Información nociceptiva

Dolor jugar

El organismo habita un entorno en el que hay luz absorbida y reflejada, vibraciones mecánicas de los objetos que chocan, moléculas volátiles, la fuerza de la gravedad, movimiento, energía térmica. A lo largo de la evolución han aparecido sensores acoplados a neuronas, que detectan esos estados cambiantes de luz, vibraciones, gravedad, movimiento, temperatura y presencia de moléculas volátiles. Procesando los datos que resultan del ir y venir por el mundo, la red neuronal aprende a tomar la medida a la realidad, anticipando los efectos beneficiosos o nocivos que la interacción con esa realidad genera.

Vemos, oimos, olfateamos el peligro. Veo, oigo, huelo al león, pero ello no genera daño sino miedo.

El daño se produce cuando estados de energía térmica, mecánica, química o biológica (gérmenes) se dan en el interior o en superficie. El león o el germen nos está devorando.

Las neuronas encargadas de detectar esos estados de energía peligrosa, nociva, disponen de los sensores oportunos. Cada incidente de peligro mecánico, térmico, químico o biológico será detectado por dichos sensores, convertido (transducido) a un código de señales eléctricas (potenciales de acción) y conducido a diversos centros, escalonados de abajo arriba, que procesarán las señales y ofrecerán sus respuestas de alerta-protección.

Los centros de procesamiento-respuesta están fuertemente integrados y actúan de modo coordinado, con una jerarquía descendente, que regula las respuestas de bajo nivel, bloqueándolas o facilitándolas según los escenarios. Los centros de bajo nivel son reflejos. Obedecerían (si no estuvieran controlados) a los estímulos, al momento, sin consideraciones previas.

A medida que ascendemos en la jerarquía de procesamiento las respuestas van perdiendo la propiedad de depender estrictamente del estímulo. Disponen de una cierta capacidad de contención o facilitación. Las respuestas ya no son reflejas. Están condicionadas a un escenario que contiene muchos estímulos agrupados en tiempo y espacio. El aprendizaje, las correlaciones detectadas entre los diversos estímulos, imponen su ley.

Se generan hábitos, conductas automatizadas. El miedo, como cualquier otro estado emocional, puede aprenderse, condicionarse a muchos factores y automatizarse. Si a un estímulo irrelevante le sigue repetida e inmediatamente una consecuencia negativa, los centros de nivel intermedio funcionarán, al menos provisionalmente, como si ese estímulo causara el prejuicio y tratarán de evitarlo.

La respuesta de alerta-protección queda así automatizada… pero nos quedan todavía las capas más complejas y de mayor jerarquía. Pueden facilitar todo tipo de condicionamientos, aceptar correlaciones como si hubiera causalidad por medio y establecer estados de alerta-protección globales (jerarquía descendente) imponiendo la autoridad de lo que creen y esperan (temen o desean).

Lo lógico sería que la información de nocividad en tiempo real, la activación de los sensores de energía peligrosa térmica, mecánica, química y biológica, impusieran la cordura, la información de lo que realmente pasa. Arriba pueden pensar lo que quieran o puedan sobre el estado del aparato locomotor o la amenaza que supone para el interior de la cabeza comer queso curado o que salga viento sur…

No sucede nada. Todo en orden. No hay constancia de ningún estímulo nocivo.

Los centros de alto nivel cometen el error, a veces, de dar por bueno el acceso a la conciencia como ámbito informativo:

Duele, luego algo está pasando. Ya lo descubriremos, pero algo pasa. Ya lo pre-sentíamos…

Los sensores no detectan nada. Es igual. Duele, luego puede que se esté cociendo algo peligroso. Todo el Sistema se pone en modo alerta-protección. Todo queda condicionado, sensibilizado, cronificado. El estado de alerta-protección sale fortalecido. Basta con la correlación para aceptar la causalidad. Si sale viento Sur aparece el dolor, luego el viento Sur produce dolor.

No tendría que ser así. Queda la última capa de procesamiento, la cognitiva, alimentada por la cultura experta.

Lamentablemente el dictamen del alto tribunal córticotalámico desatiende el peso de la información de las neuronas de la periferia y erre que erre atribuye la salida a la conciencia del sentimiento doloroso la demostración de que se cumplen sus presagios y malos augurios. Hace más caso al dictamen experto que a los sensores del mundo real.

Es una migraña, una fibromialgia, dolor músculoesquelético, las hormonas, el queso, el viento sur… Ya lo veníamos advirtiendo.

Profecías autocumplidas.

La actividad genera estímulos potencialmente nocivos. La práctica, el juego exploratorio perfecciona las acciones ampliando el margen de seguridad sin renunciar a la libertad del juego, aceptando como normales y tolerables muchos estímulos potencialmente nocivos, pero ya controlados por una mejor estrategia motriz.

Se puede y debe potenciar la actividad. Estará protegida por la información de los sensores de peligro. Nada de burbujas de protección.

La estrategia de minimizar el daño potencial atribuyendo nocividad a todo sólo genera mortificación, invalidez e incomprensión social.

Hay que recuperar la actividad que genera estados de nocividad potencial. Hay que jugar, explorar. Hay que desensibilizar, eliminar los hábitos y automatismos subcorticales («límbicos, amigdalinos) facilitados por el miedo instintivo de las capas subcorticales. Hay que convencer a las áreas prefrontales, depositarias de las creencias y expectativas, que estamos en época de cambio de paradigmas y que la cultura experta sensibilizadora no aporta racionalidad sino insensatez.

Kow pain, no pain.

Desaprender lo aprendido, el miedo…

No atizarlo sino disolverlo con el conocimiento

Organismo libre, sensato, bien preparado.


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Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

One thought on “Información nociceptiva

  1. En cuanto al dolor músculoesquelético «inespecífico» que explicación posible puede tener, por poner algún ejemplo, que algunas hernias o algunas artrosis de columna sean sintomáticas y otras asintomáticas. Es posible explicarlo en pocas palabras o es necesario explicar con tiempo diferentes conceptos para luego entender el conjunto?

    ¿Los conocimientos actuales sobre el dolor son suficientes para entender y explicar cualquier dolor o faltan todavía cosas importantes por descubrir?.

    ¿En que crees que se esta fallando más, en entender y explicar el dolor o en el tratamiento del dolor?

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