El diagnóstico precoz

Diagnostico precoz

Es evidente que la detección precoz de un problema es ventajosa, pero ello no quiere decir que la simple detección ponga en marcha su solución. Habrá que identificar primero su trama, lo que lo origina.

Poner nombre a ese problema no supone necesariamente un avance (falacia nominal):

Tiene usted migraña, o fibromialgia, o «dolor crónico» (o cualquiera de las etiquetas que conforman la etiqueta global de «Síndromes de sensibilización central)

«Ya sabemos lo que tiene usted: Un síndrome de sensibilización central»

El paciente puede sentir un alivio inicial, después de peregrinar por el mercadillo de las ofertas del dolor.

«He perdido unos años preciosos tomando pastillas que no me han servido para nada…», pensará.

La etiqueta parece que abre la puerta de la solución… aunque pueda que sea tarde.

«Sabiendo ahora lo que tengo, controlarán el problema; me pondrán un tratamiento».

No es tan sencillo. El origen y solución del problema no está claro.

«Es una enfermedad misteriosa. No conocemos el origen. Pueden influir muchos factores. No tiene curación. Intentaremos aliviar los síntomas. Dietas, ejercicio, fármacos, ayuda psicológica, vida saludable. Evite el estrés, el desánimo» Tiene que aceptar que tiene la enfermedad. Evite a los charlatanes que le venderán humo».

La ilusión inicial generalmente se desvanece ante la persistencia del sufrimiento e invalidez, a pesar de todos los esfuerzos.

Una etiqueta no es un diagnóstico. Sólo una etiqueta.

Diagnosticar exige desvelar la trama del proceso, cómo se llega a él y cómo podemos disolverlo.

Poner la etiqueta es fácil. Basta con hacer unas pocas y sencillas preguntas. Lo peliagudo e incierto es ofrecer una explicación plausible, biológica, que contenga todo el conocimiento disponible sobre organismo.

Una vez que se ha descartado una enfermedad, en sentido clásico, lo que toca es resolver la cuestión fundamental.

¿Por qué me siento tan mal si todo está normal?

Hay varias opciones:

  1. La etiqueta con el añadido del misterio e irreversibilidad.
  2. Lo sistémico multifactorial, complejo. Psiconeuroinmunoendocrinosociomusculoesquelético
  3. Lo psicoemocional, es decir el individuo.
  4. La enfermedad mal curada, el organismo desequilibrado como secuela. Lo post-traumático, postinfeccioso, post-tóxico.

En todos estos casos o el organismo está enfermo o el individuo ha gestionado mal el estar en el mundo, o ambas. El cerebro (inconsciente) o el individuo, más o menos consciente, gestiona mal la información.

En este blog trabajamos sobre otra hipótesis:

El individuo y el organismo en el que reside, son razonablemente normales. El cerebro gestiona bien la información, pero la que recibe de los profesionales es cuestionable.

En mis escritos y cursos trato de explicar la propuesta.

La mayoría de los alumnos acuden después de muchos años de peregrinaje probando lo conocido. No es un problema. Nunca es tarde para aprender y tomar conciencia de la verdadera situación de uno.

«Está usted sano. Puede y debe hacer una vida normal. Hay que convencer a su organismo, a su cerebro, de que lo que a usted le gustaría hacer no genera peligro». Viva. Juegue. En libertad. No hay ningún motivo justificado para que el cerebro lo prohiba o penalice».

Nos gustaría poder ofrecer el curso a pacientes incipientes, a poder ser sin etiqueta, a poder ser en su infancia. En el momento actual no es posible. Previamente recorren todo el mercadillo conocido. Lleva años.

«El cerebro procesa bien la información disponible. Construye las creencias y expectativas que ha facilitado la cultura de expertos». Puede que ese sea el problema. Intentamos desactivar esa información ofreciendo conocimiento sobre la Biología del aprendizaje del Sistema Neuroinmune y la dependencia cultural. Es una hipótesis. Estamos trabajando sobre ella y parece que los resultados son excelentes».

¿Etiqueta precoz?

No precisamente.

¿Diagnóstico precoz?

Por supuesto, pero una etiqueta no es un diagnóstico.


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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