Política

El organismo es una compleja sociedad constituida por células provenientes de un óvulo fecundado y el entorno extracelular que ellas segregan.

El organismo habita a su vez un espacio exterior, parcialmente interiorizado (tubos digestivo y respiratorio) y habitado por múltiples microorganismos (bacterias, virus, hongos, parásitos) que establecen con el huésped un régimen variable de competitividad, mutualismo o indiferencia.

El organismo ha evolucionado bajo la presión selectiva de sobrevivir como individuo y como especie hasta llegar a su conformación actual.

Cada célula es a su vez un organismo, con una membrana que protege su individualidad y regula el intercambio entre el interior y el espacio extracelular. Las células a su vez, se organizan en sociedades diferenciadas que funcionan como gremios especializados en una tarea.

El organismo tiene casas, calles, barrios, ciudades, provincias, naciones, sociedades internacionales… y sobrevive gracias a la gestión coordinada de los intereses individuales y colectivos. Hay que garantizar el aporte de energía, la eliminación de residuos, la higiene y la protección frente a los peligros que genera esa compleja interacción de intereses entre las pulsiones delictivas de las células propias (proliferación descontrolada egoista-cáncer-) y las ajenas (infecciones, parasitaciones) y el interés común (supervivencia física individual y de especie).

Un organismo de esa complejidad necesita una Política, un ámbito que promueva la actividad conforme al objetivo primario de la supervivencia y minimice la contraria, la que la pone en peligro.

La Política de los organismos de las pequeñas manadas humanas de antaño emergía automática y equilibradamente de la interacción entre el azar y la necesidad. El organismo pedía y los individuos intentaban cumplir con los pedidos. No siempre se podría satisfacer tantas bocas ni protegerlas de los malos bichos visibles e invisibles. La mortalidad y la natalidad eran altas, a pesar de los cuidados de la pequeña tribu.

La cultura cambió radicalmente el medio externo y el modo de interactuar con él. La pequeña manada se integró en una sociedad de manadas hasta llegar a la globalización actual.

La Política propició la emergencia de la clase política, un colectivo de miembros especializados en conocer y atender las necesidades básicas de los organismos.

Gracias a la cultura y también en parte al conocimiento de los políticos, la manutención, cobijo y amparo social quedaron garantizadas y la mortalidad disminuyó, al menos en entornos privilegiados (primer mundo), pero a expensas de un aumento considerable del sufrimiento e invalidez de los individuos.

Los políticos, responsables de orientar la Política del organismo, no han dejado de reflexionar sobre las causas de esa preocupante epidemia de mortificación e invalidez no bien explicada y han propuesto múltiples etiquetas y clasificaciones que han generado una engañosa ilusión de control. Inculpan a una genética inadecuada, los estilos de vida, la toxicidad ambiental, el estrés omnipresente y la obstinación de los ciudadanos en no consultarles…

El Sistema Neuroinmune es el gremio que se hace cargo de la Política biológica. Vela porque el organismo esté siempre bien hidratado, alimentado, ejercitado, protegido y bendecido socialmente. Evalúa costes y beneficios y trata de motivar al individuo para conseguir una conducta coherente con su Ideología, con lo políticamente correcto.

La pantalla de la conciencia es el ámbito en el que se escenifica el parloteo continuo del individuo con su clase política (Sistema Neuroinmune). Los síntomas expresan lo que se está cociendo en ese parloteo.

«Me duele mucho la cabeza»

«Métete al cuarto oscuro; toma el ibuprofeno; es una migraña; genético; acéptalo»

«Me duele todo. No puedo con mi alma. No duermo. No me concentro».

«Fibromialgia. Enfermedad misteriosa. No tiene curación».

«Me duelen los riñones. Estoy doblado»

«Tienes la columna hecha un asco. Vas a acaba en una silla de ruedas»

Política.

Políticos…

¿A quién votar..?

Están las opciones políticamente correctas, las defendidas por los partidos mayoritarios. Puede que no se ajusten a la corrección biológica, bien porque sean falsas o, incompletas.

Puede optar por las propuestas biológicamente correctas, defendidas en ocasiones por partidos minoritarios, sin representación parlamentaria, políticamente incorrectos. Los ciudadanos prefieren, de entrada la corrección política, pero no siempre obtienen lo prometido.

Puede que merezca la pena dar una oportunidad a la propuesta minoritaria, correcta biológicamente pero no bendecida por el Sistema Neuroinmune, habitualmente domesticado por la cultura experta mayoritaria.

Vicente va donde va la gente…

No siempre es buena idea.

Año nuevo,política nueva.

Know pain, no pain.

No promete soluciones. Sólo conocimiento fiable


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Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

4 comentarios sobre “Política

  1. Y ¿qué se puede hacer cuando no se consigue acallar a tu cerebro y sigue activando los mecanismos de protección una y otra vez? Porque es muy fácil decir: no tomes el ibuprofeno ,no te acuestes, no tomes el triptán, ¡venga es mentira, que no estás hecha polvo!. Es muy fácil decirlo pero es la realidad demuestra otra cosa. He hecho el curso y he leído los dos libros y mi realidad es como lo que sigue: empieza el dolor a media tarde aguanto el dolor sin tomar nada porque hay que convencer al cerebro de que se le tiene que pasar sin analgésico ( dolor off). Toda la noche doliendo, maldurmiendo, pero no pasa nada porque hay que convencer al cerebro (es como el fumador) Me levanto a las 9 con dolor ( un 8 en una valoración de escala analógica), con vómitos, con náuseas, me pongo un abrigo y un gorro y me voy a pasear una hora. Llego a casa y al final me tengo que acostar porque realmente no me tengo en pie. A las 21 después de vomitar,c poder tomar el analgésico y poco a poco se pasó. Esto cada 15 días. Pero claro, es que dejo a mí cerebro parlotear sin parar, y que realmente no quiero convencerme de que es todo una invención de mi cerebro. Y claro sintiéndome la única culpable y responsable de lo que me está pasando.

  2. Victoria: no sé qué decirte. Comprendo tu queja. No se trata de decirle al cerebro que no tiene que doler sino de modificar las creencias que se han construido durante el aprendizaje. No sé qué podemos hacer para que pierdan peso cuando son erróneas. Sólo se me ocurre combatirlas con la información. La angustia por el dolor en ocasiones domina todo. La cuestión no es si tomar o no el calmante. No es un reto. En ningún caso hacemos responsable al paciente del fracaso. No debes inculparte. En todo caso seríamos nosotros los que debiéramos reflexionar (ya lo hacemos) sobre cómo lograr que todos consiguieran modificar esas creencias responsables.
    Los pacientes que responden bien a la información podrían decir algo, pero me temo que sería repetir lo que ya sabes.
    Saludos

  3. Hola Victoria, yo estoy en el proceso de hablar con mi cerebro, no es fácil la verdad…para mí está siendo importante encontrar aquellas situaciones que me causan frustración o insatisfacción y concienciarse que estas situaciones forman parte de la vida y que no son peligrosas, creo que está auto observación de uno mismo es importante y una de las claves, espero que mejores.

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