El dolor es un estado de alerta-protección

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El dolor es un contenido perceptivo de qualia subjetivo «dolor».

El verde es un contenido perceptivo de qualia «verde».

¿Qué condiciones físicoquímicas reales se asocian a esos dos quale?

En lo «verde» hay un sustrato físico: la absorción de luz de esa manzana que vemos como «verde». Lo que llega a la retina es lo que queda del espectro de radiación después de colisionar con la manzana. Si esa luz hubiera sido absorbida completamente por la sotana de un sacerdote, por ejemplo, aparecería en la conciencia el qualia «negro».

El soporte físico-químico que se corresponde con el qualia «dolor» es el impacto de energía mecánica, térmica o química capaz de activar los sensores de nocividad de las neuronas vigilantes (nociceptores). Si colisiona con un tejido esa energía potencialmente nociva, aparecerá en la conciencia (con un leve retraso) el qualia «dolor», en el momento, lugar y circunstancia en que se produce la colisión. Parece que lo verde está en la manzana y lo «dolor» allí donde duele, pero no es así.

En ambos casos la colisión de energía con los sensores, fotoceptores retinianos y nociceptores de cualquier lugar corporal, genera un flujo de señal eléctrica que es la que debe procesarse en distintas capas de la red neuronal. La última capa es una red distribuida de áreas cerebrales fuertemente integrada. Si se activa: aparecerá el verde o el dolor, pero no antes.

No se necesita la colisión energética para imaginar lo verde o lo doloroso. Basta con que nos lo propongamos, pero ese verde y ese dolor imaginados son evanescentes, poco intensos y extremadamente fugaces.

En los sueños es otra cosa. Lo verde y lo doloroso pueden aparecer a pesar de estar los ojos cerrados y de que ninguna energía nociva colisione con los tejidos. La red neuronal se ha librado de la contención sensorial de la realidad y construye narrativas de ficción a su aire, utilizando el mismo soporte neuronal que genera el qualia verde o dolor.

El dolor está justificado cuando informa al individuo de una colisión de energía nociva. El qualia dolor presiona al individuo a una conducta vigilante y protectora. No hay intencionalidad («el cerebro decide poner dolor»), sino transición de la conectividad neuronal a ese estado que, debido a la cualidad subjetiva dolor, propicia una determinada conducta.

El individuo recibirá junto al recado perceptivo «dolor» los componentes cognitivos (pensamientos más o menos catastrofistas), el color emocional motivador (miedo), la propuesta atencional (estate pendiente de la cabeza, el hombro o lo que sea…) y la conductual (no hagas eso, tómate el calmante…).

Supongamos que todo este tinglado de energías que colisionan con sensores está ausente.

– Me duele mucho la cabeza. Ya estamos. Todos los fines de semana lo mismo…

El finde no genera ninguna energía nociva mecánica, térmica ni química que colisione con los sensores de nocividad de la cabeza, pero el qualia dolor aparece en la conciencia con una intensidad inusitada, acompañado además del qualia «nausea» y de la propuesta conductual de quedarse en la cama a oscuras y colgar el cartel «no molestar, tengo migraña».

¿De dónde surge ese qualia dolor?

Del único sitio del que puede surgir: de la activación de la red que lo genera. Cuando llega información de nocividad; cuando uno sueña, o, simplemente, cuando la red imagina, evalúa, peligro y entra en modo alerta-protección.

Cualquier qualia puede activarse por la condición físicoquímica coherente o por la imaginación. Generalmente la red neuronal no tira de imaginación para lidiar con la realidad. Lo que vemos, oímos, sentimos, pensamos, sufrimos y hacemos está ligado al mundo real. Podemos despegarnos de esa realidad e imaginar, meditar, vagabundear por el mundo de lo posible, de lo que pudo ser y no fue y de lo que puede que sea, pero no será. Pero esa narrativa desdibujada, etérea, no se acompañará de los quale que genera la realidad. La red mantiene la barrera de lo real respecto a lo imaginado.

Alucinamos cuando no estamos centrados en algo y pensamos en Babia, pero dentro de la convicción de que todo es imaginario.

El qualia «dolor» tiene trato preferente, pues está vinculado a posibles colisiones de energía nociva que dañarían los tejidos. Si lo imaginado por la red gana suficiente temor, aparece la transición al estado de alerta-protección , es decir, dolor.

Las creencias y expectativas que alimenten el estado de vulnerabilidad pueden bastar para que lo imaginado en lo inconsciente adquiera suficiente temor para hacer la transición a lo consciente.

Ni los findes, ni los alimentos, ni los cambios hormonales o meteorológicos, ni los problemas con la pareja o los ERTES por sí mismos pueden inducir la transición al estado de alerta-protección. Necesitan que la red les atribuya la condición de ser amenazantes. Sucede lo mismo en el subsistema inmune. El polen no es amenazante pero, si la red inmune lo cataloga como tal, se producirá la transición al estado de alerta-protección.

Somos una narrativa que integra realidad y ficción. No siempre la red fluctúa en una banda razonable cuando imagina, anticipa, teme. A veces entra en modo fóbico y ese pánico somático aparece en la conciencia con los quale correspondientes, es decir: síntomas.

¿Qué o quién alimenta la transición a estados de alerta-protección?

¿El individuo? ¿La información experta?

Usted mismo.

Know pain, no pain.

Imaginar lo justo. Ponderación. Principio de realidad, al menos como objetivo.

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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