Calumnias

Si tienes dolor, podemos ayudarte. En GoiGroup tenemos cursos online para padecientes de migraña y otros dolores "crónicos" (preferimos llamarlos recurrentes o persistentes). Puedes darte una vuelta por nuestra web para enterarte de lo que contamos 🙂


 «Alguien debió de haber calumniado a Josef K, porque sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido» (El proceso. Franz Kafka).

El dolor expresa en la conciencia un estado de alerta-protección. En ocasiones ese estado está justificado pues se da la circunstancia de un daño consumado o inminente, pero en muchas otras, no se encuentra ningún motivo (delito) que explique y justifique el estado de alarma (detención).

Joseph K sólo tiene la certeza de su detención y el sometimiento a un inacabable proceso judicial sin que sepa el por qué. Sólo cabe la hipótesis de la calumnia.

En el dolor sin daño, en la detención sin delito, aparece la calumnia como única posible explicación.

El organismo, sus tejidos, son calumniados. Están desgastados, degenerados, inflamados. Las superficies articulares rozan y comprimen nervios. Los músculos están contracturados, distendidos, sobrecargados.

El sistema nervioso distorsiona y amplifica el dolor; no libera suficiente serotonina, dopamina ni endorfinas; la corteza se ha encogido; la red en reposo no calla; la atención está secuestrada.

El individuo no se libra de la calumnia: es un malnacido (genes); está estresado; no controla sus emociones; duerme poco y mal; come lo que no debiera; exagera la queja; manipula; catastrofiza; es un miedica.

El padeciente sólo sabe que siente y padece y es lo único que puede declarar. Sus abogados de oficio y de pago no aciertan a explicarle el por qué de su situación. Le sugieren que acepte lo que hay y que trate de mantener el tipo, la dignidad. Lo que parecía un trámite sencillo («supongo que será un delito leve, pago la multa y me dejarán libre…») se complica y prolonga. El padeciente acaba convirtiéndose en fiscal de sí mismo: exige que le encuentren algún delito. Nadie defiende la inocencia como opción.

Los expertos clasifican el dolor por el proceso que lo sustenta: nociceptivo (tejidos no neuronales dañados); neuropático (neuronas dañadas) y «complejo», «persistente» o «crónico» (sin tejidos dañados). En este último apartado el proceso es kafkiano: lo sustenta una tupida trama de calumnias. No hay otra explicación posible. El código penal incluye un apartado de delitos con nombres complicados (etiquetas diagnósticas) que no aclaran nada.

El buen nombre del organismo: un sistema complejo adaptativo que viene al mundo habilitado para tomar la medida a todo tipo de entornos y sobrevivir, está cuestionado por las calumnias.

El proceso kafkiano se disuelve poniendo fin a la calumnia, aplicando la presunción de inocencia y animando al pobre Joseph K a que crea en ella y deje de buscar inútilmente un delito que no ha cometido. Debe dejarse de alegatos, papeleo, y tratar de huir de la celda.

Dicen los jueces que Joseph K debiera haber recurrido a la justicia antes. Ahora el proceso está muy enredado y no hay manera de hincar el diente. Ellos habrían identificado y juzgado el delito cuando estaba fresco, reciente, aplicando la pena correspondiente y, previsiblemente, ya estaría libre, pero el proceso se ha cronificado y es muy difícil dar con la sentencia justa.

Creo que el proceso del dolor (pena) injustificado es aún más kafkiano que el de Joseph K.

Urge recuperar el buen nombre del organismo, acabar con las calumnias, animar al padeciente a que crea en su inocencia para poder reconquistarla. El será el único abogado eficiente, pero para ello debe renunciar a actuar como un fiscal.

El sistema neuroinmune vigila el organismo y el individuo que lo habita. Es quien lo contempla como un delincuente potencial y actúa sin contemplaciones desde el ·principio de precaución: «mientras no se demuestre lo contrario, el individuo puede crear problemas». Incurre con facilidad en el sesgo de confirmación: «sabíamos que podría suceder: ya le han detenido. A saber qué ha hecho ahora»

El dolor kafkiano responde al principio de la profecía autocumplida: algo que se predice con insistencia es la causa de que se haga realidad.

– En esta familia hay mucha migraña. El neurólogo nos ha dicho que tenemos los genes. Tú tendrás probablemente migraña.

Es cuestión de tiempo

– Amá: me duele la cabeza…

– El niño tiene una leve escoliosis. Le dolerá la columna…

Usted mismo…

¿De dónde salen las calumnias?

Consulte a su médico. Le ayudará a salir de muchos pleitos, pero ande con cuidado. Puede que le meta en otros que le privarán de libertad, sin motivo.

¿Cui bono? ¿A quién beneficia la calumnia?

Know pain, no pain.

¿Cui bono? ¿A quién beneficia el conocimiento?

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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