Información al sistema neuroinmune

La integridad estructural y funcional del organismo está vigilada, protegida y sostenida por el sistema neuroinmune, con sus dos subsistemas neuronal e inmune, organizados ambos como recursos congénitos y adquiridos (aprendidos).

Todos los sistemas biológicos aprenden. Memorizan el impacto de la interacción con el entorno y modifican las respuestas en función del impacto negativo o positivo de cada interacción. Los tejidos están sometidos a condiciones de estrés que deben resolver. No habitan un nicho idílico e inmutable sino incierto y cambiante. Gracias a la capacidad adaptativa pueden seguir vivos. Sin embargo su capacidad de adaptación es limitada. Necesitan que las condiciones del entorno se mantengan en una banda limitada.

El sistema neuroinmune se seleccionó por su capacidad de mejorar la integridad estructural y funcional de los tejidos. Protege la estabilidad de las condiciones internas (homeostasis) exigidas para vivir. Vigila y actúa ante la sospecha más o menos fundada de amenaza.

El componente congénito neuroinmune viene informado ya de fábrica, gracias a su largo periplo evolutivo. Reconoce señales moleculares de bacterias, hongos, parásitos y virus y los circuitos neuronales detectan energías mecánicas, térmicas y químicas peligrosas. Evitan así incidentes de muerte celular (necrosis). Si no ha sido posible, detectan el daño consumado y activan rápidamente la respuesta inflamatoria de reparación del daño.

El componente adquirido puede paliar las carencias de información sobre lo amenazante, los microrganismos no catalogados, pero ya sin garantías de total acierto. No todo lo que cataloga como amenaza es peligroso y no todo lo que se da como inofensivo es seguro. El error evaluativo neuroinmune se produce inexorablemente a lo largo de la vida. Forma parte del aprendizaje. Padeceremos infecciones por gérmenes no sospechados, sufriremos heridas, contusiones… Ley de vida.

Los errores, si se detectan podrán evitarse en el futuro. No siempre es así. El sistema neuroinmune se equivoca actuando ante escenarios inofensivos como si la vida de los tejidos corriera peligro sin que aprenda del error. El viento sur puede desencadenar reiteradamente una crisis migrañosa; agacharse un bloqueo lumbar; el polen una reacción alérgica; una colonia de células cancerosas puede recibir trato de favor por parte del sistema neuroinmune; un hábito tóxico como el tabaquismo la bendición del sistema motivacional.

El sistema neuroinmune necesita buena información. Experiencia suficiente para catalogar bien, sin morir en el intento; buenos modelos para observar y aprender en carne ajena… y buena información de los expertos.

La llamada Educación terapéutica en Neurociencia está demostrando ser una buena herramienta para disolver el dolor crónico primario (no asociado a lesión-enfermedad). Se explica a los pacientes ( a su sistema neuroinmne) que el dolor procede del cerebro, que los factores psicosociales abonan el terreno de la conectividad neuronal. Se combate el miedo a la actividad, se recomienda el ejercicio, se facilitan técnicas de control psicológico…

Aun reconociendo la bondad de estas intervenciones pedagógicas creo que el problema es de más calado. El sistema neuroinmune se hace con la información disponible. No necesita el permiso del individuo consciente. La interacción con el entorno se encuentra con la información. Algunos hablan de la «infosfera».

Al igual que no podemos evitar respirar, no podemos no hacernos con la información disponible. Ningún organismo va a desarrollar en base a su experiencia una teoría del interior («tengo dos riñones, un aparato circulatorio, el páncreas…»). Informan los expertos, divulgadores de la cultura acumulada sobre organismo, haciendo que el sistema neuroinmune actúe en función de la información recibida.

El aparato urinario no necesita información sobre sí mismo o sobre la sangre que debe depurar para hacer su trabajo. No tendría sentido una estrategia de Educación terapéutica en Nefrología a nuestros riñones.

Informar al sistema neuroinmune sobre sí mismo, sin embargo, es fundamental. Los pacientes tienen que conocer el proceso de aprendizaje, actuar como intermediarios conscientes del proceso informativo, modificar las creencias erróneas y los miedos infundados. Deben interpretar los síntomas como expresión de los posibles estados de alerta-protección erróneos o acertados del sistema.

El sistema neuroinmune necesita conocerse para corregir.

No basta con explicar que el dolor tiene componentes psicosociales favorecedores. No ayuda comunicar a los pacientes con «sensibilidad central» que los sistemas de modulación no funcionan bien, que el cerebro amplifica el dolor, que procesa mal la información… No es cierto. Funcionan correctamente respecto a la información recibida.

Hay que informar bien al sistema sobre sí mismo. Hay que posibilitar su autocrítica. Lo ideal es que se le informara desde la infancia. Lamentablemente se le facilita información sensibilizante, alarmista, errónea. Los sesgos de confirmación, las fobias, las etiquetas diagnósticas, las terapias, aparecen y campan a sus anchas. Se cronifican.

No se trata de reconceptualizar el dolor ni aplicar una terapia pedagógica sino de aportar información que permita al sistema neuroinmune, al menos al subsistema neuronal, hacer su trabajo con racionalidad, sensatez, con buena información.

El sistema neuroinmune procesará bien la información que valida, con el aval de los expertos.

Know pain, no pain

Conocer el proceso informativo neuroinmune permite mejorarlo. Ignorarlo facilitará los errores.

«La migraña es una enfermedad congénita irreversible. Vida ordenada, desencadenantes, terapias»

«La fibromialgia es una enfermedad misteriosa e irreversible»

«Su columna está hecha un asco»

«Contracturas, artrosis, estrés…»

El sistema neuroinmune actuará conforme a lo que le han informado los expertos. El individuo además, será el chivo expiatorio, el que carga con el muerto.

«¡Es usted un catastrofista!»

O su organismo, su sistema neuroinmune:

«Ha nacido usted con migraña». «Los sistemas de modulación del dolor no funcionan bien. Siga nuestros consejos».

Hay que informar sobre los peligros de la información y no cargar el muerto al paciente (consciente e inconsciente)


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Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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