Etiquetas médicas sin explicacion biológica

Si tienes dolor, podemos ayudarte. En GoiGroup tenemos cursos online para padecientes de migraña y otros dolores "crónicos" (preferimos llamarlos recurrentes o persistentes). Puedes darte una vuelta por nuestra web para enterarte de lo que contamos 🙂


Un porcentaje sustancial de la ciudadanía padece síntomas (dolor, cansancio, hormigueos, mareo, disfunción cognitiva…) para los que los médicos no disponen de una explicación médica. No saben, no contestan.

Lo reconocen: son «Síntomas sin explicación médica». Tienen etiquetado y apartado el problema en un enorme cajón de la mesa de despacho.

Hay otros síntomas que disponen de la etiqueta médica correspondiente y parece que, por tanto, ya están explicados, pero no es así.

– Me duele mucho la cabeza, en un lado. Además vomito y me molestan todos los ruidos, luces y olores…

– Tenemos una explicación médica: es una migraña.

El problema está controlado. Tras unos años de dar tumbos por diversas consultas aparece la etiqueta salvadora.

– Es una enfermedad misteriosa e irreversible. Vivirá y sufrirá con ella, pero podemos ayudarle a sobrellevarlo si sigue nuestros consejos…

– Me duele todo. Estoy terriblemente cansada aunque no haga nada. No me concentro. No consigo dormir bien.

– Tenemos una explicación médica: usted padece una fibromialgia.

Por fin. La etiqueta abrirá la puerta a la solución.

– Me duele desde hace años.

– Tiene usted «dolor crónico». Es una enfermedad que la llamamos así.

La etiqueta de dolor crónico no convence ni ayuda. Tiene usted «tristeza crónica», «picor crónico», «fatiga crónica». Pues ¡vaya!

Los primeros que no se sienten confortados y esperanzados con las etiquetas son los pacientes. Puede que sí al principio, al recibir, por fin, el alivio de la etiqueta, la recuperación de la dignidad perdida ante los allegados. No era psicológico como todo el mundo sugería. Es una enfermedad, perfectamente etiquetada. Un respeto.

La etiqueta es sólo eso, una etiqueta, una palabra que no aporta nada (falacia nominal).

Lo importante queda sin resolver: ¿qué sucede en el organismo para que el paciente ande (si puede) dolorido, agotado, desanimado, desconcentrado ..?

¿Qué sucede con la biología interna? ¿Faltan o sobran moléculas? ¿La red neuronal está desquiciada? ¿Quizás el sistema inmune?

– No lo sabemos con certeza. Tenemos datos. Citoquinas proinflamatorias elevadas, atrofia de áreas corticales, redes en reposo que no reposan, modulación inhibitoria descendente fuera de servicio… El sistema nervioso opera en un estado anómalo de sensibilización.

Otra etiqueta algo más precisa: en la fibromialgia, dolor crónico, migraña… el sistema nervioso o neuroinmune, como se prefiera, opera en un estado hipersensible, hipervigilante. Confunde además las señales sensoriales, interpretando todos los estímulos como amenazas. Todo resulta insoportable: luces, sonidos, olores, campos electromagnéticos, el frío, el calor, muchos alimentos. Dicen.

– Tiene usted «sensibilización central». Hay que reducir el modo hipervigilante y protector de su sistema neuroinmune. Los fármacos le pueden ayudar, pero no es suficiente: le vendría bien fisioterapia, psicoterapia, dieta, ejercicio anaeróbico… un enfoque multidisciplinar…

La nueva etiqueta de sensibilización central parece que nos acerca algo al quid de la cuestión, pero la pregunta clave sigue en el aire:

¿Qué ha hecho que el sistema neuroinmune opere en ese modo innecesario, mortificador e invalidante? ¿Cómo se ha llegado a esa situación? ¿Es, realmente, irreversible? ¿Sólo podemos intentar paliar algo el sufrimiento, sin esperanza de recuperar el modo normal, sensato, libre?

La situación actual de confinamiento respecto al coronavirus puede servir como escenario para la reflexión. En este caso tenemos un agente patógeno responsable que explica y justifica el confinamiento, pero supongamos que no hubiera existido ese virus y que el estado de confinamiento fuera instaurándose sobre la sospecha (miedo) de que un supuesto agente biológico no identificado pudiera afectar a la población a escala mundial si no se toman las medidas adecuadas…

El sistema neuroinmune actúa de un modo similar. A veces despliega sus recursos de alerta-protección justificadamente y otras sólo bajo una sospecha infundada.

Los ciudadanos tienen la certeza del confinamiento, independientemente de que el virus sea un hecho o sólo una posibilidad teórica.

Puede que hubiera en el pasado un evento vírico y viral y que el sistema se quede en modo alerta-protección indefinidamente, aunque ya no haya una amenaza…

«Estado de confinamiento central». A veces justificado. Otras no.

– ¿Por qué estoy confinado?

– No lo sabemos. Aparentemente no hay razón. Es una enfermedad en sí. Me temo que no podemos solucionarlo. Le ayudaremos a sobrellevar el confinamiento.

La ciudadanía padecerá la situación. No hay fallecimientos, muertes. Sólo la mortificación e invalidez del confinamiento, controlado por las fuerzas del orden que no dudarán en aplicar las multas y encarcelamientos previstos.

Gestionar, proteger, evitar daños irreparables, reponer la libertad sin miedo…

No es fácil.

Ni para los gestores ni para el sistema neuroinmune.

No hace falta que esté enfermo. Basta con que esté asustado y mal informado.

Conocer las debilidades del sistema neuroinmune, sus limitaciones, sus errores, puede ayudarnos a comprender y resolver la situación.

¡Déjeme en paz con su confinamiento! No hay peligro en la calle…

A veces sí, a veces no.

La información tiene todo el poder.

Know pain, no pain.

Es una opción.

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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