Tu cara no me suena, pero la teoría sí

Una amiga bienintencionada me pasa el link a un vídeo informativo sobre fibromialgia: «Se sana la fibromialgia? Nuevas teorías. La teoría del error evaluativo neuroinmune».

Al escucharlo mi primera reacción ha sido de indignación, al ver expuesta mi hipótesis en boca de alguien cuyo rostro desconocía hasta hoy. Sutilmente la propuesta teórica omite mi autoría y la remite al criadero confuso y anónimo de las «nuevas teorías», surgidas desde las Neurociencias y la Epigenética (?¿).

La fibromialgia, según esas nuevas teorías, correspondería a un estado de protección surgido en un organismo sano, pero gestionado por un cerebro equivocado. Explica la diferencia entre daño real (muerte celular), potencial (acercar peligrosamente la mano a una sartén caliente) y el imaginado.

Distingue dos tipos de dolor: el racional (asociado a daño real o potencial) y el injustificado, surgido de un cerebro que ha aprendido a proteger de modo catastrofista.

Prudentemente, elude señalar al protagonismo de la cultura experta en la crianza de ese catastrofismo cerebral.

El cerebro aprende y, buena noticia, puede desaprender, reprogramarse.

Hasta aquí, lo que «las nuevas teorías» aportan.

«En mi opinión personal», dice la autora, esta teoría del error evaluativo se debe complementar con el trabajo en otros dos factores: 1) la «personalidad»: exigente, analítica, responsable, sensible … Es un caldo de cultivo apropiado para que el aprendizaje del catastrofismo cerebral (llovido del cielo, se supone) encuentre vía libre. 2) El ritmo vertiginoso de la vida, el ambiente hostil que hace que el cerebro evalúe la vida como algo peligroso e induzca equivocadamente el estado de alerta-protección.

Como digo, mi primera reacción, el pensamiento rápido de Daniel Kahneman, ha sido emocional, intuitivo, reflejo, automático. ¡Qué morro! Me ha copiado «mi teoría del error evaluativo neuroinmune», malinterpreté. No la hacía propia sino la situaba en el ámbito socializado de las «nuevas teorías». La aportación personal venía después: la gestión emocional, el empoderamiento personal, el coaching. Una propuesta pionera: la síntesis de nuevas y anónimas teorías y el complemento original , personal, de la gestión emocional.

Confieso que me costó pasar del acelerón emocional inicial al ritmo sosegado racional que ha guiado esta entrada.

No puedo objetar ni denunciar nada. Todo es lícito y legítimo. Hay nuevas teorías que promueven paradigmas novedosos: el dolor se construye en el cerebro y no donde lo sentimos … Esa afirmación pertenece al acervo común. Ya lo dijo Hipócrates en su tiempo. La propuesta del error evaluativo neuroinmune, la hipótesis del cerebro que gestiona de modo catastrofista y equivocado un organismo sano, tal como puede hacerlo el sistema inmune (de ahí la hipótesis del error neuroinmune), que yo sepa, la he propuesto yo. Me alegro que la hipótesis encuentre apoyo en otras páginas de la webb, pero, como cualquier padre que está orgulloso de la crianza su hijo, me gustaría que se reconociera mi paternidad.

«Nuevas madres han dado a luz, no sin sufrimiento, diversos hijos…» no parece una manera justa de decir que Fulanita ha tenido un hijo llamado Menganito.

Tras la primera reflexión acelerada emocional, intuitiva, he echado el freno racional y desde el pensamiento lentificado confieso que lo que he visto y oído me deja un poso de amargura, indefensión y tristeza con unos toques de repugnancia.

Es lo que toca vivir. Sólo queda adaptarse y des-apreciar lo des-apreciable.

Nosotros a lo nuestro.

Know pain, no pain.


Si tienes dolor, podemos ayudarte. En GoiGroup tenemos cursos online para padecientes de migraña y otros dolores "crónicos" (preferimos llamarlos recurrentes o persistentes). Puedes darte una vuelta por nuestra web para enterarte de lo que contamos 🙂

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

6 comentarios sobre “Tu cara no me suena, pero la teoría sí

  1. Hola Arturo, soy la autora de ese video y te pido disculpas por no haberte nombrado en él, cosa que si hago permanentemente en post, y el redes sociales, además de compartiendo tus artículos, recomendando tus libros, el blog de tus hijas y vuestras consultas. Para nada es mi intención adueñarme de tu teoría. Te alabo y agradezco tu labor y enseñanzas. Al pie del video (en youtube) hago referencia a tu autoría y a tu blog. Mi enfoque es únicamente psicopedagógico y lo aprendido por experiencia propia siendo padeciente de fibromialgia.

  2. Para alguien como yo, que sufro crisis devastadoras de migraña que me dejan en la cama más de 15 días al mes desde hace 20 años, que lo he probado todo a nivel de fármacos pre y post, alimentación, cambios de hábitos, terapias naturales para regular mis hormonas, etc…
    Llevo 20 años tratando de encontrar la respuesta en mi cuerpo y de repente leo en internet a un doctor neurólogo que asegura que mis migrañas las provoca mi cerebro equivocado.
    Para mi, es una nueva teoría. Nueva, no solamente en mi mundo! En el mundo de mis amistades migrañosas también es algo novedoso y esperanzador, que llega después de haber perdido toda esperanza.
    ¿Qué saco es el de las «nuevas teorías»? ¿Por qué razón has entrecomillado las palabras?

  3. El tiempo le sigue dando la razón a Arturo. Este marco teórico suyo ya lo explicaba, a sus pacientes y a los médicos en formación, allá por el año 2001; cuando yo, entonces residente de Medina de familia, roté por su Servicio de Neurología en Vitoria.

  4. Es cierto, el enfoque del artículo con respecto al título podía llevar a confusión. Al César lo que es del César. He modificado el título, y cambiado la sintaxis para no llevar a error en cuanto a que se compare mi opinión con una teoría científica, que en ningún caso era mi objetivo, sino el de dar a conocer su teoría a mi comunidad.

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