Nada de ejercicio!!

Ejercicio terapeutico

He participado en el III Congreso internacional de Fisioterapia de Canarias. El reclamo ha sido: «Ejercicio terapéutico es salud»

Nuestros ancestros tenían que moverse para ganar el pan, salvar el pellejo y buscar pareja. Hacían ejercicio. Previsiblemente no tenían problemas de obesidad, sedentarismo ni síndrome metabólico. Sí tenían, sin embargo, problemas de supervivencia y la esperanza de vida estaba por debajo de su peso.

La cultura, el progreso-regreso, ha facilitado el acceso a nutrirse, cobijarse, protegerse y emparejarse. La expectativa de vivir y engordar ha ido de la mano, gracias al garantismo social y su consecuencia lógica: el sedentarismo.

Ya no tenemos la necesidad de andar de aquí para allá, correr, saltar, estrujarnos el majín para ver cómo conseguimos el próximo bocado o evitamos a los predadores. Tampoco hacemos una hoguera por la noche y danzamos alrededor de ella ni cotilleamos sobre las peripecias del día a día.

No necesitamos hacer ejercicio para sobrevivir, pero sí para residir en un organismo saludable, magro, resistente y potente.

En el Congreso se ha aportado evidencia abrumadora de que los sedentarios-obesos y con previsible síndrome metabólico, debiéramos comer menos y movernos más.

No siempre podemos hacerlo.

Unas veces porque somos perezosos y otras porque ese organismo tan necesitado de la actividad física y mental niega la motivación. Prefiere que el residente, el individuo no quiera moverse y que si lo hace, se sienta profundamente cansado y dolorido.

¿Motivos para esa desmotivación?

En ocasiones estamos enfermos o lesionados y la actividad resultaría perjudicial. Es más juicioso quedarse en la guarida y que los compañeros de manada nos cuiden. El organismo actúa con inteligencia evolutiva.

El organismo activa sus recursos de sentirse enfermo, desganado.

La función evaluativa, en base a la información recibida de los tejidos enfermos-lesionados, se proyecta en la conciencia como pocas ganas de mover el esqueleto, y muchas de quedarse quieto, con el dolor como garante de que así será. Nada tampoco de bailar alrededor de la hoguera ni participar en los cotilleos. A solas con la rumiación negativa de qué hemos podido hacer mal para que haya sobrevenido la enfermedad-lesión.

Sin embargo, el organismo quiere, muchas veces, que nos comportemos como si hubiera enfermedad-lesión, sin haberla.

«No tiene usted nada. No hay motivos para que le duela ni se sienta cansado»

Las etiquetas aparecen: «psicológico», «fibromialgia», «desgaste», «los años»… tisulitis variadas, reumas, miasmas, dis-sistemias, males misteriosos e irreversibles.

El organismo quiere (y consigue) que el individuo se comporte como un enfermo. El individuo quiere que le encuentren el mal y lo reparen o, al menos, ofrezcan un cierto alivio y los profesionales recomiendan un ejercicio imposible para quien se siente, realmente, enfermo.

¿Qué hacer?

¿Etiqueta y terapia multidisciplinar? manteniendo el problema o…

Trabajar el proceso evaluativo-motivacional, absurdo, que se proyecta en la conciencia como dolor, cansancio y falta de concentración y mal sueño.

«Está usted sano» Puede y debe moverse. No tenga miedo. Tenemos que lograr que su organismo levante el veto. Hay que desactivar la evaluación de enfermedad-lesión. Líbrese de las etiquetas. Sus huesos no rozan, no pinzan nervios. La artrosis no es una enfermedad. Usted puede ser un tipo psicológicamente normal. No tiene ninguna enfermedad misteriosa. Hable con su cerebro. Interiorice estas nuevas convicciones.

Es decir, Educación en la función evaluativa neuroinmune, en su dependencia cultural y, a la par, recuperación de la actividad perdida.

«Un buen fisio le ayudará a desetiquetarse y recuperar la forma». No basta el gimnasio físico-mental. Hace falta también la Academia.

El dolor es algo que exige una explicación, decía Annie Carson.

Yo, como fisio (alcalde) vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación os la voy a dar… Pepe Isbert en Bienvenido Mister Marshalll

El organismo no se bajará del burro hasta que tenga claro que la actividad no es amenazante e improductiva. Un buen profesional debe hacer el trabajo de desactivar ese empecinamiento.

Puede que no se esté cumpliendo con este tarea y que, incluso, se esté haciendo lo contrario: promover conductas de enfermedad, dependencia de etiquetas y terapias improductivas.

Hay que moverse, ponerse objetivos y tratar de conseguirlos, bailar, saltar, magrearse (adelgazar…), pensar productivamente.

En definitiva hay que conseguir dotar al organismo de inteligencia, cuando la necesita.

Ejercicio saludable.

Inteligencia.


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

3 comentarios sobre “Nada de ejercicio!!

  1. A veces no se manda ejercicio ni desde la fisioterapia, como pasa en algunos hospitales madrileños. Tienes que rogar para que te manden ejercicios

  2. Gracias, Doctor! Excelente su artículo. Es exactamente lo q me sucede respecto al sedentarismo… saludos desde Argentina!

  3. Yo he pasado por esta situación: «estás bien no tienes nada que te haga estar cansada», antes de hacer una afirmación tan rotunda como esa deberían realizarse una mínima analítica que contenga lo imprescindible. No te encontramos nada porque no miramos lo que realmente te pasa, una deficiencia de vitamina B12 que se descubrió cuando ya empezaron los daños neurológicos y dejaron secuelas. Ahora cuando voy a por una analítica de control los parámetros están prefijados para todos los pacientes, ya por defecto se encuentra la vitamina B12, por lo menos vamos aprendiendo. Sí, tengo un sistema sensibilizado e indignado, porque me advertía y yo le hacía pensar que estaba dando falsas alarmas, ahora tendremos que ponernos de acuerdo de nuevo, aunque siempre me recuerda que esa vez tenía razón.

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