¿Y tú qué crees?

Si tienes dolor, podemos ayudarte. En GoiGroup tenemos cursos online para padecientes de migraña y otros dolores "crónicos" (preferimos llamarlos recurrentes o persistentes). Puedes darte una vuelta por nuestra web para enterarte de lo que contamos 🙂


El interior del organismo es opaco. Lo que allí sucede, en realidad, es de una complejidad química que sobrecoge. Evidentemente no somos conscientes del guirigay de moléculas de cada una de las células ni del flujo incesante de mensajes entre todas ellas. Sólo conocemos lo que se proyecta en el ámbito privado de la conciencia como percepciones, emociones, cogniciones, motivaciones, deseos, temores y decisiones.

”¿Que qué creo que está pasando cuando me duele y espero que suceda después? Yo no creo nada. Me duele».

No es cierto. Siempre hay creencias de por medio.

Se nos construyen las creencias en base a la experiencia acumulada y a lo que nos han contado de ese interior opaco los que se ocupan de desvelarlo, a base de investigación más o menos científica y validable o de iluminaciones milenarias varias.

Todos creemos algo. Incluso la actitud de no creer es una creencia.

En general, y por pura lógica, creemos que si algo duele en un momento, lugar y circunstancia, sucede algo inconveniente precisamente ahí y ahora, debido a algo que contiene esa circunstancia.

Hay una oferta muy variopinta de credos. Unos tienen más éxito que otros. Generalmente comenzamos las catas por los credos oficiales. Si no nos funcionan vamos probando los siguientes mejor clasificados hasta dar con el que parece aliviarnos.

“Creo en el ibuprofeno. Me quita el dolor.“

“Creo en la homeopatía. A mí me funcionó.“

”La acupuntura me quitó el dolor…”

Puede que lo que hace que un dolor permanezca o se disuelva sean precisamente las creencias que lo trajeron al mundo de la consciencia o lo apartaron de él.

Primero es la creencia y luego su consecuencia, no al revés.

No hay forma de saber lo que uno cree hasta comprobar el efecto.

Voy a ver si creo en la homeopatía… Voy a probarla. Funciona, luego creo.

En realidad no es uno el que construye las creencias. Eso corre a cuenta del organismo, ese complejo sistema que opera en la opacidad. Nos limitamos a recibir los efectos conscientes de ese bullir inconsciente continuo.

¿No podemos hacer nada con esas creencias que no hacen más que fastidiarnos?

Lo primero es reconocerlas.

Por sus obras las conoceréis (a las creencias).

“Me duele la cabeza los fines de semana.“

Tu organismo cree que la cabeza corre peligro de destrucción durante el finde y activa el estado de alerta-protección.

«Si me agacho me duele la columna».

El organismo cree que esa acción es peligrosa. Mejor evitarla.

«Me siento enfermo. Me duele todo. Estoy cansado. No duermo bien. No me concentro».

El organismo actúa como si estuviera enfermo. Lo cree.

Las creencias del sistema opaco pueden ser correctas o no serlas.

Para saberlo están los profesionales. Son los jueces. Hacen preguntas, exploran y dictaminan.

«Su organismo no andaba descaminado. Tiene usted una meningitis. Tiene que ingresar para hacerle una punción lumbar y tratarlo con los antibióticos adecuados»

O bien…

«Su organismo actúa de modo increíble. como si fuera usted a tener una infección meníngea. Está equivocado». Los expertos le llaman a esa equivocación «migraña».

Es poco probable que un médico le diga eso. Es más probable:

«Es una migraña. Una enfermedad genética. No le matará, pero le va a impedir disfrutar mínimamente de la vida. Tome estos calmantes tan pronto como comience el dolor. Espero que le alivien algo».

Uno sólo dispone de la gama de creencias que le han propuesto y cree acertar basándose en la prestación más exitosa.

La causa más frecuente y mortificante de dolor es un conjunto de creencias y expectativas erróneas. Sin embargo no se informa a los ciudadanos de que esto es así.

¿Errores evaluativos, dice usted. Qué es eso?

¿Aprendizaje? La primera noticia que tengo.

No sea imprudente. Considere a las creencias, al menos como una posibilidad, en el lugar que les corresponde. Son más importantes que una buena hidratación o alimentacion, el estrés, los cambios de tiempo o los hormonales.

El estrés opera por lo que su organismo opina sobre sus consecuencias.

El dolor es una opinión, dijo Ramachandran.

El resultado de un conjunto de creencias.

“Yo sólo sé que si no tomo el ibuprofeno no se va el dolor.“

Ya sabe lo que su organismo cree: es necesario que usted lo tome para desactivar el estado de alerta-protección.

”No lo creo.”

A las pruebas me remito.

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

Un comentario en “¿Y tú qué crees?

  1. Hola Arturo,
    Las creencias, tal como tú dices en varios artículos, se forman por la experiencia propia, ajena y la cultura experta. Las expectativas también….
    La resistencia al cambio de los pacientes, «si solucionaron la ciática operandome la hernia, ahora mi cervicalgia seguro que viene de lo mismo»… a veces cuesta hacer entender la causa de su dolor y de sus falsas creencias.
    Estamos en la brecha de tratar pacientes con dolor crónico que se aferran a lo que conocen, a veces lo pasamos mal y a veces bien.
    Un saludo,
    Julián

Puedes escribir un comentario aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.