, facilitamos la aparición de dolor injustificado.

Desde la perspectiva evaluativo-motivacional que proponemos, el dolor u otros síntomas expresan en cada escenario, en cada acción, en cada lugar anatómico, una consideración de coste-beneficio que incluye además la referencia a una normativa social. Desde ese estado evaluativo el sistema motivacional promoverá una conducta de evitación de daño socialmente aceptada, que en muchos casos no estará justificada.

El mundo del dolor injustificado gira según el modelo habitual mayoritario en torno al individuo. Aunque ya sea tarde habrá que modificar sus hábitos y fortalecer su mermado organismo. No se cuestiona la información experta. Se da por sentado que es la que dispone de mayor validez “científica”. Habría que prodigar más su difusión, su acatamiento. Menos peso, más pesas y menos pesares. Mens sana in corpore sano.

No cabe duda de que un estilo de vida saludable es más saludable que el que no lo es. No voy a discutir las bondades del ejercicio y la gestión correcta del estrés. Lo que sí es cuestionable en esta cuestión del dolor no justificado es la información experta.

En ausencia de una enfermedad genética (excepcionales) que explica el dolor facilitado, hay que dejar a los genes del individuo en paz y facilitar su expresión saludable.

Los consejos de hábitos saludables son obvios y recomendables para aspirar a un estado de salud óptimo, pero su impacto se refleja en el medio y largo plazo y no tiene nada que ver con que una zona duela o no (una vez se ha descartado un evento de daño).

Lo que proponemos es evaluar los estados evaluativo-motivacionales del organismo, demasiado ajustados a los modelos internos que la cultura experta promueve. Sobra catastrofismo y miedo. Falta libertad para jugar.

Los seres vivos están constituídos por materia, energía, tiempo-espacio e… INFORMACIÓN.

La información está presente en cada instante de la vida. El organismo actúa en función de esa información, de la narrativa desarrollada en cada lugar anatómico y acción concreta.

La narrativa, el modelo interno, también debería ser saludable. Promover el juego exploratorio del entorno para seleccionar acciones eficientes (coste/beneficio), no dependientes de la información experta dominante (organismo vulnerable-mala vida).

Corpore sano in mens sana, bien informada, con suficiente experiencia propia, con modelos de observación-imitación saludables y con información experta actualizada, biológica, libre de etiquetas y ofertas terapéuticas innecesarias.

Know pain, no pain


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Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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