Inflamaciones

Clásicamente se ha considerado a la inflamación como una respuesta defensiva-reparadora frente a infecciones y lesiones. Clásicamente también se considera que si una zona se ha inflamado está caliente, hinchada y roja. Además, probablemente el individuo note dolor y no podrá utilizarla mientras se cura.

Si no hay infección ni lesión que reparar no hay inflamación.

Si la zona no está caliente, hinchada y colorada tampoco está inflamada.

Eso debiera ser, pero no es.

Hoy en día se echa mano del término «inflamación» aunque no se den las circunstancias que se exigían antaño.

La obesidad, la senectud, el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas, la depresión, la diabetes tipo II, la esquizofrenia… son estados inflamatorios «de bajo grado». No hay rubor, calor, tumor ni dolor. Tampoco hay infección ni lesión que reparar.

¿Qué hay?

En origen (Celso, a caballo entre antes y después de Cristo) se exigían los síntomas cardinales (tumor, rubor cum calore et dolore) para afirmar que algo estaba inflamado.

A mediados del siglo XIX Augustus Waller y Julius Cohnheim describieron la emigración de los leucocitos desde la sangre a la zona dañada o infectada. Más adelante se describieron los mediadores químicos que inducían la vasodilatación (rubor, calor) y abrían poros para permitir el paso de la ayuda leucocitaria. Por los poros también se extravasaba plasma (tumor). Las terminaciones nerviosas se sensibilizaban. Previsiblemente el paciente sentiría dolor.

Yo tengo ya mis años (73) y me sobran unos cuantos kilos (digamos que unos 10). Que yo sepa no tengo cáncer, diabetes, Alzheimer, Parkinson… ni estoy deprimido. El exceso de años y kilos sin embargo puede que genere estrés metabólico y el Sistema Inmune hace lo que puede para mejorar el trabajo de mis células, obligadas a trabajar con exceso de adipocitos. Dicen que presumiblemente padecería «inflammaging». Con los años perdemos capacidad de regeneración celular y el organismo tiende a los remiendos, más o menos chapuceros. Algunos de los mediadores químicos implicados en la inflamación fetén, la del tumor, rubor, calor y dolor, puede que estuvieran algo elevados, con la colaboración del sobrepeso.

Dicen también que los pacientes de dolor crónico se encuentran en un estado «inflamatorio de bajo grado» y que ello impide el éxito de las terapias.

No es saludable tener años, sobrepeso, desánimo ni aborrecer el ejercicio. Los tejidos padecen las consecuencias. Se estresan. Liberan señales moleculares de ineficiencia y los macrófagos tratan de protegerlos. Hay exceso de mediadores «proinflamatorios» y eso (dicen) hace que todo duela más fácilmente.

No tengo capacidad para juzgar lo que se predica sobre el tema. Evidentemente los años, el sobrepeso, la poca actividad física, la dieta y el desánimo no aportan las mejores condiciones de vida a las células y no cabe duda de que debiéramos evitar su impacto negativo, pero me cuesta ver esa inflamación de bajo grado como causa del dolor.

Hay una tendencia a explicarlo todo según modas (pensamiento diatésico). Cada época tiene sus preferencias.

Ahora toca a la inflamación.

Algunos prefieren hablar de parainflamación o metainflamación para distinguir la «inflamación de bajo grado» de la inflamación clásica.

Me parece bien. Hay demasiados estados bien diferenciados bajo el término «inflamación». Vendría bien un poco de rigor.

Soy añoso y algo obeso («obesidad de bajo grado»), pero no ando desanimado ni dolorido. Creo que hay otras cuestiones más importantes en esto del dolor.

Puede incluso que evaluar el estado del organismo como amenazado, enfermo, sea suficiente para activar la alerta, el estrés… la «inflamación de bajo grado».

Es sólo una hipótesis…

Dicen que las consecuencias negativas para la salud del estrés dependen fundamentalmente de la atribución negativa que le damos.

Bienvenida sea la «inflamación de bajo grado» si nos ayuda a sobrevivir en condiciones poco saludables para los tejidos.

Malvenida sea esa «inflamación» si es la consecuencia del mantenimiento de un estado de alerta-protección injustificado.

Tiene usted la columna hecha un asco. No coja pesos. Tenga cuidado. Anímese. Deje de comer tanto. Le conviene natación. Los años pesan. Es normal que duela.


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Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

2 comentarios sobre “Inflamaciones

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