Comerse bien el coco

Nacemos con una tupida red de neuronas, con un exceso de conectividad. El cerebro no sabe lo que se va a encontrar cuando inicia el contacto con el entorno. Los circuitos están pendientes de recibir datos sensoriales para iniciar los patrones de conexión que se expresarán en la conciencia como percepciones, emociones, cogniciones, conductas. Habrá puntos de conexión (sinapsis) muy activos y otros que apenas reciben señales de otras neuronas.

Cada conexión tendrá que ganarse el derecho a sobrevivir y para ello tendrá que demostrar que ha participado en el intercambio de señales de la red. Las sinapsis inoperantes, quedarán marcadas por moléculas señal que delatan su inactividad y serán eliminadas.

Durante el desarrollo, multitud de puntos de conexión serán eliminados. La corteza cerebral se atrofiará al perder densidad sináptica. Un scanner cerebral de un niño mostrará un cerebro más grueso. En la adolescencia se producirá una poda radical de sinapsis improductivas. El cerebro se ha atrofiado, pero nadie considera que la adolescencia es una enfermedad que acaba atrofiando la corteza.

Cada estado de conectividad genera actividad en determinados circuitos e inactividad en los de signo contrario. Un patrón sostenido de conectividad, es decir, una creencia, habrá consolidado determinadas sinapsis y habrá eliminado las de signo contrario.

Las células del Sistema Inmune residentes en el cerebro, la microglia, son las encargadas de detectar las señales de inoperancia de todas y cada una de las sinapsis y comerse (fagocitar) las marcadas, a la vez que estimula la generación de nuevas conexiones en los puntos activos.

Dicen los expertos que el dolor crónico atrofia determinadas áreas del cerebro y que engorda otras. Pues claro. Cualquier estado de conectividad genera eliminación (fagocitosis) de unas sinapsis y engorde de las que mantienen ese estado.

Dicen que al haber atrofia, el dolor crónico es una enfermedad. La adolescencia, el aprendizaje, sería también una enfermedad que cursa con atrofia de unas áreas y engorde de otras.

La microglia está continuamente patrullando los circuitos y alimentándose de sinapsis inoperantes. Cada creencia potencia su conectividad, con sinapsis exitosas que serán debidamente etiquetadas y promovidas, y otras que no tendrán éxito y serán marcadas como inútiles y servirán de alimento a las células de vigilancia de la microglía.

Dicen que en el dolor crónico hay activación de la microglía y que esa activación podría influir en la cronificación. La microglía siempre está activa para comerse el coco inútil y alimentar el exitoso. Eso no indica disfunción sino trabajo generado por las neuronas operantes e inoperantes.

Si el cerebro opera en un régimen de estado de alerta-protección, en base a un pool de creencias y expectativas de amenaza, construido en el aprendizaje, la microglia andará con mucho trabajo comiendo sinapsis de poco éxito, con la consiguiente atrofia.

Es inevitable comerse el coco, pero hay que conseguir que el alimento lo constituyan las sinapsis que mantienen creencias erróneas, sensibilizadoras, y proteger el etiquetado positivo de las conexiones que mantienen una creencia ajustada a lo que realmente pasa y no a lo que han enseñado al cerebro a imaginar (temer).

Buen provecho a la microglía. Es fundamental para el individuo que su alimentación sea adecuada, a base de sinapsis que sólo mortifican e invalidan.

La microglía se limita a comer lo que le sirven en el plato, sinapsis marcadas con la señal de la inoperancia.

La información modifica los estados de conectividad, las comeduras de coco. La red es plástica.

Cuide la buena alimentación de su microgía.

Know pain, no pain


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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