Sistema motivacional: las amistades peligrosas

Los organismos deben tomar decisiones en cada escenario respecto a qué conducta debe seleccionarse y promoverse para cumplir con lo que su sistema de valores conforma como objetivo prioritario.

El refranero contiene varias conclusiones al respecto:

«Piensa mal y acertarás». Ponte en lo peor. No comas ninguna seta, pues alguna puede ser venenosa. La ley de Murphy confirma la validez del consejo: si algo malo puede pasar, pasará…

“¿A dónde va Vicente? A donde va la gente». Tendemos a imitar las acciones de los demás, especialmente si el modelo lo ofrece el líder de la manada, el macho alfa…

«Más vale pájaro en mano que ciento volando». Priorizamos la recompensa ofrecida a corto plazo.

«Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Rechazamos lo novedoso aunque prometa y seguimos aceptando una condición desventajosa. Nos adaptamos y conformamos.

El organismo teje y desteje la conectividad de su red evaluativa, apoyándose a veces en conocimiento verificado por la experiencia («me creo la ley de la gravedad…»), la información experta («la orina se produce en los riñones») o por el mandato del código grupal («viva er Beti, manque pierda») y propone una conducta al individuo. El sistema motivacional se encarga de generar en el individuo el impulso a obedecer el apremio, con gana o con desgana, pues no queda otra que obedecer.

La dopamina es el neurotransmisor liberado en la red para generar la conducta (patrón motor complejo) que ejecuta (obedece) la sugerencia. Actúa sobre los receptores correspondientes y el individuo cede o se resiste. Me rasco o no me rasco; enciendo otro cigarro o dejo ya de fumar; me como el pintxo o sigo la dieta autoprometida; me tomo el ibuprofeno o intento pasar de él… La dopamina no sabe nada ni le importa. Se limita a entregar un mensaje en los buzones celulares correspondientes. El mensaje dice: ¡hacedlo! Las células lo hacen sin saber tampoco de qué va y al final aparece en la conciencia la sugerencia con apremio: ¡hazlo!

Hay propuestas o exigencias del sistema que son razonables: vete a buscar comida, pues no has probado bocado en cinco días… No vuelvas a comer ensaladilla de ese bar. Recuerda la gastroenteritis de la semana pasada…

El conocimiento del pasado permite evaluar costes y beneficios y proponer (motivar) una conducta coherente con ese conocimiento.

El problema surge cuando no disponemos de conocimiento fiable, pero debemos tomar una decisión, en base a las propuestas de éxito social. Deshojamos la margarita entre la aceptación de la incertidumbre, empujados por el gusanillo de la curiosidad ante lo nuevo, o la evitación de todo aquello que no está aceptado por nuestro conocimiento.

Generalmente gana la decisión que se apoya en lo que hace la gente (cognición social), sin entrar en análisis profundos, o en el peso de lo que dicen los líderes (cognición ad verecundiam).

El sistema motivacional puede aceptar como valor la imitación de conductas de éxito social, como fumar, perforarse o tatuarse la piel. Se prepara la conducta que ejecuta la acción y aparecerá la gana: «he decidido tatuarme y ponerme un piercing en… (usted mismo)». La ejecución de lo exigido producirá una íntima satisfacción, complementada con la exhibición social… La dopamina llevará el mensaje de felicitación en forma de un refuerzo a todos los puntos de conexión que han participado en el cumplimiento de la propuesta.

Lo mismo sucedería con el tabaco, los calmantes, la comida, la lotería, el deporte…

Lo lógico y deseable sería que el sistema motivacional hiciera una evaluación realista de las consecuencias de cada acción, en base a las consecuencias objetivas en su propio organismo, no prestando atención a los cantos de sirena del grupo.

«Has encendido el primer cigarro. Has vomitado y casi te desmayas. Estás pálido y sudado. Te retiro la dopamina. No vuelvas a hacerlo»

Desgraciadamente no es así.

«¡Bravo! Lo has conseguido. Ha sido duro, pero has cumplido con un mandato social. Has superado la prueba. He mandado la felicitación (dopamina) a todos los puntos de conexión que han hecho que los músculos acercaran el cigarro y tragaras el humo. La próxima vez intentaré que en vez de tragarlo lo aspires. Lo tienes que conseguir».

El proceso evaluativo puede, en base al conocimiento acumulado (información experta), entrar en un mal momento en un estado de alerta-protección no justificado, y expresarse en la conciencia como dolor, aun cuando no esté sucediendo nada amenazante. El peso de la información de los expertos habrá impuesto el estado de conectividad de la alerta-protección.

El sistema motivacional habrá recogido el dictamen evaluativo y acoplará la consiguiente gana de que se ejecute la conducta aprendida.

«Vomita. Vete a la cama. No salgas. Tómate un calmante».

En realidad no había ninguna amenaza. La conducta exigida sólo ha conseguido eliminar comida, retener al individuo en la cama y consumir un tóxico potencial. No importa. El conocimiento disponible, la imitación, el consejo de expertos, han impuesto su peso. El cumplimiento de lo exigido generará el mensaje de dopamina a los circuitos motores que han cumplido con lo seleccionado. La próxima vez, más, antes y mejor. ¡Bravo!

Puede que el balance del corto plazo parezca satisfactorio. El dolor se ha ido.

La visita al profesional da el visto bueno.

«Ha sido una crisis de migraña. Toma el ibuprofeno tan pronto como notes el dolor».

El conocimiento previo a la crisis (priori) queda reforzado (posteriori). Inferencia bayesiana.

El Sistema motivacional obedece al conocimiento disponible sin saber muchas veces cuál es el más fiable. Puede que sólo haya una presión de imitar o el crédito de los líderes del momento.

Consulte a su médico. Si no va bien, consulte al neurólogo. Si no va bien…

Dicen los neurólogos que la migraña no se diagnostica a tiempo, que ellos atienden con demasiada demora y los pacientes, además, no siguen sus consejos. Se automedican y siguen con el desorden. Eso explicaría el desastre del escaso control.

Sistema motivacional. Más conocido como sistema de castigo y recompensa.

A veces la aparente recompensa del corto plazo prepara el castigo del medio y largo.

Más vale lo bueno por conocer que lo malo conocido…

Las amistades, la cuadrilla, los líderes, los expertos… no siempre nos marcan el camino correcto.

No sucede ni va a suceder nada.

Apaga y vámonos… de cena.

Know pain, no pain


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

2 comentarios sobre “Sistema motivacional: las amistades peligrosas

  1. Excelente artículo. Muy clarificador. Como profesional de la comunicación y el lenguaje felicito el manejo de las frases hechas, los refranes…Amistades peligrosas y alimento de creencias-interruptor del dolor. Mil gracias. Cada día más convencida. Un abrazo. Esmeralda

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