Copias aferentes y eferentes

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Cada vez que ejecutamos una acción, podemos anticipar sus consecuencias sensoriales. Si quiero decir «neurona», la orden motora que genera «neurona» producirá un tren de vibraciones del aire, recogidas por el oído, coherentes con lo que uno espera. Las áreas cerebrales que preparan y ejecutan la emisión «neurona» envían una copia de su programa (copia eferente o de intención motora) a las áreas que recibirán poco después las señales sensoriales procedentes del oído. Se compara la recepción con la copia previa y habitualmente coincide.

Si digo «neurona» oiré «neurona». Sé que va a ser así porque, a lo largo del aprendizaje, el cerebro motor ha mandado esa copia de su intención (copia eferente) al cerebro sensorial. Cada parte del sistema tiene información de lo que hacen las demás y las consecuencias que generan esas acciones. Los sistemas complejos son así. Cotillas, transparentes, bidireccionales.

Del mismo modo, el cerebro motor recibe una copia de llegada de las señales sensoriales anticipadas (copia aferente) que incluyen al yo consciente. He oído que decía «neurona».

Voy a decir «neurona». Se contraen los músculos adecuados. El cerebro sensorial sabe que en un momento preciso, a partir de la ejecución, recibirá las señales coherentes de «neurona». Efectivamente, has querido decir y has dicho dicho «neurona» porque he recibido señales auditivas coherentes con lo esperado y he oído «neurona» (copias aferentes).

La disponibilidad de copias eferentes y aferentes elimina la sorpresa respecto a las consecuencias de nuestras acciones. No resulta el darnos una noticia a nosotros mismos: «me ha tocado la lotería». El sistema sabe que la orden motora está autogenerada. Se certifica que efectivamente uno se ha dicho esa frase y que el oído ha registrado las correspondientes señales sensoriales anticipadas, pero, precisamente por eso, sabemos que no es cierto. Es un deseo, no una realidad.

¿Qué sucede con el dolor?

«Voy a agacharme». El cerebro motor envía la copia eferente correspondiente al cerebro sensorial. El cerebro sensorial sabe que en unos milisegundos llegará la información prevista de los sensores del aparato locomotor… pero ¡sorpresa! aparece en la conciencia «dolor» por la zona lumbar . Algo no anticipado, novedoso.

Hay dos posibles interpretaciones:

1. Los sensores de nocividad de la columna han detectado un efecto no previsto por la orden «me voy a agachar» y las señales de nocividad imprevistas pasan a la conciencia por resultar novedosas y relevantes (posible amenaza), expresadas como «dolor». Algo pasa en la columna. «Al agacharme, he pinzado un nervio… Tendré que mirarme».

Podría ser. La carga mecánica de la flexión ha acabado de romper un disco degenerado y el núcleo pulposo ha salido y comprimido una raíz nerviosa. Caben otras interpretaciones de daño potencial.

2. El proceso evaluativo inconsciente se encuentra en estado de alerta y anticipa una posible amenaza como consecuencia de la acción de agacharse. La copia eferente ya no funciona. Existe incertidumbre. Las señales del aparato locomotor reales llegan al cerebro sensorial y aparece en la conciencia la cualidad «dolor». Algo imprevisto, pero probablemente temido (inconscientemente).

El dolor, en este caso, no expresa la consecuencia nociva de la acción de agacharse, sino la del estado de alerta. Es el error evaluativo el que hace que la acción de agacharse exprese «dolor».

Si no se modifica el error, cada vez que uno se agache, se enviará una copia eferente de la acción a todo el sistema, anticipando ahora que en la conciencia aparecerá «dolor», dando por bueno lo anticipado si duele.

Me agacho. Copia eferente: se va a agachar. Alerta. Ha dolido. Confirmación: copia aferente. Refuerzo de programa motor de protección.

Realmente el dolor, en ausencia de nocividad activa, ya no informa de las consecuencias sensoriales del aparato locomotor sino de las consecuencias perceptivas (conscientes) del estado evaluativo erróneo.

Los contenidos de la conciencia no informan de lo que sucede, sino de lo que el sistema imagina-teme, con más o menos acierto.

Si el proceso imaginativo está impulsado por la convicción de peligro, las copias eferentes y aferentes organizarán un bucle sesgado de confirmación de lo imaginado.

El sistema neuroinmune de defensa comete errores. No sucede nada si se detectan y corrigen, pero las consecuencias son graves si no sólo no se detectan sino que confirman las predicciones aun siendo erróneas.

Voy a agacharme. Copia eferente. Vale. Señales lumbares coherentes con lo anticipado. Copia aferente. Vale. No dolor. Copia aferente de la conciencia. Todo correcto.

Puede que todo se tuerza.

«Me han hecho una radiografía de columna y me han dicho que tengo una artrosis de caballo. Nunca he tenido lumbago».

«¿No le duele? ¡Qué raro! Tendría que dolerle». Copia aferente profesional. Las imágenes funcionan como un informe sensorial y como información evaluativa, predictiva.

Unos días después…

«Al agacharme para coger un peso me he quedado bloqueado». «El médico tenía razón».

La complejidad tiene estas cosas. Existen muchos componentes que trabajan inconsciente y conscientemente en el proceso evaluativo, aportando su información (copia aferente) y sus respuestas potenciales (copia eferente). El sistema integra todas esas copias eferentes y aferentes y se expresa en la conciencia el resultado de esa integración informativa. Si ignoramos la cuota de error potencial de los contenidos de la conciencia y la información experta, podremos sufrir las consecuencias de interpretaciones erróneas.

Know pain, no pain

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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